martes, agosto 29, 2017

Rota // Dimitir no es un nombre ruso // Cómo puedes decir eso (VI)

No son horas de hacer un post largo, no hay fuerzas ni ganas tampoco. Ya lo escribiré mañana mejor, o más largo, o menos dramático, que hubiera dicho Escarlata si hubiera tenido blog.

Hoy en un momento he pensado que estaba llegando a mi límite. Más tranquila algo después, he pensado que no, que he dejado mi límite atrás, tanto que estoy en un punto de no retorno. Que mi malestar, mi daño, mi sí-que-parece-demostrarse-finalmente-crónica sensación de vacío y de desesperanza, y de podredumbre, y derrumbe, e intenso-intenso-intenso malestar, dolor o sufrimiento... han superado mi límite hace TANTO que no veo, no recuerdo ya dónde estaba, no recuerdo el camino de regreso. Me siento tan mal y lo estoy sosteniendo día tras día tras día tras día, que ya no imagino cómo volver a sentirme bien, no consigo imaginar una Yo que se encontrara mejor, una Yo a la que no le diera este miedo dormirse, no por el sueño, sino por el dolor de despertar al día siguiente, otro día más entero que rellenar en batalla constante no sólo conmigo. No sólo no la imagino, no la visualizo, no confío en que esa Yo pueda existir de nuevo (¿alguna vez existió? No recuerdo sus rasgos ni su voz...) o pueda construirla... no tengo la menor idea de qué tendría que hacer para ello, qué pasos dar o por qué caminos. Soy un puzzle al que la lejía le ha borrado la imagen y aún así creo que se espera de mí que recomponga piezas. No puedo, no soy capaz, dimito.

Hoy también, algo más se (me) ha roto aquí dentro. Y no queda ya nada más que romper.

No hay suficientes libros en mis estanterías, en mis librerías preferidas, en el mundo; ni suficientes capítulos de Friends con sus risas enlatadas; ni suficientes películas favoritas por mucha sonrisa que puedan dibujarme o por mucho que alarguen el calor del verano 500 días, que nos digan que la vida es bella, que sobreviviré y destruiremos esto que tanto daño hace en un volcán de lava allá en la oscuridad, y que no importará que cuando lleguemos estemos rotos, totalmente rotos, porque llegarán las Águilas a rescatarnos de la mierda y a dejarnos arropadas cerca de nuestros amigos; no hay tampoco suficientes GIFs de gatitos, perritos, cachorritos, ni bebés enternecedores; ni suficientes masajes, cosquillas, cuentos leídos o inventados... ni hay tampoco suficientes post de desahogo (suelta, libera, derrama, vomita tranquila, es tu espacio...) que pueda escribir, no hay suficiente en TODO el universo con lo que capear este temporal, con lo que tapar este cenagal. No lo hay.

Spoilers: esas Águilas no existen, habría más posibilidades de que te rescatase un pterodáctilo y spoiler 2: tampoco va a pasar. Y no, las alas que alguna vez pudieras haber tenido si es que tuviste realmente, hoy no te sostendrían más tiempo del que tú sostienes una cometa. Arriba al cielo, plafff contra el suelo, viaje corto y bocadillo de tortilla para cenar.

Entonces, ¿para qué seguir intentándolo? ("Pregunta abierta, razona tu respuesta", que decía P., una profe de naturales guay que tuve en 7 de EGB, en un colegio privado y de pasta lleno de ¿compañeros? de mierda donde me dijeron con insistencia y de forma súper convincente que la mierda era yo).

Me quedo con el ¿para qué seguir intentándolo? Y yo no encuentro respuesta razonada... eso es examen suspenso. No sirves para esto, chica. Dedícate a otra cosa que no implique exceder tus capacidades intentando, ¿qué dijiste, vivir? Qué ambiciosa has sido, vivir... ¿qué pasó, te olvidaste de que estabas rota?

Rota, sí. 

Dimitir. 

Cómo puedes decir eso (y van...)


(Palabras que se lleva el viento, gritos en silencio, para nadie, para nada. Comopuedesdecireso's)