miércoles, agosto 07, 2013

Tic, tac, tic, tac...

Que soy como... como una granada, mamá. Soy una granada, y en algún momento explotaré, así que me gustaría que hubiera el menor número de víctimas posible, ¿de acuerdo?
(John Green - "Bajo la misma estrella")

Normalmente las citas que traigo por el blog son frases que yo misma he subrayado de entre los libros que voy leyendo. Ahora que leer me cuesta tanto por mi falta de concentración y quizás también porque mi cuerpo no se ha acostumbrado a la subida de medicación,  me he encontrado con esta en alguna red social, he confirmado a dónde pertenecía y la traigo también porque en este momento siento que me define muy bien.

Siento que viene una explosión cercana. "No puede ser", me digo, "ya estás en crisis y a veces tienes hasta crisis más gordas dentro de la crisis grande... ¿cómo puedes estallar aún más?" Pero sí que tengo ese miedo, seguir bajando poco a poco hasta que el resto esté tan arriba que no podamos escucharnos o simplemente explotar y salpicar a todo mi entorno, ese que se está esforzando por mí y al que yo parezco dar la espalda sin querer.

Tuve una época lejana (pero la lejanía ya no es óbice para que vuelva a pasar, ahora que estoy recuperando síntomas de anyos y anyos atrás) en que cuando presentía esta granada en mí, esta bomba casi con temporizador, esta granada con la anilla algo suelta... era yo misma la que me encerraba, rechazaba toda ayuda que pudieran ofrecerme, echaba a quienes aún seguían a mi alrededor. No por egoísmo, más bien era por protegerles la explosión, y quizás también para hacerme a mí un poco más fácil ir desprendiéndome de mi piel y de mi ligazón con el mundo. 

No estoy en ese punto, si algo parece que he aprendido en estos anyos y que no se me escapa en tiempos de crisis es el lanzar S.O.S. que mi entorno recoge y acude. No quiero sentirme más sola, no quiero echarles de mi lado. Pero al mismo tiempo, no quiero verles sufriendo por mi culpa, no quiero sentirme causante de sus tristezas, de sus malos humores o de sus pesadillas nocturnas. Yo querría ser algo bueno que ofrecer a los que eligen acompanyarme, y sé que ahora no lo estoy siendo, y que no hay fecha conocida de regreso de ese Yo valioso, divertido, carinyoso, parlanchín. 

Me repito que es la gente quien elige dónde quiere estar, a qué lado colocarse, qué manos ofrecer y por cuánto tiempo, y no puedo tomar yo esa decisión por ellos. Pero al final esto es un "sufro yo, sufrimos todos" que yo no quería firmar. 

Y siguen mermando las fuerzas, y según pasa el tiempo, sigue también el tic-tac de la bomba que llevo dentro... y duele saberme anclada en el danyo y duele casi más saber que les duelo a los demás.

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