viernes, julio 06, 2018

Destierro (II): Cabecita loca / Mi barrio

Me decías cabecita loca
por seguir mis sueños
por romper las olas.
Me defendía con mis alas rotas
contra la corriente: 
vuela, vuela mariposa...

Una vez tuve un barrio que no era mi barrio pero sí lo fue un poquitín... y dejó de serlo. Recuerdo ir a hablar con M., mi psicóloga de hace mil años y alguno más, e ir con miedo porque esa zona ya no me correspondía, porque implicaba cruzar su frontera, mi frontera, y entrar en su terreno y encontrarme a su familia o a él cuando el terreno me había sido vedado aun sin haber una prohibición expresa de pisar esas calles o bajarme en esa parada de metro, sin haber un bando pegado en las calles notificando el destierro

Ahora la situación es distinta. Este barrio es mi barrio, es mi barrio palpablemente, tangiblemente, vivo aquí, aquí tengo mi casa, la mayoría de mis vínculos, mi madre, mi infancia, mis recuerdos, mis plazas que fueron nuestras, nuestros domingos que queríamos de todas. No puede dejar de serlo.

Eras mi ángel de la guarda
sobrevolando mis horas bajas.
Eras la música del alba,
la lluvia cuando estalla.

Y por eso duele todo esto como herida abierta. Porque hace años que caminar por aquí, por todas estas calles, se había convertido en algo más que simplemente estar en mi barrio, en un espacio seguro, propio, conocido (eso lo ha sido siempre, por eso volví de Chueca). Hace años que además de ser un lugar, este trocito concreto de ciudad era una red, era la mayor parte de mis vínculos, de mis afectos, era la constatación de que -afortunadamente, por fin, menos mal...- no era una isla, NO SOY UNA ISLA, sino una madeja entretejida. No soy veneno. No soy un monstruo. No soy una vampira emocional. 

Sálvame, no me dejes caer
en la tristeza de las noches en vela.
Sálvame y yo siempre seré
tu amiga más fiel 
que dentro te lleva.

Hace años que sumé a las propias calles que me resultan amables el hecho de que en cualquier momento podía encontrarme a caras conocidas, queridas, también amables... en esta esquina o en la otra. Caras que me sonreirían y a las que yo devolvería la sonrisa, encuentros aleatorios e inesperados que me darían calorcito dentro, para los que no tendría que prepararme mentalmente y dedicar montañas de energías por si acaso sucedieran, encuentros donde esta cabecita loca no tendría que preparar cada frase y hacerla sonar dentro antes de decirla fuera a ver si sirve o no, donde no contaría palabras de manera automatizada, las mías y las del resto, para determinar si digo demasiadas, si digo insuficientes. Hace años. Hacía años.

Y me decías cabecita loca
por soñar despierta,
por querer que no amanezca nunca.
Tú me decías 
cabeza loca...

Hace hoy siete semanas mi cabeza contó palabras (fueron demasiadas) de manera automatizada. Conté minutos de presencia (fueron insuficientes) en un encuentro grupal que deseaba mucho, que me había dado fuerzas más allá de lo que yo hubiera apostado nunca. Volvía a haber muchas personas (demasiadas, insuficientes) a mi alrededor mientras yo estaba sola, solísima, más sola que la (l)una, con toda esa mi gente alrededor (y los dos artículos están a propósito). Un finde de auto hipervigilancia otra vez. Hacía años que no estaba tan, TAN sola, con esa mi gente.

Siempre es igual,
siempre mi ángel de la guarda
(siempre mi ángel de la guarda)
sobrevolando mis horas bajas.
Eras la música del alba
(eras la música del alba),
la lluvia cuando estalla.
Sálvame, no me dejes caer
en la tristeza de las noches en vela.
Sálvame y yo siempre seré
tu amiga más fiel 
que dentro te lleva.
Sálvame...
Vuela, vuela mariposa.

Este barrio es mi barrio. Palpablemente y no, tangiblemente y no, está aquí mi casa y casi todos mis vínculos, y casi todo mi sentido también. Y hoy son las fiestas de mi barrio en una plaza que está a menos de diez minutos, y yo estoy aquí en mi casa escribiendo que son las fiestas de mi barrio y me da miedo bajar.

Eras mi ángel de la guarda
(eras mi ángel de la guarda),
eras el eco de una voz lejana.
Eras la música del alba
(eras la música del alba),
la lluvia cuando estalla.
Sálvame, no me dejes caer
en la tristeza de las noches en vela.
Sálvame y yo siempre seré
tu amiga más fiel.
Seré la nieve al caer sobre el mar,
sobre la tierra
cuando el fuego te quema...

Qué capacidad de romper cosas tenemos, ay, pequenya.

Sálvame... sálvame...

(...)


martes, junio 26, 2018

No-sí-cumpleaños (y si soy inadecuada, bueno y qué)

Tengo 38 años (que igual ya en sí mismo no es adecuado con mi historial) y como me siento y me han hecho sentir tantas veces inadecuada, o que hago cosas inadecuadas y eso me hace sentir mal, el pasado sábado quise darle la vuelta a la tortilla. El viernes había sido mi sí-cumpleaños, y como creo que era adecuado, esperable, tanto desde fuera como desde dentro, apagué móvil, cerré redes, dormí y dormí. NadaQueCelebrar, como el hashtag que se suele usar en Twitter para el 12 de octubre.

Pero el 23... el 23 me desperté con un "y qué" que me nacía dentro-dentro... un "no puedo disculparme eternamente", "no puedo hacer más de lo que hago", un "quien quiera que esté y quien quiera que no", un "seamos inadecuadas".

Así que me hice aposta dos coletas altas altas, que quizá no es adecuado cuando en tantos ojos eres una "señora" -ya no eres joven, Gace-; me puse mi pantalón más cortito, que igual tampoco; teniendo  las piernas sin depilar que hay gente que tampoco lo ve adecuado; me di permiso para no rogar perdones gigantescos ese día como autorregalo de cumple y si se me escapó alguno pequeño pues no pasa nada porque me di permiso también.

Celebré mi cumpleaños aunque no fuera adecuado celebrar nada y aunque de hecho no era mi cumpleaños ese día; canté las canciones de una amiga cual gropie total en su concierto, que igual ser TAN groupie tampoco es muy de mi edad; comenté varias veces que me gusta Alex Ubago y no me importa; di besos; dije a algunas personas que las quiero, a otras tantas que las amo; grabé videos lamentables a mi amiga durante el concierto, que con mi pulso y la emoción le corté la cabeza en algún momento, que es poco adecuado (como es muy inadecuado haberla pixelado con el zoom o que mirar los videos maree por la inexistente firmeza de mi pulso); grabé un par en los que se me oye más a mí que a ella porque quería cantar y me di también permiso aunque no fuera adecuado si estaba grabándola; y no contenta los he enviado a las personas que estuvimos allí esa noche.

También leí un texto propio antiguo-antiguo (y actual a la vez) sobre patitos de goma que naufragan pero no; y lo leí cuando la gente estaba leyendo textazos increíbles (muy inadecuada, mi intervención) autolegitimándome con cosas externas y además verbalizando esa manera de autolegitimarme delante de mucha gente que no me conoce y le daría igual. También hablamos y di la web de #0contenciones así pues porque quise. 

Y me reí y lloré y me sorbí los mocos así al llorar que está fatal y muy poco adecuado. Y por lo visto durante el concierto llamé a gente sin darme cuenta porque no bloqueé el móvil, lo que tampoco parece adecuado. 

Y pensé que hay cosas de mí que me gustan, que lo mismo tampoco es adecuado, o al revés, no me gusten suficientes y es eso lo que no sea adecuado.

Y si estoy instalada en la inadecuación a ratos, bueno y qué.

[Tengo en la mente una canción que se creo que cantaba de peque, que acababa cada frase con un "bueno, ¿y qué?, pero no consigo recordarla. Y este es mi bueno y qué particular de mi no-sí-cumpleaños, en el que tuve la desfachatez de pasarlo bien y de darme ese permiso. Y si eso no era adecuado tras mis últimas aventuras y desventuras allí en el límite, pues mira, llevo más de un mes pidiendo perdones diariamente, y el sábado me permití decir, "bueno y qué". Ya el 24 volví al drama, pero me regalé un día, y si no debiera haberlo hecho, bueno y qué.] 

viernes, mayo 25, 2018

Zero Zen


Si el cuerpo fuera sabio, el corazón se pararía solo (con ambos significados, solo de sin ayuda o solo de solamente, aunque pensaba originalmente en el primero) cuando superas demasiadas horas de llanto seguidas, o estás llorando determinado porcentaje del tiempo que pasas despierta. El corazón se rompería, él solito, sin un crash ni bajito ni alto, solo partiéndose o parándose o necrosándose o pudriéndose o encogiéndose o implosionando, no me importa. Y nadie señalaría, y se haría un duelo normal, no habría culpabilidades propias ni ajenas, no habría monstruos ni santos, ni cómo pudo hacerle / hacernos / hacerme / hacerse (este último siempre el menos importante) eso

Pero el cuerpo no es sabio. O el mío no lo es. La gente solo se muere de pena en la ficción, las películas antenatresianas, los dramones telenovelescos, los libros de los románticos -el movimiento literario, no la gente que amamos-. 

Y eso mismo, la ignorancia de un cuerpo que no se muere por sí solo de pena y de daño dentro, me da más pena. Y vuelta a empezar el llanto como lluvia constante sobre una estatua en un jardín zen, aunque yo sea uno de esos alguien a quien el budismo, la espiritualidad, el yoga y el mismo zen/paz/calma... le pillan tan tan lejos.

[La fotografía que encabeza este post se llama "Zen Garden", de la artista Amanda Flavell, sacada del banco de imágenes gratuitas Unsplash.com]

jueves, mayo 17, 2018

LLegó el domingo y se quedó para siempre (II): 15M, siete años y dos días después

Esto lo puse hace dos días, 15 de mayo de 2018 en mi Facebook. Hoy lo quiero traer aquí también, aquí "a casa".

Feliz séptimo aniversario del 15M para todas las personas con las que compartí asamblea (y las que siguen ahí en estos tiempos post plaza de Olavide, funfunfun); y también para todas las personas para quienes el 15M fue importante, para quienes nos cambió la vida, un poquito o un monton; para todas quienes hoy estamos en proyectos que muy probablemente si no hubiera habido 15M habría sido muy difícil crear.

Hoy es un poco nuestro día, y yo lo siento así incluso aunque a la mani propia del 15M falté, incluso aunque en Sol nunca estuve demasiado porque se me hacía grande, incluso aunque no me impliqué empapándome hasta que el 28 bajaron las asambleas a los barrios y ahí sí, ahí me acerqué a Olavide y booooom.

Quizás no hicimos la Revolución. Pero también la hicimos. La hacemos siete años después. Porque sobrevivimos, por La Morada, por las cañas, por 3Peces3, por la Despensa Solidaria, por Tetuberi (y su bebé), por no perder un juicio con el juicio perdido, por decir que me pasaban cosas y que no pasara nada, por José Luis Sampedro y Olga Lucas en Olavide, porque se juntaran siete personas a las puertas del hospital en cada tarde si ingresaba, porque hoy no me plantee ingresar, porque antes nunca me habría subido a un Flipas GAM, a unas InsPIRADAS, por la PAH, los villancicos laicos, por tener a un montón de gente en el movil que se apellidan Chamberí, por Antirracistas, la Casa de la Cultura, tejer redes, crear comunidad de la de verdad, por las doce horas de cañas o CocaColas, el colesterol,y las ojeras de los miércoles por la mañana; por viajar a Chicago a verte, y a ti a Sevilla, y algún día a Dublin, o Copenhague o Berlin; por conocer Jaca, Canfranc, por un finde en Denia y otro más pequeño, por un festival de jazz de cuyo nombre no me acuerdo, por hacer el contracamino de Santiago Ventolin en mano; por ir a un MadridCool sin ser yo musical; ver un culo, dos culos, tres culos; por los saludos al camión de la basura y a una rubia de bote; por Chambidad y La Lavanderia y no hacer yoga; por tomar las plazas, las calles, los barrios, la huelga, la vuelta al cole,la cerveza; por los viernes comemos y los jueves de Pedrusquin y el Ferry y el Maneras (te vienes aunque no quieras) y el bar de Manu, y el Cienpor, y la ex Juana y el asturiano y la marisquería, por las tapas del arroz con bogavante sobrante gratis a las cinco de la tarde; las mejores Nocheviejas EVER; las falsas alarmas de dientes perdidos; por los chistes malos, los inventados, los que vendrán; por parar coches trajeados o con trenzas; por los brindis de por la amistad que recuerdo que acababan en "... y por el buen follar"; por quitar el volumen del micro disimuladamente; por Papa Pitufo y los peques; porque podemos también se escribiera con minúscula y fuera la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo poder, pero poder no se escribiera con mayúscula; por el feminismo, los 8M, las suscripciones a El Salto, Pikara, Diagonal, LaMarea, Ctxt... por aprender a desaprender, por aprender a cuidarnos de otra manera, por desanudar todavía siete años después nudos capitalistas interiorizados.

Por los que estuvieron y se fueron, los que estuvieron y no nos fijamos hasta después pero qué suerte encontrarnos aún más tarde, los que llegaron de la mano de X y se quedaron un rato o hasta ahora o para siempre o todo junto que también se puede.

Y me dejo mil cosas en el tintero, pero son más de las tres así que paro. Daos por etiquetados aunque hayáis huido de Zuckerberg incluso las que os carteabais con él.

Feliz 15M, hoy y cada 15M, que en realidad es cada día porque se nos ha quedado dentro de cada uno, de cada una, y a nosotras mismas nos vivimos todos todos los días.

Y por este vídeo que si en las estadísticas por rachas aumenta de visualizaciones sin motivo aparente, seguramente soy yo y mis rachas de morriña y nostalgia:

(Carmen a la realización, Pepa al storyboard y el resto en lluvia de ideas cervezas y CocaColas mediante)

Y hoy pongo más videos, que esto es mi casa y aquí qué más da:

(Cuando empecé a pensarme de manera pelín más crítica en salud mental, esto es lo primero que hice, aún sumisa, sumisa. Participar en un video en el que hoy probablemente me lo repensaría un par de veces, pero al que se sumó mi asamblea en pleno, y ocho personitas de ella aparte, alguna que ni siquiera estaba en Madrid, lo que hace de este video un recuerdo precioso)


(Cuando hicimos un mercadillo de juguetes navideño pero nos resistimos a los villancicos tradicionales y le dimos un toque más cañero)

Y de esto último, video no pongo, que no tengo el permiso del resto de personas que aparecen y  estos videos nunca fueron a YouTube, pero sí pongo la letra. El mejor villancico laico EVER, del mejor concurso de villancicos laicos jamás hecho:


(Y estas cosas fueron parte esencial de mi supervivencia. 
Y lo son hoy, estas, lo que dejaron y lo que crearon)

domingo, mayo 13, 2018

Mi mundo ajeno (IV) // Cómo puedes decir eso (V)

Hace años, demasiados, que lo sé. Que no encajo en este mundo, que este sitio en el que intento sin conseguirlo hacerme un huequito, no es mi mundo, es y será siempre un lugar ajeno. Escribía sobre mi mundo ajeno con letra más redondeada en los 90, con 14 o 15 años, en papeles que algunos aún guardo y otros desaparecieron sin mi permiso en una mudanza que me ayudaron a hacer. Escribía sobre mi mundo ajeno allá por los primeros 2000, en diarios ordenados hoy en un lugar secundario de mis muchas estanterías. En 2005 abría rota este blog roto y aunque seguramente la expresión mi mundo ajeno aparece salpicada aquí y allá, la sensación fue tan intensa que en marzo del 2006, cuando aún no usaba eñes y sí enyes, hubo un primer Mi mundo ajeno en el lugar protagonista del título del post (y parece que el hosting de la imagen me era ajeno también, ops). En el 2013 se intensificó de nuevo la sensación  lo suficiente para escribir un Mi mundo ajeno (II). Y de septiembre a enero del siguiente año, volvíamos a sentirnos tan ajenas a todo, o todo tan ajeno a nosotras (un nosotras que soy un Yo sola, pero a veces siento así dentro y hablo de mí en plural, no sé si por acompañarme o por exteriorizar también en ese lenguaje mi ambivalencia vital/mortal), que ese mismo enero hay un Mi mundo ajeno (III).

Iba a poner "a estas alturas", pero no sé si es el tiempo laaaaaaargo, demasiado largo hace ya tiempo; o es la tarde o es la racha o es la presión (no la atmosférica, o también que se apunte a la fieshta). El caso es que A estas alturas / Hoy / En esta racha de Infierno en la Tierra / Con este cansancio / Con esta presión dentro (o fuera)... la frase mi mundo ajeno se vuelve palpable y nítida, y ya no sé si quiera saber por qué, si será porque el mundo es más hostil y más violento y más basura de lo que yo puedo aguantar sin romperme, y no puedo cambiarlo; o si será porque nunca-NUNCA-NUNCA seré capaz de cumplir con las expectativas creadas desde fuera o con mis propias autoexigencias; o será la certeza (ese trabajo con la incertidumbre lo tengo pendiente) de que no soy suficiente. Ojo que no digo la mejor, ni la más nada: ser simplemente suficiente, no tener en la cabeza perenne el Muy Deficiente (aunque con el Muy Decifuentes esté de moda), lo muy mal que hago... ¿qué no? No soy suficiente buena hija como para por ejemplo, así en plan idea peregrina total, que mi madre celebre su cumpleaños conmigo (y qué más da aunque a lo mejor es el último, por ella según va su salud, o por mí, según va mi fractura interna; y aunque no haya habido un f***ing año que no hayamos quedado a comer o cenar. Hay que ser flexible. Ya venderé los regalos por ebay o wallapop o al mejor postor o los donaré al primero que levante la patita). No soy suficientemente sumisa como para ser buena paciente, así que mi profesional de referencia durante 10 años me echa de consulta cuando dejo de sonreír y asentir a todo y me indica que me da un alta total de todo servicio de salud mental, ya que esto de que yo ande cumpliendo con mi derecho de solicitar mi Historia Clínica completa parece haberle molestado (¿qué habrías puesto,  muchacho, cuánto habrás tenido que borrar y modificar para estar TAN cabreado, para haberte aprendido en qué mes de cada año dije tal o cual comentario?)

Así que ya de acuerdo en que no somos una paciente deseada (tampoco fui una hija deseada por el 50% de los progenitores, el progreso cuadra) porque debería ser más sumisa, callada y sonriente ante mil abusos diarios; pero ops, tengo unas opiniones propias en algunas cosas y creo en el asamblearismo, así que tampoco la activista deseada en X lugar; y si voy al lugar Y resulta que tampoco soy buena activista allí, que a veces cuando me estoy rompiendo no soy capaz de respetar al 100% un turno de palabra o los cuadraditos bien señalados para cada actividad que en realidad solo debo respetar yo. No nos preocupemos, ¿tal vez podemos ser nosotras mismas, locas y ya? Vaya por Dios, tampoco, porque al parecer estoy aprovechándome de mi situación de poder (pero qué poder, ¿necesitar morirme? ¡Lo cedo gustosa, oiga!) y claro, un gran poder conlleva una gran responsabilidad, ya lo sabía Spidey, tu amigo y vecino, y yo ejerzo mi poder FATAL-FATAL, porque doy armas al enemigo, pero claro, se entiende desde mi desconocimiento de todo, mi ignorancia, mi no haber leído suficiente, mimimimí... 

En  fin. Al parecer no soy buena paciente, no soy lo suficientemente cuerda para que no me aten con correas a la cama, ni me digan cada cuánto tengo que ducharme, follar o cortarme las uñas ni para poder quedarme embarazada ni para poder currar ni para poder sobrevivir con una mínima facilidad o automatización, pero ojo que no soy suficientemente psicótica para decirme loca con todas las de la ley y usurpo voces de no-sé-bien-quién, y me aprovecho de ese poder, que ya no sé si es el de necesitar morirme o que los 21 años de antipsicóticos no se hayan cargado el 100% de mis neuronas (aunque sí mi sistema metabólico) y aun sepa escribir y a veces, si me organizo bien y con tiempo, hablar un ratín, aunque eso sí, los 20 años de esperanza de vida media que tenemos los que hemos tomado tal cantidad de neurolépticos, esos ya chao (visto lo que disfruto la vida, todavía será una suerte). A lo mejor es otro el super poder, saber dónde va algún acento de vez en cuando, yo qué sé, o que me gusten las redes sociales. Yo me pierdo. En fin.

  • Hija: necesita mejorar, por razones obvias.
  • Nieta: muy deficiente (vivieron engañados mis abuelos sin saber lo que me pasaba, que menudo disgusto los pobres!!! y Fíjate que aún así se murieron al final, pero al menos no me los cargué yo infartándoles al aparecer de un salto y diciendo AJAJÁ, VUESTRA NIETA ESTÁ FATAL Y NO ES LA NIETA FELIZ Y CUMPLIDORAQUE IMAGINÁIS!)
  • Trabajadora: muy deficiente, poniendo por una vez de acuerdo a patronal y a sindicalistas combativos, esto tiene mérito. En mi último curro (subvencionado, con contrato de discapacidad por el que se ahorraban mi seguridad social, que la pagaba el Estado que también les había dado un dinerillo extra al contratarme) me machacaron (para los jefes no era muy buena trabajadora, "¡¡¡pero qué lenta, Gace, qué lenta, pero ni un solo error, eh, que es muy importante, pero sé más rápida!!!) hasta volver a romperme en muchos-muchos cachitos, y entre medias hicieron multitud de ilegalidades de la manera más tonta, de esas que te envían en emails por escrito para que puedas denunciar fácilmente, ¿y qué hice yo? NADA. Como trabajadora no tengo precio tampoco a la hora de defender mis derechos.
  • Activista: mal, mal, o eres "demasiado normativa" porque quieres que una decisión se tome en asamblea, o "rompes la horizontalidad", o lloras cuando no toca, o hablas demasiado rápido o haces una broma en el sitio y lugar donde TÚ no puedes hacerla, que se necesita más rango.
  • Ama de casa, mujer, etc: No entramos aquí. Desde diciembre sé las cosas de la casa que he hecho: he puesto tres veces la mesa y he quitado la ropa una vez (y esta ayudada). No llevo tacones, no me quito los vaqueros, tengo unos zapatos para invierno y dos para el verano, no me maquillo, no me depilo, mi higiene no es la que debería ser, no tengo secador, no me pinto las uñas. Debería dar igual siendo feminista, pero es que...
  • Feminista: MAL también, porque el feminismo no se ocupa de estas chorradas y las feministas de antes sí que molaban o no o molábamos y sumamos todas o quién sabe. En realidad el feminismo lo hacemos todas MAL, si ya nos lo dicen ellos, que son muy listos y encima entre nosotras repartimos y quitamos carnets dándoles la razón.
  • Madre: no llegamos a saber, no parece que hayamos sido la fertilidad ahí desatada estos meses de poder intentarlo, y ahora, ops, vuelta a la medicación. Y eso que...
  • Loca: no apta, esto lo hemos hablado antes. ¿Pone esquizofrenia en los doscientoscientamil informes de los nopuedesrecordar cuántos ingresos en los que te han humillado y maltratado y a veces ni siquiera eras consciente de ello, lo que viene guay para poder culparte ahora -un poco de culpa extra nunca viene mal-, lo pone? Pues a cagar a la vía. 
  • Pareja: pues no te iba mal antes de empezar a joderle la vida a una de las personas más buenas, con un ERES BUENO de esos que se te llena la boca porque se deja bondad fuera aún así. Eras mejor pareja antes, sí. Quizá nunca suficientemente sexual, quizá no os importaba a ninguno, quizá os entendíais y era TAN bonito, y te mirabas en sus ojos y sonreían y ahora están velados y por eso ahora es todo además tan raro, con este suelo de aquel barco (el Reina de Africa, el 13 de este listado) que había en el antiguo Parque de Atracciones de Madrid, que estaba a oscuras y los tablones se movían y hacían trastabillar y creaban una inseguridad tremenda (siempre fui más de sillas voladoras que de este barco terrible). La nota la sigues aprobando como aprobaste 4º de ESO aunque dejaste de ir a clase en marzo porque ahí ya era oficial que habías enloquecido. Te están salvando las evaluaciones de sobresalientes en todo de ese curso y los anteriores, como entonces. Y por si queréis saber lo que pasó entonces, os lo cuento también: Intenté el siguiente curso, que por necesidades de salud fue en un sistema distinto, fue 3º de BUP, y suspendí. Gracias, Quijote, griego clásico y los compañeros que escribisteis una protesta conjunta porque un examen en el que no me escribía la mano se me hiciera oral. Así que eso, Suspenso is coming. Qué pena. No lo parecía. Qué capacidad enorme de destrucción, si he podido cargarme esto. Igual mi super poder va por ser Hulka (ni siquiera tendría que ser verde, hay una Hulka Roja / Red She-Hulk) y no saberlo todavía.
  • Paciente: esto lo vamos a resumir en una hermosa diapositiva (que cuesta creerlo pero es real, estaban lo suficientemente orgullosos de este discurso como para twittearla) de la Real Academia Nacional de Medicina en la que explican por qué el paciente empoderado es una cosa que AY, quita, bicho. Yo no puedo encontrarla más alucinante(mente terrorífica):

Y en fin, ya estoy cansada de escribir. Y de vivir (así) también, por si eso no se había deducido. Y que no sé si es esas violencias de fuera que se me meten dentro y se mezclan; este sentir una fractura interna que empieza en el esternón y baja hasta el ombligo, que parece que literalmente el daño de dentro va a partirme en dos; el no sentirme suficiente para nadie -parásito de Papá Estado-, y obviamente no ser suficiente para mí; los veintitantos años acumulados; el sentir "has fallado" aquí y allí y allá, el llegar tarde a mi propia muerte como los chavales que no se suben al avión por un presentimiento de alguien y claro, luego la Muerte no está de acuerdo porque ya contaba con ellos y va pisándoles los talones (a pesar de haber cinco entregas, ni la primera fue un peliculón, advierto); el ser dolorosamente consciente de que se supone que intento seguir cada día para no dañar pero en realidad dañar estoy dañando igualmente solo que cada día un rato y la mayoría de la gente eligiría en realidad quitar la tirita de golpe y que duela una vez mucho pero ya, y no quitar pelo a pelo en un AY-AY-AY-AY.... 

Muchas veces me viene a la cabeza la frase "quiero irme a mi casa". Me viene cuando estoy en la calle pero muchas veces cuando estoy en casa también, en mi propia casa. He pensado si sería a otra casa, a alguna de la infancia, a alguna de las siete casa en que viví antes de esta. He pensado también si de alguna manera me referiré a estar hospitalizada, no cuatro o seis semanas, sino en uno de esos manicomios que cerraron sin cerrar, sino que cambiaron por la más amable nomenclatura de Unidad de Media y Larga Estancia, donde la gente puede pasar años y años y años y años... 

O si simplemente es este mismo "mi mundo ajeno" que en otros momentos nombro así, como si hubiera una casa en algún lugar para mí. Como si fuera ET señalando hacia el cielo. Pero yo no tengo un lugar, una casa, un hogar, un mundo mío que no sienta ajeno, en este mundo. Y no creo en otros mundos, más allá del mundo de los vivos y de los muertos, que en el segundo en realidad tampoco creo, pero sí yéndome dejaría de buscar algo que no voy a poder sentir: un hueco en este mundo, algo que repare o se lleve esta herida de dentro que a mí me cuesta y este mundo no entiende, no ve, no sabe funcionar con personas como yo, que somos entre invisibles o molestos cuando se nos ve, especialmente si no sonreímos complacientes. Ay, esa manía de reclamar derechos.

Y estoy cansada hasta de ser desafiante. Que no, que no...

Ah, por supuesto, soy también consciente de esto...  

PERO serotonina, o genes ahí-ahí, o neurotransmisores averiados o que no me lobotomizaron a tiempo, o que me faltan unos estupendos electroestimuladores cerebrales ahí bien insertaditos en el lóbulo prefrontal. Qué sé yo de esas mierdas biológicas si ya os he dicho que me regalaron 4º de ESO, qué sabré de mi dolor, de mi daño (recibido y ocasionado)...

En fin. Lo de siempre, palabras que se vierten cuando el vaso está lleno, cuando no puedes más cuando te derramas. Palabras que nadie quiere oír, que tú no te atreves a decir. Gritos en silencio, para nadie, para nada. Y además, hoy, en doble combo, Cómopuedesdecireso's. Así, sin última revisión a ver qué acento se ha traspapelado o qué vocales ha intercambiado mi teclado desafiante también (yo se lo tengo autorizado).

Anonymous Anónimo susurró... Blogger Gacela susurró... Anonymous Anónimo susurró...

domingo, abril 22, 2018

Teatro V: Mujeres que corren con los lobos (una reseña no-académica, again)


Me da un poco de vergüenza cuando mes tras mes desde hace demasiado el inicio de cada post que consigo hacer es que sigo encontrándome muy en crisis; que apenas puedo escribir ni leer ni revisar después lo que escribo y blablablá. Pero necesito volver a ponerlo, a modo de disculpa, o de justificación o de algo. También a veces para rescatar por qué cosas aparentemente poco importantes para mí lo son mucho.

Hace unas semanas, el 31 de marzo, fui al teatro con varias personas queridas, una de ellas que además de querer ver la obra, iba en el rol de persona de apoyo, porque aún no puedo salir a la calle sola y porque muchas veces me siento confusa y necesito esa persona que me ayude si quiero poder hacer alguna actividad.

No había ido al teatro desde mucho atrás. Una razón es que no puedo prever con antelación cómo estaré varios días después, así que prefiero no hacer planes que luego tengo muy a menudo que anular porque ese día me encuentro muy mal y no puedo salir de casa (muchas veces, ni de la cama); especialmente si estos planes cuestan dinero.

Esa semana me sentí fuerte el sábado, que es cuando a mi grupo de acompañamiento intensivo en la crisis les digo las necesidades de acompañamiento que tendré en esa semana siguiente; y puse como opcional que si alguien me acompañara y quisiera ver la obra y si me encontrase fuerte para ir el sábado, querría ver esta obra de teatro, Mujeres que corren con los lobos. Tres "y si...", pero los tres se dieron, y sacamos cuatro entradas justo para el día del estreno. Aún hasta el mismo día no sabía si podría ir, pero tenía muchas ganas de poder, y sí que pude.

Y la obra en sí. No sé si conocéis el libro con el mismo título, Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés. Yo lo leí hace muchos muchos años y lo tenía muy borroso en la memoria. Buen recuerdo pero borroso e indefinido. Hay mujeres que lo reivindican mucho, desde el feminismo o desde la conexión con la mujer salvaje interior, o desde el concepto feminista de manada. No fue mucho mi caso, solo era eso un buen recuerdo indefinido.

La obra. La obra me pareció una maravilla. Recupera cuatro de los cuentos que también se recuperan y analizan en el libro, reconectándolos con las mujeres que hay en los cuentos con los que crecemos y en nosotras mismas. La obra trae a escena cuatro de esos cuentos con unos intervalos entre ellos que están perfectamente introducidos para no pasar de un cuento a otro sin sentido. Los cuentos son "Las zapatillas rojas", "La vendedora de fósforos", "Barba Azul" y "La mujer esqueleto". No voy a contar aquí los cuentos porque los conoceréis o podréis buscarlos, pero quiero rescatar algunas sensaciones que tuve.

Yo no soy crítica de teatro (ni de nada), ni tengo formación para ello, ni sé qué se considera "oficialmente" ser una buena obra, ser una buena actriz. Pero sí sé que me alegré infinitamente de poder ver la obra, de haber podido ir y disfrutarla aunque a veces fuera con los ojos empañados o lágrimas literalmente rodando mejillas abajo, y sé que ellas me transmitieron muchísimas emociones, que me envolví totalmente en lo que contaban, que todo era tan verosímil y emocionante... 

Sé que cuando la chica de las zapatillas rojas que había hecho ella misma con tanto mimo y eran su posesión más preciada, vio que su supuesta "cuidadora" las había lanzado al fuego sentí su dolor y la traición (quizá otras personas que dicen que ops, no se distingue coerción de cuidados fácilmente, en esas plantas de paredes blancas y mesas verdes que yo intento evitar porque yo a lo mejor pese a mi cabecita loca, sí distingo cuando me maltratan de cuando me cuidan, no sintieran ese dolor, si "lo hacía por su bien", que estaban viejas y rotas).


Sé que cuando la vendedora de fósforos estaba intentando que alguien le diera una moneda mientras nadie se paraba o quien lo hacía era para burlarse, yo sentía su frío, quise buscar en mi bolso y levantarme para dárselas yo misma, dos euros, tres, cinco, "¿cuánto necesitas para dormir caliente?" Y sí, sabía que era una obra de teatro, pero quizá cosas se me mezclan y unos meses atrás nos habían hablado en un curso del teatro foro en el que el público interviene, y sé que deseé que fuera un espectáculo así (y hasta pregunté a mi acompañante si seguro seguro que no era el caso) para poder levantarme y darle lo que necesitara y por favor, no sufriera así, no tuviera frío, pudiera descansar calentita con alguien acariciándole el pelo o leyéndole un cuento. Yo tengo suerte, y cuando me encuentro mal y no hay frío dentro pero sí un frío raro fuera, de ese como el hielo que es frío y quema y daña a la vez, tengo gente que me acaricia la mano o el pelo y me cuenta un cuento hasta que me duermo con menos daño dentro y el hielo deshaciéndose un poquito, porque me llega el calor. Ella tenía solo cerillas y a cada momento menos. Yo tenía lágrimas.

También sé que cuando la chica de Barba Azul nos contaba feliz que era el día más importante de su vida, que iba a casarse y lo feliz que iban a ser juntos, mientras en la escena la iban encerrando dentro de una red, enredando dentro de su futuro encierro... yo negaba con la cabeza y le susurré a una de mis amigas "pero la están encerrando, la están encerrando", y hubiera querido avisarla. Y que mi amiga me dijo "bueno, no, solo tiene que quitarse la corona de flores que lleva en el pelo y ya no estará encerrada, porque la red empieza y acaba allí, a ella no la toca realmente"; pero yo ya sabía que no, que algo pasaría y en efecto fue el marido quien la abrazó y le quitó él la corona de flores hacia el lado opuesto a hacerla libre, de forma que ella quedara dentro de la red. Y que cuando más tarde ella es consciente del encierro y empieza a quitar y quitar red, yo quería levantarme para ayudarla porque dos iríamos más rápido, porque el miedo suyo de "y si no me da tiempo, y si se despierta, y si me descubre, y si..." también me llegaban y UF, cómo no lanzarte a ayudar en esa situación incluso si aunque no os diera tiempo siendo dos, y se despertase, y nos descubriese, hubiera que asumir juntas las consecuencias. Pero qué difícil ver esa angustia y quedarse quieta en una silla tres filas más allá.

La última historia, la de la mujer-esqueleto, la recuerdo menos. Me pasa a veces, se me borran trocitos de los días, no sé si por medicaciones (que no creo porque ahora son bajitas-bajitas), o porque mi cabeza necesita desconectar a ratos porque tiene también mucho daño pasado recordándose continuamente y muchas frases dañinas que vuelven y rebotan, aunque en los tres primeros cuentos pudieran estar todas más en un segundo plano. Pero recuerdo una música, que tocaban música y cantaban. Me gustaría recordar más. Pero no importa mucho, ya fue una experiencia muy muy bonita poder ir aunque sea esto lo que pueda traer hoy al blog solo.

Bueno, no solo. Como me sentí muy emocionada, al acabar pregunté si se podría hablar con las actrices cuando salieran. Y resultó que era el día del estreno, que yo no lo sabía, y precisamente salieron muy prontito porque habían ido a verlas bastantes amigos y familiares. Yo tampoco quise molestarlas pero sí interrumpí a dos de ellas para decirles un poquito las sensaciones tan positivas de haber estado allí y haberlas visto, y que me encantó disfrutar de ese rato de alguna manera compartido no solo con las tres chicas con las que fui, sino con ellas. 

Y hasta aquí. Como os digo, no puedo revisar el texto, ya escribir esto me ha resultado difícil y ahora estoy muy cansadita. Pero bueno, creo que hace poco titulé otro post algo parecido a "las cabezas emborronadas no sabemos titular", y hoy titular he titulado pero las cabezas emborronadas no sabemos corregir. Tampoco importa (espero / me digo). El jueves dije por ahí que mostrar vulnerabilidad puede ser también un acto político; y me agarro un poquito a ello también aquí para permitirme escribir con menor autoexigencia y sin estar al 100% (¡ni al 60 ni al 45!)

[El final del título de este post alude a otra reseña que hice hace ya un año, no de teatro sino de una peli, Locas de Alegría, y que tampoco era ni pretendía ni hubiera podido ser nada académica. La obra de teatro de la que hablo es una producción de la compañía Up-a-three theatre; y en esta obra concreta gran parte de las personas implicadas son mujeres, desde la directora y guionista (que es además una de las actrices y de las músicas), las otras tres actrices, la otra música... Aquí tenéis algo más de info, ojalá la obra tenga mucho más recorrido y espectadores y espectadoras que puedan disfrutarla mucho] 

jueves, marzo 15, 2018

¿Qué dice de mí que te elija a ti?


Para mí son muy importantes los libros, lo han sido siempre: un sostén, una forma de refugiarme, de dialogar, de imaginar, de acompañarme y soportar soledades; pero también una forma de iniciar conversaciones y de conectar bonito con otras personas. La primera vez que fui a casa de mi ex antes de ser pareja, allá por el 2001, recuerdo la caricia interna, el calorcito dentro, de ver que en sus estanterías había libros que yo tenía en mis propias estanterías también. Años más tarde, cuando ya sí era mi ex, en una fiesta en su casa conocí a la que hoy es su actual pareja y recuerdo también lo agradable de charlar con ella y de pensar "qué chica tan majísima y cuánto pegaría con R." (él estaba con otra chica entonces) porque hablamos horas y horas sobre ciencia ficción y Philip K.Dick. Con mi pareja actual, el niño de ojos sonrientes que tantas veces he traído a este blog, la primera vez que nos vimos en persona en 2006 tras tiempo solo leyéndonos tras la pantalla (ains, el mIRC y la blogosfera de los dosmiles), nos enredamos a hablar de Tolkien casi nosotros dos solos aunque éramos un grupo bastante numeroso, porque como él se mostró muy vehemente diciendo que El Señor de los Anillos estupendo pero que el Silmarillion, menudo truño; a mí me pareció divertido defender el Silmarillion a capa y espada. He dicho en el 2006, ¿verdad? Creo que el año pasado, solo once años y medio más tarde, le dije que quizás es posible que tal vez, ejem, realmente yo no haya llegado a leer nunca el Silmarillion (pero que piense que será un tostón no es la razón, y aquel primer encuentro en persona fue TAN divertido...) 

Esta racha mental difícil de ya más de tres meses me cuesta mucho leer. Como aun así es una parte muy importante de mi vida, de lo que me gusta hacer, de mi bienestar, pero no estoy siendo capaz de continuar las lecturas que tenía empezadas; estoy leyendo algunos libros prestados; otros libros me los lee a veces mi chico, como las historias de mujeres que recoge el libro de “Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes”, y hay otros que cuando tengo fuerzas para ir a la biblioteca, saco de la sección infantil. 

El otro día reparé en esos títulos que he ido sacando, porque la verdad es que en la mayoría de los libros que saco de esas secciones infantiles apenas me fijo en de qué irán (muchos no dicen nada apenas), sino en los títulos, las portadas, el dibujo. Y me preguntaba eso, qué dirán esas elecciones tan desde dentro, intuitivas, viscerales… de mí. 

Os digo estos libros que he escogido así, la mayoría como digo, por el título, el aspecto de la portada, si acaso una mirada a una página interior: 


  • TROPECISTA resultó ser una historia de amor entre un muchacho y una chica malabarista especialista en tropezar, pero con qué arte, con qué estilo y qué bonito tropezaba y tropezaba. “Ella ha aprendido a caer como si fuera una patinadora olímpica. Si logra sortear un obstáculo, el siguiente tropiezo es aún mayor, pero tenéis que ver cómo cae. Es formidable.
  • LA NIÑA DE LOS LIBROS, sobre una niña que navega a través de un mar de palabras para llegar a recoger a un niño que vive en una casa gris con un padre que solo habla y mira en números; y juntos emprenden un viaje a través de bosques de cuentos y nubes de canciones hasta que llegan a casa de la niña, de colores e historias; donde el niño podrá ir desde ese momento siempre que quiera, porque a partir de ese momento esa casa y esas historias será su hogar compartido, “nuestro hogar es una casa donde todo se inventa”. 
  • INSEPARABLES, que no habla de una pareja humana, parece, sino de zapatos que llevan juntos en las pies de su niña, su dueña, hasta que un día ya no los va a seguir usando y los tiran. Irán juntos al vertedero, pero unos voluntarios rescatarán uno de ellos, solo uno, que no entiende por qué le limpian, remiendan y le guardan en una caja con un lazo, si él solo no sirve para nada. Quien recibe el regalo, un único zapato, un único calcetín, es una niña que vino de un país en guerra y solo tiene una pierna. Aunque al zapato (desde cuyo punto de vista se cuenta la historia) le pareciera impensable, haber perdido a su pareja, su igual inseparable… no le hace en absoluto inútil. 
  • RABIETAS, que habla de un peque que cuando está contento le es fácil ver todo de color rosa pero si se enfada llega a un rojo intenso intenso que se le acumula en la cabeza y se vuelve una ola grande que le envuelve; y cómo tras recordar que cuando la gente se habla bajito, al oído, en susurros, de cosas lindas, se acerca; y se alejan cuando se gritan porque ya no hace falta estar cerca para oírse, consigue añadir un poco de blanco a ese rojo intenso para volver a hacerlo primero más flojito, luego más rosado y finalmente rosa, como cuando él sentía que todo iba bien. 
  • EL ÁRBOL DE LOS RECUERDOS, que nos cuenta de forma delicada, dulce, amable y tierna cómo los amigos de un zorro que se ha “dormido para siempre” van superando la tristeza por su ausencia recordando los buenos momentos, las risas, juegos compartidos con él... y de esos recuerdos y las sonrisas que llevan de la mano, nace un árbol en el que acaban cobijándose y siendo fuente de vida. 
  • TU FUTURO EMPIEZA AQUÍ, que fue un cómic de la sección juvenil que escogí también sin saber bien de qué trataba. Luego resultó ser una historia de adolescentes y postadolescentes y sus frustraciones individuales por no poder cumplir ni las expectativas propias ni las ajenas, y cómo afrontar colectivamente dentro de los movimientos sociales sus problemas de los que parecían responsables cada uno (eres vago / no te esfuerzas / te da todo igual / haber estudiado / haber estudiado otra cosa...) les da fuerzas para intentar cambios que serían mucho más difíciles si el intento es en soledad. 

Y solo esto es lo que quería recoger. No entrar más en analizar (tampoco puedo escribir ya más rato, me vence el cansancio), pero todos esos libros tienen trozos grandes de mí dentro, y no era súper consciente al escogerlos para llevármelos a casa (desde luego no tanto como tras haberlos leídos).

Me gusta pensar que incluso mi cabeza embarullada, cuyas intuiciones y pensamientos automatizados tantas veces me son dañinos, sí sabe también seguir encontrando libros que, usando esa misma intuición tantas veces envenenada, en esta función en cambio me sirven, ayudan, acompañan, hacen de reflejo y de alguna forma me hacen más fáciles los días. 

Quizá mi futuro empiece ahí...

[Si alguien conoce al autor o autora de la imagen, agradecería si me lo decía para poder darle crédito, enlazar su web si tiene, etc...]

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