domingo, noviembre 10, 2019

Sobrevivir en red como acto político


"Hay vínculos que nos sostienen siempre (aún en las peores caídas)" // JOPI Dibuja

Te es muy difícil levantarte de la cama, llevas días sin ducharte, salir a la calle y ataque de ansiedad es una combinación que va en pack demasiado fácil últimamente, y has leído en Twitter que si Unidas Podemos presentó una propuesta de Ley interesante sobre derechos en salud mental es porque... "claro, barriendo para casa" (así entre risas, porque estar loco es una cosa súper divertida jajaja, me parto; y sumarle vulneraciones de DDHH ¡ay no, que me enamoro!, es la monda todo esto).

Así que me he vestido (manteniendo partes del pijama por debajo de ropa más sacable a la calle), me he trenzado el pelo (sucio), he ido a mi colegio electoral a votar por Unidas Podemos, y me he vuelto a casa. Y además hemos empezado a pensar con más gentes que sí, que esto está siendo una crisis gorda de nuevo, y que sí, necesitamos ayuda y ser red, y que sí, juntas ya pudimos salir de esta en el pasado, y juntas Saldremos de esta también ahora, o esa es nuestra intención.

Forzarme a levantarme y salir de casa para echar una papeleta en la urna ha sido un acto político, aunque no muy grandote. Otro acto político, este quizá muy muy grande, de un potencial enorme, ha sido estar ayer y hoy sacando fuerzas de donde no las había para intentar transmitir a alguna gente que me encuentro mal y en riesgo y que queremos y necesitamos seguir inventando formas de sostener las crisis en comunidad porque desgraciadamente los espacios de atención a nuestra salud mental no son sitios seguros donde podamos acudir una vez nos hemos hecho conscientes de las violencias allí vividas (y otros espacios sociosanitarios donde poder ir en crisis y que sí pudieran ser de cuidado y acompañamiento aún están más en proyecto que en lo tangible -ojalá traspasen pronto esa frontera y existan en lo material-). Es un acto de supervivencia, claro, pero también un acto político, haber estado preguntando a algunas personas que si podían y querían elegir sumar sus hachas a sostener mi actual crisis en red, en común.

Esto es también política, una política de enorme potencial transformador: las redes que construimos y que están y estarán porque vamos a seguir reforzándolas, pase lo que pase esta noche en las urnas. Nos jugábamos bastante en las urnas hoy, sí; pero nos lo jugamos TODO al apostar, hoy y siempre, por construir, fortalecer y multiplicar las redes de apoyo mutuo que nos permiten la supervivencia cotidiana.

Gracias a todas las que intentáis hacer gestos políticos, pequeños o/y grandes, que nos faciliten un mundo menos hostil. Gracias a todas las que me sostenéis, las que nos sostenemos. Nadie nos promete que será fácil pero ojalá valga la pena, y sobre todo la alegría 💜

(La imagen que encabeza el post es de Jopi: "hay vínculos que nos sostienen siempre, hasta en las peores caídas". La alusión a sumar hachas no debería necesitar explicación, pero por si acaso, dentro video)


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lunes, octubre 14, 2019

Jugando al periodismo años antes de NO llegar a serlo (III): En octubre y siempre, leamos a más mujeres (también a las psiquiatrizadas)


Artista: Victoria Ying

Hoy 15 de octubre celebramos en nuestro territorio el Día de las Escritoras. Para una fecha como esta un año atrás escribí este texto para la revista Pikara Magazine (que si no conocéis, estáis tardando), y lo recupero hoy para el blog junto con la recomendación fuerte fuerte de que buceeis en el resto de sus contenidos (y en concreto, si queréis encontrar recomendaciones de productos culturales chulísimos aprovechando este Día de las Escritoras o la iniciativa del #LeoAutorasOct, os sumerjáis de lleno en su sección "Ficciones"). Y aquí va el texto que me publicaron el pasado año sobre el porqué de la decisión de leer a más mujeres, y por qué también a las locas, las psiquiatrizadas, para saber de nuestra historia a través de nuestras propias voces y narrativas. El original en la web de Pikara Magazine, podéis leerlo desde este enlace:

En octubre y siempre, leamos a más mujeres (también a las psiquiatrizadas)


Aprovechamos la confluencia entre el Día Mundial de la Salud Mental y el Día de las Escritoras para ampliar referentes de autoras que conviven o convivieron con gran sufrimiento psíquico, y eligieron compartir algunas de sus vivencias en distintas obras literarias.

Dos fechas planeaban sobre mí a la hora de proponer este artículo a Pikara Magazine. La primera es que durante todo octubre, con motivo de que el día 15 es el Día de las Escritoras (sí, con A) hay iniciativas para visibilizar, recomendar, descubrir, leer… a autoras mujeres. La segunda es que también en este octubre se hablará con frecuencia de salud mental debido a otra fecha marcada en el calendario: hoy, día 10 de octubre, como Día de la Salud Mental.

Quizá no conozcáis la primera iniciativa, dado que solo lleva un par de años desde que se puso en marcha en España, a instancias de la Biblioteca Nacional. No hay sorpresa si digo que, como en tantas profesiones, la literatura escrita por mujeres ha sido invisibilizada (por activa y por pasiva). En prácticamente todos los géneros se edita menos a mujeres, a quienes a su vez se da menor difusión en medios y en las propias librerías, lo que origina que se vendan menos… y ya tenemos la pescadilla que se muerde la cola: muchas editoriales se escudarán después en esas hipotéticas futuras menores cifras de ventas para, en efecto, editar menos libros de autoras.

La escritora Iria G. Parente publicaba en su Facebook el Día de las Escritoras de 2016, el mismo año que se puso en marcha esta iniciativa, el recuento que había hecho de los títulos que había encontrado en las mesas de novedades de una cadena de librerías, repartidos según el género de su autor o autora. Contó 782 títulos destacados, de los cuales 251 estaban escritos por mujeres. La proporción ya es alarmante, pero además desglosando por temáticas:


  • En ciencia ficción y fantasía las escritoras solo eran autoras de 8 de los 107 libros expuestos;
  • En novela histórica, 9 de los 68 libros destacados eran de mujeres;
  • En novela negra había 22 autoras de entre 100 libros expuestos;
  • En terror, solo 1 de 36 libros lo había escrito una mujer;
  • Únicamente en literatura juvenil (donde 42 de 70 títulos eran de mujeres) y en romántica (donde había una clara ausencia de hombres, siendo solo 2 de los 77 libros expuestos escritos por varones) las mujeres no estaban claramente ausentes de la creación de esas historias. Que la literatura romántica y la juvenil, donde sí hay abundante presencia de mujeres escribiendo, sean también dos géneros poco valorados y a menudo considerados de menor calidad, ¿será casualidad?


Muchas comprobamos ese año que el desequilibrio del que hablaba Iria se reproducía en nuestras estanterías en casa (y probablemente en muchas de las vuestras, también las que -como yo-, creíamos que la brecha no sería tal porque “no valoro el género del autor, leo los libros que me interesan o llaman la atención sin discriminar a nadie, nunca me echaría atrás leer un libro solo porque el autor sea una mujer”). Yo he estado ahí y no pensaba que el desequilibrio a favor de los escritores hombres sería tal en mi estantería. ¡Si soy feminista! ¡Si leo mucho! ¡Si nunca diría “ah, no, este mejor no me lo llevo, que es de una chica”! Y siendo verdad los tres factores, ahora creo que si no hacemos un esfuerzo consciente por fijarnos en si los autores de los libros que leemos son hombres o mujeres, y de hecho, si no empezamos a buscar y priorizar mujeres… estaremos de facto haciendo lo contrario, priorizando hombres (porque se priorizan solos: ¡es el mercado, amigos!). Y continuaríamos perdiéndonos muchísimas historias interesantísimas escritas por mujeres que pasamos por alto. De hecho, una vez que nuestras lecturas tengan autorías diversas en cuanto a género, el siguiente paso casi natural es que las escritoras escogidas (y escritores si lo deseamos, yo no los he desterrado tampoco de mis lecturas) también vayan ampliando su diversidad en más áreas… ¿cuánto de lo que leemos está escrito por personas no blancas, no cis, no heterosexuales, de orígenes no norteamericanos o europeos, escritos originalmente en una lengua no hegemónica?

Desde 2016 se han multiplicado las iniciativas que buscan promover la creación de las mujeres, que las conozcamos, disfrutemos, recomendemos, compremos, las cojamos (¡y pidamos!) en nuestras bibliotecas, las leamos. Por citar solo algunas de ellas, La nave invisible está haciendo un trabajo enorme en la difusión de la ciencia ficción, el terror y la fantasía en femenino; muchas ilustradoras y autoras de cómic se han agrupado en el colectivo Autoras de Cómic; surgen editoriales apostando claramente por autoras tanto en antologías (como Alucinadas, Terroríficas…) como a nivel de publicación individual; hay múltiples clubs de lectura feministas en cada vez más y más ciudades (como el de La tribu, con presencia en municipios como Logroño, Elche, Sevilla, Murcia, Toledo y más…; o los de las librerías Mujeres & Compañía en Madrid, Katakrak en Pamplona…; y otros impulsados desde diferentes centros sociales y colectivos feministas); hay también encuentros como el reciente AnsibleFest, de ciencia ficción feminista, donde pudimos disfrutar de reflexiones compartidas sobre el género, con una perspectiva no muy presente en festivales o encuentros literarios (por si queréis echar un vistazo, hay gente que ha compartido lo vivido en el Ansible en crónicas como esta). También de cara a lo que comentaba de incluir diversidad, es interesante el proyecto de Ernesto Filardi “200 países, 200 libros”, hecho con el modelo que ya había recogido previamente la autora británica Ann Morgan.

En redes sociales la iniciativa se traduce en un hashtag propio para usar durante todo el mes de octubre (#LeoAutorasOct) donde encontrar y hacer vuestras propias recomendaciones de lecturas escritas por mujeres y así sumar vuestro propio grano de arena a esta montañita. También podéis buscar con #DíaDeLasEscritoras cuáles son las actividades programadas en bibliotecas, espacios sociales y culturales, etc… con motivo de la fecha.

Además, este año quiero que mi aportación concreta en este mes tenga que ver con el segundo tema del que se estará oyendo hablar estos días. Para distintas entidades e instituciones, octubre es el “mes de la salud mental”, ya que el día 10 es el que la Organización Mundial de la Salud definió como Día Mundial de la Salud Mental. Sin embargo, muchas personas psiquiatrizadas nos encontramos con que en este día no nos sentimos representadas en los discursos institucionales, que siguen marcándose a menudo desde otros lugares (familiares, profesionales…) sin realmente pararse a escucharnos como protagonistas que deberíamos ser de estas fechas (y ya que estamos, de nuestras propias vidas, cosa que tampoco se respeta). Tenemos un día de la salud mental bastante despolitizado, lleno de frases aparentemente bienintencionadas sobre inclusión y no al estigma mientras seguimos sin abordar las enormes violencias del sistema psiquiátrico, los malos tratos, los silencios cómplices ante los abusos, las incapacitaciones, la sobremedicación y tanto y tanto que sigue pendiente. Muchas no entendemos qué se celebra cuando el día 10 y cada día del mes de octubre, como todos los demás del año, seguirá aún habiendo decenas de personas atadas a las camas con correas en las unidades de ingreso de psiquiatría, a pesar de la existencia de campañas intentando acabar con esta práctica (como la que se recoge en la web 0contenciones.org). Mientras nuestros cuerpos se atan y nuestras voces se acallan, estamos más ante un Día de la Insensibilidad Mental que otra cosa, como escribieron desde el colectivo LoComún el pasado año.

Con esa idea de aunar ambos conceptos, no acallar nuestras voces y visibilizar escritoras mujeres, comparto un pequeño listado de algunas autoras psiquiatrizadas o que conviven o convivieron con gran sufrimiento psíquico, y eligieron compartir algunas de sus vivencias en distintas obras literarias. Doy solo alguna pincelada sobre cada una con el deseo de que sigáis investigando por vuestra cuenta y que, este octubre y siempre, nos acerquemos a la creación hecha por mujeres y, también, al arte creado por personas locas y neurodivergentes. Que dejen de hablar siempre en nuestro lugar; que dejen de usurpar nuestras voces.


  • Anne Sexton: En su poema Alabanza a mi útero (recogido en Poemas de amor, publicado en 1969) escribió «En mi interior todos son un pájaro. / Estoy batiendo todas mis alas. / Querían cortarte / pero no lo harán. / Decían que estabas desmesuradamente hueco / pero no lo estás. / Decían que te encontrabas mortalmente enfermo / y se equivocaron. / Como colegiala cantas. / No estás roto». Ganó el Pulitzer de poesía con Vive o Muere (publicado en 1966), en donde compartió textos como «A los seis años / vivía en un cementerio lleno de muñecas, / eludiéndome a mí misma, / a mi cuerpo —el sospechoso / de esta morada grotesca. / Todo el día encerrada en mi cuarto tras rejas, / una celda. / Fui el exilio / sentado todo el día en un nudo.»


  • Charlotte Perkins Gilman: La escritora feminista, autora de novelas como Matriarcadia (Herland en original) también escribió el relato El papel amarillo (The Yellow Wallpaper). Al publicarse en 1891 fue muy criticado porque, dijeron, la narración del confinamiento sufrido por una mujer por su depresión era tan dura que quien la leyera podía enloquecer a su vez. Perkins Gilman explicó en una carta pública posterior que muchas de las cosas que había narrado en el relato tenía que ver con su propia historia y las directrices médicas que ella y tantas mujeres de su época habían recibido ante su sufrimiento psíquico intenso: no salir de casa si podía evitarse y no volver a tocar una pluma, lápiz o pincel en su vida. «No pretendía enloquecer a la gente sino salvar a la gente de enloquecer, y funcionó», dejaría escrito. (En 2017 la editorial La Bestia Negra publicó una edición bilingüe inglés-castellano del relato que incluye esa carta pública posterior).


  • Donna Williams / Polly Samuel: Esta artista con múltiples facetas (escritora, pintora, guionista, compositora…) ha publicado varios libros donde habla de su vivencia tras recibir múltiples diagnósticos psiquiátricos desde muy pequeña. Formando parte del activismo autista, ha escrito varios libros de memorias que denomina auti-biografías (también usa la palabra artism para definirse uniendo las voces inglesas para artista y autismo). En castellano encontramos editado su libro Alguien en algún lugar y Nadie en ningún lugar. En 2017 murió de cáncer, habiendo dejado escritos muchos textos que pueden cambiar el imaginario común ante lo neurotípico y lo neurodivergente; y también ayudarnos a las alistas -personas no autistas- a cambiar comportamientos muchas veces dañinos en nuestra relación con personas autistas.


  • Ellen Forney: Esta dibujante nacida en 1968 decidió compartir en la novela gráfica Majareta. Manía, depresión, Miguel Ángel y yo (originalmente publicada en 2012 con el título de Marbles: Mania, Depression, Michelangelo, and Me: A Graphic Memoir) parte de sus vivencias, miedos, contradicciones… cuando fue diagnosticada con bipolaridad. Este año se ha editado otro libro suyo aún sin traducir al castellano (Rock Steady: Brilliant Advice from My Bipolar Life) en el que también comparte herramientas y consejos que a ella le han resultado útiles en su proceso personal. Actualiza información sobre sus trabajos y presentaciones en su web.


  • Janet Frame: A la escritora neozelandesa le habían programado su lobotomía durante un ingreso psiquiátrico en los años 50 (después de haber recibido ya múltiples electroshocks) cuando el proceso se detuvo al resultar ganadora de un premio literario. En sus novelas, poemas, relatos y memorias habló a menudo de emociones intensas reflejando su propio interior. Los tres tomos de sus memorias los llevó Jane Campion al cine con el título del segundo volumen, Un ángel en mi mesa. En Nueva Zelanda se la reconoce como una de sus más grandes escritoras, a pesar de que nadie se responsabilizó del maltrato sufrido en el sistema psiquiátrico y se excusaron en un error de diagnóstico para explicar que el caso de esquizofrenia que daban por perdido escribiera después obras memorables (aludir a “falsos positivos” continúa siendo lamentablemente habitual porque hay quien no concibe que un gran sufrimiento psíquico, delirios, psicosis… pueden coexistir con talento, capacidad de expresión, de trabajo).


  • Hersilie Rouy: Fue una pianista francesa del siglo XIX que pasó años encerrada en manicomios, desde donde intentó denunciar constantemente que su encierro no tuvo nunca una motivación médica. Cuando recuperó su libertad casi quince años después, escribió Mémoires d’une aliénée (editada en castellano como Yo no soy la señorita Chevalier. Memorias de una loca). En el libro relataba la situación de maltrato vivida y cómo para los médicos su reafirmación en que su encierro era injusto era otra prueba más de su locura, en un círculo vicioso sin salida. Dedicó muchos esfuerzos a divulgar el resto de su vida los abusos que permitía la ley francesa facilitando los internamientos arbitrarios.


  • Kabi Nagata: Esta autora japonesa actual empezó publicando sus mangas en 2016 en formato de webcómic y la buena acogida hizo que las editoriales se interesaran enseguida. En castellano se ha editado su manga Mi experiencia lesbiana con la soledad, libro en el que generosamente deja que nos asomemos a su compleja inadaptación a una sociedad rígida en la que no encuentra lugar. Comparte su deseo y a la vez dificultades en la relación con otros; su necesidad y también en paralelo, su rechazo hacia el contacto físico, sus episodios de autolesión y depresivos; parte de su historia de vida, en la que la propia supervivencia es un esfuerzo cotidiano. Estas últimas semanas la misma editorial ha editado su Diario de Intercambio (conmigo misma).


  • Sarah Kane: Nacida en 1971, parte de la crítica recibió con fuerte rechazo las primeras obras de teatro de esta dramaturga inglesa (Blasted, por ejemplo, fue tildada de asquerosa, obscena, violenta… en su estreno en Londres en 1995). Afortunadamente, siguió escribiendo obras en las que la ansiedad, el dolor, la angustia, la soledad y las violencias y desequilibrios de poder seguirían teniendo un papel principal. En Cleansed denunció las violencias de un sistema psiquiátrico que conocía demasiado bien y de primera mano. Mientras sus obras se traducían e interpretaban en cada vez más ciudades, ella siguió ingresando en psiquiatría, aunque también creando. Su última obra fue Psicosis 4:48; y todas ellas se han recogido en distintas ediciones de su dramaturgia completa.


En el listado no he incluido algunos nombres que probablemente son de los primeros en los que pensamos muchas cuando hablamos de escritoras psiquiatrizadas o que convivieron con gran sufrimiento psíquico (Alfonsina Storni, Alejandra Pizarnik, Emily Dickinson, Sylvia Plath, Virginia Woolf…); tampoco otras autoras actuales cuyas obras sólo están aún en inglés aunque espero que sean traducidas al castellano (como My heart Is An Autumn Garage, de Anne Theriault; A Begginer’s Guide To Losing Your Mind, de Emily Reynolds; Emily’s Voices, de Emily Knoll; Call Me Crazy: Stories From The Mad Movement, de Irit Shimrat…); ni algunas que ya han tenido espacio en otros artículos en Pikara, como Leonora Carrington y Unica Zürn, o Christine Lavant. Por supuesto hay otras muchas mujeres escritoras publicadas que podrían haber estado incluidas también en el artículo y de las que podremos quizá hablar en otra ocasión futura: Alda Merini, Alice James, Carmen Laforet, Cristina Martín / Princesa Inca, Jane Bowles, Jeanette Winterson, Jenny Lawson, Kate Millet, Lou Lubie, Maite Mutuberria, María Castrejón, May González, Miriam Beizana, Rosa del Hoyo, Roxane Gay, Susanna Kaysen, Temple Grandin, Zelda Fitzgerald y muchas, muchas más.

Las mujeres, obviamente también las mujeres que convivimos con sufrimiento psíquico de cierta intensidad, las que hemos sido psiquiatrizadas, etiquetadas, diagnosticadas… no compartimos una única mirada. Precisamente leyendo a más mujeres accedemos a montones de voces plurales que nos estamos perdiendo; y leer más narrativa loca o creada desde la experiencia en primera persona tiene el mismo sentido de desamordazar tantas voces y sentires silenciados. En las escritoras del listado (incompleto, por supuesto, y que espero poder enriquecer con más autoras que conozcáis quienes lo leáis) habrá discursos distintos y vivencias diferentes también en cuanto al sufrimiento psíquico. Ojalá sirva este texto para asomarnos a sus creaciones desde la puesta en valor de la escritura de mujeres y también desde las ganas de que las personas locas construyamos nuestras propias narrativas -y sean escuchadas, leídas, compartidas-.

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lunes, septiembre 30, 2019

Leyendo... (X): Barrionalismo (haciendo barrio y tejiendo redes para la supervivencia colectiva)

Artista: Leslie Balleweg

Traigo aquí una entrada más cortita de lo que suelo (en mi legendaria capacidad de concisión), porque quería dejar en el blog unas líneas sobre el estupendo libro que es Barrionalismo, de Luis de la Cruz (a quien yo aún tengo en la cabeza más a menudo como El Tránsito que como su nombre real, no sé si a alguien más le pasará esto), aunque no creo poder transmitirlo en unas líneas realmente. 

No estoy pudiendo leer tanto como querría desde hace ya demasiado, no tanto por falta de tiempo sino porque a menudo me cuesta entender lo que leo, a veces con lo que yo misma escribo me pasa, y avanzo a trocitos, a semanas que doy bocaditos a libros que empecé hace tiempo; y otras semanas que me refugio en libros que se me hacen más fáciles, cómics o literatura infantil sacada de la biblioteca o relatos que leo en voz alta para entender mejor (y algunos de los cuales grabo y subo online porque eso me ayuda a no sentirme mal cuando necesito leer en voz alta, aunque no es un motivo para reprocharme nada pero cuando la cabeza se asienta en el reproche encuentra mil cosas a las que agarrarse). 

En Barrionalismo, editado por DeCordel (pequeño proyecto editorial independentísimo en el que está embarcado el propio Luis junto a otras cuatro o seis manos más) me encanta cómo ha construido un ensayo que no nos pretende urbanistas ni historiadores; que podemos leer sin ningún diploma en la pared ni en el armario porque ni la pretensión del libro ni del autor parece ser mostrarnos todo el rato lo mucho que sabe, así nos enteremos de lo que nos cuenta, así no. Y esto parece obvio y para mí debería ser la norma al escribir cualquier ensayo, o al menos ser siempre visto como un valor, su accesibilidad, pero no tengo tan claro que siempre se entienda así (y mucho menos que se practique).

Así que de una manera prácticamente siempre amable de leer, no hostil, sin "palabros", el libro nos va hablando del barrio ligándolo a comunidad, lucha vecinal y apoyo mutuo; memoria del barrio y qué significa intentar borrarla o defenderla; gentrificación con y sin hípsters; las políticas de vender miedo a nuestros vecinos e imponer seguridad; el urbanismo defensivo que impide el encuentro y "limpia" las calles, y qué respuestas colectivas ante ello se organizan... Las muchas resistencias de hoy y ayer, las grietas por las que se cuelan posibilidades de acción colectiva, se llamen 15M, Motín de Blablablá, Asociación Vecinal Dubidubi o sea simplemente que tú y yo mañana o pasado, nos encontremos o no en el camino, sigamos tejiendo redes y haciendo barrio, porque nos va tanto-tanto en ello.

Me pareció muy interesante también la mención -lástima que de pasada, pero aún así se agradece que se recoja- a la psiquiatría como el elemento de control social que viene siendo desde hace tanto, nombrando en el libro cómo la patologización de la figura del "golfo" (pillos, niños vagabundos, chavales pobres en definitiva, que vivían en los márgenes de lo normativo...) hizo que ese colectivo fuera frecuentemente encerrado en manicomios, cárceles, correccionales. La psiquiatría siempre echando un cable a la pacificación social legitimando el encierro y el maltrato, oh sorpresa, no se podía saber.

El libro me pareció super recomendable, por si no se ha notado mi opinión a favor de que lo compréis y regaléis, lo busquéis y pidáis en bibliotecas, lo uséis en clubs de lectura y podáis pensarlo y disfrutarlo en vuestros colectivos de reflexión y transformación social.

Para más info...
Barrionalismo e historiografía: una reivindicación personal (también por Luis de la Cruz, en SerHistorico.net, 19/10/2018)

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viernes, agosto 23, 2019

¿Imaginamos que imaginamos? (I): La cara oculta de Cronos

[Mini cuento no tan mini redactado dentro del mega maratón de escritura que para todo agosto propone la comunidad escritora uruguaya bajo el hashtag #MMEUY. Este texto corresponde a mi versión para la temática convocada para el 15 de agosto dentro del #DesafíoMMEUY (el tiempo). Y esto salió...]

A los 6 años su madre le apagaba la tele para desayunar más rápido. Esos quince minutos extra absorta viendo los dibujos eran demasiado tiempo y podían llegar tarde al cole. Cronos era muy exigente
Con 9 años esperaba ansiosa el verano: tres meses de vacaciones suponía todo el tiempo del mundo por delante. Cronos podía ser generoso
A sus 17, emociones adolescentes mediante, tuvo un amor de verano el mes que alquilaron un apartamento en la playa. En noviembre se preguntaba cómo había podido acabar tan rápido algo que había sido tan intenso. Cronos, todo un cínico, sonreía para sí
Cumpliendo 23 años se sintió demasiado mayor. ¿No debía de haber hecho muchas más cosas a esas alturas? Cronos, ambicioso e impaciente, susurraba tictac-tictac a su oído
No vivió su primer ingreso psiquiátrico hasta llegar al cuarto de siglo. Cuando releía el informe del alta, las fechas no cuadraban. Nunca el tiempo pasó tan lento como entre esas paredes blancas. Hubiera ahogado a Cronos con sus propias manos.
Celebró los 30 compartiendo un viaje en furgoneta recorriendo la ruta de los castillos del Loira con su amigo, cómplice, amor, amante, compañero… Ese julio Cronos jugó con ellos de nuevo: los días pasaron rápido-rápido, pero a la vez hicieron y disfrutaron tanto de ellos que el recuerdo se grabó eternamente en esa memoria suya de funcionamiento bastante aleatorio.
Su 38 cumpleaños lo disfrutó entre amigos, amores, afectos, vínculos queridos, ella sonriente como una niña chica, el pelo en dos trenzas largas como nunca antes.
—¿No es increíble? —se preguntaba feliz—. ¡Tenemos muchísimos años, nunca habíamos tenido tantos como ahora! 38 años, ¿quién nos lo habría dicho?
(¿Quizá una postal de agradecimiento a Cronos tendría cierto sentido ahora?)
No tenía aún 40 aquella noche en que supo de un accidente en cadena en la A3 y él no volvía, no volvía, su teléfono no daba señal, nadie daba aviso, no había información… Aquella noche en vela, de angustia insomne y delirios disparados, sabía que no duró siete horas ni diez ni doce. Sus peores temores no se cumplieron pero no importaba lo que dijera el reloj, esa madrugada del 8 de octubre duró varias semanas, seguro.
Pasados sus 45, los resultados de una prueba médica marcaban en el calendario límites ya improrrogables para su madre. No recordaba bien cuándo se habían visto por última vez. En alguna comida no haría tanto, ¿no? Se le hacían tan largas y tensas, interminables, cada minuto pendiente de cómo no meter la pata o cómo no reprochar ella tampoco nada. Sin embargo, esos últimos dos meses que sí intentaron estar presentes cada una en la vida de la otra, obviamente supieron a poco, habiendo desaprovechado tanto tiempo antes.
Ya en su cincuentena, aún Cronos jugaba con ella y su percepción temporal, que no deja de ser una ilusión compartida más o menos colectivamente. ¿Un bar puede llevar dos años abierto y a la vez llevar muy poquito? ¿"No debes preocuparte, estarán listas enseguida" es aplicable a la ración de alitas que tarda dos horas en salir? ¿Cuánto tiempo -minutos, días, semanas, meses- necesita quien te dice “claro que te quiero, solo necesito tiempo”?
Estrenaron otra década y Cronos hacía tiempo que ya no jugaba: les daba pistas. Pistas de esa parte ilusoria del tiempo, de esa convención social que era así porque así la habíamos pactado, pero que podíamos pactar distinto. Y, ya más mayores de lo que hubieran querido, empezaron a disfrutar, ella, su compañero-amigo-amor-cómplice-amante y también todos esos otros vínculos cercanos de etiquetas innecesarias o en todo caso intercambiables, en continua evolución, no definitivas ni definitorias… empezaron a disfrutar de haber por fin entendido su propio poder para con el tiempo. Desde ahí aprendieron a modelarlo a su antojo, según sus deseos, capacidad de disfrute y de si querían estirarlo o contraerlo hasta su mínima expresión.

Cronos sonrió, era difícil decir si cínico o satisfecho. ¿Cómo podía haberles costado tanto a estos seres ver que en su mano estaba acabar con muchas tiranías, y que la del tiempo era solo otra más de ellas? Si hasta como señal de aviso se había ocupado de hacer los relojes de muñeca, los despertadores, las alarmas… todas particularmente incómodas, como pista inicial de que debían dejar de usarlos, de que esas eran formas en que creían controlar el tiempo cuando, al contrario, era este el que les controlaba aún mejor a ellos. Había estado décadas dejando pistas aquí y allá y ellos habían tardado tanto en entender el mensaje y el poder que podían tener en cuanto decidieran tomarlo… aunque hablar de décadas como demasiado tiempo quizá era entrar en su propia trampa 

—Por fin —se dijo, ahora ya sí, sin duda satisfecho―. Por fin se apañarán solos, dueños de su destino, de su tiempo y lo que elijan hacer con él.

Agotado, se acurrucó sobre sí mismo, dio un sonoro bostezo y…. ¿se había engullido a sí mismo en el bostezo, se había desvanecido? Quién sabe… pero cada persona que lo hubiera visto habría podido tener todo el tiempo del mundo, literalmente, para averiguar qué había sido del Dios. Y afortunadamente, dignas destinatarias del regalo del Tiempo, todas encontraron algo mejor que hacer con su nueva capacidad de modelar el tiempo que buscar a Cronos.

(¿Quieres guardartelo en una imagen? Haz click y a ver qué ven tus ojos de elfo 😉)

domingo, julio 28, 2019

No


Otra

Vez

Aquí

(así)

No



















(porfavor)


 
                           
 [Imagen de mohamed Hassan en Pixabay]
                                   

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domingo, julio 21, 2019

Teatro VI: Recorriendo huellas (...abriendo caminos)

Cartel de la obra "Recorriendo Huellas"

En este verano se me hacen algo más difíciles los días por el enorme calor y por cómo siente mi cuerpo la temperatura tras el proceso de desmedicalización que hice. También creo que suma que (quizá) esté escuchando más (¿mejor?) a mi cuerpo, que ahora se mueve mejor / peor / nada en absoluto... en función de sus sensaciones y fuerzas. Pongo el "mejor" entre comillas porque no sé aún si esta nueva escucha pelín forzosa es para mejor o peor, porque me obliga al descanso pero a la vez la siento a veces muy limitante porque realmente los problemas de movilidad me impiden muchas veces actividades.

Volví a final de junio de un viaje bonito sobre el que ojalá pueda dejar también escrito, porque conozco esta memoria en la que todo se me escapa y no querría que se escaparan esos días de la que los tres que fuimos llamamos Ruta del Norte. Llegamos de San Sebastián a Madrid el día que entraba una ola de calor que nos hizo subir quince grados de temperatura, de los agradables veintitantos allí a los cuarenta en el asfalto madrileño, El Infierno en la Tierra. Y esa primera semana de regreso apenas pude moverme o salir, me sentí enjaulada en mi casa delante del aire (aunque siempre podría ser peor, podría no tener aire, claro, reconozco claramente que estos son unos #ProblemasDelPrimerMundo totales, y seguramente de bastante privilegio dentro de esa caja ya privilegiada).

Quizá por esa sensación previa de encierro que pude romper el jueves que fuimos a ver esta obra de teatro al centro social de mi barrio, también la disfruté mucho más. O quizá no, quizá disfrutarla tanto fue porque era un trabajo precioso, sin más.

Placa en el edificio de la Residencia de Señoritas

La obra que se representó fue "Recorriendo huellas". Se trata de un trabajo de teatro comunitario realizado por vecinas del barrio dentro del proyecto Mosaicos, que contaba (ojalá cuente en un futuro) con apoyo del Ayuntamiento para realizarse en cinco distritos madrileños. En Chamberí este había sido el segundo año del taller de teatro gratuito para las vecinas, que se había estado haciendo semanalmente en la Casa de la Cultura y Participación Ciudadana, el centro social donde también vi la representación. [Del curso anterior había salido otra obra diferente, Chamberí Móvil, que no llegué a ver].

La obra se inicia contando parte de la Historia de la Residencia de Señoritas, cuya sede estuvo ubicada en Chamberí. Se trataba de la primera institución que fomentaba la formación universitaria para mujeres en una época en la que tener esa formación sin ser hombre era muy complicado (actualmente yo veo también una grave exclusión de la universidad asociada esta vez a los recursos económicos, ya que muchas familias no pueden permitirse la educación universitaria por el aumento de la precariedad a la vez que aumenta también el coste económico de la universidad pública y se endurecen los requisitos para unas becas cada vez más recortadas). En la Residencia de Señoritas fue donde se formaron muchas de las mujeres que tuvieron papeles de protagonismo o cierta influencia en nuestro país, hasta su cierre tras el Golpe de Estado del 36 que dio comienzo a la Guerra Civil y a un periodo de oscuridad y pérdida de derechos y libertades que, aunque golpeó a hombres y mujeres, se cebaría con ellas especialmente, y se extendería durante toda la dictadura.

Lo que más me gustó no fue tanto este punto inicial, que también, sino que a partir de ahí recupera las memorias de distintas mujeres, de perfiles variados pero que comparten el anonimato, y que habitan o habitaron nuestro barrio (y que esto lo pudiera hacer también un grupo de vecinas diversas entre ellas, de distintas edades y procedencias, con lo difícil que es a veces que en los grupos se den esa mezcla enriquecedora a pesar de que se hagan convocatorias abiertas). Nos contaron al inicio que durante el proceso de construcción de la obra desde el taller de teatro entraron en contacto con Geros, un proyecto comunitario del barrio que trabaja con personas mayores, y que desde ahí tuvieron muchas conversaciones con vecinas que les querían contar sus historias de muchos años atrás. En la obra se entrelazan esas memorias de mujeres diversas con las propias historias de las actrices protagonistas (y mantiene el telón de fondo de las mujeres -estas sí, con nombre ¡y hasta renombre!- que estudiaron, impartieron clases o hicieron alguna actividad en la Residencia de Señoritas).

Uno de los momentos de la representación

Así, a la manera del nombre del propio proyecto más amplio de teatro en los distintos distritos, Mosaicos, la obra construye un mosaico precioso y emocionante de historias entrelazadas de mujeres diversas del pasado y el presente del barrio, de nuestra Historia compartida y demasiadas veces silenciada y olvidada más consciente o más inconscientemente. Se mezclan la visita de Marie Curie a la Residencia con la historia de vida de la azafata de avión que sabía inglés en los años setenta; las mujeres que hoy apretamos el paso en la calle si un hombre va demasiado cerca tras nosotras cuando volvemos a casa por la noche con la nana que le cantaba ayer la mamá de la mujer migrante mientras ella se la canta hoy en día a otro bebé en alguna plaza del barrio; la mujer que dejó de estudiar porque su padre le negó los apoyos necesarios y su madre no supo defenderla con las historias de Las Sinsombrero y las de otras mujeres más privilegiadas que sí pudieron tener la formación que se impartía en la Residencia de Señoritas, entonces tan minoritaria...

Me sabe mal no haber podido ponerme antes a escribir sobre la obra porque ahora mientras tecleo ya siento que llego tarde a mis propios recuerdos y se me hacen jirones en la memoria (qué pronto me pasa esto siempre si no lo registro por escrito, AY), y me cuesta transmitir o recordar exactamente escenas. Pero sí guardo más nítidas las sensaciones: la de irme agradecida, la de que ojalá tuviera más representaciones que esta de julio y  la previa en el Centro Cultural; la sensación de emocionarme, de alegrarme tanto de ese día sí haber podido ir y estar allí; el recuerdo de que se me empañaron los ojos y también me reí y le daba golpecitos a mi chico en la pierna en algún momento de la propia emoción de estar y verlas o, aún sin tener un vínculo personal con ninguna de las vecinas-en-ese-momento-actrices; la certeza de ser este un proyecto necesario; el deseo de que se mantenga el curso próximo independientemente del cambio en el gobierno municipal.

Otro momento durante la representación teatral
A la obra resultado de este precioso trabajo colectivo la han llamado "Recorriendo huellas". Para mí deja claro que buscar y recorrer huellas es también forma de abrir caminos y seguir andando juntas, tejiendo redes, construyendo apoyo mutuo, haciendo barrio, creando comunidad. En esas seguimos siempre que dan para ello las fuerzas :-)


Las dos primeras imágenes han sido sacadas de Internet: la primera de la web del Proyecto Mosaicos y la segunda del blog ArteDeMadrid.wordpress.com Las dos últimas fotografías son mías, hechas durante la representación de la obra a la que pude asistir el 4 de julio (sé que soy una fotógrafa regulera, pero me apetecía incluir también una pequeña mirada gráfica propia)].

miércoles, mayo 15, 2019

Cartografía emocional de una tormenta recurrente

Mandaleando entre la lluvia que me inunda, hago cartografías emocionales de cómo son mis tormentas: algo de rutina y aburrimiento como aviso inicial, hasta ahí sin más; pero que se van juntando con miedo, preocupación, cansancio, confusión... y ya entre el viento que ulula insistente coge fuerza cierta desconfianza que viene para quedarse una temporada larga. Y comienza a mezclarse todo con frustración, enfados, rabia, ya se nos descontrola el cielo que ruge con mi cabeza y todo se vuelven culpas, tristezas, soledades, dolor. Y se nos ha ido de las manos cuando los rayos empiezan a incendiarnos al atravesarnos de lado a lado y partirnos en dos, arrasando con el campo como un dragón enfurecido: estamos en el ahogo, la angustia, el Vacío. El Daño*.

(...)

El Desbordamiento. 
La Desmesura.

(...)

El Drama.

(...ese que las niñas ricas que pinta Velaske tienen que inventarse mientras en palacio las casan, las violan, las embarazan, mueren en el parto del quinto hijo con veinte años apenas. Quizá el drama un poco también estaba).

Daño. Desbordamiento. Desmesura. Drama (más grande o chiquito, pero...), Drama Dentro Destrozándome, Dándome Dentelladas, Dominando Deseos, Dudas; Devorándome Durante Días Diabólicos, Difíciles, Duros, Decisivos. ¿Definitivos?

DRACARYS.

(Diluvio)

Después... descanso. Y vuelven más palabras que ya no necesariamente tendrán que empezar por D. Y volverán a entrar en mis cartografías emocionales el resto de colores: el verde clarito de la calma; el naranja de las risas, la diversión, la creatividad, la mente productiva; el rojo de los vínculos, la alegría, la conexión emocional; el burdeos-morado de la ilusión, la vitalidad, las ganas de.


(*) El asterisco es porque además de pensar en Daenerys y Juego de Tronos (el autocorrector me lo pretende corregir por “trinos” y por “tonos”, que daría lugar a dos series muy diferentes, posiblemente ambientadas en pajarerías o en el Orfeón Donostiarra)... al escribir “El Daño”, mi cabeza (que aunque loca y estas semanas atormentada, es más cosas y no renuncia nunca a su parte friki) me rellenaba la frase con “...de Isildur”. 

El Daño de Isildur. Porque antes, mucho antes de que Juego de Tronos complicase la vida de los Stark, estuvo Tolkien enseñándonos que las heridas en la Cima de los Vientos vuelven a doler profundo cada año, allá por la misma fecha en que tuviste un encuentro poco afortunado con un Nazgul nada constructivo.

El Señor De Los Anillos también nos enseñó una frase que estos días viene como anillo al dedo (valga la redundancia):

Flee, you Fools!

...y hasta aquí puedo leer.

(¡Huid, insensatos!)

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