jueves, febrero 02, 2017

Teatro IV: No solo duelen los golpes


A finales del mes pasado conseguí ir con mi pareja y un par de amigos a ver el monólogo "No solo duelen los golpes", de Pamela Palenciano, en el Teatro del Barrio. Ya el año anterior había querido ir a ver el monólogo en la gira gratuita que Pamela hizo (y ha seguido haciendo) por distintos centros sociales, pero cuando lo hizo en el de mi barrio (hoy desalojado) aunque fuimos con bastante tiempo, el centro social se había desbordado y no cabía un alfiler, así que no pudimos entrar. Pamela lleva también varios años haciendo este monólogo en institutos, dentro de un taller para la prevención de la violencia machista. Está haciendo un trabajo espectacular y muy necesario, aunque a menudo tenga que enfrentarse por él al acoso en redes sociales, haya recibido amenazas y haya sido recientemente denunciada por supuesta "apología de la violencia" (cuando precisamente hace todo lo contrario, es surrealista).

En la obra Pamela cuenta su experiencia en su primera relación que inició en su adolescencia, y a través de su propia experiencia narra la historia de muchas relaciones tóxicas, desiguales, en las que se sufre violencia machista, abuso de poder, desvalorización. Como ella dice en el título, no solo duelen los golpes, hay muchas violencias que no te dejan un ojo morado, y, en el caso de que ese paso llegue, habrá habido muchos otros antes que también hieren, aunque cuestan más reconocerlos como la violencia que son.

En el monólogo, que a pesar de tratar temas tan importantes y duros, tiene también dosis de humor y por supuesto, mucha crítica, ella se desnuda en una especie de catarsis que comparte con el público (masculino y femenino, aunque sé que en ocasiones en centros sociales ha hecho talleres solo para ellas o solo para ellos). Creo que mujeres y hombres vivimos la obra de maneras distintas, quizá ellos reconociéndose en actitudes machistas y/o violentas que no eran del todo conscientes de haber ejercido, y nosotras analizando nuestras relaciones pasadas o presentes y descubriendo tal vez similitudes preocupantes que no habíamos querido o sabido reconocer como violencia.

Sin querer contaros más de la obra, a mí me dejó bastante tocada, me revolvió, salí muy seria cuando acabó y no porque no me hubiera gustado (que me encantó), sino porque me hizo pensar mucho, sobre todo en mi primera relación seria, aunque no solo. No habría dicho que sufrí violencia en esa relación, si acaso hablo (¿hablaba?) de una ruptura tormentosa en la que sí hubo muchos insultos y números de celos a gritos y algún empujón en medio de la calle, pero asociaba eso a una ruptura difícil, no a una relación tóxica y mucho menos de maltrato. Pero sí que durante la obra me vi reflejada en varios momentos, también cuando Pamela recoge el discurso de su Yo adolescente defendiendo a su chico, negando que la trate mal, culpabilizándose ella misma, resaltando los aspectos positivos de su relación.

J. fue, como el suyo, mi primer amor. Nos conocimos en el hospital de día que trataba a adolescentes con problemas de salud mental, como nosotros. J. estaba precisamente por problemas para controlar la violencia, los impulsos, y por no controlar bien el consumo de sustancias tóxicas, que era como llamaban en el centro a las drogas, desde cannabis a drogas más fuertes (él principalmente consumía cannabis, otras solo de manera muy ocasional). Yo tengo el recuerdo de que me sentí muy querida por él, y también cuidada generalmente. Él respetó mis tiempos en lo que al sexo se refiere (yo era virgen, él no, y yo tenía muchos problemas y tabúes con mi cuerpo y con la desnudez). J. era muy violento, se pegaba a puñetazo limpio con su padre (que también era un hombre súper violento, pero a él nadie le trataba psicológicamente por eso, porque era el cabeza de familia y al parecer no había problema alguno en que ejerciera esa violencia y autoridad desmedidas), se pegaba a veces con desconocidos por la calle por las razones más peregrinas... y yo sentía que a mí me tenía que querer muchísimo porque "a mí no me pegaba". No. Sí, alguna vez hizo añicos en mi cara un regalo que le había hecho tras una discusión. O lanzaba al suelo y rompía un regalo que me había hecho él a mí. O me sujetaba y daba un puñetazo a la pared a dos palmos de mi cabeza. Pero a mí nunca me pegó, ¡cuánto me quería!

Y los celos, los celos... ahí también me vi reflejada en la obra. Porque él insistía en que su hermano pequeño sentía algo por mí, y al parecer yo le daba esperanzas porque le hablaba con amabilidad y le tenía en cuenta para algunos planes. y eso era humillar a J. aunque yo no me diera cuenta. Cuántas broncas simplemente por dirigirle la palabra, por felicitarle su cumpleaños, por plantarme y decir que si habíamos ido al parque de atracciones los tres, no podía decirle a su hermano que se fuera él por su lado y nosotros por el nuestro.

Y cuando, ya rota la relación pero aún manteniendo cierta amistad, empecé a pasar parte de tiempo en Internet, de nuevo celos desmedidos (y ni siquiera estábamos juntos, pero le daba igual). Que me había tirado a todo Madrid, que cómo podía ser tan puta, que todo Internet estaba deseando follarme y a mí me daba igual que me trataran como un objeto... Y los silencios, esos silencios, tanto durante la relación como una vez acabada, silencios que eran una forma de castigarme por las cosas que hacía o dejaba de hacer, que a menudo eran ninguna.

No sé si fue esa relación o los problemas de autoestima que yo ya traía conmigo. En mis siguientes relaciones, he buscado hombres que tuvieran un carácter opuesto casi al de J, que fueran tranquilos, serenos, no tan pasionales, impulsivos o violentos. Y aun así... hay cosas (mucho más pequeñas) en las que he seguido viéndome reflejada en la obra.

R., mi siguiente pareja, era lo que me pareció "una balsa de aceite" cuando le conocí, y eso me gustó. Calmado, tranquilo, pensativo, inteligente y cariñoso. Y aun así, cerca del final de una relación que mantuvimos durante tres años, tuvimos una discusión en la que él acabó un dando un puñetazo en la pared, rompiéndose la mano y haciendo un agujero.Y yo pensé en qué había hecho (yo, no él), en cómo lo había estropeado (yo, no él), en cómo le había hecho perder así los nervios (porque ese puñetazo era una reacción a mí, la culpable era yo), en que yo me acercaba a los hombres más buenos del mundo, como ese chico, y les volvía locos, les desquiciaba, sacaba lo peor que ellos tenían dentro. 

Pamela cuenta en la obra que, una de las dos veces que su maltratador la intentó matar, mientras él estaba estrangulándola, ella todavía estaba pensando "¿qué he hecho para que se ponga así? Quizás si no hubiera dicho esto, si no hubiera hecho aquello, esto ahora no estaría pasando". La culpable, incluso ante un intento de asesinato, seguía siendo ella. Yo afortunadamente nunca he vivido una situación tan extrema, pero en las pequeñas o grandes violencias cotidianas que he vivido en mis relaciones, siempre he sentido, y sigo sintiendo, que soy yo quien las provoca, quien lleva a su límite a la maravillosa persona que tengo a mi lado, quien le desquicia con sus tonterías y sus cambios de humor, quien convierte a un hombre bueno en otra cosa, quien le contagia sus mierdas. Y ahora que después de la obra lo he visto mucho más claramente, sé que es una actitud insana, tóxica, peligrosa, pero no sé bien cómo deshacerme de ella. 

Cuando salí de la obra, como digo, salí muy removida. Me puso delante de cosas en las que no había pensado tan explícitamente, que había disculpado o pasado por alto. O que había verbalizado solo entre risas y frases de "todos los ex son unos cafres", pasando de puntillas por encima de algunas situaciones realmente dolorosas que no siempre me he permitido sentir como tales, y mucho menos sin culparme o sin disculpar al otro. Siempre he elegido activamente quedarme con lo bueno de mis relaciones una vez terminadas estas, y no sé si eso ha contribuido a endulzar algunas cosas que no fueron muy dulces... Al salir de la obra pensé que tenía que recolocar aún cosas pasadas, que tenía que tener alguna(s) charlas tranquilas al respecto, con mi pareja, con amigos y amigas, y que me vendría bien escribir aquí al respecto. De ahí este post, ya sé que largo, pero que me ayuda a colocar cosas aquí dentro.

[El monólogo "No solo duelen los golpes" de Pamela Palenciano, se sigue representando estas semanas en el madrileño Teatro del Barrio, en Lavapiés. Si no lo has visto aún, solo puedo recomendarte que saques las entradas en este enlace.]