lunes, julio 24, 2006

Camino a Túnez

Me esperan otros caminos, unos por los que nunca he ido hasta ahora. Me esperan dunas en el desierto, y camellos, y el sol enorme y cálido en un cielo azul-azul, sin nubes, sólo azul. Me espera un lago seguramente seco en esta época, en el que la sal de sus aguas se acumula en montanyas que se elevan, blancas, en medio de la nada. Me esperan ruinas romanas, termas a imaginar entre las piedras que cuentan la historia de lo que fue para que pueda imaginarla, patricios y esclavos. Me espera el mar, siempre el mar, las gaviotas, las olas que te llaman para que saltes entre ellas y la espuma blanca acariciando todo el cuerpo en medio de ese olor a agua salada, arena y sol. Me esperan oasis con nombres de amigos, verdor entre el desierto. Me espera el té a la menta y la comida especiada, el recuerdo del tajine del pasado, del cuscús, de la kefta. Me esperan zocos cargados de olores y colores distintos, festival de los sentidos, caminos que se abren bajo tus pies para que los sigas sin importar qué dirección tomas, siempre sorprendiendo rincones nuevos, aquí las babuchas, allá la cerámica y más allá el cuero con su olor característico.

Me espera una semana de desconexión y descubrimiento, de relax y de ser más gazelle que nunca. Una semana de compartir ilusiones a cada paso, de juntar esos trocitos de nosotros que siempre nos esperan escondidos en otras ciudades, en tierras ajenas que hacemos propias al llegar a ellas y darnos, sorprendernos, empaparnos de lo que nos encontramos.

Me esperan unos días en Túnez, perdiéndome y encontrándome a la vez. Ya os contaré a la vuelta. Mientras, disfrutad y sonreíd todo lo que podáis, que yo intentaré hacer lo mismo entre desierto, playa, medina y zocos. Nos vemos enseguida...

[La foto que encabeza este post es de las dunas del desierto de Túnez, pertenece a la galería de ese país que tiene en flickr Jorge Orte Tudela. Encuentras la galería AQUÍ.]

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martes, julio 18, 2006

El viaje antes del Viaje

Fly me to the moon

Fly me to the moon
let me sing among those stars,
let me see what spring is like
on Jupiter and Mars...

Una de las cosas que más me gusta hacer es viajar. Descubrir culturas diferentes a la mía, perderme -a veces literalmente- por ciudades desconocidas, callejear por ellas sorprendiéndome con sus rincones, encontrarme con trocitos nuevos de mí que parecen esperarme desperdigados en distintos países, construir recuerdos nuevos aquí y allá.

Viajo mucho menos de lo que me gustaría porque normalmente el dinero es mucho más problema que solución y mi bolsillo no da mucho de sí. Pero aún así he podido conocer varios países en mi vida, pude hacer un InterRail por un trocito de Europa -el mejor viaje que he hecho nunca- y he tenido la oportunidad de disfrutar de la Dama Roja del Desierto, la ciudad de Marrakech (que tendrá en algún momento un post aparte sólo para ella, porque tiene un algo mágico que siempre me hace volver y que tendré que explicar por aquí algún día).

Pero no me gusta sólo el hecho de viajar y de conocer algo distinto a lo que me rodea. Me encanta también el momento antes de cada viaje. Antes, sí, cuando estás buscando información sobre el destino, cuando te encuentras buscando recorridos posibles, lugares por ver, valorando si ir aquí o allí, leyendo guías en la FNAC, pidiendo folletos en Agencias de Viajes, viendo fotos en Internet... es como si el viaje empezara mucho antes de hacerlo, como si con imaginarlo estuvieras ya empezando a viajar sin necesidad de aviones. Y la tripa cosquillea en mariposas recordándote al enamoramiento, y la mente se te va a otros olores, otros colores que casi puedes ver ya, festival de sensaciones, la cabeza en la luna, los pies un poco por encima del suelo.

Algunos de los viajes que he hecho han sido sólo así, porque por alguna razón no han llegado a materializarse, son aviones que no cogí, trenes a los que no subí. Y claro, se quedan en pendientes, pero me alegro de haber podido disfrutar plenamente de esa fase previa, no me importa haberme hecho ilusones que no han llegado a cuajar, porque de esta manera en que funciono ha sido como estar un poquito allí, como acercarme en la distancia. Otra manera de viajar...

(Y sí, justo ahora estoy en esa fase, planeando un viaje cortito y no muy lejos, pero lo suficiente como para bullir con esa efervescencia del pre-viaje. Una gozada de sensación :-)

[La imagen que encabeza este post es de la galería que Kris Kros tiene en flickr, a la que puedes acceder AQUÍ. El primer párrafo es la primera estrofa de la canción de Frank Sinatra "Fly me to the moon"]

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domingo, julio 09, 2006

Visa para un suenyo

Buscando visa, la necesidad,
buscando visa, qué rabia me da,
buscando visa, golpe de poder,
buscando visa, qué más puedo hacer,
buscando visa para naufragar,
buscando visa, carne de la mar,
buscando visa, la razón de ser,
buscando visa para no volver...

Buscando visa para un suenyo...

Demasiadas veces tenemos mala memoria. Olvidamos que ayer nosotros éramos los que buscábamos construirnos un futuro más allá de donde se nos negaba. Olvidamos que hubo tierras más allá de la propia (¿qué tierra puede sernos ajena y por qué? ¿cómo nos atrevemos a dividirla y ponerle duenyos?) donde encontramos refugio, o trabajo, o suenyos por alcanzar. Y empecinados en nuestro olvido, construimos vallas cada vez más altas, alambres cada vez más afilados y danyinos, ponemos más seguridad, mil ojos velando porque nuestro territorio permanezca a salvo como si habláramos de la amenaza de depredadores en vez de personas como nosotros, y mandamos al Ejército cuando la marea humana de desesperanza parece desbordar nuestras fronteras, nuestras rayas en el mapa, aquí eres legal, aquí te conviertes en ilegal.

Pero quieres ver dónde estábamos ayer? Estábamos aquí. En el barco que zarpa entre miedos y esperanzas, estómagos vacíos, madres que buscan un futuro, algún futuro, para sus hijos, incluso a veces haciéndoles viajar en sus vientres. Qué hay que sentir para lanzarse a un mar bravo a bordo de tres maderas mal unidas? Yo no lo sé, tú no lo sabes, pero ayer lo sabíamos. Ayer lo sentíamos en nuestras carnes, ayer perseguíamos un manyana distinto y unas veces lo encontrábamos, otras veces nuestras ganas chocaban contra los que decidían que la tierra era más suya que nuestra.

Nuestros abuelos, nuestros padres, también se fueron a buscar un futuro diferente dejando todo lo conocido, abandonando sus ciudades, jugando a una partida de todo o nada. Y en algunos sitios les abrazaron y les dieron oportunidades, esas que hoy nos negamos a dar a tanta gente que busca una esperanza. Hoy que la suerte nos viene de cara, se la negamos a quien la necesita de su lado...

Hace unos días me enviaron esta foto recordatorio. Mayo de 1949, 160 inmigrantes canarios apresados en Venezuela a bordo de La Elvira. Suenyos rotos en el camino. Hoy el Estrecho está alfombrado de suenyos perdidos, ahogados en un mar que es nuestro primer policía. Las alambradas se elevan tocando el cielo para que otros se queden en sus infiernos. Ayer fuimos Ellos. Hoy tenemos que elegir qué queremos que ellos lleguen a ser, si les damos la oportunidad buscada o se la negamos. Está en nuestras manos. Pero no podemos hacerlo desde el olvido.

[El comienzo de este post es parte de la canción "Visa para un suenyo", de Juan Luis Guerra. La foto y el titular está rescatada de una hemeroteca que deberíamos tener presente.]

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jueves, julio 06, 2006

Invisible

Hay días en los que te vuelves invisible. No una invisibilidad ligera y elegida, como la que sonyabas de ninya, que te permitiera hacer travesuras y desconcertar a la gente, no... es una invisibilidad impuesta, seca, pesada, a la que no te acostumbras y que vuelve a arrancarte las lágrimas de ayer.

Te sientas en tu silla y te vas fundiendo en ella, deshaciéndote en transparencias hasta que te vuelves de sus colores, cuerpo azul, mano gris sobre la mesa de idéntico tono. Y nadie te ve, las miradas te atraviesan sin pararse en ti, demasiado pequenya, insignificante. Las conversaciones no te incluyen, te rebota algún buenos días dirigido a otro y te haces perfectamente consciente de lo ajena que eres a todo, lo lejos que estás, lo poco que te toca la realidad.

De vez en cuando vas al banyo para comprobar que, como pensabas, no te reflejas en los espejos, y que no es su culpa: no hay enfados, no hay reproches, no hay intencionalidad; simplemente no pueden verte. Camaleón mimetizado con su entorno, vas desapareciendo, engullida por una soledad asfixiante contra la que poco puede hacer el Ventolín que llevas siempre en el bolso.

Y ves pasar los minutos y las horas, tecleando pero sabiendo que ni siquiera así te haces notar. Te repites que siempre te ha gustado pasar desapercibida, pero ser esta mujer camaleón que nadie ve duele. Porque hasta a los camaleones acabas encontrándolos entre las hojas si buscas con atención... pero quizá ya tampoco buscan. O quizá estás demasiado escondida en ti.

Y ves pasar los días que llegarán a ser semanas, pensando si pintarte de blanco como el hombre invisible cuando quería aparecer en el mundo de los vivos, anyorando sentirte parte de algo más que tu mundo interior que conoces de memoria y del que además una parte importante te da miedo. Proponiéndote hablar manyana hasta que reparen en tu voz sin saber que hablas en otra escala a la que el oído humano no alcanza.

Y lloras como ayer, ninya invisible, mujer condenada a ser camaleón que nadie ve.

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lunes, julio 03, 2006

Libros subrayados

Hace poco he recuperado un libro que había prestado tiempo atrás y que, la verdad, no esperaba ver devuelto. Hay algunos libros que no me importa que no me devuelvan, simplemente me los vuelvo a comprar... incluso hay algunos que ni siquiera pedí una vez prestado, porque me parecen tan buenos que creo que está bien que se los queden, es un hogar más que encuentran, y yo ya me lo compraré de nuevo.

Pero también hay libros que casi nunca dejo, porque están muy personalizados... libros que además de contar su propia historia cuentan un poco de la mía, porque están subrayados y anotados. Ya sé que hay gente que jamás subrayaría un libro, pero yo suelo hacerlo con cierta frecuencia: escribo en los márgenes, subrayo aquello con lo que me identifico, lo hago un poco mío. Y esos sólo los presto avisando de que están así y a gente que considero muy cercana, porque es una forma de desnudarme un poco delante de ellos.

El libro que me han devuelto es uno de esos que he hecho muy míos. El lobo estepario, de Herman Hesse. Me lo recomendó una buena amiga hace tiempo, ella se había visto muy reflejada en muchas cosas, y cuando lo leí no me extranyó encontrarme yo también en múltiples párrafos, al fin y al cabo esta amiga y yo tenemos muchísimas cosas en común, y la recomendación fue todo un acierto.

Quería dejar aquí algún fragmento del libro, y me cuesta bastante decidirme por uno solo entre tantas palabras que vale la pena leer, entre tanto como subrayé en su día. Pero voy a escoger éste:
Estos hombres tienen todos dentro de sí dos almas, dos naturalezas; en ellos existe lo divino y lo demoníaco, la capacidad de ventura y la capacidad de sufrimiento, tan hostiles y confusos lo uno junto y dentro de lo otro, como estaban en Harry el lobo y el hombre. Y estas personas, cuya existencia es muy agitada, viven a veces en sus raros momentos de felicidad algo tan fuerte y tan indeciblemente hermoso, la espuma de la dicha momentánea salta con frecuencia tan alta y deslumbrante por encima del mar del sufrimiento, que este breve relámpago de ventura alcanza y encanta radiante también a otras personas.
Y lo escojo, supongo, porque habla de esa intensidad que siento tan propia. Sufrir con intensidad pero brillar con más intensidad aún cuando la balanza se gira, aunque sean unos instantes, unos momentos que tendrán fin en el calendario, quizás en el mismo reloj, sólo unos minutos más allá. Pero mientras dura, brillar, saber que tienes esa capacidad de elevarte más allá de ti y reír en cascada, ojos sonrientes, ingenio veloz, ironía que vuela...

...y que haya quien es capaz de ver eso en ti, el brillo más allá del gris del que te cubres tantas veces.

(Ya está en la estantería, al lado de otros dos libros subrayados también... :-)

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