jueves, abril 27, 2006

Hasta ahora

El post más cortito de los últimos tiempos para decir que, como vengo escribiendo, parece que me cuesta cuidarme, y que por eso voy a ver si me puedo dejar cuidar por otros. Si veis que no escribo, seguramente sea porque estoy dejándome cuidar en algún sitio sin conexión a Internet. Si no consigo que esos otros se hagan cargo de allá donde yo no llego, volveré por aquí en breve. Y en todo caso, tampoco tardaré demasiado. Esperemos que sea lo que sea, sea para mejor, y volver con un poco más de fuerzas y un poco más de calma.

No tardo, en serio. A ver quién echa más de menos a quién :-)

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martes, abril 25, 2006

Cómo puedes decir eso (III)

The Eruption, de Luke Chueh

Son más de diez anyos, nueve con su correspondiente etiqueta. Empiezan a estar borrosos los recuerdos de cómo era antes de estar enferma, y eso es triste. Pasé de ser una ninya a bordear los límites entre cordura y locura, no ha habido nunca una Gacela adulta sana, dicen los manuales que no va a haberla.

Cuesta un mundo luchar contra algo que está dentro de ti, que eres tú. Tienes todas las de perder cuando el enemigo está siempre alerta a cualquier bajada de guardia. Cuesta cuidarse cuando una parte enorme de ti prefiere hacerse danyo, o simplemente abandonar una partida que lleva perdiendo anyos. Cuesta protegerse cuando sólo queda una pequenya parte lúcida, sana, intentando detener el maremoto que se le viene encima y que sabe perfectamente que la inunda y ahoga, Neptuno enfurecido.

Demasiado tarde, demasiado tarde... Lo que queda con fuerzas de ti busca alternativas, y el Tú grande y feroz se enfada aún más por lo absurdo de la búsqueda. Lo que queda con fuerzas de ti se agota, y el Tú grande y hambriento senyala caminos que nadie entiende, y no importa tanto, no son sus caminos, son los tuyos.

No puedes luchar siempre, anyos y anyos, batalla eterna. No puedes insistir siempre en llevar la contraria a la parte más grande de ti. Si te quedas de pie bajo una tormenta que no cesa, tarde o temprano te alcanzará alguno de sus rayos. No tiene sentido seguir buscando refugio, ninya, no puedes esconderte de ti, no hay huida posible, te llevas siempre contigo.

Se me va la cabeza. Y todavía estoy preocupada, pero sé cómo funciono, sé que estoy a dos pasos y medio de que no me importe, de lanzarme y qué más da. Me queda un trocito chiquito que busca alternativas y llora, y busca de nuevo y llora más, y se asusta de lo que le viene encima... pero ese trocito tiene los días contados, el otro siempre es más fuerte y acaba tomando las decisiones que en el fondo benefician a los dos. Hoy todavía busco soluciones en el fango, pero cuando paro para tomar aliento me sorprendo con la cabeza perdida en círculos de suenyo y calma. Y cuesta un mundo arrancarme de esos pensamientos, y no coger calendarios donde senyalar un número, y sé que hoy todavía lo consigo y tuerzo el rumbo que será inevitable manyana, pasado, al otro... Se me va de las manos, me pierdo, me rompo.

Al final muchos problemas son una cuestión de Fe. De creer. Creer en un futuro, creer en la calidez de un hipotético manyana, creer en ti, creer en tus posibilidades. Pero no crees, y eso no se puede forzar, igual que no puedes creer en un Dios que no sientes. "Cree" - te dirán. Pero cómo, si lo que sale de dentro es distinto? No, no crees, no puedes, no sabes creer.

Y se asienta la certeza que te ha guiado otras veces. Frente al deber de darse nuevas oportunidades, se alza también el derecho a descansar. Y casi siempre se puede andar un paso más, uno pequenyo, aunque no sepas dónde te lleva. Pero el "casi" se está creciendo, mi ninya. Te come.

(Gritos en silencio, para nadie, para nada. Comopuedesdecireso's)

[La imagen que encabeza el post vuelve a ser de Luke Chueh, "The Eruption", encuentras su galería AQUÍ]

lunes, abril 24, 2006

Introspección (muy) friki

Anillo Único lanzado al Monte del Destino

Hace unas semanas tuve una conversación con mi hermano que me hizo reír, y que supe que acabaría aquí. Era marzo, mes que es siempre comienzo de todos mis finales, ya lo he dicho muchas veces. Me resiento con las fechas, crujo, me rompo en trocitos que luego no sé volver a juntar. Y comía con mi hermano un domingo de este mes de marzo cuando me dijo que mi problema era llevar al extremo a la friki que hay en mí. Ante mi mirada de incomprensión, el friki que hay en él, que es mucho más grande que el que yo llevo dentro, empezó a casi recitar de memoria párrafos de El Senyor de los Anillos... y vaya hombre, Tolkien hablaba de mí.

Porque hay dos acontecimientos cruciales en la vida de Frodo, además de ser quien lleva la pesada carga del Anillo Único, que no puede compartir (como pasa con las verdaderas cargas, que nos son absolutamente propias y no podemos descargarlas en otros hombros, incluso si tenemos la suerte de tener a un Sam leal como nadie cerca). Uno, la herida en la Cima de los Vientos. Un 6 de octubre, el Rey de los Nazgul le clava en el hombro derecho un punyal de Morgul, cuya hoja se rompe y queda dentro de la herida hasta que Elrond la extrae... Frodo nunca supera del todo esa herida, sintiendo de cuando en cuando el frío helado que le rompió por dentro... y es más:
Una noche Sam entró en el estudio y encontró a su amo muy extranyo. Estaba palidísimo, con la mirada perdida en cosas muy lejanas.
-¿Qué le pasa, senyor Frodo? -dijo Sam.
-Estoy herido -dijo Frodo-, herido; nunca curaré del todo.
Pero luego se levantó, y pareció que el malestar había desaparecido, y al otro día era de nuevo el Frodo de siempre. Sólo más tarde reparó Sam en la fecha: seis de Octubre. Dos anyos antes, ese mismo día, se había hecho la oscuridad en la hondanada de la Cima de los Vientos.
Fechas, fechas... y hay más. Porque otro gran acontecimiento en la vida de Frodo fue la propia destrucción del Anillo en el Monte del Destino. Sucedió un trece de marzo, y al anyo siguiente, al repetirse la fecha, de nuevo Frodo sufrió una crisis, fechas, fechas...

(...) por estar lejos de Hobbiton a comienzos de Marzo, no supo que Frodo había estado enfermo. El trece de ese mes el granjero Coto encontró a Frodo tendido en la cama; aferraba una piedra blanca que llevaba al cuello suspendida de una cadena, y hablaba como en suenyos.- Ha desaparecido para siempre -decía- y ahora todo ha quedado ha quedado oscuro y desierto.
Pero la crisis pasó, y al regreso de Sam el veinticinco, Frodo se había recobrado, y no le dijo nada de él mismo.
Y mi hermano el otro día me dijo eso, que al final lo que me pasa es que soy como Frodo. Que cada anyo revivo todos los dolores de los anyos pasados, acumulados. Que no dejo atrás el pasado arrojado al Monte del Destino, ni la herida del Nazgul en la Cima de los Vientos. Que es difícil pero que no soy tan rara, que al fin y al cabo, Tolkien ya hablaba de mí ;-)


Nos reímos de las similitudes, nos reímos sobre todo del par de frikis que somos...

...y a ratos pienso, dada mi tendencia al melodrama, que al final, a Frodo todo le dolió demasiado, y la Tierra Media se le volvió ajena y no encontró más camino que partir a los Puertos y embarcar con los elfos lejos, más allá de su mundo, donde el pasado no le persiguiera, donde no hubiera seises de octubre ni treces de marzo, ni heridas que nunca curan. Porque quizá hay dolores que son demasiado lastre, y danyos irrecuperables.

(...aunque Sam sí encontró su manera, se adentró en las mismas tierras de Mordor y supo después recuperar la tranquilidad y el verde fresco de la Comarca...)

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jueves, abril 20, 2006

No te entiendo, cállate

Shout 7, de Misha Gordin

Aunque la frase original sea -creo- que tras la tormenta siempre llega la calma, yo suelo sentir más propia, tal vez porque no soy especialmente optimista, que si vienen unos días de calma, siempre llegará tras ellos la tormenta a la que pertenezco. Seguramente eso le facilite el camino a los nubarrones, pero no he encontrado la manera de desarticular ese tipo de pensamientos, y la experiencia además los suele demostrar bastante reales.

Sé que hago cosas que la gente no entiende. Muchas. No se entiende la importancia que le doy a detalles que otros viven como pequenyos, no se entiende mi incapacidad de decir adiós o cerrar carpetas, no se entiende que viva las fechas simbólicas de forma que determinen las que están por llegar, no se entiende que me pierda en mi cabeza, que me sienta sola entre la gente, no se entiende, no se entiende.

Y hay otra cosa que no se entiende, y que normalmente tampoco cuento y me encargo de que no se sepa, porque sé eso, que no se entiende, que prefiere no saberse. No te entiendo, cállate.

A veces me hago danyo. Llevaba mucho tiempo sin hacerlo, porque yo misma sé que no es sano, que no es cuidarme, que hay que intentar controlarlo. Pero en un mes lo he pensado infinidad de veces, y lo he hecho dos, la última ayer.

No te entiendo, cállate.

Lo desencadena distintas situaciones, hoy muchas menos que hace tiempo, cuando era práctica habitual. A veces algo duele tanto dentro que hacerse danyo es una forma de centrarse en otro dolor, mucho más concreto y controlable, fuera. A veces es la manera de callar los pensamientos y voces que se descontrolan en mi cabeza y chillan unas encima de otras en absurdo concurso de a-ver-quién-rompe-a-Gacela. A veces es forma errónea pero real de sentir que tengo control sobre algo, de sentirme fuerte.

No te entiendo, cállate.

Sobre todo... a veces estoy demasiado llena de mí, o llena de la parte de mí que no soporto. A veces, ante un ataque recibido (y los hay externos, así fue ayer, aunque muchas otras veces yo sola me basto) no sé contestar, me hago diminuta y la lengua me arde, y toda yo me quemo y tengo que sacarlo, tengo que volcarme porque si no exploto. No quepo en mí, no quepo, no hay cuerpo suficiente para acogerme, o acoger la rabia, o acoger el danyo, o acoger la mierda. Y aunque normalmente lo evito porque encuentro alternativas, a veces no lo consigo, a veces ni quiero intentarlo, y simplemente quiero dejarme ir, dejarme llevar, dejarme ser Yo... y lo hago. Me hago danyo, me derramo en lágrimas rojas que simbolizan lo malo que se va, la rabia que fluye tranquila sin hacer danyo a nadie, el danyo que sale fuera, lo que no cabe encontrando el camino donde verterse, las palabras que no me atrevo a decir resbalando por la lengua en caída libre.

No te entiendo, cállate.

Y es una sensación tranquilizadoramente familiar aunque llevara tanto tiempo esquivándola. Y trae la calma de la mano, y la enganyosa sensación de fuerza y control, y el recordatorio que permanece unos días de esa sensación particular que tú no llamas dolor aunque objetivamente sea parecido. Y se va la rabia y se deshacen las palabras que no te podías permitir pronunciar y puedes llorar tranquila y los pensamientos se aclaran y se colocan en su sitio sin amontonarse unos encima de otros, todos encima de ti, asfixiándote.

No digo que sea la manera, claro, sé que no lo es. Sólo digo, en un espacio que no tiene por qué leer nadie que no quiera hacerlo, al que nadie está obligado a volver, donde no hay obligaciones ni ofensas, y que además es mi (necesario) espacio de desahogo... que a veces es la única manera que encuentro. Que hacía mucho que no la necesitaba tanto. Que me da un poco de miedo volver a necesitarla. Que reconozco esta espiral.

Pero sé que no se entiende. Ya me callo.


[La imagen que encabeza el post pertenece a la galería Shout de Misha Gordin, a la que accedes AQUÍ.]

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domingo, abril 16, 2006

Tarde en El Retiro

Palacio de Cristal en el Retiro

No había ido todavía desde que empezó el buen tiempo, y ya era raro. Ayer todo indicaba que sí, cielo azul, sol brillante... y un post que acabó de darme el empujón (y es que una tiene irremediablemente asociados los mimos a ese parque, entre sonrisa y sonrisa).

El Retiro hace anyos que tiene el poder de hacerme sonreír. Bolso grande, un libro, un cómic por si quiero cambiar, una libreta, una botellita de agua y al hombro. Un punyado de paradas de autobús -pocas- y entras por la puerta grande. Es automático, respiras hondo y sonríes. Ninyos que chillan y ríen en cascada, globos gigantes que aprendieron a volar, pelotas que danzan en el aire, lápices deslizándose dibujando rostros, guitarras, pendientes...

El Retiro son las barcas del lago y las carpas mutantes a las que sigue gustándote dar de comer, siempre dos bolsas de gusanitos, la tuya y la suya. El Retiro es siempre Sabina en la figura de Carlos Bannik, canción tras canción, mi voz mezclada con el resto; lo es incluso aunque no siempre esté él. Es quedarse un rato mirando a cualquiera de los pintores, o un espectáculo de magia y malabares, una exhibición de capoeira, los títeres y los pequenyajos enfervorizados gritando "ahiiiiiiiiiiiiiiiiii, que está ahiiiiiiiiiiiiiiiiiiii" para avisar al bueno de que el malo llega por la espalda, anyo tras anyo, generación tras generación.

Como ayer, acaba siendo tumbarse en el césped frente al lago del Palacio de Cristal con un buen libro y bajo el Sol, que cae sobre el edificio devolviendo el reflejo roto en arco iris. Y pienso que es una pena que no esté su cámara para retratarlo... cuando justo una pareja pone otra máquina en mis manos para atrapar su imagen :-)

Y como el Retiro siempre te da alguna sorpresa de más a modo de propina de regalo, ayer acabé enfrascada en una charla con un desconocido que se acercó atraído por mi libro, una conversación agradable de las que arreglan el mundo, pasando sobre la transición chilena, la nuestra, las Revoluciones en América Latina y las pendientes de empezar, Ismael Serrano, los sandinistas... el trocito de surrealismo que acaba siendo el broche ideal para la tarde. Pequenyos grandes placeres de primavera.

Para los que no estuvisteis... es fácil estar un poco. La vista está al principio del post, ese arcoiris descomponiéndose y reflejándose en el lago; para el gusto, gusanitos primero, gominolas después; para el olfato, ese aire característico de la primavera; el tacto fue mitad hojas de libro, mitad césped fresco; y el oído... aquí tenéis la banda sonora que yo asocio, aunque ayer faltara (una de mis favoritas, aunque no sea de las más famosas):


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[La imagen que encabeza el post es de la galería de Ramón Durán en Flickr, a la que puedes acceder AQUÍ. Merece la pena apreciar la imagen en grande, yo no podía enlazarla pero se ve precisamente ese arco iris del que hablo, es una gozada :-) Y la canción de Sabina que puedes escuchar es "Cuando era más joven", del disco Juez y Parte, puedes ver la letra AQUÍ]

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jueves, abril 13, 2006

De vínculos y lugares

Vínculo trenzado

Nada es tuyo, nada es mío,
cómo repartimos los amigos,
cómo repartimos los recuerdos de este amor...

Hace unos días, contestando uno de esos memes, preguntaban por cinco lugares especiales. Los puse... e inevitablemente me dejé dos en el tintero, pensando que ya habría tiempo. Y hoy traigo uno de ellos, grande además, importante como pocos dentro de mí.

Moratalaz, al sur de Madrid pero dentro de la capital. Mucho más cerca de lo que pensaba la primera vez que me dijeron que habíamos quedado allí, yo sin haber ido nunca y sonándome lejos-lejísimos. Un barrio que se volvió refugio, punto de encuentro de cada viernes a la hora del café, vínculos fuertemente trenzados.

Hay pocos lugares especiales de por sí, la mayoría lo son por lo que simbolizan, por las vivencias asociadas, por las personas que lo componen... Moratalaz es cercanía y franqueza, sinceridad y risas, confianza y carinyo, cafés y charlas interminables, futbolín y máquina de buscar las diferencias, partidas eternas de Risk, películas malísimas alquiladas en el BlockBuster, cenas riquísimas hechas en diez minutos, salchichas al vino, exposiciones de fotos, partidas en la Play, anécdotas inacabables que sucedieron antes de que yo llegara y de las que me han hecho partícipe, fiestas de cumpleanyos, dormir abrazada por un ninyo con tatuajes, tequila y sal en el cuello, Nocheviejas en la Lonja, madrugadas acabando -insensatos- en el Silikona, tardes en las terrazas con tintos de verano que se multiplican, vasos vacíos sobre la mesa. Moratalaz es un grupo de gente que vale su peso en oro, de esa que es buena gente de por sí, que no tienen malicia, sin dobleces, sin segundas, que se dan, que están ahí. Es sentirme una más, por mí misma, construyendo mis propios vínculos mucho más allá de ser "la-novia-de". Es saber que lo conseguí, saberme querida incluso hoy, que al no ser más novia de nadie y haber levantadas tantas barreras que hay que ir saltando para no pisar los charcos, ver a MIS amigos es mucho más complicado. Es comprobar, como el otro fin de semana, que a pesar de las dificultades y de no estar todo lo cerca que sabíamos, que deberíamos... cuando nos juntamos no ha cambiado nada, y siguen fluyendo las risas, el carinyo, las complicidades. Que el vínculo sigue ahí, esperándome, como hacen todos los vínculos que se han tejido fuertes, que no hay que temer porque se deshagan ellos solos.

Dentro de la máquina de echar de menos que soy, les echo mucho de menos a ellos, extranyo mucho este barrio que sentí tan mío meses y meses, anyos. Una de las cosas que más me cuesta entender es que complicaras tanto las cosas, que por tus barreras y senyales de prohibido acabaran teniendo que elegir a quién veían (y no hubo elección, de hecho, yo me retiré, te cedí el que era ya mi espacio también, porque sí, porque no era justo para ellos andar con elecciones absurdas e innecesarias y porque además eran tus amigos aunque también lo fueran míos). Al final, para verles, casi siempre espero a que estés fuera de Madrid. Es de las cosas más injustas de esta historia... y si una de las mejores cosas que supiste hacer fue rodearte de un grupo de gente tan valiosa, mantente cerca, disfruta de ellos y que ellos disfruten de ti... pero yo también tengo derecho a proteger mi vínculo, el mismo que además me animaste tú a trenzar fuerte, seguro.

Pero al final encontramos la manera. Sobre todo con algunos con quienes las complicidades y el carinyo son innegables, pero en realidad con la mayoría: siempre acabamos encontrando caminos alternativos de acompanyarnos, de estar cerca, de saltar barreras. De hacer que Moratalaz no duela en el mapa -que ha dolido la ausencia, desgarrando hasta sangrar-, sino que haga nacer sonrisas, brillante, luminoso, cálido. Como ayer, como manyana.

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sábado, abril 08, 2006

Completando el puzzle: Deseo

Deseo, imagen de Pedro Pereira

Una de esas piezas del puzzle que soy que no consigo aprender a encajar nunca del todo tiene que ver con el Deseo. Porque soy ninya-tabús (y son legión), porque hubo demasiado tiempo en que la desnudez fue trampa a veces hoy lo sigue siendo, porque tuve intercambiado el sentido del placer con el del dolor, porque implica una pérdida de control que me es muy difícil de tolerar, y seguramente por mil cosas más que me guardo porque incluso mi transparencia tiene algunos velos...

Pero por esa mezcla seguramente, hoy exploto mi imagen infantil y de ninya dulce y tierna -que lo soy, y me gusta serlo, pero a lo mejor también soy más cosas-, por eso la palabra mujer aplicada a mí me suena extranya y me causa cierto rechazo, por eso a veces leo a Ababol y admiro su libertad pero la siento inevitablemente lejana, por eso cosas que sé normales me hacen sentir sucia -en mí, nunca en otros-, por eso soy la ninya de los eufemismos en según qué temas, por eso me sonrojo o me siento violenta con cierta facilidad... Y no, no tiene la explicación sencilla de una familia represora ni repleta de tabús y conversaciones proscritas, cuando ha sido todo lo contrario. Como tantas cosas, está sólo en mí, en la ninya que no iba por calles con demasiada gente porque era difícil escapar al roce al esperar a que el semáforo cambiara de color, o en la ninya que se duchaba a oscuras, y que desde entonces ha recorrido muchísimo camino... pero queda por recorrer. Y no acaba de sentirse a gusto con esa parte de ella, la más mujer, pasional, carnal.

Y aún así...

...aún así a veces me olvido. A veces dejo que el deseo me invada, y sé que se refleja en mis ojos cuando te miran, ávidos, ansiosos. A veces, sólo a veces, me vuelvo Mujer con mayúsculas, para ti, me vuelvo de color rojo pasión, rojo deseo, rojo sexo. A veces estás, a veces sólo soy yo imaginando mis manos que te buscan, descubriendo rincones, revolviendo tu pelo, mi lengua persiguiendo la tuya, dibujando el contorno de tus labios, jugando a respirar a medio centímetro de ti y volverte loco, mis manos sujetando las tuyas por encima de tu cabeza, duenya de tus movimientos, diosa por un momento, tú deshaciéndote en deseo.

A veces tu cuerpo es la isla en la que quiero encontrar el tesoro, y hay tantos que disfruto con cada uno, pirata satisfecha con su botín. A veces mi mente no importa porque sólo importa la piel que se despierta a cada roce, las voces que se entrecortan, la respiración agitada y el sudor compartido. A veces dejo de ser ninya de tu mano, y mi cuerpo se estremece agradecido y me voy lejos-lejos, de donde tardo en regresar, yaciendo lánguida, pesadas las piernas, inmóvil un rato, expuesta, vulnerable a tu lado. A veces, en medio de esto, me asusto y me vuelvo chiquita porque me miro y no me reconozco, y me siento ninya y tengo que parar y volver a sentirme duenya de la situación, y ninya-wena / ninya-tierna. A veces me crezco por encima de mis miedos y mis tabús, pequenyos allá abajo, y pierdo la conciencia del tiempo porque nada importa ajeno a nosotros, y me veo reflejada en tus ojos brillantes y sé que me deseas, y me siento hermosa en tu mirada. Y quiero que nombres mis rincones con tu mano, y arquearme bajo tu roce, tus jadeos en mi oído, tu mano exploradora entre mis muslos, y derramarme en la cascada de miel salada en que sabes convertirme. Y dedicarme a ti y que me pidas, me llames, que se te rompa la voz en un gemido, que respires fuerte y te muerdas el labio, que me abraces fuerte y mezclarnos en uno, juntos, difuminando límites, pisando fronteras, sin saber dónde acaba una piel y empieza la otra... anhelantes primero, saciados más tarde, satisfechos, completos.

Y parte del camino que me queda por recorrer es saber que esa ninya que -de cuando en cuando- desea(ba) y -alguna vez- es (era) deseada... también soy yo, y que no excluye la dulzura ni la ternura el reconocerse también pasional, sensual. Que ésta no deja de ser otra forma de cercanía, otra forma de cuidar y ser cuidada. Que no tiene nada de malo, que la desnudez puede ser hermosa, incluso la propia, y que las sensaciones que dos cuerpos desnudos se dan pueden ser regalo.

(Y esto... lo escribo sobre todo para mí, para completar mi puzzle, para acostumbrarme a reconocerme también en estas piezas que no dejan de serme propias, aunque a veces las sienta tan ajenas).

[La imagen que encabeza el post pertenece a Pedro Pereira. Encuentras muchas más en su web. Ah... y hay un Deseo con el que no tengo problemas, claro -aunque no esté entre mis favoritos. Deseo, de los Eternos. Siempre Gaiman.]

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martes, abril 04, 2006

Over the Rainbow

Arco iris, arco de lluvia

Andaba yo perdida en un libro estupendo de Eduardo Galeano, buceando en sus letras, cuando me encontré con algo que me llamó la atención (bueno, eso lo hace a cada párrafo... quería decir que me llamó más la atención). Era este trocito:
(...) En la India, quienes llevan luto visten de blanco.
En la Europa antigua, el negro, color de la tierra fecunda, era el color de la vida; y el blanco, color de los huesos, era el color de la muerte.
Según los viejos sabios de la región colombiana del Chocó, Adán y Eva eran negros, y negros eran sus hijos Caín y Abel. Cuando Caín mató a su hermano de un garrotazo, tronaron las iras de Dios. Ante las furias del Senyor, el asesino palideció de culpa y de miedo, y tanto palideció que blanco quedó hasta el fin de sus días. Los blancos somos, todos, hijos de Caín. (...)
Lo leía y me quedaba pensando en esas asociaciones. La primera, esa de la que habla el autor en este capítulo, la del blanco por encima del negro, blanco luminoso, negro oscuro, blanco bueno, negro malo. Blanco vida, bautizos, bodas... negro muerte, entierros, luto. Puntos de vista, como dice Galeano.

Y luego se perdían mis pensamientos. Pensaba en el amarillo de Bereni-c del otro día, en los colores de los que hablaba Dmon... y en los míos propios.

Yo nací entre roja y azul, con un mes de antelación, a medio hacer. Desde entonces...

Soy blanca casi todo el anyo, clarita, lechosa, pálida como hija de Caín.
Soy levemente dorada en septiembre tras un verano de sol acariciándome, rayos cálidos pintando mi piel de color.
Soy negra perdida en pensamientos oscuros que rebotan contra las paredes de mi cabecita loca.
Soy rosa, ninya ingenua de pincitas en el pelo, piruletas en forma de corazón y algodones de azúcar.
Soy naranja cuando me pones un ninyo cerca y nos copiamos las sonrisas, y parece que el corazón está de fiesta y hay risas brillantes en cascada.
Soy verde cuando me tumbo sobre el césped con el Sol en el cielo, mimetizada con los tréboles, ninya camaleón.

Pero sobre todo vuelvo al rojo y azul con que nací. Soy roja avergonzada muchas veces, pómulos ardientes y palabras que se vuelven tartamudeo; roja de un corazón alineado con la mente, ambos a la izquierda, ahí donde encontrarás a quien te tache de extremista; roja pasión y rojo deseo no-me-reconozco pero reflejado en mis ojos que brillan, en mis manos que buscan, en mi lengua que prueba, en mi cuerpo que responde siempre antes que yo, felino, agradecido; roja furia algunas veces en las que no sé manejarme y acaba volviendo a estrellarse contra mí en boomerang inútil; roja sangre cuando hemos cedido a mi cabeza y no encontramos otra vía; rojo fuego que quema y ante el que no sabes si acercarte hipnotizado o alejarte por peligroso.

Y soy azul. Azul-mar inmenso que permanece fiel, esperando a que vuelvas a buscarle, que él no se va a ir, lamiendo suave la arena. Azul calmado y sensato, azul-cielo leal, constante, donde le dejaste, mismo cielo albergue luna y estrellas o sol, cielo eterno incluso aunque se cubra de nubarrones: tras ellos sigue el celeste de siempre. Azul-agua que salpica en gotas, o lago en que zambullirse y descubrir rincones tras aquella roca, fresco, limpio, transparente.

A lo mejor por eso, mezcla de azul y rojo, mi color acaba siendo siempre el malva, morado, lila, burdeos si me apuras, toda esa gama. Porque son mis dos Yo (o dos de ellos), porque mezcla pasión con tranquilidad y rabia con calma, desenfreno con control, impulsividad con paciencia, locura con amonía sensata, fuego y agua.

Siempre me gustó que de la mezcla del sol cálido y la lluvia fresca saliera algo tan hermoso como un arco iris. En vez de pelearse y ganar uno de los dos, vencedores y vencidos, crean una nueva forma de la mano, una forma que además lo guarda todo, colores saltando a la comba. Y me busco en el arco iris, encontrándome en el morado; y me busco aún más allá, Over The Rainbow... y también me encuentro, sonyando los mismos mundos que Dorothy en los que es posible pedir deseos... y que se cumplan.

[La imagen que encabeza el post es de Katie072, puedes encontrar su galería de flickr AQUÍ. El libro al que hago mención, de Galeano, es "La escuela del mundo al revés", lo encuentras en la columna de la derecha del blog. La canción de Over The Rainbow es la que aparece en la película "El mago de Oz", que pezhammer me recordó el otro día hablando de musicales... y Dorothy siempre será Judy Garland en mi cabeza]

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