miércoles, mayo 15, 2019

Cartografía emocional de una tormenta recurrente

Mandaleando entre la lluvia que me inunda, hago cartografías emocionales de cómo son mis tormentas: algo de rutina y aburrimiento como aviso inicial, hasta ahí sin más; pero que se van juntando con miedo, preocupación, cansancio, confusión... y ya entre el viento que ulula insistente coge fuerza cierta desconfianza que viene para quedarse una temporada larga. Y comienza a mezclarse todo con frustración, enfados, rabia, ya se nos descontrola el cielo que ruge con mi cabeza y todo se vuelven culpas, tristezas, soledades, dolor. Y se nos ha ido de las manos cuando los rayos empiezan a incendiarnos al atravesarnos de lado a lado y partirnos en dos, arrasando con el campo como un dragón enfurecido: estamos en el ahogo, la angustia, el Vacío. El Daño*.

(...)

El Desbordamiento. 
La Desmesura.

(...)

El Drama.

(...ese que las niñas ricas que pinta Velaske tienen que inventarse mientras en palacio las casan, las violan, las embarazan, mueren en el parto del quinto hijo con veinte años apenas. Quizá el drama un poco también estaba).

Daño. Desbordamiento. Desmesura. Drama (más grande o chiquito, pero...), Drama Dentro Destrozándome, Dándome Dentelladas, Dominando Deseos, Dudas; Devorándome Durante Días Diabólicos, Difíciles, Duros, Decisivos. ¿Definitivos?

DRACARYS.

(Diluvio)

Después... descanso. Y vuelven más palabras que ya no necesariamente tendrán que empezar por D. Y volverán a entrar en mis cartografías emocionales el resto de colores: el verde clarito de la calma; el naranja de las risas, la diversión, la creatividad, la mente productiva; el rojo de los vínculos, la alegría, la conexión emocional; el burdeos-morado de la ilusión, la vitalidad, las ganas de.


(*) El asterisco es porque además de pensar en Daenerys y Juego de Tronos (el autocorrector me lo pretende corregir por “trinos” y por “tonos”, que daría lugar a dos series muy diferentes, posiblemente ambientadas en pajarerías o en el Orfeón Donostiarra)... al escribir “El Daño”, mi cabeza (que aunque loca y estas semanas atormentada, es más cosas y no renuncia nunca a su parte friki) me rellenaba la frase con “...de Isildur”. 

El Daño de Isildur. Porque antes, mucho antes de que Juego de Tronos complicase la vida de los Stark, estuvo Tolkien enseñándonos que las heridas en la Cima de los Vientos vuelven a doler profundo cada año, allá por la misma fecha en que tuviste un encuentro poco afortunado con un Nazgul nada constructivo.

El Señor De Los Anillos también nos enseñó una frase que estos días viene como anillo al dedo (valga la redundancia):

Flee, you Fools!

...y hasta aquí puedo leer.

(¡Huid, insensatos!)

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jueves, abril 18, 2019

En abril, libros mil: 30 días de libros

Este mes el Día del Libro lo pasaré por primera vez en Barcelona (para vivir Sant Jordi donde más se vive el Día del Libro). Y me apetecía hacer algún juego que tuviera que ver con ello, y a eso vamos, a proponer títulos para...

¡30 días de libros! Por cada día del mes, el juego es recomendar un libro que...

  1. Tenga un color en el título: El azul es un color cálido, de Julie Maroh (la novela gráfica en que se basa la película La vida de Adele, que tuvo bastante más repercusión que el comic aunque según he oído a bastantes personas que la han visto, el comic le da varias vueltas)
  2. Tenga un número en el título: 4.48 Psicosis, de Sarah Kane (una obra teatral que hace referencia a la hora de la madrugada en la que hay más suicidios, y que aún no he sido capaz de leer porque nunca es del todo buen momento para enfrentarme a ella, pero aún así la tengo presente en mis pendientes). 
  3. Te recuerde al verano: Veva y el mar, de Carmen Kurtz (la segunda parte del libro infantil Veva, que ya era una maravilla)
  4. Te recuerde a alguien a quien quieres olvidar: Monte Miseria, de Samuel Shem. De este no hablaré más, a ver si consigo olvidarme de quien querría olvidar ;-)
  5. Necesitas releer de tanto en tanto: El amor, las mujeres  y la vida, de Mario Benedetti (una selección de sus poemas que me acompaña desde allá por los años 90).
  6. Haya escrito una escritora de tu país: Trincheras permanentes, de Carolina León. La M-A-R-A-V-I-L-L-A, no se dirá nunca suficiente
  7. Hayas leído en un viaje inolvidable: El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien (aunque valdría también para el número 5. Una de esas relecturas fue durante un InterRaíl que hice hace mil años o alguno menos)
  8. Hable de amor: Mujeres, de Carol Rosetti (que no se vende como libro que hable de amor, pero está lleno de reflejos de amor propio que, seamos como seamos, ojalá aprendamos a darnos)
  9. Te haga feliz: Laura & Dino, de Alberto Montt (cómic que me hace sonreír y me da seguridad y calma y sonrisas a puñados)
  10. Te ponga triste: Poeta muerta, de Patricia Heras (y si no sabes por qué me pone triste, quizás no conoces lo que fue el montaje policial del 4F y las consecuencias que tuvo)
  11. Sea un abismo: Instrumental, de James Rhodes. AY.
  12. Pertenezca a tu preadolescencia: Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr (lo leí infinidad de veces en mi última infancia y primera juventud -qué conceptos tan viejunos, por Diox)
  13.  Salvarías de un incendio: Samarcanda, de Amin Maalouf (qué importante fue para mí, qué importante)
  14. Regalarías cuando te sabes enamorado: Polifonía amorosa, de Laura Latorre, porque es una estupenda recopilación de amores diversos, de amores más libres mientras no se pierden los cuidados, y en los que además ninguna de las palabras (libertad, cuidados, amores) corresponde a una definición prediseñada y bastante neoliberal (o tradicional hasta la asfixia) en la que tengamos que encajar. Porque basta de encajar, basta, ni en el discurso rígido ni en otros ajenos que podrían ser rigideces nuevas vestidas de libertad, ¿no?
  15. Desearías no haber leído nunca: El Quijote (es el recordatorio palpable de mi fracaso escolar, del bullying, de mucha mierda a la espalda)
  16. Sea tu clásico favorito: Las recopilaciones de relatos de robots de Isaac Asimov. Soy poco de clásicos e igual esta no es la respuesta obvia, pero bueno, para mí estos clásicos (de la ciencia ficción) me abrieron puerta a un género que me encandiló y me sigue sorprendiendo y abriendo muchas puertas, algunas bastante más allá de los libros.
  17. Leerías en voz alta: Un duende a rayas, de María Puncel (y puede que ya lo hiciera, leerlo en voz alta, aquí y aquí)
  18. Se publicase el año de tu nacimiento: El clan del oso cavernario, de Jean M. Auel (¿cómo puede ser que tengamos los mismos años? Wow, vaya vértigo me ha dado...)
  19. Te hace pensar en la vida: La vieja sirena, de Jose Luis Sampedro. Tiene dentro tanta, tanta vida, que hasta hace reconectar cuando no encuentras la propia.
  20. Tenga mucho significado para ti: El alto coste de la vida, de Neil Gaiman (cómic spin-off de Sandman centrado en el personaje de Muerte. Fundamental en mi vida y en mi poder estar viva)
  21. Tenga tres palabras por título: Feminismo para principiantes, de Nuria Varela (para mí, un imprescindible para adentrarse fácilmente en la lectura de ensayos feministas)
  22. Solo te guste por la portada: ¡No te compliques la cena!, de Isasaweis. No es exactamente que solo me guste por la portada, pero claramente me hizo gracia la idea de la autora como bruja en la portada de un libro de recetas y por eso me lo llevé por delante de otros de recetas también.
  23. Todo el mundo debería leer: Desmesura, de Fernando Balius. Nunca vamos a poder transmitirle al autor el agradecimiento que deberíamos hacerle llegar por esto, por tanto. Es de una generosidad gigante haber sido capaz de plasmar en estas páginas de novela gráfica su vivencia, su paso por la locura y la psicosis, por el -oscuro- sistema de salud mental, y poder contárnoslo con tanta honestidad, desnudez, compartiendo además las claves que a él mismo le han servido y siguen sirviendo en ese camino, como la politización del malestar, el humor, la ternura y el apoyo mutuo como herramientas imprescindibles para la supervivencia, y tan necesarias y útiles para el cambio, la transformación, la esperanza que nos hace levantar. Ojalá este libro en cada biblioteca, cada facultad, cada consulta, cada instituto, cada centro social, cada recurso de atención a personas con problemas sociales y/o de salud mental. Si todo lo que sembramos germina y acaba floreciendo, este libro -y otros que empiezan a surgir donde nuestras propias narrativas tienen espacio para crecer y mostrarse- son las semillas de las selvas de un mañana más verde en el que respirar cueste menos. (Algo de esto ya lo escribí en mi reseña en Goodreads
  24. Te gusta, de un autor que haya fallecido: La voz dormida, de Dulce Chacón. Uno de los (insuficientes) libros que intentan rescatar esas voces que fueron silenciadas por la represión franquista y por el olvido que impuso el pacto falseado de la Transición-Trampa que nos hicieron asumir.
  25. Te guste, de un autor que no: Primer amor, de Espido Freire. No me han interesado nunca ninguna de las novelas de esta escritora, aunque este ensayo inicial en el que iba comparando amores con cuentos infantiles, sí me gustó mucho.  
  26. Te hace querer estar enamorado: Esta es la pregunta que más me ha costado responder (creo que porque ya me siento enamorada). Pero creo que diría La mujer habitada y El país bajo mi piel, memorias de amor y de guerra, de Gioconda Belli ambos. Las historias que cuenta en ellos Gioconda (que para mí se relacionan muchísimo aunque una es biográfica y la otra es novela) sobre sla vida en Nicaragua, en la guerrilla sandinista y los amores y desamores que encuentra (y con los que se desencuentra) en el camino, me hablan de amores en los que quizá yo creo: con quienes te implicas en las transformaciones de los mundos nuevos compartidos en los que creemos y apuestas a eso tus vínculos también.
  27. Te rompe el corazón: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano. (AY)
  28. Haya escrito un escritor de tu país: Soy Julia, de Antonio Martínez (Me acompañó bastante tiempo, sorprendida de la entereza ante las dificultades y de la capacidad de disfrutar de los momentos brillantes en medio de las nubes que demostraba el autor)
  29. Te recuerda a tu infancia: El pequeño vampiro, de Angela Sommer-Boddenburg (Me habrán enganchado sagas, pero como la de Rudiger, Anton y especialmente, Anna, que en las historias pasó de Anna la Desdentada a Anna la Valiente... pocas. Lo de esperar ansiosa a que tradujeran el siguiente volumen, lo viví con estos libros, no con Harry Potter).
  30. Te recuerda a ti misma/o/e: El amor armado, de Jose Maria Mendiluce (aún recuerdo una frase que saqué de sus páginas: "el amor, armado, puede ser más fuerte que el odio". Me ha servido mucho para aprender a armar mi amor, armar mi rabia, armar mi dignidad... para transformar este mundo hostil en uno más amable, donde la supervivencia no nos sea un reto a tantas).
Y por si queréis tener el reto/listado en imagen, quizá para hacerlo también... Aquí está (se hace más grande haciendo click en ella):


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martes, marzo 05, 2019

Gritos de colorines


Tengo un grito dentro al que mantengo encerrado porque sé que si sale sería demasiado grande y rompería los cristales cercanos; y, como un huno, aplastaría el césped sin que pudiera volver a crecer ninguna semilla otra vez; sería un alarido ensordecedor y quizá todo el que estuviera cerca cuando el grito escapase perdería la capacidad de escuchar jamás de nuevo (o al menos, seguro, de escucharme a mí).

Trago saliva y cucharadas de miel para ver si el grito baja por el esófago y no se me queda enganchado en la garganta, donde me provoca una tos molesta que hace que la gente me mire con el ceño fruncido.

«Por favor, silencio, ¿no ha visto el cartel? Aquí no puede toser y carraspear así, señorita; vaya al baño y beba unos sorbos de agua y tráguese o ahogue esas toses incómodas, esos sonidos inoportunos. No hemos venido a que su incapacidad respiratoria y de tragar, tragar con lo que toque, también esos gritos suyos dentro, nos fastidie el día.»

Trago más saliva, me preparo un vaso de leche templada con miel y más miel, me guardo el grito y los cristales por romper y la sordera selectiva, todo muy muy dentro donde no se oiga cómo mis paredes internas se astillan en infinidad de trozos afilados que se clavan tan fácil. Y allí, en la profundidad de mis entrañas, mi grito me sigue arañando, constante y despacio, creciente. Pero no molesta o no molesta tanto, o no les molesta tanto; y al fin y al cabo no me pidieron que no tuviera arañazos en el estómago y en el alma y en los sueños y el insomnio, pero sí que no gritara así, que no armara escándalo, que esas no son maneras ni formas ni nada, ¿qué te cuesta ser más amable, más sonriente, menos hostil, ay, chica, qué mal humor arrastras siempre?

Me acuesto y me levanto con el grito amargo que se me clava dentro. Un grito que a mí y supongo a quienes piden silencio nos llega a parecer monstruoso, pero que cuando reúno palabras e imágenes para hablar de él, solo sé escoger un tono semi lírico, semi irónico; y una imagen colorida con trazos infantiles. Para que incluso cuando solo aquí me permito mencionar que tengo un grito dentro -como si hablar de gritar se pareciera a gritar en sí, fuera igual de terrible y devastador-, la propia mención quede amortiguada por colorines y por muñequitos.

Y eso, que todo bien.

[Imagen de Prawny en Pixabay]

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viernes, febrero 08, 2019

Tarde, tarde... (IV): Días acompasados, circunferencias sin compás


[Este texto, con pequeñas variaciones, fue escrito hace algo más de un año, en un enero mucho más difícil que el que ha terminado hace poco. Y aun así, ese enero difícil de un 2018 imposible -será verdad que lo imposible solo tarda un poco más-, también tuvo rinconcitos buenos que pude rescatar y que a su vez pudieron rescatarme a mí. Y hoy traigo, tarde-tarde, uno de esos momentos -un día entero incluso- que rescaté para poderlo recordar en otros en los que la tormenta arreciase de nuevo, como también siguió pasando.]

Días bonitos, días no redondos porque tampoco me hace (hoy) falta una circunferencia hecha con compás. Me hacía falta este día, así justo como hoy, con su amanecer demasiado temprano y su compañía desde las 9:30, el mareo ANTES del pinchazo, el llanto tonto de equivocarme al vestirme, con sus dos kilos de alitas a las 14:00 el día que se me ocurre comer pronto, un día con su cansancio grande a las 18:00, su angustia a las 19:25, su apoyo mutuo a borbotones hasta las 22:30, incluida lluvia de ideas de las 21:00, unos "vamos a centrarnos" a las 21:45 y el tupper con cariño de las 23:00. Un día con su audio fortalecedor en el wassapp que me lleva del miedo al calor y ternura pasada la medianoche; de dormirme con los ojos empañados mirándote tan cerquita; me hacía falta uno de estos días que me dan esperanza. Hoy sí. Hoy cómo no voy a creerme esto...

Recordadme este Hoy cuando uno de estos mañanas sean menos redondos, tengan demasiadas esquinas afiladas y me clave una y mi memoria frágil olvide que no hace tanto tiempo fue 18 de enero, justo ESTE 18 de enero, que tuvo todo lo que necesité tener.

El día de hoy vino además con un regalo inesperado, la imagen que encabeza este post y que ahora se encuentra en la dedicatoria de un libro impreso (o una bastante parecida en la que en vez de "Gacela" apareciera otro nombre más común).

Si los imprevistos son estos, dejo las puertas abiertas...

[Durante casi todo este último año, que no siempre que he querido o he necesitado he podido sentarme a escribir al ordenador, he ido apuntando cosas que quería compartir por aquí, pensamientos de los que quería hacer un post, alguna nota suelta o algún texto que escribí desde la cama, en la tablet. Muchos de ellos hablan sobre cosas que estaban pasando en esos momentos y que en realidad ahora son distintas (otras no son tan distintas, pero la idea o necesidad grande de escribir y reordenar sobre eso también fue de hace meses). Ahora que ya puedo -y en esta entrada ya me permito poner esto en vez de "parece que voy pudiendo"-, estoy rescatando algunas para traerlas al blog, bajo esas dos primeras palabras en el título: Tarde, tarde. Van a destiempo pero van. Como yo misma a veces...]

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sábado, enero 12, 2019

Tarde, tarde... (III): Divertristísima

Este texto fue escrito (con variaciones chiquitas) hará ahora poquito más de un año, en unos meses tan cuesta arriba que me asombra aún haber podido hacer el camino de ida y sobre todo regreso desde allí. Encuentra un  huequito aquí un año tarde (tarde, tarde)... y eso pasa a veces también con nosotras mismas en otros espacios y en la vida misma: cuando sentimos que ya no habrá sitio para nosotras podemos sorprendernos encontrando de nuevo el lugar allí mismo donde en un momento dado creímos no encajar. Tarde, tarde... pero, con suerte, a tiempo de todas formas. Aquí va.

Soy divertristísima.

Me río tanto con la misma red de apoyo con la que intento (no del todo exitosamente // pero al final resulta que sí también) construir estrategias que me permitan estar viva... que no sé si seguiré viva para forrarme con los monólogos más macabros que se han visto por estos lares, o si seré la condenada más chistosa del infierno y lo convertiré en una fiesta de jijís y jajás.

Hay momentos en los que el daño dentro no me deja respirar y pienso que muy bonita la táctica de "24 horas más siempre puedes aguantar" pero que suerte tendré si soy capaz de llegar a la media hora siguiente. Y... pues ya que tienes media hora, haz unos chistes malos sobre que a ver si encuentras esa ¿parca/parka? que has perdido ahora que hace un frío asesino. 

Sacar del armario lo primero que cojamos sin mirar puede tener funestas consecuencias. 
Equivocarse de parca puede ser letal, amigas, no lo hagáis en vuestras casas.

Nos estamos riendo muchísimo, eso sí. Y tampoco recordaba un dolor tan intenso ni sentirme tan en riesgo. Ni tan apoyada, todo hay que decirlo.

Será eso, que soy divertristísima...

[Durante casi todo el último año, que no siempre que he querido o he necesitado he podido sentarme a escribir al ordenador, he ido apuntando cosas que quería compartir por aquí, pensamientos de los que quería hacer un post, alguna nota suelta o algún texto que escribí desde la cama, en la tablet. Muchos de ellos hablan sobre cosas que estaban pasando en esos momentos y que en realidad ahora son distintas (otras no son tan distintas, pero la idea o necesidad grande de escribir y reordenar sobre eso también fue de hace meses). Ahora que parece que ya voy pudiendo, estoy rescatando algunas para traerlas al blog, bajo esas dos primeras palabras en el título: Tarde, tarde. Van a destiempo pero van. Como yo misma a veces...]

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lunes, diciembre 31, 2018

Otra vez el champán y las uvas y el alquitrán...

Hoy termina otro año con el que también hemos podido, porque sí se puede y porque saldremos de esta y de las que se nos pongan por delante, y quería asomar para al menos decir esto y felicitarme (y felicitaros) por ello. Y dejar cuatro imágenes que me tocan por algo y me parecen oportunas para una fecha como hoy.

- ¿Qué es lo más importante que has hecho este año?
- Sobrevivir.

- ¿Qué traerá el año que viene?
- 365 oportunidades

- ¿Qué vas a hacer el año que viene?
- Desobedecer.


Feliz apoyo mutuo y próspera colectivización de los medios de producción. 

En 2019, volvemos con más y mejor... allí os espero.

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lunes, octubre 22, 2018

Día de Muertos (I: el previo)



Hay algo que lleva tiempo tomando forma en mi a-veces-lúcida cabeza loca. Empezó meses atrás, cuando vi COCO (sí, la peli de Disney. Solo por ella ya tendríamos que vernos obligadas a salvar a Disney y su cine de la hoguera, y el amor romántico ya nos lo trabajaremos juntas entre las que crezcamos con sus pelis).

Para nadie que haya leído un puñadito de entradas del blog será una gran sorpresa que he tenido una relación más cercana con la Muerte (la propia, sobre todo) de lo que suelen recomendar. No he estado muerta nunca, obvio; pero ha sido un estado muy ansiado, la propia imagen de la Muerte (con frecuencia la descrita por Gaiman, alguna vez la de Pratchett en el Mundodisco) me ha acompañado muchísimo y he "hablado" horas y horas y horas con ella (todo lo que se puede hablar con quien no te contesta, como lo hacía a menudo de adolescente, como lo hace gente con sus dioses, sus plantas, mascotas...)

De más peque leí bastante sobre mitología celta, sobre el Samhain, las brujas, la porosidad / permeabilidad entre el mundo de los vivos y los muertos precisamente esas horas, que aquí adaptamos como Día de los Muertos y de Estados Unidos vamos importando su Halloween, la Víspera de Todos los Santos / Muertos. Desde la cultura celta esta fecha se celebraba pero en lo que yo leí, normalmente desde cierta solemnidad, del reconocimiento de un mayor poder mágico esos días, también desde cierto temor a esa permeabilidad y ese poder (¿y si los muertos nos llevasen con ellos? ¿y si las brujas nos maldicen? ¿y si hubiera un sacrificio que...?) y utilizando estrategias para sentirse seguros frente a ese mundo que les resultaba frío y atemorizador. Pasé tiempo recogiendo informaciones sobre todo esto -para mí simbólico, en mi cabeza la muerte no es un nuevo principio-, y recopilando algunas en una antigua web puro años 90, con todas sus posibilidades de horterez maximizadas, murciélagos que volaban según movieras el cursor, GIFs parpadeantes, músicas que sonaban cuando entrabas en la página y no había manera de quitar, purpurina y brilli-brillis aquí y allá, javascripts que hacían que nevara o que el agua hiciera ondas, todo lleno de fondos con muchos colores y de letras en Comic Sans. No sabía entonces que igual mi web era un buen homenaje al MAL con mayúsculas, y afortunadamente los servidores de hosting de los años 90 murieron -ellos sí-, y las personas aprendimos mayoritariamente qué contenidos debían quedar guardados bajo siete carpetas en lo más profundo de nuestro disco duro muy muy antiguo 3.

Entre esos 20 años de mi post-adolescencia y mi Yo actual ha habido cambios (por ejemplo, aunque sigo sin saber combinar colores, soy más respetuosa con los daños que puedan sufrir los ojos ajenos). Pero en todo este tiempo, he seguido paseando a veces demasiado cerca de la Muerte, me he dormido varias veces pensando "hasta aquí", e incluso en épocas de bienestar y calma y actividad... ha permanecido en un segundo plano el pensamiento de fondo de "ya, ya, si ya iré". 

Este año estuve ahí también, no con un "ya iré" difuminado sino más un timbrazo al telefonillo de esos de "¿me abres, que estoy abajo?". Antes de llegar ahí hice todo lo que supe y pude y fui capaz por posponer y posponer y posponer, consiguiendo cosas que nunca antes había conseguido, pedir ayuda de maneras nuevas, inventar cómo apoyarse, cómo apoyarnos. Aunque luego meses después llamara al telefonillo...

Este año he sentido que he estado más lejos de mí, de Otros, de mi vínculo vital... de lo que llevaba años sin estar. La gran mayoría de mi entorno actual, fuera de mi escueta familia, no había vivido ningún proceso parecido conmigo, porque en los últimos trece años no había estado tan-tan abajo. Yo misma no había vivido un proceso parecido, porque mi empoderamiento personal en mi proceso de psiquiatrización y el haber adquirido conciencia de las enormes violencias del sistema psiquiátrico, si bien me ha facilitado cosas y me ha dado herramientas, también me ha dificultado algunas otras en esta última ruptura grande del vínculo vital, y me ha impedido hacer la escalada, la vuelta a casa, por caminos que ya hubiera recorrido. No he ingresado, no he sepultado mi dolor bajo una capa gigante de medicación que lo taponase todo, no he usado apenas-apenas otras herramientas antiguas como la autolesión... y bueno, ha sido un camino terriblemente largo y gran parte de él hecho entre brumas y sin saber dónde pisábamos, en terreno desconocido. Pero aquí estamos, vivas.

Lo que empecé a tejer en mi cabeza tras ver Coco como posible idea si es que llegaba a octubre, ahora tiene forma de notas en un papel y de acción simbólica próxima, no para intentar forzar algo como pensaba al idearlo (lo imaginaba un poco como "si te miras y sonríes por la mañana y te dices algo bonito, acabas pensando cosas bonitas", como dice esa autoayuda en la que creo poco o nada). Pero en mi idea de esos meses difíciles atrás me imaginaba que si llegara a octubre, tal vez podría hacer una Noche de Muertos en mi casa, no solemne y fría como la celta sino colorida y que nos diera calorcito, como la mexicana. Y que para entonces (¡quedaba TAN lejos, era TAN imposible imaginarme sólo despertando día tras día tras día hasta que pusiera octubre en el calendario...!) quizá no necesitaría ya morirme, quizá podría haberme rehecho de alguna manera que aún me resultaba una incógnita...

Pensaba que quizás podría (y ahora siento que en efecto, podré) aprovechar esa Noche de Muertos para hacer cosas bonitas, entre ellas decirle a la Muerte, la de Gaiman, la de Pratchett, que mira, mejor no. Que sé que siempre le he dicho que ya casi voy, que voy en breve, que me esperen, que quizá el año que viene o el siguiente, o dentro de un par a más tardar, que estoy cerca... Pero bueno, aprendiendo del feminismo la capacidad del recular cuando queramos, del poder decir que ah no, es que ahora no me apetece, ahí te quedas... pues quiero aprovechar para decirle que la verdad, sabiéndome limitada para decidir sobre eso, pero hablando de lo que sí esté en mi mano: no, no me apetece, no voy. Vamos, que iré, que la inmortalidad no es algo que me interese, pero que si de mí depende, iré ya después, iré ya dentro de mucho, porque hay muchas cosas que me apetece hacer aquí, con los vivos, en este mundo, aunque está como está o precisamente por eso, porque a veces siento que en ese estar como estar (de regulero) yo puedo sumar un poquito a una mejora chiquita, a dar calor a gente que está aquí y que también intenta un cambio... Y que además aquí hay mucho por leer, librerías por conocer, pequeñitos a los que enseñar juegos de palabras, masajes que recibir, comidas que probar, cosquillitas que hacer, proyectos a los que aportar, centros sociales que okupar, desahucios por parar, leyes por cambiar, besos que dar, pelos que revolver, videos de EpiBlas que grabar, canciones que cantar, galas de OT por ver, EscapeRooms de las que salir a tiempo, amigas a las que amar y consolar y abrazar y hacer reír y besar, amores de los que disfrutar, vínculos que crear y alimentar y fortalecer, galas de circo que ver, chistes malos que inventar y aplaudir, carteles que diseñar, microcuentos chorras que escribir, fanzines que leer, festivales de ciencia ficción feminista en los que encontrarnos y aprender, charlas que compartir delante de una cocacola o más allá, en Twitter y donde sea; memes (¡y mimos!) por hacer y hacernos entre risas, conciertos de amigas en los que ser sus groupies, webs que actualizar, trajes de tropecista que llevar puestos, denuncias por poner, juicios por ganar, audios que grabar y escuchar, pelis y series que ver, gente preciosa por desvirtualizar y alguna a quien bloquear, musicales por ver cantando por dentro y por fuera, partidas de trivial por echar, hijas de amigas a quienes ver crecer, cursos y jornadas en las que aprender (a todos los lados de la mesa), partidas de rol en las que defender al muchacho embarazado u otras cosas que inventemos, bailes tontos en los que sorprendernos, botes de virtudes de amigas en los que poder colocar un papel con cuánto de bueno nos dan (y leer cuánto bueno les damos), asambleas en las que pensar y construir y transformar juntas, canciones de Xuxa y de Los Gandules y de Abba y de Piperrak y Silvio y Shakira y Extremoduro y más mezcolanzas raras que hacer, postales que enviar y recibir, culos por ver un segundo y ya no están, caricias que dar y recibir, cuentos que leer en voz alta mientras alguien se duerme, historias que oír quedándome dormida, viajes por hacer aquí cerquita o allá lejos, gente con quien vincularse bonito bonito, vínculos que seguir alimentando y protegiendo y haciendo crecer (y si los vínculos estan repetidos en el texto por algo será), aviones por despegar... Y mucha mucha gente bonita que está aquí y con quien quiero seguir compartiendo, y también un puñadito que ya no están aquí y yo quiero elegir recordar

Vamos, que tengo mil cosas que hacer, son cosas que me apetece hacer, y la verdad, para poder hacer cualquiera de las de este listado, que son solo una muestra, está el requisito bastante imprescindible de estar viva. Así que me apetece estarlo y en lo que esté en mi mano, mi decisión es esa, me quedo aquí. Y claro... entre tú y yo, al final acabaré yendo, Muerte, que yo te aprecio y es verdad que cuánta compañía me has hecho siempre que he estado solísima, buf. Pero en lo que de mí dependa, iré cuando acabe, dentro de mucho, al final. 

Y en este tiempo que dure el mientras (que haré lo posible para que sea un "mientras" largo), te agradecería si, ya que yo no te necesito cerca ahora, te alejas también una racha de mi gente, mis vínculos y los suyos a su vez. Que menudos meses a la espalda...


Gracias a la gente bonita que me acompañáis en mi camino -desde las muchas maneras distintas en que se puede acompañar-, porque sin vosotras estar aquí, no solo en el planeta ni en el mundo, sino en este aquí concreto -es un aquí desconocidísimo para mí- no hubiera sido posible ni inimaginable ni me hubiera interesado quizá tampoco. Si me voy a algún lado, que sea irme a-Marte con vosotros, vosotras, contigo...

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