miércoles, enero 29, 2020

Esto NO es un balance


Hasta hoy no había conseguido sentarme a recoger las cosas buenas, chiquitas y grandes, que han sido cosas chulas vividas en 2019. Este año dentro de mis herramientas para facilitarme la supervivencia fui, como el año anterior, haciendo anotaciones mes a mes de esos ratitos agradables, fáciles, preciosos, instantes-maravilla, ratitos-calma, risas-bálsamo, caricias-paz.


Esto NO es un balance (si apuntara las cosas malas o que siento como tales, no me cabrían en un cuaderno entero), pero sí es un recordatorio de que en esos mismos meses (a veces estaciones enteras y a veces años lentos y pesados) que se nos ponen cuesta arriba y sudamos sangre y lágrimas para conseguir acabarlos sin abandonar el mundo antes... hasta en esos hay tantas miguitas de cosas buenas que si las recoges en una hoja, se llena de color, calor y barullo alegre. 

Si bajo el asfalto está la huerta y bajo el adoquín, la playa... bajo la mierda triste y espesa y las ganas de despedirse ya por fin de este mundo tan hostil, están también tantas cosas... Están la alegría, las risas, los juegos de palabras, los memes, los vínculos, los chistes malísimos, las presentaciones de libros, los cuentos antes de dormir, las redes sociales, los retos de escritura, los afectos, las cosquillitas, los audios de wassapp, los libros infantiles, las palomitas, el barrio, las redes, las librerías-refugio, los amores, los masajes, las canciones, las cañas post Jornadas, las reuniones para montar sillas de IKEA en casas a llenar de recuerdos nuevos, la ternura, los acolchonamientos, las lecturas feministas, las ferias del libro, los conciertos, los centros sociales, los conciertos de amigas en centros sociales, las bibliotecas, los planes, los aperitivos, los proyectos de transformación social compartidos, los gatetes, las series, los perretes amigos, los vídeos de bebés, las frases que salen del teclado predictivo, los mandalas, los collages, las postales, las GAMigas, las compamigas InsPIRADAS y LoComuneras, las exposiciones, los clubs de lectura, los cineforum, las manifestaciones, los juicios ganados con el juicio perdido, los cuidados colectivos, los colectivos cuidados...

...y tanto, mucho, todo más que está por hacer, por sentir, disfrutar, llorar y vivir, y nos esperará en las páginas de 2020. A por él que vamos, para volver a llenarlo de momentos embarullados en bolígrafos de color, olor y purpurina :-)

(Gracias por compartir y sostener mi 2019)

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miércoles, diciembre 18, 2019

Jugando al periodismo años antes de NO llegar a serlo (IV): "La Justicia no está en los Juzgados" (Documental 4F: Ni olvido, ni perdón)

Estos días me recordaba Facebook que ya hace seis años del texto que hoy comparto por aquí, en esto de ir guardándome en este rinconcito virtual cosas escritas ayer y antesdeayer y antes de antesdeayer. Fue poco después de ver  el documental sobre el 4F (Ciutat Morta, sería su nombre definitivo) en el Centro Social Okupado Autogestionado del barrio (un espacio vecinal de encuentro y de construcción de comunidad, hoy ya derribado y transformado en pisos de lujos con los que seguir abriendo abismos en vez de redes de apoyo mutuo). El trabajo documental, obra de Xapo Ortega y Xavier Artigas dentro de su productora MetroMuster, está disponible de forma gratuita para verlo, reflexionar, recordar, concienciar, llamar a la acción... en este enlace: http://metromuster.cat/project/ciutat-morta-es/

Cartel de "Ciutat Morta"

Ojalá nunca hubiera hecho falta grabarlo. Pero hizo falta y sigue haciendo, hacernos conscientes del coste que tiene el funcionamiento actual del sistema judicial y policial, siguen haciendo falta obras con un posicionamiento político no hegemónico que pongan el foco precisamente allí donde el sistema prefiere que todo sean sombras y oscuridad.

A orillas del 2020, hoy salía la noticia de la concesión del tercer grado para dos de los jóvenes condenados en Alsasua; Valtonyc sigue exiliado porque aquí se busca encarcelarle por algunas de sus canciones; muchas hemos gritado "Alfon Absolución" en las calles... Cambiamos en unos días de año, cambiamos de década, pero desgraciadamente hay cosas que no cambian: la Justicia sigue siendo la gran ausente en los Juzgados.

[artículo publicado originalmente en la web de Periodismo Digno, ya desaparecida, #TalDíaComoHoy pero seis años atrás, el 18 de diciembre de 2013]

Documental 4F - Ni olvido Ni Perdón: "La Justicia no está en los Juzgados"


Durante los últimos días hemos tenido ocasión de asistir en Madrid a varias sesiones de presentación del documental “4F: Ni olvido ni perdón”. El pasado lunes 16 de diciembre en el CSOA La Morada asistimos a una de estas presentaciones a cargo de su realizador, Xapo Ortega, quien amablemente y a pesar del frío y la hora tardía se ofreció al finalizar el documental a contestar cuantas preguntas tuvieron los asistentes a la proyección. Previamente a esta sesión, el documental se había podido ver en otros centros sociales madrileños, como el EKO de Carabanchel o La Quimera, en Lavapiés, y acababa el día 18 con la proyección y posterior debate en la librería asociativa Traficantes de Sueños.

La obra ofrece muchísima información, principalmente a través de entrevistas a dos de las personas que fueron acusadas y condenadas por el caso de los hechos del 4 de febrero de 2006 y a personas de su entorno o relacionadas con la investigación y el periodismo. Con toda esta información consigue desarmar el montaje policial, avalado desde la esfera política y judicial, que llevó a los jóvenes Rodrigo Lanza, Juan Pintos, Álex Cisternas y Patricia Heras a la cárcel. Un quinto acusado, Alfredo Pestana, sería indultado poco antes de su entrada en prisión. Patricia se suicidaría posteriormente, el 26 de abril de 2011, una vez obtenido el tercer grado.

La historia empezó aquel fatídico 4 de febrero, cuando unos policías se enfrentaron a un grupo de asistentes que había en la puerta de un edificio okupado de la calle Sant Pere més Baix en el que se celebraba una fiesta con más de 1000 participantes. Los agentes cargaron contra los jóvenes en la calle y empezaron a lloverles objetos lanzados desde los balcones y el tejado del edificio. Un agente –ninguno llevaba casco– cayó abatido por el impacto de uno de estos objetos, una maceta (según testimonios presenciales, y según relataría el propio alcalde de Barcelona de entonces, Joan Clos, tras visitar al agente herido, que quedó en coma). Días más tarde, la versión oficial cambia y los agentes empiezan a hablar de una piedra lanzada desde la misma calle.  Y aunque en el juicio los peritos de la defensa demostrarían que una piedra lanzada desde la calle no era una explicación plausible, tampoco eso se tendría en cuenta y los detenidos esa noche serían condenados a penas de hasta cinco años de cárcel. No se pudieron recoger pruebas de la calle ya que los servicios de limpieza se ocuparon de limpiar los restos cuando se fue la policía. Dos de los detenidos ni siquiera llegaron a estar en el lugar de los hechos sino que serían retenidos en el Hospital del Mar al que llegaron después de sufrir una caída en bicicleta.

Las imágenes del documental nos permiten acercarnos a una historia turbia de torturas en comisarías al grito de “sudacas de mierda” (racismo nada disimulado), de una jueza de instrucción que deniega pruebas a la defensa, de ausente presunción de inocencia, de palizas, cambios de última hora en las versiones oficiales, testigos que nunca serían llamados a declarar, una chica lúcida y sensible que se va rompiendo poco a poco, la batalla del entorno de los jóvenes por demostrar su inocencia, por sacarles de la cárcel, por pagar sus abogados… y la violación de la integridad física y psíquica, la pérdida de libertad, un suicidio como única salida visible.

Como denuncian en el video los condenados, no se trata solamente de un montaje policial, de que unos cuantos policías mintieran en el juicio, aunque de eso también hubo. Dos de los testigos clave de la acusación, dos agentes presentes esa noche llamados Víctor Bayona y Bakari Samyang, fueron condenados y apartados del cuerpo años después, tras demostrarse en el caso de Yuri Jardine que habían torturado al joven en la comisaría y que habían falseado pruebas para incriminarle en un delito con el que encubrir esos malos tratos. Torturas y falso testimonio, lo mismo que les atribuían tres de los jóvenes detenidos aquel 4 de febrero, y que la jueza de instrucción frente a la que declararon, Carmen García Martínez, se negó a investigar.

Montaje policial avalado por el poder político y el judicial, decíamos antes. Cargos políticos que dieron órdenes, que se desdijeron y que cambiaron las versiones oficiales de los hechos para no asumir la responsabilidad subsidiaria que hubiera tenido el Ayuntamiento (propietario del edificio okupado desde el que se habría arrojado la maceta) sobre el policía herido en caso de que no hubieran encontrado responsables de su situación. Sistema judicial profundamente conservador que no respetó el principio de presunción de inocencia y que se escudó en la supuesta honorabilidad de un cuerpo policial y unos agentes que más tarde se revelarían torturadores, para otorgarles una credibilidad por encima de la que podían tener unos jóvenes con una estética a sus ojos demasiado alternativa.

A través del documental vemos cómo ni siquiera los médicos fueron capaces de plantarse ante la policía torturadora cuando llevó al hospital a los jóvenes heridos por brutales palizas, cómo ni siquiera ellos les miraban a los ojos, quizá acostumbrados a los desmanes de una policía con la porra demasiado suelta o quizá condenándoles ellos también desde el principio por su aspecto unido a los comentarios policiales. También gracias a una voz en off que nos acompaña en distintos momentos del video leyendo emotiva fragmentos del diario de Patricia, nos acercamos a su sensibilidad y lucidez. La experiencia de la cárcel la afectaría tanto como para hacerla elegir la muerte como vía de escape antes que volver a dormir en una celda aquel martes de finales de abril de 2011.

Rodrigo, el acusado que más tiempo pasó en prisión, salió de la cárcel el 28 de diciembre de 2012, una vez completada la pena. Juan y Álex ya no viven en España. Patricia ya no está aquí. ¿Cerramos el capítulo sin más, olvidamos lo sucedido, perdonamos la terrible injusticia cometida con todos ellos?

No. Ni olvido ni perdón. Porque si son inocentes, si fueron víctimas de un montaje a todos los niveles, todavía hoy se hace necesario reivindicar su inocencia, y hay quienes están dispuestos a llegar hasta el Tribunal de Estrasburgo si es necesario. Para que no nos acostemos con la certeza de que las mentiras de la policía, las torturas en comisaría, las detenciones arbitrarias… son cosas que pasan. Porque no deberían pasar. Aunque sea verdad que, como dice Rodrigo en el documental, “la Justicia no está en los juzgados”.

Y mientras, nos queda difundir la verdadera historia de lo que pasó la noche del 4F. Para ello tenemos este documental, “4F: ni olvido ni perdón”, una valiosa herramienta con la que dar voz a quienes se la negó la (in)Justicia.

[Actualmente el documental está disponible para verse y difundirse desde este enlace: http://metromuster.cat/project/ciutat-morta-es/]

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martes, diciembre 17, 2019

Lluevo


Lluevo tanto que me inundo

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(Nado tan mal que me ahogo)

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viernes, noviembre 29, 2019

Tarde, tarde... (V): De terrorismos, límites y trampas que nos suben la tensión


[Este texto fue escrito (con variaciones chiquitas) hace ahora algo más de año y medio, en otro espacio, con otra fuerza. Encuentra un  huequito aquí todos estos meses tarde (tarde, tarde)... y, como ya he escrito antes por aquí en otras entradas que como esta, llegan tarde, tarde; eso pasa a veces también con nosotras mismas en otros espacios y en la vida misma: sentimos que ya no habrá sitio para nosotras pero nos sorprendemos tiempo después encontrando de nuevo el lugar allí mismo donde en un momento dado creímos no encajar. Tarde, tarde, pero a tiempo igualmente. Al fin y al cabo, los conceptos de pronto / tarde / a tiempo... son mucho más subjetivos y dependientes de nuestro estado de ánimo que lo que indican las manillas en los relojes. Aquí va el texto.]

¿Sabéis lo de ir acortando en los manuales diagnósticos los tiempos que presentas tristeza intensa tras un duelo, por ejemplo, para que se considere patológica y que deberías "ayudarte" con antidepresivos? Ya van por dos semanas...

¿O eso de ir bajando dónde están los límites para considerar cuándo somos hipertensos hasta que lo seamos el 85% de la población y prácticamente todos nos mediquemos con pretendidamente imprescindibles antihipertensivos?

Lo están haciendo también con los límites de qué considerar terrorismo, así que previsiblemente si no hacemos algo para impedirlo, pronto casi todos entraremos también en el concepto terrorista. Mi primera pareja allá por el año 1999 hubiera cumplido los criterios actuales para ir directo a la Audiencia Nazional. Suerte que era el 99 y como había terroristas de verdad a los que condenar, no hacía falta condenar a cualquiera por terrorismo con la excusa de un graffiti, un tweet, un maniquí, una canción. Igual escribir Audiencia Nazional tampoco se puede ya, que esto cada día es una novedad novedosa.

Si una fuera un poquito, una pizquita, un pelín malpensada, diría que quieren que pensemos varias veces ese "suerte que entonces había terroristas" y que de ahí alguien dé un saltito hasta "hombre, puestos a que me condenen por terrorismo por cualquier gilipollez, igual ya me monto un grupete y una estrategia que se dedique a esto más en serio".

Y no es que quiera dar ideas ni alentar a nadie a ningún delito, como mensaje a las FF.SS. varias y jueces que seguramente no me lean. No querría yo, no quiero, terroristas en este país. Pero tampoco quiero que se considere terrorismo cortar carreteras, ni escribir tweets ni rapear; no quiero que haya unas varas de medir tan distintas para unas y otras personas y una gente tenga vía libre para numerosas violencias como dejar durmiendo al raso a familias y familias; y otra gente por estornudar demasiado alto sea investigada no sea que haya terrorismo escondido en el resfriado.

Y aunque haya un salto grandote en gravedad, puestos a pedir deseos, preferiría también que no estuviéramos comprando todos antihipertensivos, medicinas varias contra el colesterol (donde también hubo una bajada del límite de lo "patológico" hace un tiempo) y antidepresivos y ansiolíticos como si no hubiera mañana, muchas veces más por ese cambio de criterios que por necesidad médica real (de esa que presumen que se basa en la evidencia, JA y JA).

AY TODO, COPÓN.

[La imagen que encabeza esta entrada es de Aitoff (Andrew Martin) del banco de imágenes gratuito en Pixabay.com]

domingo, noviembre 10, 2019

Sobrevivir en red como acto político


"Hay vínculos que nos sostienen siempre (aún en las peores caídas)" // JOPI Dibuja

Te es muy difícil levantarte de la cama, llevas días sin ducharte, salir a la calle y ataque de ansiedad es una combinación que va en pack demasiado fácil últimamente, y has leído en Twitter que si Unidas Podemos presentó una propuesta de Ley interesante sobre derechos en salud mental es porque... "claro, barriendo para casa" (así entre risas, porque estar loco es una cosa súper divertida jajaja, me parto; y sumarle vulneraciones de DDHH ¡ay no, que me enamoro!, es la monda todo esto).

Así que me he vestido (manteniendo partes del pijama por debajo de ropa más sacable a la calle), me he trenzado el pelo (sucio), he ido a mi colegio electoral a votar por Unidas Podemos, y me he vuelto a casa. Y además hemos empezado a pensar con más gentes que sí, que esto está siendo una crisis gorda de nuevo, y que sí, necesitamos ayuda y ser red, y que sí, juntas ya pudimos salir de esta en el pasado, y juntas Saldremos de esta también ahora, o esa es nuestra intención.

Forzarme a levantarme y salir de casa para echar una papeleta en la urna ha sido un acto político, aunque no muy grandote. Otro acto político, este quizá muy muy grande, de un potencial enorme, ha sido estar ayer y hoy sacando fuerzas de donde no las había para intentar transmitir a alguna gente que me encuentro mal y en riesgo y que queremos y necesitamos seguir inventando formas de sostener las crisis en comunidad porque desgraciadamente los espacios de atención a nuestra salud mental no son sitios seguros donde podamos acudir una vez nos hemos hecho conscientes de las violencias allí vividas (y otros espacios sociosanitarios donde poder ir en crisis y que sí pudieran ser de cuidado y acompañamiento aún están más en proyecto que en lo tangible -ojalá traspasen pronto esa frontera y existan en lo material-). Es un acto de supervivencia, claro, pero también un acto político, haber estado preguntando a algunas personas que si podían y querían elegir sumar sus hachas a sostener mi actual crisis en red, en común.

Esto es también política, una política de enorme potencial transformador: las redes que construimos y que están y estarán porque vamos a seguir reforzándolas, pase lo que pase esta noche en las urnas. Nos jugábamos bastante en las urnas hoy, sí; pero nos lo jugamos TODO al apostar, hoy y siempre, por construir, fortalecer y multiplicar las redes de apoyo mutuo que nos permiten la supervivencia cotidiana.

Gracias a todas las que intentáis hacer gestos políticos, pequeños o/y grandes, que nos faciliten un mundo menos hostil. Gracias a todas las que me sostenéis, las que nos sostenemos. Nadie nos promete que será fácil pero ojalá valga la pena, y sobre todo la alegría 💜

(La imagen que encabeza el post es de Jopi: "hay vínculos que nos sostienen siempre, hasta en las peores caídas". La alusión a sumar hachas no debería necesitar explicación, pero por si acaso, dentro video)


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lunes, octubre 14, 2019

Jugando al periodismo años antes de NO llegar a serlo (III): En octubre y siempre, leamos a más mujeres (también a las psiquiatrizadas)


Artista: Victoria Ying

Hoy 15 de octubre celebramos en nuestro territorio el Día de las Escritoras. Para una fecha como esta un año atrás escribí este texto para la revista Pikara Magazine (que si no conocéis, estáis tardando), y lo recupero hoy para el blog junto con la recomendación fuerte fuerte de que buceeis en el resto de sus contenidos (y en concreto, si queréis encontrar recomendaciones de productos culturales chulísimos aprovechando este Día de las Escritoras o la iniciativa del #LeoAutorasOct, os sumerjáis de lleno en su sección "Ficciones"). Y aquí va el texto que me publicaron el pasado año sobre el porqué de la decisión de leer a más mujeres, y por qué también a las locas, las psiquiatrizadas, para saber de nuestra historia a través de nuestras propias voces y narrativas. El original en la web de Pikara Magazine, podéis leerlo desde este enlace:

En octubre y siempre, leamos a más mujeres (también a las psiquiatrizadas)


Aprovechamos la confluencia entre el Día Mundial de la Salud Mental y el Día de las Escritoras para ampliar referentes de autoras que conviven o convivieron con gran sufrimiento psíquico, y eligieron compartir algunas de sus vivencias en distintas obras literarias.

Dos fechas planeaban sobre mí a la hora de proponer este artículo a Pikara Magazine. La primera es que durante todo octubre, con motivo de que el día 15 es el Día de las Escritoras (sí, con A) hay iniciativas para visibilizar, recomendar, descubrir, leer… a autoras mujeres. La segunda es que también en este octubre se hablará con frecuencia de salud mental debido a otra fecha marcada en el calendario: hoy, día 10 de octubre, como Día de la Salud Mental.

Quizá no conozcáis la primera iniciativa, dado que solo lleva un par de años desde que se puso en marcha en España, a instancias de la Biblioteca Nacional. No hay sorpresa si digo que, como en tantas profesiones, la literatura escrita por mujeres ha sido invisibilizada (por activa y por pasiva). En prácticamente todos los géneros se edita menos a mujeres, a quienes a su vez se da menor difusión en medios y en las propias librerías, lo que origina que se vendan menos… y ya tenemos la pescadilla que se muerde la cola: muchas editoriales se escudarán después en esas hipotéticas futuras menores cifras de ventas para, en efecto, editar menos libros de autoras.

La escritora Iria G. Parente publicaba en su Facebook el Día de las Escritoras de 2016, el mismo año que se puso en marcha esta iniciativa, el recuento que había hecho de los títulos que había encontrado en las mesas de novedades de una cadena de librerías, repartidos según el género de su autor o autora. Contó 782 títulos destacados, de los cuales 251 estaban escritos por mujeres. La proporción ya es alarmante, pero además desglosando por temáticas:


  • En ciencia ficción y fantasía las escritoras solo eran autoras de 8 de los 107 libros expuestos;
  • En novela histórica, 9 de los 68 libros destacados eran de mujeres;
  • En novela negra había 22 autoras de entre 100 libros expuestos;
  • En terror, solo 1 de 36 libros lo había escrito una mujer;
  • Únicamente en literatura juvenil (donde 42 de 70 títulos eran de mujeres) y en romántica (donde había una clara ausencia de hombres, siendo solo 2 de los 77 libros expuestos escritos por varones) las mujeres no estaban claramente ausentes de la creación de esas historias. Que la literatura romántica y la juvenil, donde sí hay abundante presencia de mujeres escribiendo, sean también dos géneros poco valorados y a menudo considerados de menor calidad, ¿será casualidad?


Muchas comprobamos ese año que el desequilibrio del que hablaba Iria se reproducía en nuestras estanterías en casa (y probablemente en muchas de las vuestras, también las que -como yo-, creíamos que la brecha no sería tal porque “no valoro el género del autor, leo los libros que me interesan o llaman la atención sin discriminar a nadie, nunca me echaría atrás leer un libro solo porque el autor sea una mujer”). Yo he estado ahí y no pensaba que el desequilibrio a favor de los escritores hombres sería tal en mi estantería. ¡Si soy feminista! ¡Si leo mucho! ¡Si nunca diría “ah, no, este mejor no me lo llevo, que es de una chica”! Y siendo verdad los tres factores, ahora creo que si no hacemos un esfuerzo consciente por fijarnos en si los autores de los libros que leemos son hombres o mujeres, y de hecho, si no empezamos a buscar y priorizar mujeres… estaremos de facto haciendo lo contrario, priorizando hombres (porque se priorizan solos: ¡es el mercado, amigos!). Y continuaríamos perdiéndonos muchísimas historias interesantísimas escritas por mujeres que pasamos por alto. De hecho, una vez que nuestras lecturas tengan autorías diversas en cuanto a género, el siguiente paso casi natural es que las escritoras escogidas (y escritores si lo deseamos, yo no los he desterrado tampoco de mis lecturas) también vayan ampliando su diversidad en más áreas… ¿cuánto de lo que leemos está escrito por personas no blancas, no cis, no heterosexuales, de orígenes no norteamericanos o europeos, escritos originalmente en una lengua no hegemónica?

Desde 2016 se han multiplicado las iniciativas que buscan promover la creación de las mujeres, que las conozcamos, disfrutemos, recomendemos, compremos, las cojamos (¡y pidamos!) en nuestras bibliotecas, las leamos. Por citar solo algunas de ellas, La nave invisible está haciendo un trabajo enorme en la difusión de la ciencia ficción, el terror y la fantasía en femenino; muchas ilustradoras y autoras de cómic se han agrupado en el colectivo Autoras de Cómic; surgen editoriales apostando claramente por autoras tanto en antologías (como Alucinadas, Terroríficas…) como a nivel de publicación individual; hay múltiples clubs de lectura feministas en cada vez más y más ciudades (como el de La tribu, con presencia en municipios como Logroño, Elche, Sevilla, Murcia, Toledo y más…; o los de las librerías Mujeres & Compañía en Madrid, Katakrak en Pamplona…; y otros impulsados desde diferentes centros sociales y colectivos feministas); hay también encuentros como el reciente AnsibleFest, de ciencia ficción feminista, donde pudimos disfrutar de reflexiones compartidas sobre el género, con una perspectiva no muy presente en festivales o encuentros literarios (por si queréis echar un vistazo, hay gente que ha compartido lo vivido en el Ansible en crónicas como esta). También de cara a lo que comentaba de incluir diversidad, es interesante el proyecto de Ernesto Filardi “200 países, 200 libros”, hecho con el modelo que ya había recogido previamente la autora británica Ann Morgan.

En redes sociales la iniciativa se traduce en un hashtag propio para usar durante todo el mes de octubre (#LeoAutorasOct) donde encontrar y hacer vuestras propias recomendaciones de lecturas escritas por mujeres y así sumar vuestro propio grano de arena a esta montañita. También podéis buscar con #DíaDeLasEscritoras cuáles son las actividades programadas en bibliotecas, espacios sociales y culturales, etc… con motivo de la fecha.

Además, este año quiero que mi aportación concreta en este mes tenga que ver con el segundo tema del que se estará oyendo hablar estos días. Para distintas entidades e instituciones, octubre es el “mes de la salud mental”, ya que el día 10 es el que la Organización Mundial de la Salud definió como Día Mundial de la Salud Mental. Sin embargo, muchas personas psiquiatrizadas nos encontramos con que en este día no nos sentimos representadas en los discursos institucionales, que siguen marcándose a menudo desde otros lugares (familiares, profesionales…) sin realmente pararse a escucharnos como protagonistas que deberíamos ser de estas fechas (y ya que estamos, de nuestras propias vidas, cosa que tampoco se respeta). Tenemos un día de la salud mental bastante despolitizado, lleno de frases aparentemente bienintencionadas sobre inclusión y no al estigma mientras seguimos sin abordar las enormes violencias del sistema psiquiátrico, los malos tratos, los silencios cómplices ante los abusos, las incapacitaciones, la sobremedicación y tanto y tanto que sigue pendiente. Muchas no entendemos qué se celebra cuando el día 10 y cada día del mes de octubre, como todos los demás del año, seguirá aún habiendo decenas de personas atadas a las camas con correas en las unidades de ingreso de psiquiatría, a pesar de la existencia de campañas intentando acabar con esta práctica (como la que se recoge en la web 0contenciones.org). Mientras nuestros cuerpos se atan y nuestras voces se acallan, estamos más ante un Día de la Insensibilidad Mental que otra cosa, como escribieron desde el colectivo LoComún el pasado año.

Con esa idea de aunar ambos conceptos, no acallar nuestras voces y visibilizar escritoras mujeres, comparto un pequeño listado de algunas autoras psiquiatrizadas o que conviven o convivieron con gran sufrimiento psíquico, y eligieron compartir algunas de sus vivencias en distintas obras literarias. Doy solo alguna pincelada sobre cada una con el deseo de que sigáis investigando por vuestra cuenta y que, este octubre y siempre, nos acerquemos a la creación hecha por mujeres y, también, al arte creado por personas locas y neurodivergentes. Que dejen de hablar siempre en nuestro lugar; que dejen de usurpar nuestras voces.


  • Anne Sexton: En su poema Alabanza a mi útero (recogido en Poemas de amor, publicado en 1969) escribió «En mi interior todos son un pájaro. / Estoy batiendo todas mis alas. / Querían cortarte / pero no lo harán. / Decían que estabas desmesuradamente hueco / pero no lo estás. / Decían que te encontrabas mortalmente enfermo / y se equivocaron. / Como colegiala cantas. / No estás roto». Ganó el Pulitzer de poesía con Vive o Muere (publicado en 1966), en donde compartió textos como «A los seis años / vivía en un cementerio lleno de muñecas, / eludiéndome a mí misma, / a mi cuerpo —el sospechoso / de esta morada grotesca. / Todo el día encerrada en mi cuarto tras rejas, / una celda. / Fui el exilio / sentado todo el día en un nudo.»


  • Charlotte Perkins Gilman: La escritora feminista, autora de novelas como Matriarcadia (Herland en original) también escribió el relato El papel amarillo (The Yellow Wallpaper). Al publicarse en 1891 fue muy criticado porque, dijeron, la narración del confinamiento sufrido por una mujer por su depresión era tan dura que quien la leyera podía enloquecer a su vez. Perkins Gilman explicó en una carta pública posterior que muchas de las cosas que había narrado en el relato tenía que ver con su propia historia y las directrices médicas que ella y tantas mujeres de su época habían recibido ante su sufrimiento psíquico intenso: no salir de casa si podía evitarse y no volver a tocar una pluma, lápiz o pincel en su vida. «No pretendía enloquecer a la gente sino salvar a la gente de enloquecer, y funcionó», dejaría escrito. (En 2017 la editorial La Bestia Negra publicó una edición bilingüe inglés-castellano del relato que incluye esa carta pública posterior).


  • Donna Williams / Polly Samuel: Esta artista con múltiples facetas (escritora, pintora, guionista, compositora…) ha publicado varios libros donde habla de su vivencia tras recibir múltiples diagnósticos psiquiátricos desde muy pequeña. Formando parte del activismo autista, ha escrito varios libros de memorias que denomina auti-biografías (también usa la palabra artism para definirse uniendo las voces inglesas para artista y autismo). En castellano encontramos editado su libro Alguien en algún lugar y Nadie en ningún lugar. En 2017 murió de cáncer, habiendo dejado escritos muchos textos que pueden cambiar el imaginario común ante lo neurotípico y lo neurodivergente; y también ayudarnos a las alistas -personas no autistas- a cambiar comportamientos muchas veces dañinos en nuestra relación con personas autistas.


  • Ellen Forney: Esta dibujante nacida en 1968 decidió compartir en la novela gráfica Majareta. Manía, depresión, Miguel Ángel y yo (originalmente publicada en 2012 con el título de Marbles: Mania, Depression, Michelangelo, and Me: A Graphic Memoir) parte de sus vivencias, miedos, contradicciones… cuando fue diagnosticada con bipolaridad. Este año se ha editado otro libro suyo aún sin traducir al castellano (Rock Steady: Brilliant Advice from My Bipolar Life) en el que también comparte herramientas y consejos que a ella le han resultado útiles en su proceso personal. Actualiza información sobre sus trabajos y presentaciones en su web.


  • Janet Frame: A la escritora neozelandesa le habían programado su lobotomía durante un ingreso psiquiátrico en los años 50 (después de haber recibido ya múltiples electroshocks) cuando el proceso se detuvo al resultar ganadora de un premio literario. En sus novelas, poemas, relatos y memorias habló a menudo de emociones intensas reflejando su propio interior. Los tres tomos de sus memorias los llevó Jane Campion al cine con el título del segundo volumen, Un ángel en mi mesa. En Nueva Zelanda se la reconoce como una de sus más grandes escritoras, a pesar de que nadie se responsabilizó del maltrato sufrido en el sistema psiquiátrico y se excusaron en un error de diagnóstico para explicar que el caso de esquizofrenia que daban por perdido escribiera después obras memorables (aludir a “falsos positivos” continúa siendo lamentablemente habitual porque hay quien no concibe que un gran sufrimiento psíquico, delirios, psicosis… pueden coexistir con talento, capacidad de expresión, de trabajo).


  • Hersilie Rouy: Fue una pianista francesa del siglo XIX que pasó años encerrada en manicomios, desde donde intentó denunciar constantemente que su encierro no tuvo nunca una motivación médica. Cuando recuperó su libertad casi quince años después, escribió Mémoires d’une aliénée (editada en castellano como Yo no soy la señorita Chevalier. Memorias de una loca). En el libro relataba la situación de maltrato vivida y cómo para los médicos su reafirmación en que su encierro era injusto era otra prueba más de su locura, en un círculo vicioso sin salida. Dedicó muchos esfuerzos a divulgar el resto de su vida los abusos que permitía la ley francesa facilitando los internamientos arbitrarios.


  • Kabi Nagata: Esta autora japonesa actual empezó publicando sus mangas en 2016 en formato de webcómic y la buena acogida hizo que las editoriales se interesaran enseguida. En castellano se ha editado su manga Mi experiencia lesbiana con la soledad, libro en el que generosamente deja que nos asomemos a su compleja inadaptación a una sociedad rígida en la que no encuentra lugar. Comparte su deseo y a la vez dificultades en la relación con otros; su necesidad y también en paralelo, su rechazo hacia el contacto físico, sus episodios de autolesión y depresivos; parte de su historia de vida, en la que la propia supervivencia es un esfuerzo cotidiano. Estas últimas semanas la misma editorial ha editado su Diario de Intercambio (conmigo misma).


  • Sarah Kane: Nacida en 1971, parte de la crítica recibió con fuerte rechazo las primeras obras de teatro de esta dramaturga inglesa (Blasted, por ejemplo, fue tildada de asquerosa, obscena, violenta… en su estreno en Londres en 1995). Afortunadamente, siguió escribiendo obras en las que la ansiedad, el dolor, la angustia, la soledad y las violencias y desequilibrios de poder seguirían teniendo un papel principal. En Cleansed denunció las violencias de un sistema psiquiátrico que conocía demasiado bien y de primera mano. Mientras sus obras se traducían e interpretaban en cada vez más ciudades, ella siguió ingresando en psiquiatría, aunque también creando. Su última obra fue Psicosis 4:48; y todas ellas se han recogido en distintas ediciones de su dramaturgia completa.


En el listado no he incluido algunos nombres que probablemente son de los primeros en los que pensamos muchas cuando hablamos de escritoras psiquiatrizadas o que convivieron con gran sufrimiento psíquico (Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Emily Dickinson, Sylvia Plath, Virginia Woolf…); tampoco otras autoras actuales cuyas obras sólo están aún en inglés aunque espero que sean traducidas al castellano (como My heart Is An Autumn Garage, de Anne Theriault; A Begginer’s Guide To Losing Your Mind, de Emily Reynolds; Emily’s Voices, de Emily Knoll; Call Me Crazy: Stories From The Mad Movement, de Irit Shimrat…); ni algunas que ya han tenido espacio en otros artículos en Pikara, como Leonora Carrington y Unica Zürn, o Christine Lavant. Por supuesto hay otras muchas mujeres escritoras publicadas que podrían haber estado incluidas también en el artículo y de las que podremos quizá hablar en otra ocasión futura: Alda Merini, Alice James, Carmen Laforet, Cristina Martín / Princesa Inca, Jane Bowles, Jeanette Winterson, Jenny Lawson, Kate Millet, Lou Lubie, Maite Mutuberria, María Castrejón, May González, Miriam Beizana, Rosa del Hoyo, Roxane Gay, Susanna Kaysen, Temple Grandin, Zelda Fitzgerald y muchas, muchas más.

Las mujeres, obviamente también las mujeres que convivimos con sufrimiento psíquico de cierta intensidad, las que hemos sido psiquiatrizadas, etiquetadas, diagnosticadas… no compartimos una única mirada. Precisamente leyendo a más mujeres accedemos a montones de voces plurales que nos estamos perdiendo; y leer más narrativa loca o creada desde la experiencia en primera persona tiene el mismo sentido de desamordazar tantas voces y sentires silenciados. En las escritoras del listado (incompleto, por supuesto, y que espero poder enriquecer con más autoras que conozcáis quienes lo leáis) habrá discursos distintos y vivencias diferentes también en cuanto al sufrimiento psíquico. Ojalá sirva este texto para asomarnos a sus creaciones desde la puesta en valor de la escritura de mujeres y también desde las ganas de que las personas locas construyamos nuestras propias narrativas -y sean escuchadas, leídas, compartidas-.

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lunes, septiembre 30, 2019

Leyendo... (X): Barrionalismo (haciendo barrio y tejiendo redes para la supervivencia colectiva)

Artista: Leslie Balleweg

Traigo aquí una entrada más cortita de lo que suelo (en mi legendaria capacidad de concisión), porque quería dejar en el blog unas líneas sobre el estupendo libro que es Barrionalismo, de Luis de la Cruz (a quien yo aún tengo en la cabeza más a menudo como El Tránsito que como su nombre real, no sé si a alguien más le pasará esto), aunque no creo poder transmitirlo en unas líneas realmente. 

No estoy pudiendo leer tanto como querría desde hace ya demasiado, no tanto por falta de tiempo sino porque a menudo me cuesta entender lo que leo, a veces con lo que yo misma escribo me pasa, y avanzo a trocitos, a semanas que doy bocaditos a libros que empecé hace tiempo; y otras semanas que me refugio en libros que se me hacen más fáciles, cómics o literatura infantil sacada de la biblioteca o relatos que leo en voz alta para entender mejor (y algunos de los cuales grabo y subo online porque eso me ayuda a no sentirme mal cuando necesito leer en voz alta, aunque no es un motivo para reprocharme nada pero cuando la cabeza se asienta en el reproche encuentra mil cosas a las que agarrarse). 

En Barrionalismo, editado por DeCordel (pequeño proyecto editorial independentísimo en el que está embarcado el propio Luis junto a otras cuatro o seis manos más) me encanta cómo ha construido un ensayo que no nos pretende urbanistas ni historiadores; que podemos leer sin ningún diploma en la pared ni en el armario porque ni la pretensión del libro ni del autor parece ser mostrarnos todo el rato lo mucho que sabe, así nos enteremos de lo que nos cuenta, así no. Y esto parece obvio y para mí debería ser la norma al escribir cualquier ensayo, o al menos ser siempre visto como un valor, su accesibilidad, pero no tengo tan claro que siempre se entienda así (y mucho menos que se practique).

Así que de una manera prácticamente siempre amable de leer, no hostil, sin "palabros", el libro nos va hablando del barrio ligándolo a comunidad, lucha vecinal y apoyo mutuo; memoria del barrio y qué significa intentar borrarla o defenderla; gentrificación con y sin hípsters; las políticas de vender miedo a nuestros vecinos e imponer seguridad; el urbanismo defensivo que impide el encuentro y "limpia" las calles, y qué respuestas colectivas ante ello se organizan... Las muchas resistencias de hoy y ayer, las grietas por las que se cuelan posibilidades de acción colectiva, se llamen 15M, Motín de Blablablá, Asociación Vecinal Dubidubi o sea simplemente que tú y yo mañana o pasado, nos encontremos o no en el camino, sigamos tejiendo redes y haciendo barrio, porque nos va tanto-tanto en ello.

Me pareció muy interesante también la mención -lástima que de pasada, pero aún así se agradece que se recoja- a la psiquiatría como el elemento de control social que viene siendo desde hace tanto, nombrando en el libro cómo la patologización de la figura del "golfo" (pillos, niños vagabundos, chavales pobres en definitiva, que vivían en los márgenes de lo normativo...) hizo que ese colectivo fuera frecuentemente encerrado en manicomios, cárceles, correccionales. La psiquiatría siempre echando un cable a la pacificación social legitimando el encierro y el maltrato, oh sorpresa, no se podía saber.

El libro me pareció super recomendable, por si no se ha notado mi opinión a favor de que lo compréis y regaléis, lo busquéis y pidáis en bibliotecas, lo uséis en clubs de lectura y podáis pensarlo y disfrutarlo en vuestros colectivos de reflexión y transformación social.

Para más info...
Barrionalismo e historiografía: una reivindicación personal (también por Luis de la Cruz, en SerHistorico.net, 19/10/2018)

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