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viernes, febrero 21, 2014

Paredes blancas, mesas verdes (VIII)

En las profundidades del invierno finalmente aprendí que en mi interior habitaba un verano invencible.
(Albert Camus)

Voy recuperando fuerzas. Tras cuatro semanas y un día, nueva condena entre paredes blancas y mesas verdes, cada día que pasa me siento un poquito más fuerte, más tranquila y serena, más Yo. Ya se ha acabado el tiempo de estar aislada y voy enfrentando los días con mayor o menor éxito, sin armaduras y procurando no caer en las mil tentaciones que debo evitar porque alimentan a mi parte enferma y yo debo intentar apostar por la parte más sana.

Decía el médico que había hecho una elección por esa parte, la sana, la luminosa, una suerte de elección por la Vida. No soy consciente de haber hecho algo así, no sé bien qué ha cambiado por dentro y ha hecho que empiece a tener ganas de hacer algunas cosas, ganas de, Ganas de..., como la canción de Sabina. Ganas de estar bien, le decía el otro día a un buen amigo. 

Al no haber hecho nada conscientemente para mejorar la situación, no sabría replicarlo cuando en el futuro que implacablemente acabará llegando, vuelva a caer y el invierno se instale de nuevo dentro, fría, helada; y las ganas de hibernar sustituyan a estas ganas de estar bien. Al salir del entorno controlado lleno de mesas verdes entre paredes blancas me decían que no volviera... yo pienso que eso sería un suenyo imposible. Mi vida es un caer y un remontar poco a poco hasta la siguiente caída.

Y en esta caída, en estas profundidades invernales, lo único que sé que decidí en un momento dado, fue coger un libro de nuevo, uno de esa saga larga-larga que es Canción de Hielo y Fuego. Pendiente leer el tercero (y el cuarto y el quinto y los que habrán de llegar después) desde hace meses, no lo cogía porque con mi cuenta atrás particular en cualquier momento podía estallar la bomba y ¡zas! quedarse el libro a medias. Sin ganas de llegar a manyana, ¿por qué empezar un libro que sólo podría leer en unos cuantos manyanas y más manyanas? Pero un buen día de permiso en esas últimas cuatro semanas (y un día), decidí coger Tormenta de Espadas, tres volúmenes en bolsillo... Esa ha sido la única elección consciente que he hecho por algo que tiene que ver con lo luminoso que resistía en mí. Si eso inició todo lo demás, no lo sé.

Y ahora estoy aquí, intentando levantarme cada manyana a horas no demasiado intempestivas, intentando llenar mi tiempo con actividades, intentando construirme agarraderas para que cuando el viento sople no me tire al suelo a la primera. 

Porque el verano que quizás está naciendo por dentro es más bien frágil, al menos por ahora.

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