miércoles, noviembre 15, 2017

Jugando al periodismo años antes de NO llegar a serlo (I): El nuevo Código Penal y la enfermedad mental: un ataque criminalizador y estigmatizante

Dentro de la misma lógica que me ha llevado a pensar en rescatar esos textos que guardo en discos duros antiguos y más antiguos, y papeles y cuadernos de hojas en blanco o con cuadritos, con y sin espirales, según la época... también quiero rescatar otros textos que fui publicando aquí y allá, como digo en el título, cuando jugaba a ser periodista años antes de nunca serlo. Hubo un tiempo, mucho antes de ver ningún artículo publicado, cuando era una peque aún más bajita de lo que soy hoy -es posible, sí-, que cuando pensaba en ese "qué sería de mayor" imaginaba un Yo periodista. Y no lo fui, no fui a la Universidad ni estudié periodismo ni trabajé en ningún periódico ni tuve nunca nómina de ningún medio de comunicación... pero bueno, jugando-jugando, sí escribí, sí publiqué este y otros artículos, y hasta sí fui a la Universidad pero no como alumna sino a dar alguna charla o clase (aunque esto es otra historia y -quizá- será contada en otra ocasión por aquí también).

Aquí uno de esos juegos-de-periodista, uno que sin saberlo entonces, me dejaría entornada una puerta (hasta entonces cerrada desde el desconocimiento para mí) al mundo de la salud mental crítica y al movimiento de usuarios de salud mental en primera persona. A raíz de documentarme para este texto localicé la web de ActivaMent, hablé con Hernán por primera vez... y eso acabaría trayéndome/nos tanta lana que tejer en redes de apoyo mutuo después...

Aquí va. Año 2013.  

[artículo publicado originalmente en la web de Periodismo Digno, hoy desaparecida, el 31/10/2013]

El nuevo Código Penal y la enfermedad mental: un ataque criminalizador y estigmatizante

El Proyecto de Reforma del Código Penal que fue aprobado en el Consejo de Ministros del pasado 20 de septiembre y que está pendiente de aprobación en las Cortes Generales, supone un inmenso retroceso en derechos para distintos colectivos. El texto pretende penalizar la ayuda solidaria a inmigrantes sin papeles, introducir una pena de prisión permanente revisable (eufemismo de cadena perpetua), o facilitar que acciones como la difusión en redes sociales de manifestaciones, la resistencia pacífica o la ocupación de sedes de bancos puedan ser consideradas delitos.

Pero hay también un colectivo con el que este nuevo Código Penal, en caso de aprobarse tal cual está el Proyecto, puede verse muy perjudicado; y que por estar especialmente invisibilizado y estigmatizado en nuestra sociedad, su pérdida de derechos no está teniendo tanta repercusión. Se trata del colectivo de personas con enfermedad mental.

¿Cuáles son algunos de los cambios que traería consigo esta reforma? Por ejemplo, hasta ahora cuando a una persona se la consideraba no imputable por causa del trastorno mental que padecía en relación al delito cometido, se le imponía una medida de seguridad. En estos casos solía consistir en un internamiento en un centro psiquiátrico, que no podía durar más que la pena que le hubiera sido impuesta en caso de ser imputable y aplicarle la pena correspondiente al delito cometido. Ahora esto cambia y, de forma sorprendente, lo hace en función de que se determine que la persona, por su enfermedad mental, es peligrosa y susceptible de cometer nuevos delitos. No se está juzgando el delito ya cometido, sino los que hipotéticamente pudiera cometer.

El prejuicio sobre los enfermos mentales como personas peligrosas está extendido en todas las capas sociales, aunque las estadísticas señalen que son más veces víctimas de violencia o malos tratos que causantes de ellos. El ámbito judicial no está exento de esos prejuicios, ese estigma contra el que seguimos luchando día a día pacientes, familiares, amigos y muchos profesionales de la salud mental. La batalla del ser considerado o no peligroso, lamentablemente, se tendrá muchas veces perdida de antemano. Y si finalmente la persona es considerada peligrosa y se enfrenta a la posibilidad de delitos futuros -muchos poderes adivinatorios están suponiendo tener-, podrán imponerles periodos de internamiento en centros psiquiátricos de cinco años, prorrogables por cinco años más, y así indefinidamente, independientemente del delito cometido. Simplemente porque presupongan que esa persona, por su trastorno, sigue siendo “peligrosa”.

Realmente el problema empieza antes, cuando según el código penal ya en vigor hay que hacer una evaluación exhaustiva de cada persona para considerar si es o no imputable. En la práctica, la exhaustividad brilla por su ausencia y quizás sea esa la razón de que según distintos estudios, entre un 25% y un más realista 40% de los presos en nuestro país presenten algún trastorno mental. De ellos, un 6% padece uno especialmente severo o grave y entre un 20% y un 30% combinan un trastorno mental con un problema de abuso de drogas -patología dual-.) Obviamente, un centro penitenciario no es el lugar más adecuado para reponerse de una enfermedad mental, con lo que el deterioro y/o la cronificación están casi asegurados.

Hablamos de todo esto con la Asociación Catalana ActivaMent y su secretario, Hernán María Sampietro. Esta asociación, como muchas de las impulsoras de un manifiesto contra esta reforma del código penal y su criminalización de la enfermedad mental, está compuesta por los propios usuarios de los servicios de salud mental. Sus miembros, empoderados y sin representantes más allá de ellos mismos, están intentando hacerse escuchar y recoger apoyos en la web www.colectivosaludmental.org. [Hoy ya inactiva, pero puedes leer aquí el manifiesto] A día de hoy, y funcionando sólo desde septiembre, lleva recogidas unas 1.150 adhesiones de particulares y de más de 110 entidades, un pequeño gran éxito, aunque según Hernán, “el único logro que podría considerarse una victoria es que no se apruebe la reforma”.

También nos cuenta cómo en un inicio tanto ActivaMent como la Asociación Sociocultural Radio Nikosia o la Asamblea de Majaras, esbozaron un boceto de manifiesto al que se sumarían como impulsoras del mismo: la Asociación de Bipolares de Catalunya, la Asociación Emilia Barcelona, la Asociación de Enfermos Mentales de Castelldefels, la Asociación Grupo de Teatro Imagina, la Asociación AADDMM Terraferma, la Asociación Mentalízate y la Asociación Saräu de Ocio Inclusivo.

La respuesta de Hernán a la pregunta de por qué en esta ocasión no se ha contado con los profesionales de la salud mental como sí se hizo en anteriores ocasiones (el Grupo de Ética y Legislación de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, compuesto por psiquiatras, psicólogos y juristas, es especialmente crítico con la reforma) es concluyente: “Los criterios usados son ideológicos y no sanitarios. Tampoco se ha contado con la opinión del Poder Judicial, el Consejo General del Poder Judicial considera el anteproyecto anticonstitucional”. Y remata afirmando que esta reforma “es un claro giro hacia un régimen totalitario”. 

Por eso, no es de extrañar que ActivaMent se haya sumado a su vez al manifiesto contra la reforma del Código Penal que la plataforma NoSomosDelito ha puesto también en marcha (en la web www.nosomosdelito.net). Porque la lucha es la misma, porque si nos tocan a una nos tocan a todas y esta vez nos están tocando a muchas. De nuevo en palabras de Hernán, “defender sólo nuestra parcela es lo que promueven desde los sectores del poder”. Y luego nos recuerda el poema de Martin Niemöller tantas veces atribuido a Bertolt Brecht y que acaba diciendo “...cuando finalmente vinieron  a por mí / no había nadie más que pudiera protestar”.

Por los que pueden defenderse y los que no, sumémonos a esta batalla. Unamos luchas, sumemos fuerzas pero no nos quedemos al margen. Esta reforma del código penal es un ataque a los de siempre, los de abajo, y se ensaña especialmente con algunos de los colectivos más vulnerables. Organicémonos, recogiendo firmas primero, en acciones más contundentes después si las firmas no les frenan. Porque no podemos dejarles que tapen del todo los ojos a la Justicia, la dejen ciega y la usen como arma contra el pueblo.

miércoles, noviembre 08, 2017

Esto NO es cuidar (II)

Sé que hay gente que me percibe enfadada últimamente, enfadada con mis profesionales de salud mental, enfadada con mis profesionales sanitarios en general, enfadada con otros profesionales sanitarios de terceras personas a las que estoy acompañando (mucho) al médico en los últimos meses. Por si os lo preguntáis, no, no estoy enfadada con el mundo, ni siquiera con los profesionales sanitarios todos ellos como un único ente, pero me he hecho muchísimo más consciente en los últimos tiempos de un montón de violencias más sutiles o más obvias en las consultas, en el trato, en la relación médico-paciente. Por supuesto, estas violencias son más obvias en las consultas de salud mental y en las relaciones psiquiatra-loca / psicóloga-loca / enfermero-loca / celador-loca, y suma y sigue. En realidad a veces hay violencia en la relación general entre cuerdos y locos, que viene marcada normalmente de si el cuerdo se siente -no siempre conscientemente, supongo- superior a ti porque, oh, tienes el juicio nublado, porque eso es lo que se nos presupone, que el diagnóstico psiquiátrico (especialmente los que se asumen como crónicos e inmutables, o mutables solo hacia la degeneración y el empeoramiento) nos hace perder el juicio forever and ever, como cuando se come perdices en el cuento, porsiemprejamás; y ya no tenemos juicio ni en épocas buenas ni en épocas malas, ni cuando nosotros mismos reconocemos no pensar con mucha lógica (yo misma me digo "pienso mal/raro" porque reconozco el proceso); pero tampoco cuando nosotros mismos podemos considerarnos lúcidos, tranquilos, juiciosos. 

Pero en los últimos momentos veo muchas de estas deficiencias / violencias sutiles / faltas de respeto / incompetencias varias / falta de cuidados... más allá de la consulta de salud mental. Y me rebelo también, y oh, sorpresa, tampoco se recibe bien, aunque por mi parte haya cero insultos, cero gritos, cero voces que se alzan, cero aspavientos, cero amenazas. Supongo que cierta rabia sí hay, aun contenida, y eso se percibe y es lo que genera ese rechazo con el que me encuentro (cuando a alguien le estás generando rabia, igual pensar si hay algo que hayas hecho para generarla tampoco está de más). Supongo que ya no soy la paciente sumisa que fui, y no hay mucha costumbre a que quieras información y la preguntes y a la siguiente cita llegues con más información que tú también sabes buscar -la magia de Google y de que haya más médicos en redes sociales donde contrastar- y con más preguntes, y a veces cuestiones, y a veces señales, y a veces opines, y no siempre des por válida e incuestionable y eterna la VERDAD así con mayúsculas-subrayado-negrita, que te ofrece alguien solo porque tenga un título colgado en el salón de casa de sus padres.

En fin. Todo esto, decidir por nosotros, no informar de los distintos tratamientos disponibles, no informar de los posibles efectos secundarios de eso que has pautado, dar por hecho cosas del paciente que tienes delante sin preguntarle, dar indicaciones sin preocuparte de si las está entendiendo o no tu paciente, no atender a sus circunstancias personales cuando le haces recomendaciones o indicaciones terapéuticas, no escuchar, tomar decisiones en base a enfados, enfadarte como reacción a una o tres preguntas recibidas, burlarte de la "ignorancia" de tus pacientes que hacen que se equivoquen, que esas equivocaciones de tus pacientes -jajaja, mira qué catetos-, sean tan graciosísimas que tengas que exponerlas en público en redes sociales y artículos y -¿por qué ibas a quedarte ahí? ¡Dale hombre!- en libros recopilatorios con tooooodos esos errores TAN graciosos por los que de paso vas a llevarte un dinero (ya se lo podrían llevar tus pacientes que te han escrito el libro al fin y al cabo...). Y añado también otras conductas desgraciadamente habituales: no ser consciente de que todas estas cosas pueden dañar, aumentar nuestra desconfianza y cargarse los vínculos terapéuticos que debería haber entre profesionales sanitarios y sus pacientes; no daros cuenta de que esos vínculos deberíais cuidarlos y no socavarlos; reaccionar a la defensiva cuando no al ataque si os señalamos algo de estas cosas; no reconocer que la situación de poder en la que está el médico con un paciente, ese desequilibrio, no es en absoluto comparable al de cualquier otra profesión, no tiene nada que ver con el informático que hace bromas porque no entiendes de ordenadores, o con el mecánico que las hace porque no sabes de coches... 

Nada de esto es cuidarnos, ninguna de las cosas del párrafo anterior es cuidarnos. De hecho, son claramente lo contrario, son descuidarnos, son pequeñas violencias que se van sumando y que cómo al final no voy a ir con cierta rabia acumulada al ambulatorio, ains.

¿Algún ejemplo concreto de cómo se traduce todo esto en la práctica? Alguno va, sí:

- Cuando le dices a tu paciente, que no tiene tus sacrosantos estudios universitarios, que apenas sabe leer de hecho... que coma ciertas frutas con moderación, y tu preocupación por si ha entendido el mensaje es cero porque lo mismo te da que te da lo mismo, y no haces ninguna pregunta de comprobación para ver si en efecto el mensaje ha sido comprendido, y esa persona se va a su casa y se compra tres kilos de esas frutas que tenía que comer con moderación porque no sabe bien el significado de esa palabra y ha entendido que las únicas frutas que debe comer son precisamente esas... lo que has hecho tú como médico es de ser pésimo profesional sanitario, y ESO NO ES CUIDAR.

- Cuando a tu paciente que ves cada mes le insistes por decimocuarta vez en lo bien que le vendría a su piel fastidiada salir a su jardín a tomar el sol a poder ser desnuda, darse sesiones de nosequé en su bañera, y pasar meses en su casa de la playa, y ella te recuerda también por decimocuarta vez que no tiene ni jardín, ni bañera, ni casa en la playa, ni posibilidad de pagarse dos meses de hotel en Peñíscola ni en ningún otro sitio, y no, balcón tampoco tiene... pues además de preguntarme si tienes como médica una desconexión brutal con la realidad socioeconómica de tus pacientes, que trabajas en la sanidad pública y a lo mejor no lo sabes... pes lo mismo, que ESTO TAMPOCO ES CUIDAR.

- Cuando no te basta con hacer públicas todas esas meteduras de pata de tus pacientes que lo nombran todo mal, jajaja, mira que son tontitos; y además coges confusiones como "ha dicho hernia de boniato y no hernia de hiato" o "me dijo que con el Sexoral muy bien y era Seroxat, el antidepresivo", que yo qué sé, pues pueden ser graciosas aunque yo preferiría que las compartieras de cañas con tus colegas o en casa con tu mujer, y no necesariamente en redes sociales públicas para que el mundo entero se ría del error de tu paciente con menos cultura que tú... pero cuando además eso te parece muy gracioso y en el mismo saco de jijís-jajás, nos reímos todos, metes al paciente que jajaja entendió mal tus indicaciones ante su problema de azúcar, se puso insulina cuando no tocaba, y llegó en coma hipoglucémico a Urgencias, y tú es que te partes, "cuando despertó me dijo que total, como estaba mareado por una bajada de azúcar y para lo del azúcar es la insulina, pues hale ahí pinchazo" y todo son jajajás, en vez de cuestionarte si no eres un profesional incompetente que pone en riesgo a sus pacientes... pues ESO NO ES CUIDAR. De hecho, te estarás riendo pero un poco más y te cargas a ese paciente que dices que querías cuidar, que según sigues manteniendo, cuidas estupendamente.

- Cuando una paciente que te llega agobiada, que tiene un problema de salud y por eso está yendo a verte a la consulta, que cuando la citas para la semana siguiente te dice que un segundo porque tiene citas médicas cada día, y algunos días varias y en distintos lugares y además también tiene que acompañar a otros familiares a sus propias citas... y por un malentendido mientras le das la siguiente cita que ella está haciendo malabares para encajar tienes que volver a empezar y -oh drama- hacer los tres clicks otra vez desde el principio para reservar la hora a la que puede acudir, y claro, resoplas ostentosamente con un "hala, a volver a empezar, si es que..." quejándote de que te tenía que haber dicho y blablablá... pues si no reparas en el desequilibrio de malestar que es hacer de nuevo tres clicks en veinte segundos de reloj dentro por cierto de tu jornada laboral, frente al malestar que viene quien tiene no solo el problema de salud por el que está sentada contigo, sino problemas múltiples que le hacen tener citas médicas diarias además de la tarea de cuidados a sus familiares... pues mira, serás enfermera y llevarás bata y tu vocación será cuidar como os marcó el camino Florence Nightingale y tal, pero ya te comento que lo que haces, al menos con esa paciente, NO ES CUIDAR.

- Último ejemplo: como visto que a los profesionales sanitarios no os importa mucho si vuestros pacientes se están enterando o no de lo que indicáis y para qué vais a comprobarlo, cuando los familiares del paciente le acompañan a consulta con la sospecha de que la preparación que él ha seguido para X prueba no ha sido la que era necesaria para que los resultados fueran buenos, y en efecto había errores y el paciente -el mismo del primer ejemplo, que lee con dificultades porque no pudo estudiar de niño como la mayoría de su generación y aprendió las letras en la mili para defenderse mínimamente- se disculpa con un "es que yo entendí", y en respuesta le agitas en su cara los dos folios a doble cara con las instrucciones que debía haber seguido, espetándole "¡pero si está todo aquí escrito, no hay ningún misterio!", y él paciente se disculpa de nuevo avergonzado... pues estupendo todo, pero lleváis teniendo mal los resultados de esa prueba anual (en base a los que pautáis y modificáis su tratamiento) desde que hace cuatro años cambiasteis el procedimiento y lo indicasteis por escrito en esas hojas y os quedasteis tan anchos. Y no, ESO NO ES CUIDAR.

En fin. Que como siempre, como esa rabia que tanto rechazo genera y que viene un poco de aquí y bastante también de mi experiencia de muchas otras violencias en la atención sanitaria en salud mental, parece que dificulta mis relaciones con profesionales sanitarios aquí y allá -aunque no todos, lo que también me da una pista de que su actitud tiene que ver en esas relaciones que se enturbian o no se enturbian-, pues hago algo que me sirve en otros contextos: dejar aquí quieta en la pantalla esas sensaciones, esos pensamientos con su dosis de rabia que tan mal se recibe fuera, a ver si así una parte se queda aquí quieta donde no dañe y no se rechace.

(Una parte solo. Otra parte de esa rabia la necesito para mí: desde mi antigua sumisión no habría crecido personalmente nunca tanto como me ha permitido crecer parte de esa rabia que albergo ahora).

domingo, octubre 29, 2017

En el baúl (I): Tu memoria

Guardo escritos que llevan años y años y a veces más años aún esperando en un baúl entre papeles a mano y a máquina o en las entrañas de discos duros que voy arrastrando de ordenador en ordenador ("disco duro antiguo / disco duro MUY antiguo / disco duro MUY MUY antiguo"...) Hace poco decidí que pretendo recuperarlos también aquí, en la que de alguna manera siento mi casa virtual. Rescatar todos esos trocitos de mí antiguos, encerrados en baúles con llave que voy a abrir para hacerles hueco con el resto de los trocitos que respiran aquí más libres... los relatos de cuando imaginaba historias que casi siempre hablaban de Yoes más o menos evidentes, los "poemas" de cuando me atrevía a llamarlos poemas sin comillas y ni me sonrojaba ni nada. Aquí va uno con el que no me resulta imposible del todo empezar:

TU MEMORIA

Dicen los que hoy quedan
que te fuiste,
que no estás.

Dicen
que marchaste lejos,
que hoy eres polvo
                  en la tierra seca.

Y te callan los que olvidan,
                           te esconden.

Yo...
no sé si estás,
si eres alma o polvo
                    o nada,
si nos miras desde lejos
                    o duermes...

Yo no sé...
pero no te callo,
no te escondo dentro,
                    donde nadie llegue,
no te oculto.

Al contrario,
te muestro como fuiste:
                      orgullosa,
                      sabia,
                      libre.

Que no nos mientan los que olvidan,
que no nos mientan...


[Escrito allá por septiembre de 2002, entre la rabia y el dolor de la pérdida de mi tía abuela, a quien sigo añorando hoy, a quien sigo buscando -y encontrando- cuando repito algunos de esos gestos de cariño con los que me cuidaba, esa mini albóndiga sin freír, esa cucharadita de huevo batido al hacer la tortilla francesa...]

jueves, octubre 12, 2017

Cuando mi ciudad se llena de mierda (sobre banderas, doces de octubre y demás)

Si vivís en el mismo país que yo y habéis salido de vuestra casa las últimas semanas; si habéis puesto más de tres minutos cualquier canal de televisión, sean o no programas de noticias; si habéis entrado en redes sociales; casi que si estáis mínimamente conectados con vuestro entorno (porque no se me ocurre cómo es posible escapar de esto), os habréis enterado: por lo visto, España se rompe y por lo visto también, a algunos les parece muy mal. Tan mal, tan mal, tan mal, que hace falta intercalar vivas a España a gritos en cualquier plaza, en cualquier terraza de un bar; hace falta ir sacando banderas españolas por las ventanas de los coches, o llevarlas a modo de capa, o vestir de rojigualda, decorar balcones, y ya de paso, insultar un poco -cuando no directamente apalear- a quien no comparta este amor desmedido por nuestro sacrosanto país, quien no piense que las fronteras están ahí perennes e indisolubles independientemente de lo que quieran elegir las gentes que las habitan (más cuando a veces habitarlas es bastante parecido a sufrirlas).  

La otra noche, ante la avalancha de banderas españolas en los balcones y comercios de mi barrio y muchos otros de mi ciudad, las que la gente lleva atadas al cuello, alguna suelta que hasta se cuela en algún grupo de wassapp donde estoy...  escribí un poquito sobre las sensaciones que estoy teniendo estos días, también explicando un poco de dónde viene que a algunas (a mí al menos) esta exhibición de patriotismo español exacerbado nos resulte súper agresiva, y nos resulte algo difícil de convivir con ella.

Hoy que es 12 de octubre (¡#NadaQueCelebrar!), he salido a la calle por la mañana y, visto lo visto, esta tarde mejor me quedaré en casa, escribiendo, leyendo, currando... Mi ciudad, mi barrio, están invivibles. Leía en Twitter a alguien decir que cuando ha visto a las masas de gentes por la calle ataviados con sus banderas, muy españoles y mucho españoles todos, ha recordado la escena de la estampida que pilla a Simba por sorpresa en El Rey León... yo quizá no sabría si decidirme entre esa escena y alguna de las hienas reunidas.

En fin, traigo aquí lo que ya compartí la otra noche en Twitter (disculpad la redacción, es un poco la que va saliendo al cortar los tweets en frases de 140 caracteres):

Llevo días pensando que menos mal que mis abuelos ya no viven. Ver su barrio de siempre, Chamberí, cubierto de estas banderas les habría roto. Ya les sobresaltaba en los mundiales de fútbol y se calmaban porque solo era eso, el Mundial, deporte, tal... y había muchas menos que ahora. Ahora no hay excusa, es el patriotismo rancio de la misma derecha rancia que hace años les denunció por rojos y hoy anhela fusilamientos. AY.

Suerte que ya no estáis aquí, abuelo, abuela, y no tenéis que volver a sentir ese miedo a nuestros / vuestros vecinos. Vivir con miedo... 

No lo entenderíais, pobres. Pensaríais cómo es posible que andemos otra vez igual. Gente cantando el cara al sol y fascistas apaleando.

Cuando la gente jalea a la policía o guardia civil con "a por ellos", yo pienso que sin ser catalanes, os sentiríais incluidos en la amenaza. Y es que lo estamos, estamos incluidas en la amenaza. Las republicanas, las rojas, las "perroflautas", las antifascistas. Cuando con "a por ellos" amenazan a independentistas, no os engañéis, nos amenazan también. Y la solidaridad con Catalunya no es por eso, pero... 

Esta España la querrán una grande y libre, pero tan grande no será cuando no cabemos ninguna. De Madrid tampoco. ¿Y libre? Nos quieren atadas.

Las mujeres del documental "Mujeres Republicanas", de Javi Larrauri, ellas sí fueron grandes y quisieron ser libres. El lugar en el que cupieron de esa España grande fue la cárcel.

Aquí os lo dejo también, por si queréis verlo directamente. Ojalá quedadas masivas para verlo, por ejemplo justo en días como hoy en los que este país, esta ciudad y hasta mi barrio -el mismo con el que me reconcilié desde ese domingo quincemayista que se quedó para siempre tanto tiempo- me dan TANTA vergüenza, esa que no sé definir si es vergüenza ajena (esto no tiene que ver conmigo, yo no soy así, no soy esta mierda patriótica que impone, amenaza, jalea, insulta, apalea, ...), o propia (no deja de ser mi barrio, mi ciudad, mi gobierno aunque yo votase otra cosa, mi país aunque a mí las fronteras me la chuflen bastante y, por lo visto, tenga bastante más cosas -y causas- en común con gente del otro lado de ciertas líneas del mapa).


En fin. AY :-(

sábado, septiembre 30, 2017

31 recomendaciones para #LeoAutorasOct (y una de propina)


En octubre del año pasado conocí la iniciativa "Leo Autoras Octubre" por las redes sociales (en Twitter se creó el hasgtag #LeoAutorasOct), que consistía simplemente en eso, en que todas nuestras lecturas durante ese mes fueran de autoras mujeres. Yo, como ya conté un poquito al final de este post, no fue hasta entonces cuando me hice consciente del brutal desequilibro que había en mis lecturas entre autores hombres y autoras mujeres, y desde entonces he venido intentando activamente corregirlo (y de hecho creo que sólo eso, corregir activamente, priorizando las obras escritas por mujeres en nuestras lecturas, es lo que puede paliar el desequilibrio: si insistimos en el "yo no me fijo en el género del autor" va a ser seguro que si revisas tus estanterías habrá un porcentaje increíblemente favorable a los hombres, simplemente por editarse más, publicitarse más, colocarse mejor en las librerías, etc. Si eliges "no priorizar a nadie", de hecho estás priorizando a los hombres -y perdiéndote lecturas estupendas que están invisibilizadas).

Este año vuelve la iniciativa durante todo el mes, puedes encontrar info en el blog específico que se ha creado para esto, y por supuesto, durante todo el mes en el hashtag de Twitter #LeoAutorasOct (accede directamente haciendo click si quieres). También el 1 de octubre entrará en funcionamiento la cuenta @LeoAutoras a la que podrás seguir. Y por supuesto, todas podremos participar todo el mes, leyendo autoras, hablando sobre nuestras lecturas y recomendando libros escritos por mujeres utilizando el hashtag #LeoAutorasOct para facilitar la difusión.

Mi aportación inicial ha sido hacer una revisión de mis estanterías y mis lecturas para recomendar 32 obras hechas por autoras mujeres (una para cada día del mes, y una extra de propina). Hay distintos géneros (aunque las recomendaciones que yo vi más frecuentes el año pasado pertenecían a la ciencia ficción y la fantasía, pero la iniciativa habla de cualquier autora mujer, y aunque esos dos son también mi género favorito, yo he mezclado obras de aquí y allá, dentro y fuera de la ciencia ficción y la fantasía), también hay distintos formatos, y por supuesto distintos motivos por las que recomiendo justo estas. Muy poquitas de ellas aún no las he leído pero me esperan en la estantería con ganas. Es variado, así que estoy convencida de que es fácil que dos o tres puedan llamarte la atención y puedas disfrutarlas si las escoges entre tus lecturas del mes.

Y en fin, allá vamos. De cada libro aquí dejo unas (muy) poquitas frases breves. Si algo te llama la atención, te animo a buscar más info para decidirte o, si lo prefieres, buscar directamente el libro y adentrarte un poquito a ciegas.

31 recomendaciones para el #LeoAutorasOct de 2017 (y una de propina)
  1. 36, de Nieves Delgado (Cerbero): Novela breve / Relato largo, ciencia ficción, inteligencias artificiales, identidades y etiquetas...
  2. ¿Dónde está mi tribu? Maternidad y crianza en una sociedad individualista, de Carolina del Olmo (Clave Intelectual): ensayo, maternidades en el capitalismo, soledades y miedos, redes de apoyo mutuo y fuerzas compartidas, saberes usurpados a las mujeres en nombre de la Academia (patriarcal)...
  3. 10 ingobernables. Historias de transgresión y rebeldía, de June Fernández con ilustraciones de Susanna Martín (Libros del K.O.): ensayo a través de entrevistas, feminismos compartidos, realidades y desmitificaciones y visibilización y reconocimiento de mujeres que están luchando y levantándose colectiva o individualmente.
  4. Alucinadas, de varias autoras (tres volúmenes por ahora en Palabaristas Press y Sportula): antologías de relatos de ciencia ficción todos de autoras mujeres. (Estos tres son de esos que me esperan en las estanterías)
  5. Autobiografía, de Angela Davis (Capitan Swing): tampoco avanzo nada porque también me está esperando en la estantería todavía.
  6. Beatriz y los cuerpos celestes, de Lucía Etxebarria (Planeta): novela, relaciones amorosas, adolescencias tardías, tonteos emocionales y con drogas, (buen) recuerdo de mi adolescencia que entonces subrayé y subrayé. Hoy sería probablemente distinto ;-)
  7. Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr (Alfaguara): infantil/juvenil, releído hasta la saciedad desde los 80 y aún en mi estantería. Huidas, soledades, incomprensión, impotencia, enfados, decisiones ajenas que nos superan, aprendizaje de un idioma, nuevos comienzos difíciles, esperanzas que hacer propias.
  8. Cuentos de hadas, de Angela Carter (Impedimenta): relatos, fantasía y mujeres como protagonistas; lo tenía todo para que lo pillara y me espere en la estantería.
  9. El cuento de la criada, de Margaret Atwood (Salamandra): novela de ciencia ficción distópica y feminista, ¿cómo no estar también en mi lista de pendientes?
  10. El diario de la princesa, de Carrie Fisher (Nova): Ensayo / memorias, Leia de carne y hueso, y Han Solo de cartón piedra. Diarios postadolescentes que ojalá no hubiera entendido tanto desde mi anonimato.
  11. El país bajo mi piel. Memorias de amor y de guerra, de Gioconda Belli (Txalaparta): Ensayo / memorias, poesía y periodismo y revolución y guerrilla, Nicaragua sandinista, guerrilleros machistas de más, amores pasionales, construcción de mundos nuevos.
  12. El pequeño vampiro, de Angela Sommer-Bodenburg (Alfaguara): colección infantil fantástica que adoré y seguramente me enseñó paciencia porque tenía que esperar meses para que fueran editando títulos nuevos. Familia complicada por aquello de beberse la sangre de tus amigos, dormir en ataúdes y que tus padres no protesten, vampiras valientes con dientes de leche... Haber conservado solo algunos porque otros quién sabe es de esas cosas que me reprocho aún.
  13. El señor del tiempo, de Louise Cooper, trilogía formada por El iniciado, El proscrito, El orden y el caos (Timun Mas): novelas de fantasía clásica, magia, mundos inventados que tienen sentido, dualidad bien / mal, aprender a amar el género fantástico en la adolescencia y desde entonces hasta ahora.
  14. Feminismo para principiantes, de Nuria Varela (Ediciones B): ensayo, feminismos, mujeres en la historia, batallas ganadas y (muchas más) luchas pendientes, conceptos claves, puerta abierta a muchas más lecturas, ya con gafas violetas puestas.
  15. Galatea, de Melisa Tuya (Lapsus Calami): novela de ciencia ficción, colonización en un planeta lejano, personajes fuertes con contradicciones fuertes que no siempre se reconocen, límites difusos entre lo humano, lo robótico, lo artificial, y también entre lo ético, lo cruel, lo estratégico, y entre la obediencia debida y la lealtad.
  16. La fiesta de Delirio, un cuento de los pequeños Eternos; de Jill Thompson (ECC Cómics): cuento ¿infantil/juvenil? ilustrado, delicia de brillos delirantes que nos acompañan en la Desesperación y ahí en medio, también nos hacen sonreír.
  17. La mano izquierda de la oscuridad, de Ursula K. Le Guin (Minotauro): novela clásica de ciencia ficción, feminismos, diversidades, identidades que fluyen, sociedades alienígenas que nos invitan a reflexionar sobre nuestro propio binarismo.
  18. La quinta estación, de N. K. Jemisin (Nova): ciencia ficción escrita desde la diversidad, desde el reconocimiento y la visibilización de las opresiones. Me hace guiños desde la mesilla de noche de mi chico.
  19. La voz dormida, de Dulce Chacón (Alfaguara): novela que rescata la memoria de las mujeres republicanas en la España de la guerra civil y franquista, las mujeres encerradas en cárceles, despojadas de su voz, su comida, su pelo. Mujeres como mi abuela y sus amigas -algunas salen en la novela-, como tantas abuelas que hoy ya no están y siguen estando a la vez.
  20. Las nieblas de Avalón, de Marion Zimmer Bradley (Salamandra): revisitación del mito artúrico desde el punto de vista de las mujeres de la h/H_istoria. Ojalá en mi estantería.
  21. Los besos en el pan, de Almudena Grandes (Tusquets): relatos enlazados o novela coral, mosaicos de un barrio post 15M que quizá sea el mío, luchas vecinales, soledadades, defender el ambulatorio o a la familia que quieren desahuciar, organizar un banco de alimentos, construir red sin ser siempre consciente.
  22. Mala feminista, de Roxane Gay (Capitan Swing): ensayo feminista, recopilación de artículos, necesidad de hacer comunidad, libros refugio, necesidad/deber de luchar, intersección de opresiones de género y de raza, Scrabble, cambios que empiezan con una persona levantando su voz... y tras ella, llegan más. 
  23. Mi maravillosa librería, de Petra Hartlieb (Periférica): novela protagonizada por una librería y su librera, sueños que se mezclan con calculadoras, jornadas laborales que no acaban, duas que entre libros son siempre más dulces.
  24. Mujeres, de Carol Rossetti (Kailas): libro ilustrado, mujeres, diversidad, libertad, dignidad, fuerza interior recogida en tantos dibujos y pocas frases, para volver y volver a hojearlo.
  25. Persepolis, de Marjane Satrapi (Norma Editorial): novela gráfica, infancia y adolescencia en Irán, cambios sociales, religiosos, personales, ventana no-desde-el-prejuicio a esa realidad bastante distinta de nuestras cotidianeidades.
  26. Polifonía amorosa, de Laura Latorre (Bellaterra): mosaico de relatos -con distintos formatos, lenguajes, voces- con la temática de las relaciones amorosas diversas de fondo, sin pretender ser ninguna de ellas modelo sino intentos de ser libres y felices. 
  27. Quién quiere ser madre, de Silvia Nanclares (Alfaguara): novela autobiográfica, maternidades que se entremezclan con duelos, deseos que se mezclan con miedos (¿se realizarán, no, quiénes seremos en cada caso?, y todo hecho desde el sentido del humor y la lucidez y un tictac que anda detrás.
  28. Sarah´s Scribbles: Crecer es un mito, de Sarah Andersen (Bridge): cómic demasiado cortito, entrañable, TIERNO, que no sé cómo me mira dentro y saca dibujos de cosas que me asustan si las miro yo sola, pero sonrío al reconocerlas en sus páginas.
  29. Si supieras que nunca he estado en Londres, volverías de Tokyo, de María Sirvent (El Aleph): novela sencilla desde el dolor y la desgana tras una ruptura romántica que subrayé y subrayé reconociéndome en más párrafos de los que hubiera querido.
  30. The power, de Naomi Alderman (Roca Editorial): novela de ciencia ficción especulativa con perspectiva feminista que aún me hace ojitos en mi estantería.
  31. Trincheras permanentes. Intersecciones entre política y cuidados, de Carolina León (Pepitas de calabaza): ensayos políticos en la retaguardia, revoluciones de cuidados, colectivos sociales que apuestan por priorizarlos y no siempre ganan, pero la apuesta está hecha y eso ya también es ganar un poquito.
Y la bola extra de propina: 
Wonder Woman, la verdadera amazona, de Jill Thompson (ECC Cómics): cómic, superheroína, conflictos y contradicciones internas, maternidades con decisiones no siempre fáciles, fuerza, ¡esas acuarelas!

[Espero que alguno de estos títulos os llame un poquito la atención y os animéis a pillarlo y leerlo en octubre dentro de esta iniciativa. Seguro que podréis encontrar muchas más recomendaciones en los enlaces que ponía al inicio, el hashtag, el blog... ¡y hacer las vuestras también!]

miércoles, septiembre 20, 2017

Las canciones que nos salvan de la mierda

Hay días terribles de cabezas totalmente revueltas, de pensar si renuncias a tanto y te vas a Urgencias o aguantas en casa, si eso será ponerte en riesgo o será cuidarte porque el riesgo quizá sería precisamente ponerte en manos de aquellos en quienes ya no confías, no puedes confiar, ahora que detectas claramente sus violencias, las obvias y las más sutiles (me decía una amiga hace poco, cuando le decía que mi empoderamiento en salud mental se ha cargado las relaciones con mis profesionales, que es que el empoderamiento se carga -lógicamente- las relaciones de poder, las relaciones con quienes abusan de su poder).

En estos muchos años ya conociéndome, he aprendido qué cosas me sirven y qué cosas me ayudan en esos momentos críticos y en los menos críticos también, en mi vida cotidiana -algunas muy prácticas y concretas, otras más abstractas y quizá también complicadas-.

Hace unos cuantos sábados a inicios de mes fue uno de esos días terribles, complicados, cuesta arriba, hasta-aquí. Y no podía y me ahogaba y decía y me desdecía a cada instante y qué tarde, UF. Y tuve un ratito de pensar "recuerda, Gace, qué te ayudaba", y recordé que cantar, cantar alto, cantar a gritos si hace falta, cantar canciones tristes o menos tristes que tengo asociadas a buenos momentos vividos en el pasado, poner la música en el ordenador y subir el volumen para acallar la basura en mi propia cabeza y buscar la letra en Internet y leerla en la pantalla, cantarla en un karaoke privado que me sana y me rescata... eso me sirve, me protege en esos momentos que ojalá no tuviera que vivir, pero vivo y me cuestan y tengo que encontrar estas estrategias que me facilitan la supervivencia.

Así que eso hice ese sábado negro, repetir algunas canciones cantándolas bien alto en bucle mientras me salvaba un poquito a la vez. Y quería traer tres de ellas aquí también:

MY SKIN (Natalie Merchant)


Take a look at my body 
Look at my hands 
There's so much here that I don't understand 
Your face-saving promises 
Whispered like prayers 
I don't need them

'Cause I've been treated so wrong, 
I've been treated so long 
As if I'm becoming untouchable

Well, contempt loves the silence, 
it thrives in the dark 
With fine winding tendrils that 
strangle the heart 
They say that promises sweeten the blow 
But I don't need them, no I don't need them

I've been treated so wrong, 
I've been treated so long 
As if I'm becoming untouchable

I'm a slow-dying flower 
In the frost-killing hour 
Sweet turning sour and untouchable

Oh, I need the darkness, 
the sweetness, 
the sadness, 
the weakness 
Oh I need this 
I need a lullaby,
a kiss goodnight,
angel, sweet love of my life 
Oh I need this

I'm a slow-dying flower 
Frost-killing hour 
The sweet turning sour and untouchable

Do you remember the way that you touched me before 
All the trembling sweetness I loved and adored 
Your face-saving promises 
Whispered liked prayers 
I don't need them

Oh, I need the darkness, 
the sweetness, 
the sadness, 
the weakness 
Oh, I need this 
I need a lullaby, 
a kiss goodnight,
angel, sweet love of my life 
Oh, I need this

Well is it dark enough 
Can you see me 
Do you want me 
Can you reach me 
Oh, I'm leaving
Better shut your mouth, and hold your breath 
You kiss me now, you catch your death 
Oh, I mean this 
Oh, I mean this


BLANCO (Silvio Rodríguez)


Todos los días se pinta de blanco
sale a la calle llena de colores,
y a cada minuto recibe un brochazo en la piel,
su espalda, sus manos, su rostro
van siendo invadidos por luces y sombras,
se le van encendiendo de fiebre y de frío,
de forma que cuando regresa y se mira no está,
mas vive bajo su avalancha,
mas vive bajo su avalancha.

Ahora está sin salir, casi nadie merece su amor,
pero saldrá cuando vayas por él.
Ahora te espera en su tumba ambulante, llena de color,
hasta que tú la deshagas de amor.

Ahora te espera de noche en su cuarto
hasta que quieras entrar a salvarlo
de lo que nunca ha elegido y arrastra con él.
Tú que de un beso lo configuraste,
tú que le echaste más blanco y lloraste
eres la vieja navaja que espera su piel.

Quiere blasfemar contigo de Dios, de los hombres y de él,
quiere llegar más allá de la luz.
Quiere destruir las flores con que se engañaron los dos,
quiere arrancar de su tierra una cruz.

Quiere olvidar que ha crecido educado
quiere a tu hijo para empinarlo
como un papalote invencible
vencedor del sueño.
Quiere decirle a cada vecino
que salga de sus miserables paredes
que tome la vida de ustedes, que no haya escondrijos,
y espera que vayas por él,
y espera que vayas por él.

Él no te espera mujer a que vayas a hacer el amor
mas bien la guerra es lo que quiere hacer
con veintipico de fechas respalda su sana elección
con veintipico de muerte es su amor.


[Como curiosidad, según donde busques la letra, en algunos sitios la frase de "mas vive bajo su avalancha" la interpretan como "malvive bajo su avalancha"]



LÁGRIMAS NEGRAS (Jesús Cifuentes)


Solo
y en silencio
empiezo a recordar una y mil cosas.
Juego 
con el tiempo
quisiera suprimir los malos sentimientos.
Y quedarme solo contigo y el viento 
que acaricia tus mejillas llenas de lágrimas negras…
no puedo perder más tiempo.
Solo
a tu encuentro
no quiero dibujar más corazones.
Siento 
algo por dentro
¿existe otra razón para seguir viviendo?
Que quedarme solo contigo y el viento 
que acaricia tus mejillas llenas de lágrimas negras…
no puedo perder más tiempo.
No voy a salir
necesito dormir
la noche me ayuda a pensar.
Si quieres venir sabes que estaré aqui
no podemos perder tiempo,
no…
Solo
y en silencio
quisiera suprimir los malos sentimientos.

viernes, septiembre 15, 2017

Esto NO es cuidar (I)

Extracto del relato: "Quería que nos conociésemos. Tenía que explicarle qué debía hacer y qué no debía hacer a lo largo de todos los días de su vida, y para ello solo contaba con todos los sábados de nuestra vida".

En uno de los relatos del libro "Vástagos", que acabo de terminar, esta frase se presenta dentro de una historia escrita toda en plan "mirad qué buen padre, cuánta ternura, qué de amor y cuidados", con cero crítica.

"Quería que nos conociésemos. Tenía que explicarle qué debía hacer y qué no debía hacer a lo largo de todos los días de su vida, y para ello solo contaba con todos los sábados de nuestra vida"

¿Cuánta gente acepta(mos) acríticamente que las personas que nos cuidan o aprecian asuman este papel? Nuestros padres, nuestras madres, nuestras parejas, nuestras psiquiatras, nuestras médicas, nuestras hijas...

"Es porque se preocupan", dice el discurso oficial. "Tú no puedes tomar las mejores decisiones" (por ser pequeña/menor, o por ser anciana, o por ser mujer, o por ser irresponsable, o por no tener conocimientos suficientes -ay, todos esos títulos que nunca colgarán de ninguna pared de ningún despacho-, o por estar mal de la cabeza -el "calla, loca", siempre acechando-, o por X), es el discurso oficial.

"Cuando seas madre lo entenderás", dice el discurso oficial. Horror.

Espero no entenderlo nunca. Espero que si adopto este discurso alguna vez con alguien (hijo, hija, pareja, madre, X... especialmente si es hacia cualquier persona sobre la que el sistema o las circunstancias me hayan situado en posición de poder), espero como digo que otro alguien, si es que la propia persona no fuera capaz de hacerlo en ese momento de su proceso, me ayude en ese momento a cuestionarme y revisarme la prepotencia y el autoritarismo que desprenden esas frases. 

No necesariamente sé lo que es mejor para ti porque no estoy en tu piel, no todos necesitamos ni nos ayudan ni nos sirven las mismas cosas. Podré hablarte desde mi experiencia -práctica y teórica si quiero y quieres-, porque quizá encuentres, o encontremos juntas si prefieres, cosas en ella que te sirvan.

No necesariamente sabes qué es lo mejor para mí porque no estás en mi piel, no todos necesitamos ni nos ayudan ni nos sirven las mismas cosas. Ofréceme hablar de tu experiencia práctica y si quieres, también teórica que puedas conocer -dentro o fuera de la Academia formal-, y ojalá encontremos, si te apetece acompañarme, cosas en esa experiencia que me sirvan.

Explicarme qué debo hacer y qué no debo hacer, cada día de mi larga o corta vida; seas mi madre, seas mi hermano, seas mi amiga, seas mi pareja, seas mi compañera en el Grupo de Apoyo Mutuo, seas un activista en salud mental con años de experiencia a tus espaldas, seas un político de primera línea o de retaguardia, seas mi (¿un?) cuñado, seas mi médica, seas mi enfermera, seas mi psiquiatra, seas mi abogado, seas mi educador; seas mi profesor, seas mi frutero; seas quien seas... Eso NO es cuidar.