martes, septiembre 25, 2007

Equilibrio

Balanza, de Chema Madoz

El equilibrio es ese difícil estado al que casi nunca llegamos los que vivimos en una eterna montanya rusa. Arriba, muy arriba, disfrutando del vuelo, rozando la cima del Everest con las yemas de los dedos e investigando si habrá ángeles escondidos tras las nubes. Arriba, muy arriba.

Abajo, muy abajo, arrojada a las profundidades de los infiernos, compartiendo cama y techo con los condenados por los crímenes más horribles, sudando por las llamas, vagando sin rumbo fijo intentando encontrar la salida de los Abismos. Cabeza perdida, aliento escapándose de nuestros pulmones. Abajo, muy abajo.

Cuando estás abajo, anyoras las temporadas altas en las que le pones tu nombre al cielo y crees que no volverás a encontrar el camino que te lleva a la cumbre. Cuando estás arriba, temes la caída que tarde o temprano llegará.

Y mientras, otros -incluso tú alguna vez, las menos, hace tiempo- viven en un equilibrio que no entiendes cómo logran. Cereza sobre la balanza, platillos al mismo nivel. Ninguno de los lados, ninguo de los yoes tironeando hacia arriba o hacia abajo. Calma. Paz.

Y sin embargo, quizá ellos... bueno, echen en falta esa intensidad que tú tienes por norma. Quizá el equilibrio sostenido sea parecido al gris, al mate -tú siempre preferiste las fotos en brillo-. Quizá haya quien envidie tu montanya rusa mientras tu envidias su balanza equilibrada...

[La imagen que encabeza este post se llama "Balanza", y es del fotógrafo Chema Madoz. Puedes ir a su página haciendo click en su nombre (y las fotos que encontrarás allí merecen mucho la pena!)]

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domingo, septiembre 16, 2007

Postales IV: Marrakech & Essaouira

Gacela en la Medersa Ben Youssef

A contraluz en la Medersa Ben Youssef, la antigua Escuela Coránica

Fue en el anyo 96 cuando conocí a la Dama Roja del Desierto: Marrakech. Me redescubrí en esa ciudad como mujer, me sentí femenina por primera vez en mi vida y disfruté muchísimo de la estancia, entonces acompanyada de mi madre.

Volví al anyo siguiente y otra vez más en el 98, y después tardaría anyos en volver a bajar hasta allí. No fue hasta el 2003 cuando la reencontré, yo más mujer y ella más acogedora si cabe, murallas de adobe doradas por el sol rojizo al atardecer. Se la ensenyé a quien entonces era mi pareja y la recorrimos juntos, descubriendo sus rincones.

Pabellón de La Menara

Pabellón de La Menara

Algo tiene Marrakech que siempre me llama y parece que tengo que bajar cada ciertos anyos para volver a perderme por sus zocos, para volver a ver sus palmeras erguidas orgullosas hacia el cielo, para regresar a esa fiesta de los sentidos que es Marruecos. Y por eso, aunque soy consciente de que hay muchísimos sitios por ver, por perderse y encontrarse en ellos, he vuelto este verano, esta vez acompanyada por mi actual pareja -distinta de quien me acompanyaba cuatro anyos atrás.

Y de nuevo, como ayer y antes de ayer, los regateos con los taxistas, los paseos entre sudores, las callejuelas estrechas y laberínticas que esconden pequenyos tesoros... La plaza de la Djemaa El-Fna, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, con su gente arremolinada en torno a contadores de historias, gnaouas bailando, encantadores de serpientes, boticarios, dentistas... todo en la plaza, cercada por los vendedores de zumos de naranja -deliciosos y muy refrescantes!-.

Jardin Majorelle

Cactus en el Jardin Majorelle, propiedad de Yves Saint Laurent pero, por suerte, abierto al público

El Jardín Majorelle, naturaleza exhuberante haciendo gala de su esplendor, rodeando a la fuente pintada de azul anyil (muy parecido al que he escogido yo para algunos detalles de mi nueva casa). El minarete de la Koutoubia, hermano gemelo de la Giralda de Sevilla, erguido como punto de referencia en medio del bullicio de las calles. Los zocos, los artesanos trabajando en las tiendecitas, sonrisa dispuesta, grandes dramas teatrales cuando insistes en bajar el astronómico precio que te piden por unas babuchas, unos pendientes... para después volver al juego, al "entra, sólo mira". Sonrisas que se multiplican dentro y fuera.

Gaviotas en Essaouira
Gaviotas revoloteando por Essaouira

Y este anyo nos acercamos también a Essaouira, la antigua Mogador, colonia portuguesa que refleja otra cara de Marruecos, la más bohemia, la de los pintores en la calle y galerías de exposiciones por toda la ciudad. La que mezcla surfistas con reggae, cuadros naïf con terrazas repletas y con el puerto de pescadores. Atracón de sardinas y lenguado casi escuchando el rumor del mar. Viento que enmaranya el cabello y que juega con el mar y arremolina la arena. Essaouira pide que le hagas una visita y no hay que defraudarla.

La Koutoubia

Minarete de La Koutoubia

A la vuelta, aún quedan las postales, las fotos, los recuerdos. Aunque me quemara los brazos, aunque pasáramos calor, aunque pagáramos de más... es una experiencia que sé que repetiré de aquí a unos anyos, que volveré a bajar a reconocerme entre sus mezquitas, bajo sus palmeras, en el azul del Jardin Majorelle, tras una ventana del palacio de la Bahía -favorita de un sultán inexistente- o cerca de un aguador de la plaza Djemaa.

[Por supuesto, las fotos no hacen justicia porque, decididamente, soy una fotógrafa nefasta -y esta vez quería poner mis propias fotos-. Teniendo en cuenta las que he tenido que deshechar porque salían mis dedos en la foto... las imágenes de este post son sólo una pequenya muestra de lo que encuentras en Marrakech y Essaouira, pero hay mucho más, tanto más...]

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viernes, septiembre 07, 2007

Doble dirección

Ya nos hemos encontrado, después de tanto tiempo ausentes, lejanas, seguramente sin que el carinyo disminuyera, pero sin encontrarnos en el camino. Yo sé que he sido carga demasiado pesada y que la distancia era una manera de poner las cosas en su sitio, que a veces hace falta separarse para protegerse del otro.

Ahora hay que construir de nuevo, desde el principio. Pero una relación distinta, más sana, más adulta. No de alguien que se sitúa en el papel de cuidadora y otra en el de cuidada, porque esas limitaciones anclan las relaciones -ya lo hemos visto, ya lo hemos vivido-, sino una relación más enriquecedora para ambas, una amistad de doble sentido, bidireccional, en la que ambas comparten y se apoyan, ambas crecen, ambas dan y reciben.

Yo estoy dispuesta a recomenzar a andar el camino. Sigo pensando que de los conflictos superados, las relaciones salen fortalecidas, como ya sucedió en el pasado. Y si lo conseguiremos esta vez o no... eso está por escribir.

Está en nuestras manos...

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