lunes, octubre 22, 2018

Día de Muertos (I: el previo)



Hay algo que lleva tiempo tomando forma en mi a-veces-lúcida cabeza loca. Empezó meses atrás, cuando vi COCO (sí, la peli de Disney. Solo por ella ya tendríamos que vernos obligadas a salvar a Disney y su cine de la hoguera, y el amor romántico ya nos lo trabajaremos juntas entre las que crezcamos con sus pelis).

Para nadie que haya leído un puñadito de entradas del blog será una gran sorpresa que he tenido una relación más cercana con la Muerte (la propia, sobre todo) de lo que suelen recomendar. No he estado muerta nunca, obvio; pero ha sido un estado muy ansiado, la propia imagen de la Muerte (con frecuencia la descrita por Gaiman, alguna vez la de Pratchett en el Mundodisco) me ha acompañado muchísimo y he "hablado" horas y horas y horas con ella (todo lo que se puede hablar con quien no te contesta, como lo hacía a menudo de adolescente, como lo hace gente con sus dioses, sus plantas, mascotas...)

De más peque leí bastante sobre mitología celta, sobre el Samhain, las brujas, la porosidad / permeabilidad entre el mundo de los vivos y los muertos precisamente esas horas, que aquí adaptamos como Día de los Muertos y de Estados Unidos vamos importando su Halloween, la Víspera de Todos los Santos / Muertos. Desde la cultura celta esta fecha se celebraba pero en lo que yo leí, normalmente desde cierta solemnidad, del reconocimiento de un mayor poder mágico esos días, también desde cierto temor a esa permeabilidad y ese poder (¿y si los muertos nos llevasen con ellos? ¿y si las brujas nos maldicen? ¿y si hubiera un sacrificio que...?) y utilizando estrategias para sentirse seguros frente a ese mundo que les resultaba frío y atemorizador. Pasé tiempo recogiendo informaciones sobre todo esto -para mí simbólico, en mi cabeza la muerte no es un nuevo principio-, y recopilando algunas en una antigua web puro años 90, con todas sus posibilidades de horterez maximizadas, murciélagos que volaban según movieras el cursor, GIFs parpadeantes, músicas que sonaban cuando entrabas en la página y no había manera de quitar, purpurina y brilli-brillis aquí y allá, javascripts que hacían que nevara o que el agua hiciera ondas, todo lleno de fondos con muchos colores y de letras en Comic Sans. No sabía entonces que igual mi web era un buen homenaje al MAL con mayúsculas, y afortunadamente los servidores de hosting de los años 90 murieron -ellos sí-, y las personas aprendimos mayoritariamente qué contenidos debían quedar guardados bajo siete carpetas en lo más profundo de nuestro disco duro muy muy antiguo 3.

Entre esos 20 años de mi post-adolescencia y mi Yo actual ha habido cambios (por ejemplo, aunque sigo sin saber combinar colores, soy más respetuosa con los daños que puedan sufrir los ojos ajenos). Pero en todo este tiempo, he seguido paseando a veces demasiado cerca de la Muerte, me he dormido varias veces pensando "hasta aquí", e incluso en épocas de bienestar y calma y actividad... ha permanecido en un segundo plano el pensamiento de fondo de "ya, ya, si ya iré". 

Este año estuve ahí también, no con un "ya iré" difuminado sino más un timbrazo al telefonillo de esos de "¿me abres, que estoy abajo?". Antes de llegar ahí hice todo lo que supe y pude y fui capaz por posponer y posponer y posponer, consiguiendo cosas que nunca antes había conseguido, pedir ayuda de maneras nuevas, inventar cómo apoyarse, cómo apoyarnos. Aunque luego meses después llamara al telefonillo...

Este año he sentido que he estado más lejos de mí, de Otros, de mi vínculo vital... de lo que llevaba años sin estar. La gran mayoría de mi entorno actual, fuera de mi escueta familia, no había vivido ningún proceso parecido conmigo, porque en los últimos trece años no había estado tan-tan abajo. Yo misma no había vivido un proceso parecido, porque mi empoderamiento personal en mi proceso de psiquiatrización y el haber adquirido conciencia de las enormes violencias del sistema psiquiátrico, si bien me ha facilitado cosas y me ha dado herramientas, también me ha dificultado algunas otras en esta última ruptura grande del vínculo vital, y me ha impedido hacer la escalada, la vuelta a casa, por caminos que ya hubiera recorrido. No he ingresado, no he sepultado mi dolor bajo una capa gigante de medicación que lo taponase todo, no he usado apenas-apenas otras herramientas antiguas como la autolesión... y bueno, ha sido un camino terriblemente largo y gran parte de él hecho entre brumas y sin saber dónde pisábamos, en terreno desconocido. Pero aquí estamos, vivas.

Lo que empecé a tejer en mi cabeza tras ver Coco como posible idea si es que llegaba a octubre, ahora tiene forma de notas en un papel y de acción simbólica próxima, no para intentar forzar algo como pensaba al idearlo (lo imaginaba un poco como "si te miras y sonríes por la mañana y te dices algo bonito, acabas pensando cosas bonitas", como dice esa autoayuda en la que creo poco o nada). Pero en mi idea de esos meses difíciles atrás me imaginaba que si llegara a octubre, tal vez podría hacer una Noche de Muertos en mi casa, no solemne y fría como la celta sino colorida y que nos diera calorcito, como la mexicana. Y que para entonces (¡quedaba TAN lejos, era TAN imposible imaginarme sólo despertando día tras día tras día hasta que pusiera octubre en el calendario...!) quizá no necesitaría ya morirme, quizá podría haberme rehecho de alguna manera que aún me resultaba una incógnita...

Pensaba que quizás podría (y ahora siento que en efecto, podré) aprovechar esa Noche de Muertos para hacer cosas bonitas, entre ellas decirle a la Muerte, la de Gaiman, la de Pratchett, que mira, mejor no. Que sé que siempre le he dicho que ya casi voy, que voy en breve, que me esperen, que quizá el año que viene o el siguiente, o dentro de un par a más tardar, que estoy cerca... Pero bueno, aprendiendo del feminismo la capacidad del recular cuando queramos, del poder decir que ah no, es que ahora no me apetece, ahí te quedas... pues quiero aprovechar para decirle que la verdad, sabiéndome limitada para decidir sobre eso, pero hablando de lo que sí esté en mi mano: no, no me apetece, no voy. Vamos, que iré, que la inmortalidad no es algo que me interese, pero que si de mí depende, iré ya después, iré ya dentro de mucho, porque hay muchas cosas que me apetece hacer aquí, con los vivos, en este mundo, aunque está como está o precisamente por eso, porque a veces siento que en ese estar como estar (de regulero) yo puedo sumar un poquito a una mejora chiquita, a dar calor a gente que está aquí y que también intenta un cambio... Y que además aquí hay mucho por leer, librerías por conocer, pequeñitos a los que enseñar juegos de palabras, masajes que recibir, comidas que probar, cosquillitas que hacer, proyectos a los que aportar, centros sociales que okupar, desahucios por parar, leyes por cambiar, besos que dar, pelos que revolver, videos de EpiBlas que grabar, canciones que cantar, galas de OT por ver, EscapeRooms de las que salir a tiempo, amigas a las que amar y consolar y abrazar y hacer reír y besar, amores de los que disfrutar, vínculos que crear y alimentar y fortalecer, galas de circo que ver, chistes malos que inventar y aplaudir, carteles que diseñar, microcuentos chorras que escribir, fanzines que leer, festivales de ciencia ficción feminista en los que encontrarnos y aprender, charlas que compartir delante de una cocacola o más allá, en Twitter y donde sea; memes (¡y mimos!) por hacer y hacernos entre risas, conciertos de amigas en los que ser sus groupies, webs que actualizar, trajes de tropecista que llevar puestos, denuncias por poner, juicios por ganar, audios que grabar y escuchar, pelis y series que ver, gente preciosa por desvirtualizar y alguna a quien bloquear, musicales por ver cantando por dentro y por fuera, partidas de trivial por echar, hijas de amigas a quienes ver crecer, cursos y jornadas en las que aprender (a todos los lados de la mesa), partidas de rol en las que defender al muchacho embarazado u otras cosas que inventemos, bailes tontos en los que sorprendernos, botes de virtudes de amigas en los que poder colocar un papel con cuánto de bueno nos dan (y leer cuánto bueno les damos), asambleas en las que pensar y construir y transformar juntas, canciones de Xuxa y de Los Gandules y de Abba y de Piperrak y Silvio y Shakira y Extremoduro y más mezcolanzas raras que hacer, postales que enviar y recibir, culos por ver un segundo y ya no están, caricias que dar y recibir, cuentos que leer en voz alta mientras alguien se duerme, historias que oír quedándome dormida, viajes por hacer aquí cerquita o allá lejos, gente con quien vincularse bonito bonito, vínculos que seguir alimentando y protegiendo y haciendo crecer (y si los vínculos estan repetidos en el texto por algo será), aviones por despegar... Y mucha mucha gente bonita que está aquí y con quien quiero seguir compartiendo, y también un puñadito que ya no están aquí y yo quiero elegir recordar

Vamos, que tengo mil cosas que hacer, son cosas que me apetece hacer, y la verdad, para poder hacer cualquiera de las de este listado, que son solo una muestra, está el requisito bastante imprescindible de estar viva. Así que me apetece estarlo y en lo que esté en mi mano, mi decisión es esa, me quedo aquí. Y claro... entre tú y yo, al final acabaré yendo, Muerte, que yo te aprecio y es verdad que cuánta compañía me has hecho siempre que he estado solísima, buf. Pero en lo que de mí dependa, iré cuando acabe, dentro de mucho, al final. 

Y en este tiempo que dure el mientras (que haré lo posible para que sea un "mientras" largo), te agradecería si, ya que yo no te necesito cerca ahora, te alejas también una racha de mi gente, mis vínculos y los suyos a su vez. Que menudos meses a la espalda...


Gracias a la gente bonita que me acompañáis en mi camino -desde las muchas maneras distintas en que se puede acompañar-, porque sin vosotras estar aquí, no solo en el planeta ni en el mundo, sino en este aquí concreto -es un aquí desconocidísimo para mí- no hubiera sido posible ni inimaginable ni me hubiera interesado quizá tampoco. Si me voy a algún lado, que sea irme a-Marte con vosotros, vosotras, contigo...

Blogger El tacto de las medusas susurró...

martes, agosto 07, 2018

Tarde, tarde (II): Cuidados que se entrecruzan

Este texto (con variaciones) nació a principios del pasado abril (llega cuatro meses tarde; en este momento vuelvo a estar movilizada

Versión breve: me han robado el móvil, hasta nuevo aviso no tendré llamadas ni wassapp.

Versión laaaaaarga para valientes, insomnes, insensatos... marque su casilla y siga leyendo.

Los cuidados se entrecruzan.

Hoy, después de meses en las que apenas he podido salir de casa porque el esfuerzo de mantener la propia supervivencia me está comiendo tanta energía que estoy teniendo muchos problemas de movilidad, he podido acercarme con una amiga a Traficantes de Sueños, mi librería-refugio favorita, media hora antes de que cerraran. Había mucha gente por alguna charla que había terminado hacía nada. Nos han dicho que con la cola que había ya no se podía comprar más, que estaban cerrados (ya iban a salir más tarde de su hora seguramente). Les he dicho que si podía quedarme el ratito que faltaba, que mirar sus libros me da calma y llevaba meses sin poder ir. Me han contestado con la amabilidad de siempre, que sin problema, que nosotras tres podíamos irnos las últimas (mi amiga, su perrita y yo), mientras ellas acababan de cobrar. Ha sido una manera bonita de cuidarme, parte de los cuidados que siempre siento en ese espacio.

He entrado a mirar los libros de dentro. Llevaba el móvil en la mano porque mi chico venía de camino a recogernos. He visto el libro de ensayos "Contar es Escuchar. Sobre la lectura, la escritura, la imaginación" de Ursula K. LeGuin y para leer la contraportada he metido el móvil en el bolsillo del abrigo 30 segundos. Cuando he dejado el libro otra vez en su sitio, el móvil no estaba en mi abrigo. He dudado primero de mí por si lo había metido en el bolso de tela, pero no, me lo habían robado en esos 30 segundos en el bolsillo del abrigo (soy consciente de que no es un buen lugar para dejar el móvil y había notado el roce de alguien pero pensé en un roce casual, no en que me estuvieran mangando un móvil).

No soy super legalista pero no entendería robar a Traficantes y no entendería robar a ningún cliente suyo tampoco. Me he enfadado un poco, en el wassapp que solo tengo en mi móvil es donde tengo mi grupo de acompañamiento de crisis. Estos días TODOS son días de crisis. He pensado que era ruin robar a alguien algo que no sabes lo que puede significar para él o ella. Que si me hubiera dicho la misma persona que necesitaba los 20-30 euros que se vaya a sacar por él, pues igual se los daba y ya. También he pensado después que quizá nadie hace eso, nadie se los daría con pedirlos, y por eso roba móviles. Que ellos no sabían que para mí tener mi móvil, mi wassapp con ese grupo tan necesario estos meses, mis canciones que consiguen que las piernas se muevan cuando están rígidas... es algo TAN importante para mí. Pero yo no sé tampoco nada de su situación y... En fin, creo que debe de cansar menos ser menos empática o poder pensar más fácilmente “vaya gentuza”.

Los cuidados se entrecruzan. Las dos muchachas que estaban hoy en la caja de la librería han sido un amor. Me han tranquilizado, no parece que ninguna de mis apps estén interceptadas. Una de las libreras me ha dicho que sentía que me hubiera salido tan cara la visita cortita, pero yo le he contestado que bueno, como hoy había conseguido llegar a la librería y estar un rato entre sus libros y eso era muy agradable, pues se compensaba un pelín. Que si podía echarle cara y aunque ya estábamos tan fuera de hora, si les importaba si finalmente sí que compraba el libro que había cogido cuando me han mangado el móvil . Lo he podido comprar y me han regalado otro ellas. Cuidados que se entrecruzan.

En casa al llamar a la compañía para cancelar el móvil y pedir una tarjeta SIM, he preguntado si había una manera de borrar a distancia todo mi contenido pero que el móvil pudiera usarse con otra SIM, ya sin nada mío dentro. Me ha dicho la operadora que no existía esa posibilidad y que no tenía sentido si no me iban a devolver el móvil. Yo pensaba en no dejar inutilizable un móvil que funcionaría perfectamente un par de años, por un lado por motivos ecológicos -esos recursos en fabricarlo ya han sido utilizados, ¿tiene sentido que se pierdan cuando el móvil podría seguir teniendo vida útil?-, también porque imagino que quizá quien compra un móvil robado por 30 euros tal vez lo hace porque no tiene acceso a móviles a precio de mercado. Que yo no sé nada de esa persona igual que el ladrón no sabría que yo estaría valorando esta noche si hay alguna especie de “señal oculta” cuando te roban el medio donde has podido construir un espacio donde dar la voz de alarma cuando todo se te va de las manos.

Me han preguntado si voy a denunciar. No, no siento que la policía vaya a sumar nada bueno a esto. Prefiero no tener que recurrir a las fuerzas de (in)seguridad siempre que pueda evitarlo, y desde luego en esta ocasión puedo evitarlo.

Igual nada de esto suena muy cuerdo. Yo nunca prometí cordura en mis textos.

Estos días Carolina León, que además de ser otra de las libreras en Traficantes de Sueños es también la autora de un libro magnífico como "Trincheras permanentes. Intersecciones entre política y cuidados", tiene dos nuevas citas -a las que no podré ir- para seguir presentando su libro. Ella habla mucho mejor que yo de cuidados, en su libro, en su blog y donde sea que hable o escriba sobre esto. Yo hoy me he sentido cuidada por sus otras dos compañeras, mi amiga, mi chico, un amigo que ha venido a casa por la noche a hacer de tercera persona de apoyo... Cuidados que se entrecruzan, de nuevo.

A veces me siento desgraciada y no puedo más. Que me roben el móvil me parece un poco tomadura de pelo divina, como si fuera una respuesta a uno de esos chistes de colmos, que preguntase cuál es el colmo de la persona en riesgo de despeñamiento que hace un grupo de wassapp para ver si agarrándose ahí la supervivencia es pelín más fácil. "Que le manguen el móvil". (Como chiste es bastante infernal, así que quién sabe si es tomadura de pelo divina o más luciferiana...) Pero he sentido tantos cuidados en medio que no me queda claro si soy afortunada, desgraciada o aforgraciada / desgratunada... Sí sé que hay gente cerca y no-tan-cerca que me cuida. Y a la que yo intento cuidar. Cuidados entrecruzados.

Aforgraciada. Desgratunada. Inventar palabras siempre es buen final para todo.


[Durante casi todo este último año, que no siempre que he querido o he necesitado he podido sentarme a escribir al ordenador, he ido apuntando cosas que quería compartir por aquí, pensamientos de los que quería hacer un post, alguna nota suelta o algún texto que escribí desde la cama, en la tablet. Muchos de ellos hablan sobre cosas que estaban pasando en esos momentos y que en realidad ahora son distintas (otras no son tan distintas, pero la idea o necesidad grande de escribir y reordenar sobre eso también fue de hace meses). Ahora que parece que ya voy pudiendo, estoy rescatando algunas para traerlas al blog, bajo esas dos primeras palabras en el título: Tarde, tarde. Van a destiempo pero van. Como yo misma a veces...]

lunes, julio 23, 2018

Tarde, tarde (I): ¿Re-conocimiento?

[Durante casi todo este último año, que no siempre que he querido o he necesitado he podido sentarme a escribir al ordenador, he ido apuntando cosas que quería compartir por aquí, pensamientos de los que quería hacer un post, alguna nota suelta o algún texto que escribí desde la cama, en la tablet. Muchos de ellos hablan sobre cosas que estaban pasando en esos momentos y que en realidad ahora son distintas (otras no son tan distintas, pero la idea o necesidad grande de escribir y reordenar sobre eso también fue de hace meses). Creo que ahora que parece que voy pudiendo, rescataré varias para traerlas al blog, bajo esas dos primeras palabras en el título: tarde, tarde. Van a destiempo pero van. Como yo misma a veces...]

Este texto (con variaciones) nació a principios del pasado mayo (llega casi tres meses tarde...) 

Hoy una red social me ha recordado una foto mía de cinco años atrás. Llevaba entonces 17 años con antipsicóticos. En la foto estaba en mi peso habitual de los últimos años (en febrero del 2014 alcancé mi máximo porque tuve tres ingresos larguitos muy seguidos entre junio del 2013 y febrero del 14, y en cada ingreso siempre cojo más o menos un kilo semanal, pero en la fotografía casi volvía a estar más o menos en mi peso habitual).

NADA de mi problemática en salud mental tiene que ver con temas de alimentación, nunca ha sido así.

Hace un año y dos meses aproximadamente dejé la medicación antipsicótica (con acompañamiento profesional y en un proceso de año y medio para minimizar riesgos). Mi cuerpo -hablo del físico- se descontroló, perdí creo que 13 kilos en unos 8 meses, me hacía daño al sentarme porque me clavaba mis propios huesos; tenía -todavía me pasa mucho- muchísimo calor siempre; no podía dormir más de cuatro o cinco horas seguidas; los ciclos menstruales hacían lo que les daba la gana cuando yo hasta entonces había sido bastante un reloj, si exceptuamos un año hace tiempo en que otra medicación antipsicótica le subió los niveles de prolactina artificialmente a mi cuerpo hasta hacerle creer que estaba embarazado, y se me retiró la regla en consecuencia.

Volviendo a esta bajada de peso tras la retirada paulatina de la medicación. Los médicos, primero en salud mental, que como no quieren reconocer que su medicación te ha jodido el cuerpo y tampoco que no saben qué pasa cuando alguien se desmedicaliza porque lo intentamos aún pocos, se dedicaron a culpabilizarme con sus "no bajes de este peso YA" en cuanto perdí cuatro kilos, y a echar balones fuera: "no, no, nunca cogiste peso por los antipsicóticos, era porque todo el mundo engorda con la edad; tampoco dormías tanto (¡14 horas fácil!) por esa medicación sino por pereza, es ahora que duermes cinco cuando estás fatal".

Los médicos físicos se alarmaron por la disminución de peso y en una época en que ya tenía muchos otros estresantes externos, estuvieron haciendo mil pruebas: por lo visto había que descartar diabetes, celiaquía, hipertiroidismo, leucemia; he estado meses teniendo dos consultas semanales en el ambulatorio para ver el peso, una con la enfermera y otra con la médica de cabecera; añadidas a las dos citas semanales en otro hospital para un tratamiento para la dermatitis; a sumar a las de salud mental, psiquiatra y enfermera; más la dermatóloga; más las analíticas variadas y una eco y una radiografía -pruebas por eso ¿incomprensible? descenso de peso; más acompañar yo también al médico a otras dos personas y sentir que era yo quien tenía que hacerme cargo de entender, enterarme, llevar en la cabeza... sus citas, medicaciones, pruebas (con la sensación que además me ha trasladado bastante el sistema sanitario, de que yo tenía que "defenderles" de los posibles abusos, malas praxis o malos entendidos -¿malos explicados?- que se dieran allí).

Ahora he recuperado un poquito de peso, parece que empiezo leeeeeeeeentamente a estabilizarme físicamente. No tengo leucemia ni diabetes ni celiaquía ni hipertiroidismo ni nada más allá de que me jodió el cuerpo la medicación que me han hecho tomar por encima de las dosis y el tiempo que hubiera sido adecuado, por supuesto sin informarme ni poder decidir y llegando a mentirme. Tampoco tengo, por mucho que diga mi (¡por fin!) ex-psiquiatra, tres o cuatro diagnósticos nuevos, "porque eres joven y puedes empezar en cualquier momento con algo nuevo" -aunque cuando le dije que si él o su residente también podían tener de repente un diagnóstico montó en cólera y me expulsó de la consulta; ellos estarán vacunados o algo-. Al parecer estar desafiante, que para mí es un signo de salud ante la humillación cotidiana, viene en muchos sitios del DSM de turno. Vaya por dios, qué oportuno.

En fin. Estoy físicamente bien, he recuperado algunos de los kilos que perdí, a veces duermo cuatro o cinco horas y otras veces nueve o diez, alguna noche, solo tres o así en este año, no llego a conciliar el sueño. Tengo menos citas médicas. Pero veo esa foto de hace cinco años y no me reconozco ahora en el espejo. No por la edad, no... Es mi cuerpo, mi envoltura. Yo me veo radicalmente distinta. Yo era una cara redondeada que ahora tiene picos y barbilla un poco de bruja, rasgos afilados que me resultan ajenos. Es como si de ese Yo anterior quedaran el abrigo y las pincitas del pelo y el resto fuera distinto.

Esto lo he preguntado a mi entorno, porque realmente para mí es un choque, un "¿esta soy Yo?" que viene y va. He preguntado si quienes me conocen ahora y me ven ahora con cierta frecuencia, ven un cambio tan brutal entre las dos Yoes. Si reconocen claramente a la misma chica solo algo más delgadita y ya. Si tienen ese choque de "¿pero cuándo fue así?"

Y voy a guardarme aquí cosas que me han respondido, para esas veces en las que no sé mirarme, o me miro y a pesar de verme, no me encuentro en la imagen:

- Kilos más o kilos menos, según veo esta foto, transmites la misma fuerza con la mirada. Una mirada a día de hoy más sabia y más peleona. Una mirada de fuerza y superación (aunque haya días muy negros). Se, por experiencia, lo difícil que es acostumbrarte a una nueva carcasa. Mi parte feminista se caga en todo cada vez que las otras se pelean por ver quién gana, le revienta que tengamos que andarnos con estas historias porque "lo cuidado" no debería entender de pesos. Así que la respuesta a tu pregunta es un rotundo SÍ, yo SÍ te reconozco en esa foto y en el ahora.

- Que sucedan cambios en nuestras vidas es señal de que estamos vivas. ¿Se pierde peso al reducir o cesar en una medicación psiquiátrica que fue de larga duración? Desde luego que sí. Y no solo parece ser aparecen esos cambios, sino que se acentúa la sensibilidad, vuelves a sentir con intensidad las cosas. Parece ser que muchos se asustan de nuestras emociones cuando rebasan un límite usual. En general, asusta ver muestras de gran arrebato. ¿Pero no es esto humano? Seguramente está fuera de la norma establecida. Tu respuesta ante explicaciones médicas que te llaman, nos llaman tontas, les hace sacar sus esbirros, como es el sobrediagnóstico. Ya que no pueden sujetarte con medicación, lo hacen con amenazas y ejerciendo violencia. Así muestran su poder y lo ejercen. Yo te animo, porque así de paso me animo, y digo además que no sé si hay muchos cambios, que te conozco desde hace más o menos, pero quiero decirte que no solo te reconozco físicamente, sino como una gran persona, que creo en ti, como persona valiente que reconoce su vulnerabilidad, de gran valía y creatividad. Y si a todas las cosas que actualmente tu persona nos enseña y nos regala, ha contribuido tu desmedicalización, bienvenida sea. A pesar de las dificultades. Porque la vida es un camino, y en él hay piedras y arena. Ojalá nos encontremos muchos, muchas, al tiempo, frente al lago, comiendo y jugando sobre la hierba verde de los prados. De entre las flores que los cubren en esta primavera, yo respondo a una. Te reconozco.

Tú siempre eres TÚ. En la foto del 2013 con la cara más redondita, en la del 12 de febrero de 2018, con la cara mas estilizada, ¿y? En cinco años siempre, con o sin medicaciones, con más o menos kilos, nuestra cara se modifica -la tuya y la de todas-. No cambian tus ojos, no cambia tu sonrisa, no cambia tu inmensa capacidad de pelear y superar dificultades, una tras otra.

Eso era. Poder volver a reconocerme viendo mi reflejo en otros ojos que saben que estoy ahí. Aquí. 

Quejas, reflexiones, preguntas y respuestas en un mix en el blog que llega a destiempo (tarde-tarde).

viernes, julio 06, 2018

Destierro (II): Cabecita loca / Mi barrio

Me decías cabecita loca
por seguir mis sueños
por romper las olas.
Me defendía con mis alas rotas
contra la corriente: 
vuela, vuela mariposa...

Una vez tuve un barrio que no era mi barrio pero sí lo fue un poquitín... y dejó de serlo. Recuerdo ir a hablar con M., mi psicóloga de hace mil años y alguno más, e ir con miedo porque esa zona ya no me correspondía, porque implicaba cruzar su frontera, mi frontera, y entrar en su terreno y encontrarme a su familia o a él cuando el terreno me había sido vedado aun sin haber una prohibición expresa de pisar esas calles o bajarme en esa parada de metro, sin haber un bando pegado en las calles notificando el destierro

Ahora la situación es distinta. Este barrio es mi barrio, es mi barrio palpablemente, tangiblemente, vivo aquí, aquí tengo mi casa, la mayoría de mis vínculos, mi madre, mi infancia, mis recuerdos, mis plazas que fueron nuestras, nuestros domingos que queríamos de todas. No puede dejar de serlo.

Eras mi ángel de la guarda
sobrevolando mis horas bajas.
Eras la música del alba,
la lluvia cuando estalla.

Y por eso duele todo esto como herida abierta. Porque hace años que caminar por aquí, por todas estas calles, se había convertido en algo más que simplemente estar en mi barrio, en un espacio seguro, propio, conocido (eso lo ha sido siempre, por eso volví de Chueca). Hace años que además de ser un lugar, este trocito concreto de ciudad era una red, era la mayor parte de mis vínculos, de mis afectos, era la constatación de que -afortunadamente, por fin, menos mal...- no era una isla, NO SOY UNA ISLA, sino una madeja entretejida. No soy veneno. No soy un monstruo. No soy una vampira emocional. 

Sálvame, no me dejes caer
en la tristeza de las noches en vela.
Sálvame y yo siempre seré
tu amiga más fiel 
que dentro te lleva.

Hace años que sumé a las propias calles que me resultan amables el hecho de que en cualquier momento podía encontrarme a caras conocidas, queridas, también amables... en esta esquina o en la otra. Caras que me sonreirían y a las que yo devolvería la sonrisa, encuentros aleatorios e inesperados que me darían calorcito dentro, para los que no tendría que prepararme mentalmente y dedicar montañas de energías por si acaso sucedieran, encuentros donde esta cabecita loca no tendría que preparar cada frase y hacerla sonar dentro antes de decirla fuera a ver si sirve o no, donde no contaría palabras de manera automatizada, las mías y las del resto, para determinar si digo demasiadas, si digo insuficientes. Hace años. Hacía años.

Y me decías cabecita loca
por soñar despierta,
por querer que no amanezca nunca.
Tú me decías 
cabeza loca...

Hace hoy siete semanas mi cabeza contó palabras (fueron demasiadas) de manera automatizada. Conté minutos de presencia (fueron insuficientes) en un encuentro grupal que deseaba mucho, que me había dado fuerzas más allá de lo que yo hubiera apostado nunca. Volvía a haber muchas personas (demasiadas, insuficientes) a mi alrededor mientras yo estaba sola, solísima, más sola que la (l)una, con toda esa mi gente alrededor (y los dos artículos están a propósito). Un finde de auto hipervigilancia otra vez. Hacía años que no estaba tan, TAN sola, con esa mi gente.

Siempre es igual,
siempre mi ángel de la guarda
(siempre mi ángel de la guarda)
sobrevolando mis horas bajas.
Eras la música del alba
(eras la música del alba),
la lluvia cuando estalla.
Sálvame, no me dejes caer
en la tristeza de las noches en vela.
Sálvame y yo siempre seré
tu amiga más fiel 
que dentro te lleva.
Sálvame...
Vuela, vuela mariposa.

Este barrio es mi barrio. Palpablemente y no, tangiblemente y no, está aquí mi casa y casi todos mis vínculos, y casi todo mi sentido también. Y hoy son las fiestas de mi barrio en una plaza que está a menos de diez minutos, y yo estoy aquí en mi casa escribiendo que son las fiestas de mi barrio y me da miedo bajar.

Eras mi ángel de la guarda
(eras mi ángel de la guarda),
eras el eco de una voz lejana.
Eras la música del alba
(eras la música del alba),
la lluvia cuando estalla.
Sálvame, no me dejes caer
en la tristeza de las noches en vela.
Sálvame y yo siempre seré
tu amiga más fiel.
Seré la nieve al caer sobre el mar,
sobre la tierra
cuando el fuego te quema...

Qué capacidad de romper cosas tenemos, ay, pequenya.

Sálvame... sálvame...

(...)


martes, junio 26, 2018

No-sí-cumpleaños (y si soy inadecuada, bueno y qué)

Tengo 38 años (que igual ya en sí mismo no es adecuado con mi historial) y como me siento y me han hecho sentir tantas veces inadecuada, o que hago cosas inadecuadas y eso me hace sentir mal, el pasado sábado quise darle la vuelta a la tortilla. El viernes había sido mi sí-cumpleaños, y como creo que era adecuado, esperable, tanto desde fuera como desde dentro, apagué móvil, cerré redes, dormí y dormí. NadaQueCelebrar, como el hashtag que se suele usar en Twitter para el 12 de octubre.

Pero el 23... el 23 me desperté con un "y qué" que me nacía dentro-dentro... un "no puedo disculparme eternamente", "no puedo hacer más de lo que hago", un "quien quiera que esté y quien quiera que no", un "seamos inadecuadas".

Así que me hice aposta dos coletas altas altas, que quizá no es adecuado cuando en tantos ojos eres una "señora" -ya no eres joven, Gace-; me puse mi pantalón más cortito, que igual tampoco; teniendo  las piernas sin depilar que hay gente que tampoco lo ve adecuado; me di permiso para no rogar perdones gigantescos ese día como autorregalo de cumple y si se me escapó alguno pequeño pues no pasa nada porque me di permiso también.

Celebré mi cumpleaños aunque no fuera adecuado celebrar nada y aunque de hecho no era mi cumpleaños ese día; canté las canciones de una amiga cual gropie total en su concierto, que igual ser TAN groupie tampoco es muy de mi edad; comenté varias veces que me gusta Alex Ubago y no me importa; di besos; dije a algunas personas que las quiero, a otras tantas que las amo; grabé videos lamentables a mi amiga durante el concierto, que con mi pulso y la emoción le corté la cabeza en algún momento, que es poco adecuado (como es muy inadecuado haberla pixelado con el zoom o que mirar los videos maree por la inexistente firmeza de mi pulso); grabé un par en los que se me oye más a mí que a ella porque quería cantar y me di también permiso aunque no fuera adecuado si estaba grabándola; y no contenta los he enviado a las personas que estuvimos allí esa noche.

También leí un texto propio antiguo-antiguo (y actual a la vez) sobre patitos de goma que naufragan pero no; y lo leí cuando la gente estaba leyendo textazos increíbles (muy inadecuada, mi intervención) autolegitimándome con cosas externas y además verbalizando esa manera de autolegitimarme delante de mucha gente que no me conoce y le daría igual. También hablamos y di la web de #0contenciones así pues porque quise. 

Y me reí y lloré y me sorbí los mocos así al llorar que está fatal y muy poco adecuado. Y por lo visto durante el concierto llamé a gente sin darme cuenta porque no bloqueé el móvil, lo que tampoco parece adecuado. 

Y pensé que hay cosas de mí que me gustan, que lo mismo tampoco es adecuado, o al revés, no me gusten suficientes y es eso lo que no sea adecuado.

Y si estoy instalada en la inadecuación a ratos, bueno y qué.

[Tengo en la mente una canción que se creo que cantaba de peque, que acababa cada frase con un "bueno, ¿y qué?, pero no consigo recordarla. Y este es mi bueno y qué particular de mi no-sí-cumpleaños, en el que tuve la desfachatez de pasarlo bien y de darme ese permiso. Y si eso no era adecuado tras mis últimas aventuras y desventuras allí en el límite, pues mira, llevo más de un mes pidiendo perdones diariamente, y el sábado me permití decir, "bueno y qué". Ya el 24 volví al drama, pero me regalé un día, y si no debiera haberlo hecho, bueno y qué.] 

viernes, mayo 25, 2018

Zero Zen


Si el cuerpo fuera sabio, el corazón se pararía solo (con ambos significados, solo de sin ayuda o solo de solamente, aunque pensaba originalmente en el primero) cuando superas demasiadas horas de llanto seguidas, o estás llorando determinado porcentaje del tiempo que pasas despierta. El corazón se rompería, él solito, sin un crash ni bajito ni alto, solo partiéndose o parándose o necrosándose o pudriéndose o encogiéndose o implosionando, no me importa. Y nadie señalaría, y se haría un duelo normal, no habría culpabilidades propias ni ajenas, no habría monstruos ni santos, ni cómo pudo hacerle / hacernos / hacerme / hacerse (este último siempre el menos importante) eso

Pero el cuerpo no es sabio. O el mío no lo es. La gente solo se muere de pena en la ficción, las películas antenatresianas, los dramones telenovelescos, los libros de los románticos -el movimiento literario, no la gente que amamos-. 

Y eso mismo, la ignorancia de un cuerpo que no se muere por sí solo de pena y de daño dentro, me da más pena. Y vuelta a empezar el llanto como lluvia constante sobre una estatua en un jardín zen, aunque yo sea uno de esos alguien a quien el budismo, la espiritualidad, el yoga y el mismo zen/paz/calma... le pillan tan tan lejos.

[La fotografía que encabeza este post se llama "Zen Garden", de la artista Amanda Flavell, sacada del banco de imágenes gratuitas Unsplash.com]

jueves, mayo 17, 2018

LLegó el domingo y se quedó para siempre (II): 15M, siete años y dos días después

Esto lo puse hace dos días, 15 de mayo de 2018 en mi Facebook. Hoy lo quiero traer aquí también, aquí "a casa".

Feliz séptimo aniversario del 15M para todas las personas con las que compartí asamblea (y las que siguen ahí en estos tiempos post plaza de Olavide, funfunfun); y también para todas las personas para quienes el 15M fue importante, para quienes nos cambió la vida, un poquito o un monton; para todas quienes hoy estamos en proyectos que muy probablemente si no hubiera habido 15M habría sido muy difícil crear.

Hoy es un poco nuestro día, y yo lo siento así incluso aunque a la mani propia del 15M falté, incluso aunque en Sol nunca estuve demasiado porque se me hacía grande, incluso aunque no me impliqué empapándome hasta que el 28 bajaron las asambleas a los barrios y ahí sí, ahí me acerqué a Olavide y booooom.

Quizás no hicimos la Revolución. Pero también la hicimos. La hacemos siete años después. Porque sobrevivimos, por La Morada, por las cañas, por 3Peces3, por la Despensa Solidaria, por Tetuberi (y su bebé), por no perder un juicio con el juicio perdido, por decir que me pasaban cosas y que no pasara nada, por José Luis Sampedro y Olga Lucas en Olavide, porque se juntaran siete personas a las puertas del hospital en cada tarde si ingresaba, porque hoy no me plantee ingresar, porque antes nunca me habría subido a un Flipas GAM, a unas InsPIRADAS, por la PAH, los villancicos laicos, por tener a un montón de gente en el movil que se apellidan Chamberí, por Antirracistas, la Casa de la Cultura, tejer redes, crear comunidad de la de verdad, por las doce horas de cañas o CocaColas, el colesterol,y las ojeras de los miércoles por la mañana; por viajar a Chicago a verte, y a ti a Sevilla, y algún día a Dublin, o Copenhague o Berlin; por conocer Jaca, Canfranc, por un finde en Denia y otro más pequeño, por un festival de jazz de cuyo nombre no me acuerdo, por hacer el contracamino de Santiago Ventolin en mano; por ir a un MadridCool sin ser yo musical; ver un culo, dos culos, tres culos; por los saludos al camión de la basura y a una rubia de bote; por Chambidad y La Lavanderia y no hacer yoga; por tomar las plazas, las calles, los barrios, la huelga, la vuelta al cole,la cerveza; por los viernes comemos y los jueves de Pedrusquin y el Ferry y el Maneras (te vienes aunque no quieras) y el bar de Manu, y el Cienpor, y la ex Juana y el asturiano y la marisquería, por las tapas del arroz con bogavante sobrante gratis a las cinco de la tarde; las mejores Nocheviejas EVER; las falsas alarmas de dientes perdidos; por los chistes malos, los inventados, los que vendrán; por parar coches trajeados o con trenzas; por los brindis de por la amistad que recuerdo que acababan en "... y por el buen follar"; por quitar el volumen del micro disimuladamente; por Papa Pitufo y los peques; porque podemos también se escribiera con minúscula y fuera la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo poder, pero poder no se escribiera con mayúscula; por el feminismo, los 8M, las suscripciones a El Salto, Pikara, Diagonal, LaMarea, Ctxt... por aprender a desaprender, por aprender a cuidarnos de otra manera, por desanudar todavía siete años después nudos capitalistas interiorizados.

Por los que estuvieron y se fueron, los que estuvieron y no nos fijamos hasta después pero qué suerte encontrarnos aún más tarde, los que llegaron de la mano de X y se quedaron un rato o hasta ahora o para siempre o todo junto que también se puede.

Y me dejo mil cosas en el tintero, pero son más de las tres así que paro. Daos por etiquetados aunque hayáis huido de Zuckerberg incluso las que os carteabais con él.

Feliz 15M, hoy y cada 15M, que en realidad es cada día porque se nos ha quedado dentro de cada uno, de cada una, y a nosotras mismas nos vivimos todos todos los días.

Y por este vídeo que si en las estadísticas por rachas aumenta de visualizaciones sin motivo aparente, seguramente soy yo y mis rachas de morriña y nostalgia:

(Carmen a la realización, Pepa al storyboard y el resto en lluvia de ideas cervezas y CocaColas mediante)

Y hoy pongo más videos, que esto es mi casa y aquí qué más da:

(Cuando empecé a pensarme de manera pelín más crítica en salud mental, esto es lo primero que hice, aún sumisa, sumisa. Participar en un video en el que hoy probablemente me lo repensaría un par de veces, pero al que se sumó mi asamblea en pleno, y ocho personitas de ella aparte, alguna que ni siquiera estaba en Madrid, lo que hace de este video un recuerdo precioso)


(Cuando hicimos un mercadillo de juguetes navideño pero nos resistimos a los villancicos tradicionales y le dimos un toque más cañero)

Y de esto último, video no pongo, que no tengo el permiso del resto de personas que aparecen y  estos videos nunca fueron a YouTube, pero sí pongo la letra. El mejor villancico laico EVER, del mejor concurso de villancicos laicos jamás hecho:


(Y estas cosas fueron parte esencial de mi supervivencia. 
Y lo son hoy, estas, lo que dejaron y lo que crearon)