sábado, diciembre 25, 2010

Esta noche es Nochebuena...

Árbol de Navidad

Al final, como todo lo malo se acaba, mi chico volvió de su viaje por tierras lejanas, allá en Oriente. Yo le recibí con una pequenya sorpresa en casa: había comprado un árbol de Navidad que monté una tarde y adorné otra, ayudada por mi madre. No le puse luces, que no em gustan demasiado, pero sí tiene algo de espumillón plateado, y figuritas variadas, bolas rojas mates, bolas rojas brillantes, campanas plateadas, manzanas y piñas rojas, regalitos rojos también y pequenyos papásnoeles plateados, barbudos y barrigudos. Me quedó bien bonito -o eso pienso yo, que para eso es mi árbol-, y creo que fue una bonita sorpresa para mi chico. Yo no ponía árbol desde que me independicé.

Al final, también, compré a tiempo todos los regalos que pretendía comprar, y no necesité un rollo extra de papel de regalo, sino dos. También me animé a participar en un amigo invisible internetero, cuyo regalo envié ayer por la manyana, y estoy lista para recibir el mío.

Por otro lado, es tiempo de decisiones duras, no por la Navidad, sino porque se me acaba el tiempo en otros compartimentos de mi vida, y antes de que den sus propias campanadas, toca decidir y negociar cosas. Pero esto se me hace muy cuesta arriba, los puntos y finales y las despedidas nunca fueron aguas en las que yo supiera nadar, así que al menos lo voy a aparcar hasta el lunes. Estas fiestas son también las de tomar fuerzas y hacer acopio de valor para loq eu está por venir con el comienzo del anyo, pero creo que quizás también el que las cosas ya estén casi decididas y que al reloj de arena apenas le queden granos por caer puede ser una ventaja, una oportunidad de pasar página y seguir adelante con nuevos zapatos.

Y poco más. Hoy ha sido un buen día, y es imporante disfrutar de los días buenos, exprimirlos y sacarles el jugo. He envuelto regalos, hemos comido con una pareja de buenos amigos que también van a empezar pronto una nueva etapa y a los que espero acompanyar también en ella, he puesto lazos, me he juntado con casi toda mi familia y hemos comido, bebido -la crema de orujo que hemos llevado ha sido todo un éxito-, bailado, cantado canciones de cuando teníamos siete anyos, y nos hemos reído mucho. Luego hemos cerrado el chiringuito y hemos llegado a casa, donde hemos colocado los regalos bajo el árbol -un árbol hay que aprovecharlo!-, y me he puesto un momentillo a hacer este post que quería haber hecho esta tarde, o esta manyana, pero al final se me ha colado en la madrugada. Y manyana más, reparto de regalos incluido.

En fin. Que esta noche es Nochebuena, y manyana Navidad. Y que, igual que yo estoy intentando disfrutar de estas fechas, espero que también vosotros estéis encontrando momentos agradables en estos días. Porque no hay mejor manera de terminar el anyo que sonriendo; peleando y sonriendo, como me recordó un amigo del norte hace dos tardes.

Disfrutad, sonreíd, seguid en la lucha. Yo lo intento...

Feliz Navidad :-)

[Esta vez las dos fotos son mías. La primera, mi árbol -¡soy como una madre orgullosa!- con los regalos que esta noche hemos preparado, curiosidad atacando ya, y retándome a aguantar hasta manyana. La segunda, un munyeco de nieve navidenyo que tiene ya anyos y vino de tierras alemanas, esos mercadillos de Bonn, frío, nieve y vino caliente especiado. Si haces click, las dos imágenes se hacen más grandes... y poco más: Feliz Navidad :-) ]

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domingo, diciembre 12, 2010

Pre-Navidad

Toda la calle Preciados es un mar de cabecitas -bajo las que supongo hay cuerpos y piernas que las sostienen-, que apenas pueden avanzar. El Horror. Si vas a contracorriente, las masas te arrastran en la dirección en la que no quieres ir. Si vas en la misma dirección que las hordas de personas en búsqueda de sus regalos navidenyos, no esperes poder pararte en escaparates, es mejor que tengas un destino claro y que te dirijas hacia él sin dudar demasiado.

Al final, llegas a la tienda, abarrotada, y ordenas en tu cabeza lo que quieres buscar. Primera planta, esto, segunda planta, lo otro. En una ocasión oyes la palabra que justo querías evitar: "agotado". Sí, en la web aparecerá, pero la web dice lo que le da la gana, al parecer, y no es especialmente fiable, puedes intentar pedirlo a través de ella pero lo mismo te llega a tiempo, lo mismo no. Pues vaya. Cambio de planes, buscas otro regalo que, aunque no está en la carta a las Reinas Majas -en esta familia, el turrón siempre se lo han comido Mamá Noela y las Reinas Majas-, puede gustarle igualmente.

Me gusta comprar regalos, me gusta imaginar la cara que pondrán mientras abren el envoltorio, me gusta la cara de sorpresa al final y aún más cuando el regalo recibido no formaba parte de ninguna lista, y aun así, aciertas. Me gusta tomarme mi tiempo eligiendo.

Este anyo habrá que hacer un poco de juegos malabares, ya que los bolsillos no están para tirar cohetes y hay que medir más el dinero gastado. Pero encontraremos lo que buscamos, aunque en ocasiones haya que pasarse a algún Plan B, bien por evitar costes excesivos, bien por esos Agotados que intentaremos esquivar. Pero seguiré disfrutando buscando el regalo perfecto, o si no tanto, ese que al menos haga brillar un poquito los ojos del destinatario.

Me gusta la Navidad. A pesar del millar de cabecitas en una misma calle, que apenas me dejaban andar. A pesar de los pisotones, de las colas. Pero sé que en Nochebuena, como siempre, tendré mi tiempo para envolver regalos, para poner sus nombres, para buscar lazos... y que en Navidad, en casa de mi abuela, nos reuniremos casi todos (ese hermano asocial que se libra siempre... ains!), colocaremos los regalos en el sofá, y habrá reparto, y caras de sorpresa, y sonrisas, y además estaremos juntos. Eso no ha sido así todos los anyos, y por eso lo aprecio cuando lo conseguimos (que para cinco que somos, mejor estar bien avenidos, y no siempre lo hemos estado). Me gusta la Navidad, ya digo. Y además, este anyo Tú vuelves justo antes de Navidades, y tendremos tiempo para compartir(nos) y para hartarnos y dejar de echarnos de menos como hemos estado pasando el último mes y medio.

Tengo todavía que terminar mi Carta. Y que dedicar más tardes a las compras. Y que comprar un rollo extra de papel de regalo. Y que comer mantecados (nyam!). Ya es Navidad en las tiendas, en las luces, en el centro, creo. Y este anyo, por aquí dentro también.

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sábado, diciembre 04, 2010

Extranyos sin nombre

Extranyos. Somos extranyos rodeados de más extranyos, y por alguna ley no escrita, no traspasamos los límites, no invadimos nuestros espacios aunque a veces lo estemos deseando. aunque a veces sea el otro quien lo esté pidiendo a gritos. Extranyos, ajenos siempre al de al lado, al vecino, a la persona con la que nos cruzamos cada manyana en el Metro, a los miles de desconocidos de los que no sabemos nada y simplemente vemos un día en la calle, sin nombre, sin voz, sin ojos casi porque aunque los tengan, nos resistimos a cruzar las miradas.

Como me cuesta contener mis emociones, y de hecho no es algo que intente ni siquiera, he llorado muchas veces en la calle, en el autobús, en un parque o en un aeropuerto. Sólo una vez alguien rompió esa barrera (casi) infranqueable que levantamos entre unos y otros (extranyos de nuevo) para acercarse a mí en uno de esos momentos. Yo nunca he llegado a hacerlo, y también he visto a gente llorando cerca de mí, lágrimas surcándole el rostro, a veces ente hipidos. Pero la barrera ha sido siempre más fuerte que mis ganas, una barrera de incomodidad también, no estamos acostumbrados a tratar con sentimientos negativos, con tristeza, rabia, dolor.

Sigo recordando -ya un poco borrosa, eso sí- la ocasión en que alguien, a pesar de que yo era una de esas extranyas sin nombre, se dirigió a mí. Lloraba tanto que me había llegado a sentar en un banco de la calle, recuerdo la sensación de indefensión -tampoco a mí me gusta llorar en público, es quedar expuesta, sentirme doblemente vulnerable-, y la angustia que iba saliendo en forma de llanto incontrolable. La gente pasaba sin reparar en mí, además de extranyos a veces somos invisibles o andamos dentro de nuestra propia burbuja que nadie traspasa... Yo sí les veía, un poco avergonzada por no estar conteniéndome, ya digo, sintiéndome expuesta, vulnerable, descontrolada. Y en un momento dado, un hombre que llevaba una bici -y que había pasado en sentido contrario hacía un rato largo- se me acercó y me dio una servilleta en la que había dibujado una cara sonriente y una sola palabra bajo ella: "Smile!". Me sonrió, me dio un apretón en el brazo y se fue.

Sigo recordando ese momento, que sirvió bastante para que se aplacara mi angustia, y me sigue sorprendiendo cómo cruzó la barrera que casi nadie cruza, cómo hubo ahí aquel guinyo entre extranyos. Sin palabras, pero consiguió acercarse en un momento en que yo lo necesitaba, aunque fuera un total desconocido con el que no he vuelto a cruzarme jamás.

Pero sé que no es lo corriente. Que lo normal es que seamos extranyos que no se tocan, cada uno andando en nuestro propio camino sin hacer caso a los otros caminantes con los que nos cruzamos. Sin invadirnos, sin acercarnos siquiera, mucho menos pensando en llamar a la puerta de alguno de esos desconocidos, ajenos los unos a los otros, cada cual en su burbuja, aislados. Extranyos sin nombre, sin voz, sin más cuerpo que ése que esquivamos.

Luego nos quejamos del frío, pero cómo no tenerlo si lo alimentamos cada día...

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