viernes, agosto 23, 2019

¿Imaginamos que imaginamos? (I): La cara oculta de Cronos

[Mini cuento no tan mini redactado dentro del mega maratón de escritura que para todo agosto propone la comunidad escritora uruguaya bajo el hashtag #MMEUY. Este texto corresponde a mi versión para la temática convocada para el 15 de agosto dentro del #DesafíoMMEUY (el tiempo). Y esto salió...]

A los 6 años su madre le apagaba la tele para desayunar más rápido. Esos quince minutos extra absorta viendo los dibujos eran demasiado tiempo y podían llegar tarde al cole. Cronos era muy exigente
Con 9 años esperaba ansiosa el verano: tres meses de vacaciones suponía todo el tiempo del mundo por delante. Cronos podía ser generoso
A sus 17, emociones adolescentes mediante, tuvo un amor de verano el mes que alquilaron un apartamento en la playa. En noviembre se preguntaba cómo había podido acabar tan rápido algo que había sido tan intenso. Cronos, todo un cínico, sonreía para sí
Cumpliendo 23 años se sintió demasiado mayor. ¿No debía de haber hecho muchas más cosas a esas alturas? Cronos, ambicioso e impaciente, susurraba tictac-tictac a su oído
No vivió su primer ingreso psiquiátrico hasta llegar al cuarto de siglo. Cuando releía el informe del alta, las fechas no cuadraban. Nunca el tiempo pasó tan lento como entre esas paredes blancas. Hubiera ahogado a Cronos con sus propias manos.
Celebró los 30 compartiendo un viaje en furgoneta recorriendo la ruta de los castillos del Loira con su amigo, cómplice, amor, amante, compañero… Ese julio Cronos jugó con ellos de nuevo: los días pasaron rápido-rápido, pero a la vez hicieron y disfrutaron tanto de ellos que el recuerdo se grabó eternamente en esa memoria suya de funcionamiento bastante aleatorio.
Su 38 cumpleaños lo disfrutó entre amigos, amores, afectos, vínculos queridos, ella sonriente como una niña chica, el pelo en dos trenzas largas como nunca antes.
—¿No es increíble? —se preguntaba feliz—. ¡Tenemos muchísimos años, nunca habíamos tenido tantos como ahora! 38 años, ¿quién nos lo habría dicho?
(¿Quizá una postal de agradecimiento a Cronos tendría cierto sentido ahora?)
No tenía aún 40 aquella noche en que supo de un accidente en cadena en la A3 y él no volvía, no volvía, su teléfono no daba señal, nadie daba aviso, no había información… Aquella noche en vela, de angustia insomne y delirios disparados, sabía que no duró siete horas ni diez ni doce. Sus peores temores no se cumplieron pero no importaba lo que dijera el reloj, esa madrugada del 8 de octubre duró varias semanas, seguro.
Pasados sus 45, los resultados de una prueba médica marcaban en el calendario límites ya improrrogables para su madre. No recordaba bien cuándo se habían visto por última vez. En alguna comida no haría tanto, ¿no? Se le hacían tan largas y tensas, interminables, cada minuto pendiente de cómo no meter la pata o cómo no reprochar ella tampoco nada. Sin embargo, esos últimos dos meses que sí intentaron estar presentes cada una en la vida de la otra, obviamente supieron a poco, habiendo desaprovechado tanto tiempo antes.
Ya en su cincuentena, aún Cronos jugaba con ella y su percepción temporal, que no deja de ser una ilusión compartida más o menos colectivamente. ¿Un bar puede llevar dos años abierto y a la vez llevar muy poquito? ¿"No debes preocuparte, estarán listas enseguida" es aplicable a la ración de alitas que tarda dos horas en salir? ¿Cuánto tiempo -minutos, días, semanas, meses- necesita quien te dice “claro que te quiero, solo necesito tiempo”?
Estrenaron otra década y Cronos hacía tiempo que ya no jugaba: les daba pistas. Pistas de esa parte ilusoria del tiempo, de esa convención social que era así porque así la habíamos pactado, pero que podíamos pactar distinto. Y, ya más mayores de lo que hubieran querido, empezaron a disfrutar, ella, su compañero-amigo-amor-cómplice-amante y también todos esos otros vínculos cercanos de etiquetas innecesarias o en todo caso intercambiables, en continua evolución, no definitivas ni definitorias… empezaron a disfrutar de haber por fin entendido su propio poder para con el tiempo. Desde ahí aprendieron a modelarlo a su antojo, según sus deseos, capacidad de disfrute y de si querían estirarlo o contraerlo hasta su mínima expresión.

Cronos sonrió, era difícil decir si cínico o satisfecho. ¿Cómo podía haberles costado tanto a estos seres ver que en su mano estaba acabar con muchas tiranías, y que la del tiempo era solo otra más de ellas? Si hasta como señal de aviso se había ocupado de hacer los relojes de muñeca, los despertadores, las alarmas… todas particularmente incómodas, como pista inicial de que debían dejar de usarlos, de que esas eran formas en que creían controlar el tiempo cuando, al contrario, era este el que les controlaba aún mejor a ellos. Había estado décadas dejando pistas aquí y allá y ellos habían tardado tanto en entender el mensaje y el poder que podían tener en cuanto decidieran tomarlo… aunque hablar de décadas como demasiado tiempo quizá era entrar en su propia trampa 

—Por fin —se dijo, ahora ya sí, sin duda satisfecho―. Por fin se apañarán solos, dueños de su destino, de su tiempo y lo que elijan hacer con él.

Agotado, se acurrucó sobre sí mismo, dio un sonoro bostezo y…. ¿se había engullido a sí mismo en el bostezo, se había desvanecido? Quién sabe… pero cada persona que lo hubiera visto habría podido tener todo el tiempo del mundo, literalmente, para averiguar qué había sido del Dios. Y afortunadamente, dignas destinatarias del regalo del Tiempo, todas encontraron algo mejor que hacer con su nueva capacidad de modelar el tiempo que buscar a Cronos.

(¿Quieres guardartelo en una imagen? Haz click y a ver qué ven tus ojos de elfo 😉)

domingo, julio 28, 2019

No


Otra

Vez

Aquí

(así)

No



















(porfavor)


 
                           
 [Imagen de mohamed Hassan en Pixabay]
                                   

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domingo, julio 21, 2019

Teatro VI: Recorriendo huellas (...abriendo caminos)

Cartel de la obra "Recorriendo Huellas"

En este verano se me hacen algo más difíciles los días por el enorme calor y por cómo siente mi cuerpo la temperatura tras el proceso de desmedicalización que hice. También creo que suma que (quizá) esté escuchando más (¿mejor?) a mi cuerpo, que ahora se mueve mejor / peor / nada en absoluto... en función de sus sensaciones y fuerzas. Pongo el "mejor" entre comillas porque no sé aún si esta nueva escucha pelín forzosa es para mejor o peor, porque me obliga al descanso pero a la vez la siento a veces muy limitante porque realmente los problemas de movilidad me impiden muchas veces actividades.

Volví a final de junio de un viaje bonito sobre el que ojalá pueda dejar también escrito, porque conozco esta memoria en la que todo se me escapa y no querría que se escaparan esos días de la que los tres que fuimos llamamos Ruta del Norte. Llegamos de San Sebastián a Madrid el día que entraba una ola de calor que nos hizo subir quince grados de temperatura, de los agradables veintitantos allí a los cuarenta en el asfalto madrileño, El Infierno en la Tierra. Y esa primera semana de regreso apenas pude moverme o salir, me sentí enjaulada en mi casa delante del aire (aunque siempre podría ser peor, podría no tener aire, claro, reconozco claramente que estos son unos #ProblemasDelPrimerMundo totales, y seguramente de bastante privilegio dentro de esa caja ya privilegiada).

Quizá por esa sensación previa de encierro que pude romper el jueves que fuimos a ver esta obra de teatro al centro social de mi barrio, también la disfruté mucho más. O quizá no, quizá disfrutarla tanto fue porque era un trabajo precioso, sin más.

Placa en el edificio de la Residencia de Señoritas

La obra que se representó fue "Recorriendo huellas". Se trata de un trabajo de teatro comunitario realizado por vecinas del barrio dentro del proyecto Mosaicos, que contaba (ojalá cuente en un futuro) con apoyo del Ayuntamiento para realizarse en cinco distritos madrileños. En Chamberí este había sido el segundo año del taller de teatro gratuito para las vecinas, que se había estado haciendo semanalmente en la Casa de la Cultura y Participación Ciudadana, el centro social donde también vi la representación. [Del curso anterior había salido otra obra diferente, Chamberí Móvil, que no llegué a ver].

La obra se inicia contando parte de la Historia de la Residencia de Señoritas, cuya sede estuvo ubicada en Chamberí. Se trataba de la primera institución que fomentaba la formación universitaria para mujeres en una época en la que tener esa formación sin ser hombre era muy complicado (actualmente yo veo también una grave exclusión de la universidad asociada esta vez a los recursos económicos, ya que muchas familias no pueden permitirse la educación universitaria por el aumento de la precariedad a la vez que aumenta también el coste económico de la universidad pública y se endurecen los requisitos para unas becas cada vez más recortadas). En la Residencia de Señoritas fue donde se formaron muchas de las mujeres que tuvieron papeles de protagonismo o cierta influencia en nuestro país, hasta su cierre tras el Golpe de Estado del 36 que dio comienzo a la Guerra Civil y a un periodo de oscuridad y pérdida de derechos y libertades que, aunque golpeó a hombres y mujeres, se cebaría con ellas especialmente, y se extendería durante toda la dictadura.

Lo que más me gustó no fue tanto este punto inicial, que también, sino que a partir de ahí recupera las memorias de distintas mujeres, de perfiles variados pero que comparten el anonimato, y que habitan o habitaron nuestro barrio (y que esto lo pudiera hacer también un grupo de vecinas diversas entre ellas, de distintas edades y procedencias, con lo difícil que es a veces que en los grupos se den esa mezcla enriquecedora a pesar de que se hagan convocatorias abiertas). Nos contaron al inicio que durante el proceso de construcción de la obra desde el taller de teatro entraron en contacto con Geros, un proyecto comunitario del barrio que trabaja con personas mayores, y que desde ahí tuvieron muchas conversaciones con vecinas que les querían contar sus historias de muchos años atrás. En la obra se entrelazan esas memorias de mujeres diversas con las propias historias de las actrices protagonistas (y mantiene el telón de fondo de las mujeres -estas sí, con nombre ¡y hasta renombre!- que estudiaron, impartieron clases o hicieron alguna actividad en la Residencia de Señoritas).

Uno de los momentos de la representación

Así, a la manera del nombre del propio proyecto más amplio de teatro en los distintos distritos, Mosaicos, la obra construye un mosaico precioso y emocionante de historias entrelazadas de mujeres diversas del pasado y el presente del barrio, de nuestra Historia compartida y demasiadas veces silenciada y olvidada más consciente o más inconscientemente. Se mezclan la visita de Marie Curie a la Residencia con la historia de vida de la azafata de avión que sabía inglés en los años setenta; las mujeres que hoy apretamos el paso en la calle si un hombre va demasiado cerca tras nosotras cuando volvemos a casa por la noche con la nana que le cantaba ayer la mamá de la mujer migrante mientras ella se la canta hoy en día a otro bebé en alguna plaza del barrio; la mujer que dejó de estudiar porque su padre le negó los apoyos necesarios y su madre no supo defenderla con las historias de Las Sinsombrero y las de otras mujeres más privilegiadas que sí pudieron tener la formación que se impartía en la Residencia de Señoritas, entonces tan minoritaria...

Me sabe mal no haber podido ponerme antes a escribir sobre la obra porque ahora mientras tecleo ya siento que llego tarde a mis propios recuerdos y se me hacen jirones en la memoria (qué pronto me pasa esto siempre si no lo registro por escrito, AY), y me cuesta transmitir o recordar exactamente escenas. Pero sí guardo más nítidas las sensaciones: la de irme agradecida, la de que ojalá tuviera más representaciones que esta de julio y  la previa en el Centro Cultural; la sensación de emocionarme, de alegrarme tanto de ese día sí haber podido ir y estar allí; el recuerdo de que se me empañaron los ojos y también me reí y le daba golpecitos a mi chico en la pierna en algún momento de la propia emoción de estar y verlas o, aún sin tener un vínculo personal con ninguna de las vecinas-en-ese-momento-actrices; la certeza de ser este un proyecto necesario; el deseo de que se mantenga el curso próximo independientemente del cambio en el gobierno municipal.

Otro momento durante la representación teatral
A la obra resultado de este precioso trabajo colectivo la han llamado "Recorriendo huellas". Para mí deja claro que buscar y recorrer huellas es también forma de abrir caminos y seguir andando juntas, tejiendo redes, construyendo apoyo mutuo, haciendo barrio, creando comunidad. En esas seguimos siempre que dan para ello las fuerzas :-)


Las dos primeras imágenes han sido sacadas de Internet: la primera de la web del Proyecto Mosaicos y la segunda del blog ArteDeMadrid.wordpress.com Las dos últimas fotografías son mías, hechas durante la representación de la obra a la que pude asistir el 4 de julio (sé que soy una fotógrafa regulera, pero me apetecía incluir también una pequeña mirada gráfica propia)].

miércoles, mayo 15, 2019

Cartografía emocional de una tormenta recurrente

Mandaleando entre la lluvia que me inunda, hago cartografías emocionales de cómo son mis tormentas: algo de rutina y aburrimiento como aviso inicial, hasta ahí sin más; pero que se van juntando con miedo, preocupación, cansancio, confusión... y ya entre el viento que ulula insistente coge fuerza cierta desconfianza que viene para quedarse una temporada larga. Y comienza a mezclarse todo con frustración, enfados, rabia, ya se nos descontrola el cielo que ruge con mi cabeza y todo se vuelven culpas, tristezas, soledades, dolor. Y se nos ha ido de las manos cuando los rayos empiezan a incendiarnos al atravesarnos de lado a lado y partirnos en dos, arrasando con el campo como un dragón enfurecido: estamos en el ahogo, la angustia, el Vacío. El Daño*.

(...)

El Desbordamiento. 
La Desmesura.

(...)

El Drama.

(...ese que las niñas ricas que pinta Velaske tienen que inventarse mientras en palacio las casan, las violan, las embarazan, mueren en el parto del quinto hijo con veinte años apenas. Quizá el drama un poco también estaba).

Daño. Desbordamiento. Desmesura. Drama (más grande o chiquito, pero...), Drama Dentro Destrozándome, Dándome Dentelladas, Dominando Deseos, Dudas; Devorándome Durante Días Diabólicos, Difíciles, Duros, Decisivos. ¿Definitivos?

DRACARYS.

(Diluvio)

Después... descanso. Y vuelven más palabras que ya no necesariamente tendrán que empezar por D. Y volverán a entrar en mis cartografías emocionales el resto de colores: el verde clarito de la calma; el naranja de las risas, la diversión, la creatividad, la mente productiva; el rojo de los vínculos, la alegría, la conexión emocional; el burdeos-morado de la ilusión, la vitalidad, las ganas de.


(*) El asterisco es porque además de pensar en Daenerys y Juego de Tronos (el autocorrector me lo pretende corregir por “trinos” y por “tonos”, que daría lugar a dos series muy diferentes, posiblemente ambientadas en pajarerías o en el Orfeón Donostiarra)... al escribir “El Daño”, mi cabeza (que aunque loca y estas semanas atormentada, es más cosas y no renuncia nunca a su parte friki) me rellenaba la frase con “...de Isildur”. 

El Daño de Isildur. Porque antes, mucho antes de que Juego de Tronos complicase la vida de los Stark, estuvo Tolkien enseñándonos que las heridas en la Cima de los Vientos vuelven a doler profundo cada año, allá por la misma fecha en que tuviste un encuentro poco afortunado con un Nazgul nada constructivo.

El Señor De Los Anillos también nos enseñó una frase que estos días viene como anillo al dedo (valga la redundancia):

Flee, you Fools!

...y hasta aquí puedo leer.

(¡Huid, insensatos!)

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Blogger iralow susurró...

jueves, abril 18, 2019

En abril, libros mil: 30 días de libros

Este mes el Día del Libro lo pasaré por primera vez en Barcelona (para vivir Sant Jordi donde más se vive el Día del Libro). Y me apetecía hacer algún juego que tuviera que ver con ello, y a eso vamos, a proponer títulos para...

¡30 días de libros! Por cada día del mes, el juego es recomendar un libro que...

  1. Tenga un color en el título: El azul es un color cálido, de Julie Maroh (la novela gráfica en que se basa la película La vida de Adele, que tuvo bastante más repercusión que el comic aunque según he oído a bastantes personas que la han visto, el comic le da varias vueltas)
  2. Tenga un número en el título: 4.48 Psicosis, de Sarah Kane (una obra teatral que hace referencia a la hora de la madrugada en la que hay más suicidios, y que aún no he sido capaz de leer porque nunca es del todo buen momento para enfrentarme a ella, pero aún así la tengo presente en mis pendientes). 
  3. Te recuerde al verano: Veva y el mar, de Carmen Kurtz (la segunda parte del libro infantil Veva, que ya era una maravilla)
  4. Te recuerde a alguien a quien quieres olvidar: Monte Miseria, de Samuel Shem. De este no hablaré más, a ver si consigo olvidarme de quien querría olvidar ;-)
  5. Necesitas releer de tanto en tanto: El amor, las mujeres  y la vida, de Mario Benedetti (una selección de sus poemas que me acompaña desde allá por los años 90).
  6. Haya escrito una escritora de tu país: Trincheras permanentes, de Carolina León. La M-A-R-A-V-I-L-L-A, no se dirá nunca suficiente
  7. Hayas leído en un viaje inolvidable: El Señor de los Anillos, de J.R.R. Tolkien (aunque valdría también para el número 5. Una de esas relecturas fue durante un InterRaíl que hice hace mil años o alguno menos)
  8. Hable de amor: Mujeres, de Carol Rosetti (que no se vende como libro que hable de amor, pero está lleno de reflejos de amor propio que, seamos como seamos, ojalá aprendamos a darnos)
  9. Te haga feliz: Laura & Dino, de Alberto Montt (cómic que me hace sonreír y me da seguridad y calma y sonrisas a puñados)
  10. Te ponga triste: Poeta muerta, de Patricia Heras (y si no sabes por qué me pone triste, quizás no conoces lo que fue el montaje policial del 4F y las consecuencias que tuvo)
  11. Sea un abismo: Instrumental, de James Rhodes. AY.
  12. Pertenezca a tu preadolescencia: Cuando Hitler robó el conejo rosa, de Judith Kerr (lo leí infinidad de veces en mi última infancia y primera juventud -qué conceptos tan viejunos, por Diox)
  13.  Salvarías de un incendio: Samarcanda, de Amin Maalouf (qué importante fue para mí, qué importante)
  14. Regalarías cuando te sabes enamorado: Polifonía amorosa, de Laura Latorre, porque es una estupenda recopilación de amores diversos, de amores más libres mientras no se pierden los cuidados, y en los que además ninguna de las palabras (libertad, cuidados, amores) corresponde a una definición prediseñada y bastante neoliberal (o tradicional hasta la asfixia) en la que tengamos que encajar. Porque basta de encajar, basta, ni en el discurso rígido ni en otros ajenos que podrían ser rigideces nuevas vestidas de libertad, ¿no?
  15. Desearías no haber leído nunca: El Quijote (es el recordatorio palpable de mi fracaso escolar, del bullying, de mucha mierda a la espalda)
  16. Sea tu clásico favorito: Las recopilaciones de relatos de robots de Isaac Asimov. Soy poco de clásicos e igual esta no es la respuesta obvia, pero bueno, para mí estos clásicos (de la ciencia ficción) me abrieron puerta a un género que me encandiló y me sigue sorprendiendo y abriendo muchas puertas, algunas bastante más allá de los libros.
  17. Leerías en voz alta: Un duende a rayas, de María Puncel (y puede que ya lo hiciera, leerlo en voz alta, aquí y aquí)
  18. Se publicase el año de tu nacimiento: El clan del oso cavernario, de Jean M. Auel (¿cómo puede ser que tengamos los mismos años? Wow, vaya vértigo me ha dado...)
  19. Te hace pensar en la vida: La vieja sirena, de Jose Luis Sampedro. Tiene dentro tanta, tanta vida, que hasta hace reconectar cuando no encuentras la propia.
  20. Tenga mucho significado para ti: El alto coste de la vida, de Neil Gaiman (cómic spin-off de Sandman centrado en el personaje de Muerte. Fundamental en mi vida y en mi poder estar viva)
  21. Tenga tres palabras por título: Feminismo para principiantes, de Nuria Varela (para mí, un imprescindible para adentrarse fácilmente en la lectura de ensayos feministas)
  22. Solo te guste por la portada: ¡No te compliques la cena!, de Isasaweis. No es exactamente que solo me guste por la portada, pero claramente me hizo gracia la idea de la autora como bruja en la portada de un libro de recetas y por eso me lo llevé por delante de otros de recetas también.
  23. Todo el mundo debería leer: Desmesura, de Fernando Balius. Nunca vamos a poder transmitirle al autor el agradecimiento que deberíamos hacerle llegar por esto, por tanto. Es de una generosidad gigante haber sido capaz de plasmar en estas páginas de novela gráfica su vivencia, su paso por la locura y la psicosis, por el -oscuro- sistema de salud mental, y poder contárnoslo con tanta honestidad, desnudez, compartiendo además las claves que a él mismo le han servido y siguen sirviendo en ese camino, como la politización del malestar, el humor, la ternura y el apoyo mutuo como herramientas imprescindibles para la supervivencia, y tan necesarias y útiles para el cambio, la transformación, la esperanza que nos hace levantar. Ojalá este libro en cada biblioteca, cada facultad, cada consulta, cada instituto, cada centro social, cada recurso de atención a personas con problemas sociales y/o de salud mental. Si todo lo que sembramos germina y acaba floreciendo, este libro -y otros que empiezan a surgir donde nuestras propias narrativas tienen espacio para crecer y mostrarse- son las semillas de las selvas de un mañana más verde en el que respirar cueste menos. (Algo de esto ya lo escribí en mi reseña en Goodreads
  24. Te gusta, de un autor que haya fallecido: La voz dormida, de Dulce Chacón. Uno de los (insuficientes) libros que intentan rescatar esas voces que fueron silenciadas por la represión franquista y por el olvido que impuso el pacto falseado de la Transición-Trampa que nos hicieron asumir.
  25. Te guste, de un autor que no: Primer amor, de Espido Freire. No me han interesado nunca ninguna de las novelas de esta escritora, aunque este ensayo inicial en el que iba comparando amores con cuentos infantiles, sí me gustó mucho.  
  26. Te hace querer estar enamorado: Esta es la pregunta que más me ha costado responder (creo que porque ya me siento enamorada). Pero creo que diría La mujer habitada y El país bajo mi piel, memorias de amor y de guerra, de Gioconda Belli ambos. Las historias que cuenta en ellos Gioconda (que para mí se relacionan muchísimo aunque una es biográfica y la otra es novela) sobre sla vida en Nicaragua, en la guerrilla sandinista y los amores y desamores que encuentra (y con los que se desencuentra) en el camino, me hablan de amores en los que quizá yo creo: con quienes te implicas en las transformaciones de los mundos nuevos compartidos en los que creemos y apuestas a eso tus vínculos también.
  27. Te rompe el corazón: La soledad de los números primos, de Paolo Giordano. (AY)
  28. Haya escrito un escritor de tu país: Soy Julia, de Antonio Martínez (Me acompañó bastante tiempo, sorprendida de la entereza ante las dificultades y de la capacidad de disfrutar de los momentos brillantes en medio de las nubes que demostraba el autor)
  29. Te recuerda a tu infancia: El pequeño vampiro, de Angela Sommer-Boddenburg (Me habrán enganchado sagas, pero como la de Rudiger, Anton y especialmente, Anna, que en las historias pasó de Anna la Desdentada a Anna la Valiente... pocas. Lo de esperar ansiosa a que tradujeran el siguiente volumen, lo viví con estos libros, no con Harry Potter).
  30. Te recuerda a ti misma/o/e: El amor armado, de Jose Maria Mendiluce (aún recuerdo una frase que saqué de sus páginas: "el amor, armado, puede ser más fuerte que el odio". Me ha servido mucho para aprender a armar mi amor, armar mi rabia, armar mi dignidad... para transformar este mundo hostil en uno más amable, donde la supervivencia no nos sea un reto a tantas).
Y por si queréis tener el reto/listado en imagen, quizá para hacerlo también... Aquí está (se hace más grande haciendo click en ella):


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martes, marzo 05, 2019

Gritos de colorines


Tengo un grito dentro al que mantengo encerrado porque sé que si sale sería demasiado grande y rompería los cristales cercanos; y, como un huno, aplastaría el césped sin que pudiera volver a crecer ninguna semilla otra vez; sería un alarido ensordecedor y quizá todo el que estuviera cerca cuando el grito escapase perdería la capacidad de escuchar jamás de nuevo (o al menos, seguro, de escucharme a mí).

Trago saliva y cucharadas de miel para ver si el grito baja por el esófago y no se me queda enganchado en la garganta, donde me provoca una tos molesta que hace que la gente me mire con el ceño fruncido.

«Por favor, silencio, ¿no ha visto el cartel? Aquí no puede toser y carraspear así, señorita; vaya al baño y beba unos sorbos de agua y tráguese o ahogue esas toses incómodas, esos sonidos inoportunos. No hemos venido a que su incapacidad respiratoria y de tragar, tragar con lo que toque, también esos gritos suyos dentro, nos fastidie el día.»

Trago más saliva, me preparo un vaso de leche templada con miel y más miel, me guardo el grito y los cristales por romper y la sordera selectiva, todo muy muy dentro donde no se oiga cómo mis paredes internas se astillan en infinidad de trozos afilados que se clavan tan fácil. Y allí, en la profundidad de mis entrañas, mi grito me sigue arañando, constante y despacio, creciente. Pero no molesta o no molesta tanto, o no les molesta tanto; y al fin y al cabo no me pidieron que no tuviera arañazos en el estómago y en el alma y en los sueños y el insomnio, pero sí que no gritara así, que no armara escándalo, que esas no son maneras ni formas ni nada, ¿qué te cuesta ser más amable, más sonriente, menos hostil, ay, chica, qué mal humor arrastras siempre?

Me acuesto y me levanto con el grito amargo que se me clava dentro. Un grito que a mí y supongo a quienes piden silencio nos llega a parecer monstruoso, pero que cuando reúno palabras e imágenes para hablar de él, solo sé escoger un tono semi lírico, semi irónico; y una imagen colorida con trazos infantiles. Para que incluso cuando solo aquí me permito mencionar que tengo un grito dentro -como si hablar de gritar se pareciera a gritar en sí, fuera igual de terrible y devastador-, la propia mención quede amortiguada por colorines y por muñequitos.

Y eso, que todo bien.

[Imagen de Prawny en Pixabay]

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viernes, febrero 08, 2019

Tarde, tarde... (IV): Días acompasados, circunferencias sin compás


[Este texto, con pequeñas variaciones, fue escrito hace algo más de un año, en un enero mucho más difícil que el que ha terminado hace poco. Y aun así, ese enero difícil de un 2018 imposible -será verdad que lo imposible solo tarda un poco más-, también tuvo rinconcitos buenos que pude rescatar y que a su vez pudieron rescatarme a mí. Y hoy traigo, tarde-tarde, uno de esos momentos -un día entero incluso- que rescaté para poderlo recordar en otros en los que la tormenta arreciase de nuevo, como también siguió pasando.]

Días bonitos, días no redondos porque tampoco me hace (hoy) falta una circunferencia hecha con compás. Me hacía falta este día, así justo como hoy, con su amanecer demasiado temprano y su compañía desde las 9:30, el mareo ANTES del pinchazo, el llanto tonto de equivocarme al vestirme, con sus dos kilos de alitas a las 14:00 el día que se me ocurre comer pronto, un día con su cansancio grande a las 18:00, su angustia a las 19:25, su apoyo mutuo a borbotones hasta las 22:30, incluida lluvia de ideas de las 21:00, unos "vamos a centrarnos" a las 21:45 y el tupper con cariño de las 23:00. Un día con su audio fortalecedor en el wassapp que me lleva del miedo al calor y ternura pasada la medianoche; de dormirme con los ojos empañados mirándote tan cerquita; me hacía falta uno de estos días que me dan esperanza. Hoy sí. Hoy cómo no voy a creerme esto...

Recordadme este Hoy cuando uno de estos mañanas sean menos redondos, tengan demasiadas esquinas afiladas y me clave una y mi memoria frágil olvide que no hace tanto tiempo fue 18 de enero, justo ESTE 18 de enero, que tuvo todo lo que necesité tener.

El día de hoy vino además con un regalo inesperado, la imagen que encabeza este post y que ahora se encuentra en la dedicatoria de un libro impreso (o una bastante parecida en la que en vez de "Gacela" apareciera otro nombre más común).

Si los imprevistos son estos, dejo las puertas abiertas...

[Durante casi todo este último año, que no siempre que he querido o he necesitado he podido sentarme a escribir al ordenador, he ido apuntando cosas que quería compartir por aquí, pensamientos de los que quería hacer un post, alguna nota suelta o algún texto que escribí desde la cama, en la tablet. Muchos de ellos hablan sobre cosas que estaban pasando en esos momentos y que en realidad ahora son distintas (otras no son tan distintas, pero la idea o necesidad grande de escribir y reordenar sobre eso también fue de hace meses). Ahora que ya puedo -y en esta entrada ya me permito poner esto en vez de "parece que voy pudiendo"-, estoy rescatando algunas para traerlas al blog, bajo esas dos primeras palabras en el título: Tarde, tarde. Van a destiempo pero van. Como yo misma a veces...]