Leyendo... (XXIV): Las herederas (o de cómo ver a las invisibles ❤️🩹)
Editado en 2022 por Alfaguara
(grupo editorial Penguin Random House)
Etiquetas: Feminismos en plural es lo que me gusta más, Libros, Maternidades (diversas como nosotras)
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Por aquí hoy es un día algo removido. Siempre he disfrutado mucho del Día del Libro, de peque con mi madre podínamos ir a cinco librerías y coger un cuento en cada una.
Luego, ya las dos adultas, siempre he salido a librerías este día y compraba algo para mí y algo para mi madre. Su cumpleaños era mañana 24. No tengo claro ni qué tiempo verbal debería usar. ¿Su cumpleaños era mañana, hubiera sido mañana, es mañana?
Los últimos años de su vida, como yo había cortado el vínculo (me gustaría poner esa frase de otra manera en la que no parezca que fue elección arbitraria hacerlo... ¿me vi obligada a cortar el vínculo? Tampoco me encaja del todo). Bueno, en esos últimos años de su vida, en los que yo ya había necesitado cortar el vínculo, también dejamos de lado la tradición de buscar un libro para ella el día del libro, para dárselo al día siguiente en su cumple.
Se quedó ahí revoloteando la idea...🦋 🐞 🦋
El otro día vi que había libro nuevo de Petros Markaris, que sé que le encantaba. Y creo que ha sacado novela Donna León, que también la disfrutaba mucho.
Pero ya no son regalos posibles para ella.
Dejaron de serlo años antes de su muerte, de hecho.
En fin. Revoltijos de estas fechas.
Se ve que ando tristontorrona 🥺Y aun así, de momento al menos...
Seguimos ❤️🩹
La segunda venida de Hilda Bustamante,
"Mi mamá siempre dice que Dios nos da lo que podemos aguantar, pero yo no creo que sea así. Aguantamos porque nos ayudan. Sola no se puede ni con la felicidad".
Patete también salió de esos vínculos que forjamos/reforzamos en crisis. En los últimos años hemos descubierto que es genial para que las criaturas de mi red lo rechupeteen porque su diseño hace tope en sus pequeñas boquitas: si se meten la cabecita de Patete en la boca, choca y no pasa el cuerpo; si se meten el cuerpo hace tope también y no pasa la cabeza. Es un vínculo seguro que se ha venido de vacaciones como viene haciendo desde hace años.
Muerte es (un Funko) importante para mí. Estamos inextricablemente unidas, y creo que cuanto más escucho esa hermandad que lleva conmigo desde mi niñez, desde ese linfoma que con tres años casi me llevó por delante pero luego fue susto y no muerte, más entiendo por qué está tan presente en mi vida. A veces ese tironear de mí es doloroso, otras engañoso porque su promesa de calma se presenta como única posibilidad y sé que he VIVIDO calma alguna vez, aquí, en la vida; la muerte no es su única casa. Otras veces es cariñosa y cuidadosa, me acompaña y acoge, me acuna, canta y me cuida.
Mi chico buscó en su día debajo de las piedras para traerme este Funko de la Muerte de Gaiman (que descubrí en mi 16° cumpleaños, cuando alguien que hoy me odia me regaló el cómic El alto coste de la vida). Desde ese cómic y esa Muerte estoy algo menos sola. Que mi chico no necesitase negar mi vínculo con la Muerte y lo convirtiera en un regalo... por cosas así le quiero tanto, claro ❤️🔥
Últimamente pienso que si le doy más espacio a la Muerte en mi cotidianeidad viva, quizá ella necesite tironear menos para llevarme a su lejano barrio con dedicación exclusiva. Empieza a venir conmigo a librerías, clases, parques, mares que nos pillan lejos. Le presento a amigues de carne y hueso y también de plástico como ella. Estas vacaciones se nos sumó, hemos estado contentas y Muerte ha intimado tanto con Patete que hoy somos uno más en la familia muñequil*, la última incorporación aún sin nombre: Duckenstein? Huesitos? Esqueleduck? 🩻🦆💀Ahí seguimos debatiendo.
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En diciembre, con el hígado tocado y casi hundido en mi necesidad de abandonar este mundo hostil, pasé sed como no recordaba haber pasado nunca.
Con el hígado recuperado (mi inmortalidad me sigue persiguiendo), la sed que había pasado devino en irónico regalo inesperado: disfrutar del agua como no recordaba haber disfrutado nunca.
Así, hoy bebo agua en casa, pido jarras de agua fuera de casa (recalco el "no, botella no, jarra de agua" cuando pretenden cobrármela), pongo reclamaciones al ayuntamiento cuando las fuentes no funcionan (aunque se me salga el agua por la nariz o me atragante porque beber en la postura que piden algunas fuentes es novedoso para mí), relleno botellas para la nevera, me llevo agua para la mesilla al irme a la cama por la noche.
A veces, a rachas, a menudo, aunque mi capacidad de disfrute sea tan desmesurada e intensa como mi capacidad de dolerme, mis días pasan sin encontrar mucho que disfrutar.
Estas noches de calor bebo agua en la cama. Está rica, riquísima. Y anoche quise rescatarlo como una Warhol flipadilla, quizá porque no tengo demasiado más que rescatar entre lagunas, tareas de cuidados, disociaciones, mareos acalorados, desbordes y algún respiro que da fuerzas para seguir con el ciclo.
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