martes, agosto 07, 2018

Tarde, tarde (II): Cuidados que se entrecruzan

Este texto (con variaciones) nació a principios del pasado abril (llega cuatro meses tarde; en este momento vuelvo a estar movilizada

Versión breve: me han robado el móvil, hasta nuevo aviso no tendré llamadas ni wassapp.

Versión laaaaaarga para valientes, insomnes, insensatos... marque su casilla y siga leyendo.

Los cuidados se entrecruzan.

Hoy, después de meses en las que apenas he podido salir de casa porque el esfuerzo de mantener la propia supervivencia me está comiendo tanta energía que estoy teniendo muchos problemas de movilidad, he podido acercarme con una amiga a Traficantes de Sueños, mi librería-refugio favorita, media hora antes de que cerraran. Había mucha gente por alguna charla que había terminado hacía nada. Nos han dicho que con la cola que había ya no se podía comprar más, que estaban cerrados (ya iban a salir más tarde de su hora seguramente). Les he dicho que si podía quedarme el ratito que faltaba, que mirar sus libros me da calma y llevaba meses sin poder ir. Me han contestado con la amabilidad de siempre, que sin problema, que nosotras tres podíamos irnos las últimas (mi amiga, su perrita y yo), mientras ellas acababan de cobrar. Ha sido una manera bonita de cuidarme, parte de los cuidados que siempre siento en ese espacio.

He entrado a mirar los libros de dentro. Llevaba el móvil en la mano porque mi chico venía de camino a recogernos. He visto el libro de ensayos "Contar es Escuchar. Sobre la lectura, la escritura, la imaginación" de Ursula K. LeGuin y para leer la contraportada he metido el móvil en el bolsillo del abrigo 30 segundos. Cuando he dejado el libro otra vez en su sitio, el móvil no estaba en mi abrigo. He dudado primero de mí por si lo había metido en el bolso de tela, pero no, me lo habían robado en esos 30 segundos en el bolsillo del abrigo (soy consciente de que no es un buen lugar para dejar el móvil y había notado el roce de alguien pero pensé en un roce casual, no en que me estuvieran mangando un móvil).

No soy super legalista pero no entendería robar a Traficantes y no entendería robar a ningún cliente suyo tampoco. Me he enfadado un poco, en el wassapp que solo tengo en mi móvil es donde tengo mi grupo de acompañamiento de crisis. Estos días TODOS son días de crisis. He pensado que era ruin robar a alguien algo que no sabes lo que puede significar para él o ella. Que si me hubiera dicho la misma persona que necesitaba los 20-30 euros que se vaya a sacar por él, pues igual se los daba y ya. También he pensado después que quizá nadie hace eso, nadie se los daría con pedirlos, y por eso roba móviles. Que ellos no sabían que para mí tener mi móvil, mi wassapp con ese grupo tan necesario estos meses, mis canciones que consiguen que las piernas se muevan cuando están rígidas... es algo TAN importante para mí. Pero yo no sé tampoco nada de su situación y... En fin, creo que debe de cansar menos ser menos empática o poder pensar más fácilmente “vaya gentuza”.

Los cuidados se entrecruzan. Las dos muchachas que estaban hoy en la caja de la librería han sido un amor. Me han tranquilizado, no parece que ninguna de mis apps estén interceptadas. Una de las libreras me ha dicho que sentía que me hubiera salido tan cara la visita cortita, pero yo le he contestado que bueno, como hoy había conseguido llegar a la librería y estar un rato entre sus libros y eso era muy agradable, pues se compensaba un pelín. Que si podía echarle cara y aunque ya estábamos tan fuera de hora, si les importaba si finalmente sí que compraba el libro que había cogido cuando me han mangado el móvil . Lo he podido comprar y me han regalado otro ellas. Cuidados que se entrecruzan.

En casa al llamar a la compañía para cancelar el móvil y pedir una tarjeta SIM, he preguntado si había una manera de borrar a distancia todo mi contenido pero que el móvil pudiera usarse con otra SIM, ya sin nada mío dentro. Me ha dicho la operadora que no existía esa posibilidad y que no tenía sentido si no me iban a devolver el móvil. Yo pensaba en no dejar inutilizable un móvil que funcionaría perfectamente un par de años, por un lado por motivos ecológicos -esos recursos en fabricarlo ya han sido utilizados, ¿tiene sentido que se pierdan cuando el móvil podría seguir teniendo vida útil?-, también porque imagino que quizá quien compra un móvil robado por 30 euros tal vez lo hace porque no tiene acceso a móviles a precio de mercado. Que yo no sé nada de esa persona igual que el ladrón no sabría que yo estaría valorando esta noche si hay alguna especie de “señal oculta” cuando te roban el medio donde has podido construir un espacio donde dar la voz de alarma cuando todo se te va de las manos.

Me han preguntado si voy a denunciar. No, no siento que la policía vaya a sumar nada bueno a esto. Prefiero no tener que recurrir a las fuerzas de (in)seguridad siempre que pueda evitarlo, y desde luego en esta ocasión puedo evitarlo.

Igual nada de esto suena muy cuerdo. Yo nunca prometí cordura en mis textos.

Estos días Carolina León, que además de ser otra de las libreras en Traficantes de Sueños es también la autora de un libro magnífico como "Trincheras permanentes. Intersecciones entre política y cuidados", tiene dos nuevas citas -a las que no podré ir- para seguir presentando su libro. Ella habla mucho mejor que yo de cuidados, en su libro, en su blog y donde sea que hable o escriba sobre esto. Yo hoy me he sentido cuidada por sus otras dos compañeras, mi amiga, mi chico, un amigo que ha venido a casa por la noche a hacer de tercera persona de apoyo... Cuidados que se entrecruzan, de nuevo.

A veces me siento desgraciada y no puedo más. Que me roben el móvil me parece un poco tomadura de pelo divina, como si fuera una respuesta a uno de esos chistes de colmos, que preguntase cuál es el colmo de la persona en riesgo de despeñamiento que hace un grupo de wassapp para ver si agarrándose ahí la supervivencia es pelín más fácil. "Que le manguen el móvil". (Como chiste es bastante infernal, así que quién sabe si es tomadura de pelo divina o más luciferiana...) Pero he sentido tantos cuidados en medio que no me queda claro si soy afortunada, desgraciada o aforgraciada / desgratunada... Sí sé que hay gente cerca y no-tan-cerca que me cuida. Y a la que yo intento cuidar. Cuidados entrecruzados.

Aforgraciada. Desgratunada. Inventar palabras siempre es buen final para todo.


[Durante casi todo este último año, que no siempre que he querido o he necesitado he podido sentarme a escribir al ordenador, he ido apuntando cosas que quería compartir por aquí, pensamientos de los que quería hacer un post, alguna nota suelta o algún texto que escribí desde la cama, en la tablet. Muchos de ellos hablan sobre cosas que estaban pasando en esos momentos y que en realidad ahora son distintas (otras no son tan distintas, pero la idea o necesidad grande de escribir y reordenar sobre eso también fue de hace meses). Ahora que parece que ya voy pudiendo, estoy rescatando algunas para traerlas al blog, bajo esas dos primeras palabras en el título: Tarde, tarde. Van a destiempo pero van. Como yo misma a veces...]

lunes, julio 23, 2018

Tarde, tarde (I): ¿Re-conocimiento?

[Durante casi todo este último año, que no siempre que he querido o he necesitado he podido sentarme a escribir al ordenador, he ido apuntando cosas que quería compartir por aquí, pensamientos de los que quería hacer un post, alguna nota suelta o algún texto que escribí desde la cama, en la tablet. Muchos de ellos hablan sobre cosas que estaban pasando en esos momentos y que en realidad ahora son distintas (otras no son tan distintas, pero la idea o necesidad grande de escribir y reordenar sobre eso también fue de hace meses). Creo que ahora que parece que voy pudiendo, rescataré varias para traerlas al blog, bajo esas dos primeras palabras en el título: tarde, tarde. Van a destiempo pero van. Como yo misma a veces...]

Este texto (con variaciones) nació a principios del pasado mayo (llega casi tres meses tarde...) 

Hoy una red social me ha recordado una foto mía de cinco años atrás. Llevaba entonces 17 años con antipsicóticos. En la foto estaba en mi peso habitual de los últimos años (en febrero del 2014 alcancé mi máximo porque tuve tres ingresos larguitos muy seguidos entre junio del 2013 y febrero del 14, y en cada ingreso siempre cojo más o menos un kilo semanal, pero en la fotografía casi volvía a estar más o menos en mi peso habitual).

NADA de mi problemática en salud mental tiene que ver con temas de alimentación, nunca ha sido así.

Hace un año y dos meses aproximadamente dejé la medicación antipsicótica (con acompañamiento profesional y en un proceso de año y medio para minimizar riesgos). Mi cuerpo -hablo del físico- se descontroló, perdí creo que 13 kilos en unos 8 meses, me hacía daño al sentarme porque me clavaba mis propios huesos; tenía -todavía me pasa mucho- muchísimo calor siempre; no podía dormir más de cuatro o cinco horas seguidas; los ciclos menstruales hacían lo que les daba la gana cuando yo hasta entonces había sido bastante un reloj, si exceptuamos un año hace tiempo en que otra medicación antipsicótica le subió los niveles de prolactina artificialmente a mi cuerpo hasta hacerle creer que estaba embarazado, y se me retiró la regla en consecuencia.

Volviendo a esta bajada de peso tras la retirada paulatina de la medicación. Los médicos, primero en salud mental, que como no quieren reconocer que su medicación te ha jodido el cuerpo y tampoco que no saben qué pasa cuando alguien se desmedicaliza porque lo intentamos aún pocos, se dedicaron a culpabilizarme con sus "no bajes de este peso YA" en cuanto perdí cuatro kilos, y a echar balones fuera: "no, no, nunca cogiste peso por los antipsicóticos, era porque todo el mundo engorda con la edad; tampoco dormías tanto (¡14 horas fácil!) por esa medicación sino por pereza, es ahora que duermes cinco cuando estás fatal".

Los médicos físicos se alarmaron por la disminución de peso y en una época en que ya tenía muchos otros estresantes externos, estuvieron haciendo mil pruebas: por lo visto había que descartar diabetes, celiaquía, hipertiroidismo, leucemia; he estado meses teniendo dos consultas semanales en el ambulatorio para ver el peso, una con la enfermera y otra con la médica de cabecera; añadidas a las dos citas semanales en otro hospital para un tratamiento para la dermatitis; a sumar a las de salud mental, psiquiatra y enfermera; más la dermatóloga; más las analíticas variadas y una eco y una radiografía -pruebas por eso ¿incomprensible? descenso de peso; más acompañar yo también al médico a otras dos personas y sentir que era yo quien tenía que hacerme cargo de entender, enterarme, llevar en la cabeza... sus citas, medicaciones, pruebas (con la sensación que además me ha trasladado bastante el sistema sanitario, de que yo tenía que "defenderles" de los posibles abusos, malas praxis o malos entendidos -¿malos explicados?- que se dieran allí).

Ahora he recuperado un poquito de peso, parece que empiezo leeeeeeeeentamente a estabilizarme físicamente. No tengo leucemia ni diabetes ni celiaquía ni hipertiroidismo ni nada más allá de que me jodió el cuerpo la medicación que me han hecho tomar por encima de las dosis y el tiempo que hubiera sido adecuado, por supuesto sin informarme ni poder decidir y llegando a mentirme. Tampoco tengo, por mucho que diga mi (¡por fin!) ex-psiquiatra, tres o cuatro diagnósticos nuevos, "porque eres joven y puedes empezar en cualquier momento con algo nuevo" -aunque cuando le dije que si él o su residente también podían tener de repente un diagnóstico montó en cólera y me expulsó de la consulta; ellos estarán vacunados o algo-. Al parecer estar desafiante, que para mí es un signo de salud ante la humillación cotidiana, viene en muchos sitios del DSM de turno. Vaya por dios, qué oportuno.

En fin. Estoy físicamente bien, he recuperado algunos de los kilos que perdí, a veces duermo cuatro o cinco horas y otras veces nueve o diez, alguna noche, solo tres o así en este año, no llego a conciliar el sueño. Tengo menos citas médicas. Pero veo esa foto de hace cinco años y no me reconozco ahora en el espejo. No por la edad, no... Es mi cuerpo, mi envoltura. Yo me veo radicalmente distinta. Yo era una cara redondeada que ahora tiene picos y barbilla un poco de bruja, rasgos afilados que me resultan ajenos. Es como si de ese Yo anterior quedaran el abrigo y las pincitas del pelo y el resto fuera distinto.

Esto lo he preguntado a mi entorno, porque realmente para mí es un choque, un "¿esta soy Yo?" que viene y va. He preguntado si quienes me conocen ahora y me ven ahora con cierta frecuencia, ven un cambio tan brutal entre las dos Yoes. Si reconocen claramente a la misma chica solo algo más delgadita y ya. Si tienen ese choque de "¿pero cuándo fue así?"

Y voy a guardarme aquí cosas que me han respondido, para esas veces en las que no sé mirarme, o me miro y a pesar de verme, no me encuentro en la imagen:

- Kilos más o kilos menos, según veo esta foto, transmites la misma fuerza con la mirada. Una mirada a día de hoy más sabia y más peleona. Una mirada de fuerza y superación (aunque haya días muy negros). Se, por experiencia, lo difícil que es acostumbrarte a una nueva carcasa. Mi parte feminista se caga en todo cada vez que las otras se pelean por ver quién gana, le revienta que tengamos que andarnos con estas historias porque "lo cuidado" no debería entender de pesos. Así que la respuesta a tu pregunta es un rotundo SÍ, yo SÍ te reconozco en esa foto y en el ahora.

- Que sucedan cambios en nuestras vidas es señal de que estamos vivas. ¿Se pierde peso al reducir o cesar en una medicación psiquiátrica que fue de larga duración? Desde luego que sí. Y no solo parece ser aparecen esos cambios, sino que se acentúa la sensibilidad, vuelves a sentir con intensidad las cosas. Parece ser que muchos se asustan de nuestras emociones cuando rebasan un límite usual. En general, asusta ver muestras de gran arrebato. ¿Pero no es esto humano? Seguramente está fuera de la norma establecida. Tu respuesta ante explicaciones médicas que te llaman, nos llaman tontas, les hace sacar sus esbirros, como es el sobrediagnóstico. Ya que no pueden sujetarte con medicación, lo hacen con amenazas y ejerciendo violencia. Así muestran su poder y lo ejercen. Yo te animo, porque así de paso me animo, y digo además que no sé si hay muchos cambios, que te conozco desde hace más o menos, pero quiero decirte que no solo te reconozco físicamente, sino como una gran persona, que creo en ti, como persona valiente que reconoce su vulnerabilidad, de gran valía y creatividad. Y si a todas las cosas que actualmente tu persona nos enseña y nos regala, ha contribuido tu desmedicalización, bienvenida sea. A pesar de las dificultades. Porque la vida es un camino, y en él hay piedras y arena. Ojalá nos encontremos muchos, muchas, al tiempo, frente al lago, comiendo y jugando sobre la hierba verde de los prados. De entre las flores que los cubren en esta primavera, yo respondo a una. Te reconozco.

Tú siempre eres TÚ. En la foto del 2013 con la cara más redondita, en la del 12 de febrero de 2018, con la cara mas estilizada, ¿y? En cinco años siempre, con o sin medicaciones, con más o menos kilos, nuestra cara se modifica -la tuya y la de todas-. No cambian tus ojos, no cambia tu sonrisa, no cambia tu inmensa capacidad de pelear y superar dificultades, una tras otra.

Eso era. Poder volver a reconocerme viendo mi reflejo en otros ojos que saben que estoy ahí. Aquí. 

Quejas, reflexiones, preguntas y respuestas en un mix en el blog que llega a destiempo (tarde-tarde).

viernes, julio 06, 2018

Destierro (II): Cabecita loca / Mi barrio

Me decías cabecita loca
por seguir mis sueños
por romper las olas.
Me defendía con mis alas rotas
contra la corriente: 
vuela, vuela mariposa...

Una vez tuve un barrio que no era mi barrio pero sí lo fue un poquitín... y dejó de serlo. Recuerdo ir a hablar con M., mi psicóloga de hace mil años y alguno más, e ir con miedo porque esa zona ya no me correspondía, porque implicaba cruzar su frontera, mi frontera, y entrar en su terreno y encontrarme a su familia o a él cuando el terreno me había sido vedado aun sin haber una prohibición expresa de pisar esas calles o bajarme en esa parada de metro, sin haber un bando pegado en las calles notificando el destierro

Ahora la situación es distinta. Este barrio es mi barrio, es mi barrio palpablemente, tangiblemente, vivo aquí, aquí tengo mi casa, la mayoría de mis vínculos, mi madre, mi infancia, mis recuerdos, mis plazas que fueron nuestras, nuestros domingos que queríamos de todas. No puede dejar de serlo.

Eras mi ángel de la guarda
sobrevolando mis horas bajas.
Eras la música del alba,
la lluvia cuando estalla.

Y por eso duele todo esto como herida abierta. Porque hace años que caminar por aquí, por todas estas calles, se había convertido en algo más que simplemente estar en mi barrio, en un espacio seguro, propio, conocido (eso lo ha sido siempre, por eso volví de Chueca). Hace años que además de ser un lugar, este trocito concreto de ciudad era una red, era la mayor parte de mis vínculos, de mis afectos, era la constatación de que -afortunadamente, por fin, menos mal...- no era una isla, NO SOY UNA ISLA, sino una madeja entretejida. No soy veneno. No soy un monstruo. No soy una vampira emocional. 

Sálvame, no me dejes caer
en la tristeza de las noches en vela.
Sálvame y yo siempre seré
tu amiga más fiel 
que dentro te lleva.

Hace años que sumé a las propias calles que me resultan amables el hecho de que en cualquier momento podía encontrarme a caras conocidas, queridas, también amables... en esta esquina o en la otra. Caras que me sonreirían y a las que yo devolvería la sonrisa, encuentros aleatorios e inesperados que me darían calorcito dentro, para los que no tendría que prepararme mentalmente y dedicar montañas de energías por si acaso sucedieran, encuentros donde esta cabecita loca no tendría que preparar cada frase y hacerla sonar dentro antes de decirla fuera a ver si sirve o no, donde no contaría palabras de manera automatizada, las mías y las del resto, para determinar si digo demasiadas, si digo insuficientes. Hace años. Hacía años.

Y me decías cabecita loca
por soñar despierta,
por querer que no amanezca nunca.
Tú me decías 
cabeza loca...

Hace hoy siete semanas mi cabeza contó palabras (fueron demasiadas) de manera automatizada. Conté minutos de presencia (fueron insuficientes) en un encuentro grupal que deseaba mucho, que me había dado fuerzas más allá de lo que yo hubiera apostado nunca. Volvía a haber muchas personas (demasiadas, insuficientes) a mi alrededor mientras yo estaba sola, solísima, más sola que la (l)una, con toda esa mi gente alrededor (y los dos artículos están a propósito). Un finde de auto hipervigilancia otra vez. Hacía años que no estaba tan, TAN sola, con esa mi gente.

Siempre es igual,
siempre mi ángel de la guarda
(siempre mi ángel de la guarda)
sobrevolando mis horas bajas.
Eras la música del alba
(eras la música del alba),
la lluvia cuando estalla.
Sálvame, no me dejes caer
en la tristeza de las noches en vela.
Sálvame y yo siempre seré
tu amiga más fiel 
que dentro te lleva.
Sálvame...
Vuela, vuela mariposa.

Este barrio es mi barrio. Palpablemente y no, tangiblemente y no, está aquí mi casa y casi todos mis vínculos, y casi todo mi sentido también. Y hoy son las fiestas de mi barrio en una plaza que está a menos de diez minutos, y yo estoy aquí en mi casa escribiendo que son las fiestas de mi barrio y me da miedo bajar.

Eras mi ángel de la guarda
(eras mi ángel de la guarda),
eras el eco de una voz lejana.
Eras la música del alba
(eras la música del alba),
la lluvia cuando estalla.
Sálvame, no me dejes caer
en la tristeza de las noches en vela.
Sálvame y yo siempre seré
tu amiga más fiel.
Seré la nieve al caer sobre el mar,
sobre la tierra
cuando el fuego te quema...

Qué capacidad de romper cosas tenemos, ay, pequenya.

Sálvame... sálvame...

(...)


martes, junio 26, 2018

No-sí-cumpleaños (y si soy inadecuada, bueno y qué)

Tengo 38 años (que igual ya en sí mismo no es adecuado con mi historial) y como me siento y me han hecho sentir tantas veces inadecuada, o que hago cosas inadecuadas y eso me hace sentir mal, el pasado sábado quise darle la vuelta a la tortilla. El viernes había sido mi sí-cumpleaños, y como creo que era adecuado, esperable, tanto desde fuera como desde dentro, apagué móvil, cerré redes, dormí y dormí. NadaQueCelebrar, como el hashtag que se suele usar en Twitter para el 12 de octubre.

Pero el 23... el 23 me desperté con un "y qué" que me nacía dentro-dentro... un "no puedo disculparme eternamente", "no puedo hacer más de lo que hago", un "quien quiera que esté y quien quiera que no", un "seamos inadecuadas".

Así que me hice aposta dos coletas altas altas, que quizá no es adecuado cuando en tantos ojos eres una "señora" -ya no eres joven, Gace-; me puse mi pantalón más cortito, que igual tampoco; teniendo  las piernas sin depilar que hay gente que tampoco lo ve adecuado; me di permiso para no rogar perdones gigantescos ese día como autorregalo de cumple y si se me escapó alguno pequeño pues no pasa nada porque me di permiso también.

Celebré mi cumpleaños aunque no fuera adecuado celebrar nada y aunque de hecho no era mi cumpleaños ese día; canté las canciones de una amiga cual gropie total en su concierto, que igual ser TAN groupie tampoco es muy de mi edad; comenté varias veces que me gusta Alex Ubago y no me importa; di besos; dije a algunas personas que las quiero, a otras tantas que las amo; grabé videos lamentables a mi amiga durante el concierto, que con mi pulso y la emoción le corté la cabeza en algún momento, que es poco adecuado (como es muy inadecuado haberla pixelado con el zoom o que mirar los videos maree por la inexistente firmeza de mi pulso); grabé un par en los que se me oye más a mí que a ella porque quería cantar y me di también permiso aunque no fuera adecuado si estaba grabándola; y no contenta los he enviado a las personas que estuvimos allí esa noche.

También leí un texto propio antiguo-antiguo (y actual a la vez) sobre patitos de goma que naufragan pero no; y lo leí cuando la gente estaba leyendo textazos increíbles (muy inadecuada, mi intervención) autolegitimándome con cosas externas y además verbalizando esa manera de autolegitimarme delante de mucha gente que no me conoce y le daría igual. También hablamos y di la web de #0contenciones así pues porque quise. 

Y me reí y lloré y me sorbí los mocos así al llorar que está fatal y muy poco adecuado. Y por lo visto durante el concierto llamé a gente sin darme cuenta porque no bloqueé el móvil, lo que tampoco parece adecuado. 

Y pensé que hay cosas de mí que me gustan, que lo mismo tampoco es adecuado, o al revés, no me gusten suficientes y es eso lo que no sea adecuado.

Y si estoy instalada en la inadecuación a ratos, bueno y qué.

[Tengo en la mente una canción que se creo que cantaba de peque, que acababa cada frase con un "bueno, ¿y qué?, pero no consigo recordarla. Y este es mi bueno y qué particular de mi no-sí-cumpleaños, en el que tuve la desfachatez de pasarlo bien y de darme ese permiso. Y si eso no era adecuado tras mis últimas aventuras y desventuras allí en el límite, pues mira, llevo más de un mes pidiendo perdones diariamente, y el sábado me permití decir, "bueno y qué". Ya el 24 volví al drama, pero me regalé un día, y si no debiera haberlo hecho, bueno y qué.] 

viernes, mayo 25, 2018

Zero Zen


Si el cuerpo fuera sabio, el corazón se pararía solo (con ambos significados, solo de sin ayuda o solo de solamente, aunque pensaba originalmente en el primero) cuando superas demasiadas horas de llanto seguidas, o estás llorando determinado porcentaje del tiempo que pasas despierta. El corazón se rompería, él solito, sin un crash ni bajito ni alto, solo partiéndose o parándose o necrosándose o pudriéndose o encogiéndose o implosionando, no me importa. Y nadie señalaría, y se haría un duelo normal, no habría culpabilidades propias ni ajenas, no habría monstruos ni santos, ni cómo pudo hacerle / hacernos / hacerme / hacerse (este último siempre el menos importante) eso

Pero el cuerpo no es sabio. O el mío no lo es. La gente solo se muere de pena en la ficción, las películas antenatresianas, los dramones telenovelescos, los libros de los románticos -el movimiento literario, no la gente que amamos-. 

Y eso mismo, la ignorancia de un cuerpo que no se muere por sí solo de pena y de daño dentro, me da más pena. Y vuelta a empezar el llanto como lluvia constante sobre una estatua en un jardín zen, aunque yo sea uno de esos alguien a quien el budismo, la espiritualidad, el yoga y el mismo zen/paz/calma... le pillan tan tan lejos.

[La fotografía que encabeza este post se llama "Zen Garden", de la artista Amanda Flavell, sacada del banco de imágenes gratuitas Unsplash.com]

jueves, mayo 17, 2018

LLegó el domingo y se quedó para siempre (II): 15M, siete años y dos días después

Esto lo puse hace dos días, 15 de mayo de 2018 en mi Facebook. Hoy lo quiero traer aquí también, aquí "a casa".

Feliz séptimo aniversario del 15M para todas las personas con las que compartí asamblea (y las que siguen ahí en estos tiempos post plaza de Olavide, funfunfun); y también para todas las personas para quienes el 15M fue importante, para quienes nos cambió la vida, un poquito o un monton; para todas quienes hoy estamos en proyectos que muy probablemente si no hubiera habido 15M habría sido muy difícil crear.

Hoy es un poco nuestro día, y yo lo siento así incluso aunque a la mani propia del 15M falté, incluso aunque en Sol nunca estuve demasiado porque se me hacía grande, incluso aunque no me impliqué empapándome hasta que el 28 bajaron las asambleas a los barrios y ahí sí, ahí me acerqué a Olavide y booooom.

Quizás no hicimos la Revolución. Pero también la hicimos. La hacemos siete años después. Porque sobrevivimos, por La Morada, por las cañas, por 3Peces3, por la Despensa Solidaria, por Tetuberi (y su bebé), por no perder un juicio con el juicio perdido, por decir que me pasaban cosas y que no pasara nada, por José Luis Sampedro y Olga Lucas en Olavide, porque se juntaran siete personas a las puertas del hospital en cada tarde si ingresaba, porque hoy no me plantee ingresar, porque antes nunca me habría subido a un Flipas GAM, a unas InsPIRADAS, por la PAH, los villancicos laicos, por tener a un montón de gente en el movil que se apellidan Chamberí, por Antirracistas, la Casa de la Cultura, tejer redes, crear comunidad de la de verdad, por las doce horas de cañas o CocaColas, el colesterol,y las ojeras de los miércoles por la mañana; por viajar a Chicago a verte, y a ti a Sevilla, y algún día a Dublin, o Copenhague o Berlin; por conocer Jaca, Canfranc, por un finde en Denia y otro más pequeño, por un festival de jazz de cuyo nombre no me acuerdo, por hacer el contracamino de Santiago Ventolin en mano; por ir a un MadridCool sin ser yo musical; ver un culo, dos culos, tres culos; por los saludos al camión de la basura y a una rubia de bote; por Chambidad y La Lavanderia y no hacer yoga; por tomar las plazas, las calles, los barrios, la huelga, la vuelta al cole,la cerveza; por los viernes comemos y los jueves de Pedrusquin y el Ferry y el Maneras (te vienes aunque no quieras) y el bar de Manu, y el Cienpor, y la ex Juana y el asturiano y la marisquería, por las tapas del arroz con bogavante sobrante gratis a las cinco de la tarde; las mejores Nocheviejas EVER; las falsas alarmas de dientes perdidos; por los chistes malos, los inventados, los que vendrán; por parar coches trajeados o con trenzas; por los brindis de por la amistad que recuerdo que acababan en "... y por el buen follar"; por quitar el volumen del micro disimuladamente; por Papa Pitufo y los peques; porque podemos también se escribiera con minúscula y fuera la primera persona del plural del presente de indicativo del verbo poder, pero poder no se escribiera con mayúscula; por el feminismo, los 8M, las suscripciones a El Salto, Pikara, Diagonal, LaMarea, Ctxt... por aprender a desaprender, por aprender a cuidarnos de otra manera, por desanudar todavía siete años después nudos capitalistas interiorizados.

Por los que estuvieron y se fueron, los que estuvieron y no nos fijamos hasta después pero qué suerte encontrarnos aún más tarde, los que llegaron de la mano de X y se quedaron un rato o hasta ahora o para siempre o todo junto que también se puede.

Y me dejo mil cosas en el tintero, pero son más de las tres así que paro. Daos por etiquetados aunque hayáis huido de Zuckerberg incluso las que os carteabais con él.

Feliz 15M, hoy y cada 15M, que en realidad es cada día porque se nos ha quedado dentro de cada uno, de cada una, y a nosotras mismas nos vivimos todos todos los días.

Y por este vídeo que si en las estadísticas por rachas aumenta de visualizaciones sin motivo aparente, seguramente soy yo y mis rachas de morriña y nostalgia:

(Carmen a la realización, Pepa al storyboard y el resto en lluvia de ideas cervezas y CocaColas mediante)

Y hoy pongo más videos, que esto es mi casa y aquí qué más da:

(Cuando empecé a pensarme de manera pelín más crítica en salud mental, esto es lo primero que hice, aún sumisa, sumisa. Participar en un video en el que hoy probablemente me lo repensaría un par de veces, pero al que se sumó mi asamblea en pleno, y ocho personitas de ella aparte, alguna que ni siquiera estaba en Madrid, lo que hace de este video un recuerdo precioso)


(Cuando hicimos un mercadillo de juguetes navideño pero nos resistimos a los villancicos tradicionales y le dimos un toque más cañero)

Y de esto último, video no pongo, que no tengo el permiso del resto de personas que aparecen y  estos videos nunca fueron a YouTube, pero sí pongo la letra. El mejor villancico laico EVER, del mejor concurso de villancicos laicos jamás hecho:


(Y estas cosas fueron parte esencial de mi supervivencia. 
Y lo son hoy, estas, lo que dejaron y lo que crearon)

domingo, mayo 13, 2018

Mi mundo ajeno (IV) // Cómo puedes decir eso (V)

Hace años, demasiados, que lo sé. Que no encajo en este mundo, que este sitio en el que intento sin conseguirlo hacerme un huequito, no es mi mundo, es y será siempre un lugar ajeno. Escribía sobre mi mundo ajeno con letra más redondeada en los 90, con 14 o 15 años, en papeles que algunos aún guardo y otros desaparecieron sin mi permiso en una mudanza que me ayudaron a hacer. Escribía sobre mi mundo ajeno allá por los primeros 2000, en diarios ordenados hoy en un lugar secundario de mis muchas estanterías. En 2005 abría rota este blog roto y aunque seguramente la expresión mi mundo ajeno aparece salpicada aquí y allá, la sensación fue tan intensa que en marzo del 2006, cuando aún no usaba eñes y sí enyes, hubo un primer Mi mundo ajeno en el lugar protagonista del título del post (y parece que el hosting de la imagen me era ajeno también, ops). En el 2013 se intensificó de nuevo la sensación  lo suficiente para escribir un Mi mundo ajeno (II). Y de septiembre a enero del siguiente año, volvíamos a sentirnos tan ajenas a todo, o todo tan ajeno a nosotras (un nosotras que soy un Yo sola, pero a veces siento así dentro y hablo de mí en plural, no sé si por acompañarme o por exteriorizar también en ese lenguaje mi ambivalencia vital/mortal), que ese mismo enero hay un Mi mundo ajeno (III).

Iba a poner "a estas alturas", pero no sé si es el tiempo laaaaaaargo, demasiado largo hace ya tiempo; o es la tarde o es la racha o es la presión (no la atmosférica, o también que se apunte a la fieshta). El caso es que A estas alturas / Hoy / En esta racha de Infierno en la Tierra / Con este cansancio / Con esta presión dentro (o fuera)... la frase mi mundo ajeno se vuelve palpable y nítida, y ya no sé si quiera saber por qué, si será porque el mundo es más hostil y más violento y más basura de lo que yo puedo aguantar sin romperme, y no puedo cambiarlo; o si será porque nunca-NUNCA-NUNCA seré capaz de cumplir con las expectativas creadas desde fuera o con mis propias autoexigencias; o será la certeza (ese trabajo con la incertidumbre lo tengo pendiente) de que no soy suficiente. Ojo que no digo la mejor, ni la más nada: ser simplemente suficiente, no tener en la cabeza perenne el Muy Deficiente (aunque con el Muy Decifuentes esté de moda), lo muy mal que hago... ¿qué no? No soy suficiente buena hija como para por ejemplo, así en plan idea peregrina total, que mi madre celebre su cumpleaños conmigo (y qué más da aunque a lo mejor es el último, por ella según va su salud, o por mí, según va mi fractura interna; y aunque no haya habido un f***ing año que no hayamos quedado a comer o cenar. Hay que ser flexible. Ya venderé los regalos por ebay o wallapop o al mejor postor o los donaré al primero que levante la patita). No soy suficientemente sumisa como para ser buena paciente, así que mi profesional de referencia durante 10 años me echa de consulta cuando dejo de sonreír y asentir a todo y me indica que me da un alta total de todo servicio de salud mental, ya que esto de que yo ande cumpliendo con mi derecho de solicitar mi Historia Clínica completa parece haberle molestado (¿qué habrías puesto,  muchacho, cuánto habrás tenido que borrar y modificar para estar TAN cabreado, para haberte aprendido en qué mes de cada año dije tal o cual comentario?)

Así que ya de acuerdo en que no somos una paciente deseada (tampoco fui una hija deseada por el 50% de los progenitores, el progreso cuadra) porque debería ser más sumisa, callada y sonriente ante mil abusos diarios; pero ops, tengo unas opiniones propias en algunas cosas y creo en el asamblearismo, así que tampoco la activista deseada en X lugar; y si voy al lugar Y resulta que tampoco soy buena activista allí, que a veces cuando me estoy rompiendo no soy capaz de respetar al 100% un turno de palabra o los cuadraditos bien señalados para cada actividad que en realidad solo debo respetar yo. No nos preocupemos, ¿tal vez podemos ser nosotras mismas, locas y ya? Vaya por Dios, tampoco, porque al parecer estoy aprovechándome de mi situación de poder (pero qué poder, ¿necesitar morirme? ¡Lo cedo gustosa, oiga!) y claro, un gran poder conlleva una gran responsabilidad, ya lo sabía Spidey, tu amigo y vecino, y yo ejerzo mi poder FATAL-FATAL, porque doy armas al enemigo, pero claro, se entiende desde mi desconocimiento de todo, mi ignorancia, mi no haber leído suficiente, mimimimí... 

En  fin. Al parecer no soy buena paciente, no soy lo suficientemente cuerda para que no me aten con correas a la cama, ni me digan cada cuánto tengo que ducharme, follar o cortarme las uñas ni para poder quedarme embarazada ni para poder currar ni para poder sobrevivir con una mínima facilidad o automatización, pero ojo que no soy suficientemente psicótica para decirme loca con todas las de la ley y usurpo voces de no-sé-bien-quién, y me aprovecho de ese poder, que ya no sé si es el de necesitar morirme o que los 21 años de antipsicóticos no se hayan cargado el 100% de mis neuronas (aunque sí mi sistema metabólico) y aun sepa escribir y a veces, si me organizo bien y con tiempo, hablar un ratín, aunque eso sí, los 20 años de esperanza de vida media que tenemos los que hemos tomado tal cantidad de neurolépticos, esos ya chao (visto lo que disfruto la vida, todavía será una suerte). A lo mejor es otro el super poder, saber dónde va algún acento de vez en cuando, yo qué sé, o que me gusten las redes sociales. Yo me pierdo. En fin.

  • Hija: necesita mejorar, por razones obvias.
  • Nieta: muy deficiente (vivieron engañados mis abuelos sin saber lo que me pasaba, que menudo disgusto los pobres!!! y Fíjate que aún así se murieron al final, pero al menos no me los cargué yo infartándoles al aparecer de un salto y diciendo AJAJÁ, VUESTRA NIETA ESTÁ FATAL Y NO ES LA NIETA FELIZ Y CUMPLIDORAQUE IMAGINÁIS!)
  • Trabajadora: muy deficiente, poniendo por una vez de acuerdo a patronal y a sindicalistas combativos, esto tiene mérito. En mi último curro (subvencionado, con contrato de discapacidad por el que se ahorraban mi seguridad social, que la pagaba el Estado que también les había dado un dinerillo extra al contratarme) me machacaron (para los jefes no era muy buena trabajadora, "¡¡¡pero qué lenta, Gace, qué lenta, pero ni un solo error, eh, que es muy importante, pero sé más rápida!!!) hasta volver a romperme en muchos-muchos cachitos, y entre medias hicieron multitud de ilegalidades de la manera más tonta, de esas que te envían en emails por escrito para que puedas denunciar fácilmente, ¿y qué hice yo? NADA. Como trabajadora no tengo precio tampoco a la hora de defender mis derechos.
  • Activista: mal, mal, o eres "demasiado normativa" porque quieres que una decisión se tome en asamblea, o "rompes la horizontalidad", o lloras cuando no toca, o hablas demasiado rápido o haces una broma en el sitio y lugar donde TÚ no puedes hacerla, que se necesita más rango.
  • Ama de casa, mujer, etc: No entramos aquí. Desde diciembre sé las cosas de la casa que he hecho: he puesto tres veces la mesa y he quitado la ropa una vez (y esta ayudada). No llevo tacones, no me quito los vaqueros, tengo unos zapatos para invierno y dos para el verano, no me maquillo, no me depilo, mi higiene no es la que debería ser, no tengo secador, no me pinto las uñas. Debería dar igual siendo feminista, pero es que...
  • Feminista: MAL también, porque el feminismo no se ocupa de estas chorradas y las feministas de antes sí que molaban o no o molábamos y sumamos todas o quién sabe. En realidad el feminismo lo hacemos todas MAL, si ya nos lo dicen ellos, que son muy listos y encima entre nosotras repartimos y quitamos carnets dándoles la razón.
  • Madre: no llegamos a saber, no parece que hayamos sido la fertilidad ahí desatada estos meses de poder intentarlo, y ahora, ops, vuelta a la medicación. Y eso que...
  • Loca: no apta, esto lo hemos hablado antes. ¿Pone esquizofrenia en los doscientoscientamil informes de los nopuedesrecordar cuántos ingresos en los que te han humillado y maltratado y a veces ni siquiera eras consciente de ello, lo que viene guay para poder culparte ahora -un poco de culpa extra nunca viene mal-, lo pone? Pues a cagar a la vía. 
  • Pareja: pues no te iba mal antes de empezar a joderle la vida a una de las personas más buenas, con un ERES BUENO de esos que se te llena la boca porque se deja bondad fuera aún así. Eras mejor pareja antes, sí. Quizá nunca suficientemente sexual, quizá no os importaba a ninguno, quizá os entendíais y era TAN bonito, y te mirabas en sus ojos y sonreían y ahora están velados y por eso ahora es todo además tan raro, con este suelo de aquel barco (el Reina de Africa, el 13 de este listado) que había en el antiguo Parque de Atracciones de Madrid, que estaba a oscuras y los tablones se movían y hacían trastabillar y creaban una inseguridad tremenda (siempre fui más de sillas voladoras que de este barco terrible). La nota la sigues aprobando como aprobaste 4º de ESO aunque dejaste de ir a clase en marzo porque ahí ya era oficial que habías enloquecido. Te están salvando las evaluaciones de sobresalientes en todo de ese curso y los anteriores, como entonces. Y por si queréis saber lo que pasó entonces, os lo cuento también: Intenté el siguiente curso, que por necesidades de salud fue en un sistema distinto, fue 3º de BUP, y suspendí. Gracias, Quijote, griego clásico y los compañeros que escribisteis una protesta conjunta porque un examen en el que no me escribía la mano se me hiciera oral. Así que eso, Suspenso is coming. Qué pena. No lo parecía. Qué capacidad enorme de destrucción, si he podido cargarme esto. Igual mi super poder va por ser Hulka (ni siquiera tendría que ser verde, hay una Hulka Roja / Red She-Hulk) y no saberlo todavía.
  • Paciente: esto lo vamos a resumir en una hermosa diapositiva (que cuesta creerlo pero es real, estaban lo suficientemente orgullosos de este discurso como para twittearla) de la Real Academia Nacional de Medicina en la que explican por qué el paciente empoderado es una cosa que AY, quita, bicho. Yo no puedo encontrarla más alucinante(mente terrorífica):

Y en fin, ya estoy cansada de escribir. Y de vivir (así) también, por si eso no se había deducido. Y que no sé si es esas violencias de fuera que se me meten dentro y se mezclan; este sentir una fractura interna que empieza en el esternón y baja hasta el ombligo, que parece que literalmente el daño de dentro va a partirme en dos; el no sentirme suficiente para nadie -parásito de Papá Estado-, y obviamente no ser suficiente para mí; los veintitantos años acumulados; el sentir "has fallado" aquí y allí y allá, el llegar tarde a mi propia muerte como los chavales que no se suben al avión por un presentimiento de alguien y claro, luego la Muerte no está de acuerdo porque ya contaba con ellos y va pisándoles los talones (a pesar de haber cinco entregas, ni la primera fue un peliculón, advierto); el ser dolorosamente consciente de que se supone que intento seguir cada día para no dañar pero en realidad dañar estoy dañando igualmente solo que cada día un rato y la mayoría de la gente eligiría en realidad quitar la tirita de golpe y que duela una vez mucho pero ya, y no quitar pelo a pelo en un AY-AY-AY-AY.... 

Muchas veces me viene a la cabeza la frase "quiero irme a mi casa". Me viene cuando estoy en la calle pero muchas veces cuando estoy en casa también, en mi propia casa. He pensado si sería a otra casa, a alguna de la infancia, a alguna de las siete casa en que viví antes de esta. He pensado también si de alguna manera me referiré a estar hospitalizada, no cuatro o seis semanas, sino en uno de esos manicomios que cerraron sin cerrar, sino que cambiaron por la más amable nomenclatura de Unidad de Media y Larga Estancia, donde la gente puede pasar años y años y años y años... 

O si simplemente es este mismo "mi mundo ajeno" que en otros momentos nombro así, como si hubiera una casa en algún lugar para mí. Como si fuera ET señalando hacia el cielo. Pero yo no tengo un lugar, una casa, un hogar, un mundo mío que no sienta ajeno, en este mundo. Y no creo en otros mundos, más allá del mundo de los vivos y de los muertos, que en el segundo en realidad tampoco creo, pero sí yéndome dejaría de buscar algo que no voy a poder sentir: un hueco en este mundo, algo que repare o se lleve esta herida de dentro que a mí me cuesta y este mundo no entiende, no ve, no sabe funcionar con personas como yo, que somos entre invisibles o molestos cuando se nos ve, especialmente si no sonreímos complacientes. Ay, esa manía de reclamar derechos.

Y estoy cansada hasta de ser desafiante. Que no, que no...

Ah, por supuesto, soy también consciente de esto...  

PERO serotonina, o genes ahí-ahí, o neurotransmisores averiados o que no me lobotomizaron a tiempo, o que me faltan unos estupendos electroestimuladores cerebrales ahí bien insertaditos en el lóbulo prefrontal. Qué sé yo de esas mierdas biológicas si ya os he dicho que me regalaron 4º de ESO, qué sabré de mi dolor, de mi daño (recibido y ocasionado)...

En fin. Lo de siempre, palabras que se vierten cuando el vaso está lleno, cuando no puedes más cuando te derramas. Palabras que nadie quiere oír, que tú no te atreves a decir. Gritos en silencio, para nadie, para nada. Y además, hoy, en doble combo, Cómopuedesdecireso's. Así, sin última revisión a ver qué acento se ha traspapelado o qué vocales ha intercambiado mi teclado desafiante también (yo se lo tengo autorizado).

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