lunes, septiembre 07, 2020

Teatro VII: ANAFHA (o la necesidad de construir puentes y derribar muros)


"ANAFHA, historia de una niña refugiada" está en cartel en El Umbral de la Primavera todos los domingos de septiembre a las 20h


Anoche fui a ver el montaje de ANAFHA, historia de una niña refugiada hecho por la compañía Teatro de los Invisibles en la sala de Lavapiés El Umbral de la Primavera.

Salimos tocadas e impresionadas, es una maravilla cómo la obra consigue transmitir las sensaciones desde las entrañas, tanto los momentos más duros y angustiosos (en los que, junto con la protagonista, te dices "que acabe ya, que acabe ya, que acabe ya esto, por favor...") como los momentos en que se respira alegría, libertad y/o esperanza (maravilla de los trocitos con sus canciones favoritas).

La obra se basa en los textos de la propia Anafha, la niña refugiada protagonista, que estuvo meses hablando con Fabricants de Futur intentando buscar apoyos en su difícil situación. Su honestidad y franqueza infantil, sin dobleces, esa capacidad de mantener la esperanza y a la vez no sentir poder esperar años y años hasta ver cambios a mejor... está todo volcado, palpable y tangible, en el montaje que ha hecho con tanto cuidado y mimo la gente de Teatro de los Invisibles. Su montaje anterior, La liberación de la locura, ya hablaba de la especial sensibilidad y cuidado con el que se acercan a las realidades que interpretan. Esa sensibilidad se reafirma en esta nueva obra, tanto como la decisión que es sin duda un posicionamiento político: poner en el foco estas realidades y voces casi siempre olvidadas, acalladas, silenciadas. Gracias infinitas por ello. 

El teatro donde lo vimos, El Umbral de la Primavera, tiene ahora en estos meses post COVID una disposición con las sillas más distanciadas entre sí, a lo que suma la desinfección de manos y calzado según entras al recinto... En todo momento sentí que era un espacio cuidadoso y seguro en esta "nueva normalidad" (más cuidadoso y seguro, al menos, que cualquier terraza de bares o que la mayoría de las tiendas). El teatro nos necesita, la cultura es segura si se ponen los medios, y así lo he sentido en este rincón amable de Lavapiés.

La obra va a estar en cartel todos los domingos de septiembre, a las 20h. Podéis sacar las entradas desde este enlace de Entradium. De veras que os animo a ir, descubrir y escuchar (con los oídos y más allá, la piel, las entrañas, el corazón) la voz de Anafha. A través de ella podemos escuchar también el grito de autodefensa, la canción alegre, el gemido asustado y el deseo esperanzado de tantas niñas, mujeres y familias refugiadas que necesitan YA, sin más esperas eternas, que hagamos que las fronteras sean puentes de encuentro y no barreras infranqueables. YA.

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domingo, julio 21, 2019

Teatro VI: Recorriendo huellas (...abriendo caminos)

Cartel de la obra "Recorriendo Huellas"

En este verano se me hacen algo más difíciles los días por el enorme calor y por cómo siente mi cuerpo la temperatura tras el proceso de desmedicalización que hice. También creo que suma que (quizá) esté escuchando más (¿mejor?) a mi cuerpo, que ahora se mueve mejor / peor / nada en absoluto... en función de sus sensaciones y fuerzas. Pongo el "mejor" entre comillas porque no sé aún si esta nueva escucha pelín forzosa es para mejor o peor, porque me obliga al descanso pero a la vez la siento a veces muy limitante porque realmente los problemas de movilidad me impiden muchas veces actividades.

Volví a final de junio de un viaje bonito sobre el que ojalá pueda dejar también escrito, porque conozco esta memoria en la que todo se me escapa y no querría que se escaparan esos días de la que los tres que fuimos llamamos Ruta del Norte. Llegamos de San Sebastián a Madrid el día que entraba una ola de calor que nos hizo subir quince grados de temperatura, de los agradables veintitantos allí a los cuarenta en el asfalto madrileño, El Infierno en la Tierra. Y esa primera semana de regreso apenas pude moverme o salir, me sentí enjaulada en mi casa delante del aire (aunque siempre podría ser peor, podría no tener aire, claro, reconozco claramente que estos son unos #ProblemasDelPrimerMundo totales, y seguramente de bastante privilegio dentro de esa caja ya privilegiada).

Quizá por esa sensación previa de encierro que pude romper el jueves que fuimos a ver esta obra de teatro al centro social de mi barrio, también la disfruté mucho más. O quizá no, quizá disfrutarla tanto fue porque era un trabajo precioso, sin más.

Placa en el edificio de la Residencia de Señoritas

La obra que se representó fue "Recorriendo huellas". Se trata de un trabajo de teatro comunitario realizado por vecinas del barrio dentro del proyecto Mosaicos, que contaba (ojalá cuente en un futuro) con apoyo del Ayuntamiento para realizarse en cinco distritos madrileños. En Chamberí este había sido el segundo año del taller de teatro gratuito para las vecinas, que se había estado haciendo semanalmente en la Casa de la Cultura y Participación Ciudadana, el centro social donde también vi la representación. [Del curso anterior había salido otra obra diferente, Chamberí Móvil, que no llegué a ver].

La obra se inicia contando parte de la Historia de la Residencia de Señoritas, cuya sede estuvo ubicada en Chamberí. Se trataba de la primera institución que fomentaba la formación universitaria para mujeres en una época en la que tener esa formación sin ser hombre era muy complicado (actualmente yo veo también una grave exclusión de la universidad asociada esta vez a los recursos económicos, ya que muchas familias no pueden permitirse la educación universitaria por el aumento de la precariedad a la vez que aumenta también el coste económico de la universidad pública y se endurecen los requisitos para unas becas cada vez más recortadas). En la Residencia de Señoritas fue donde se formaron muchas de las mujeres que tuvieron papeles de protagonismo o cierta influencia en nuestro país, hasta su cierre tras el Golpe de Estado del 36 que dio comienzo a la Guerra Civil y a un periodo de oscuridad y pérdida de derechos y libertades que, aunque golpeó a hombres y mujeres, se cebaría con ellas especialmente, y se extendería durante toda la dictadura.

Lo que más me gustó no fue tanto este punto inicial, que también, sino que a partir de ahí recupera las memorias de distintas mujeres, de perfiles variados pero que comparten el anonimato, y que habitan o habitaron nuestro barrio (y que esto lo pudiera hacer también un grupo de vecinas diversas entre ellas, de distintas edades y procedencias, con lo difícil que es a veces que en los grupos se den esa mezcla enriquecedora a pesar de que se hagan convocatorias abiertas). Nos contaron al inicio que durante el proceso de construcción de la obra desde el taller de teatro entraron en contacto con Geros, un proyecto comunitario del barrio que trabaja con personas mayores, y que desde ahí tuvieron muchas conversaciones con vecinas que les querían contar sus historias de muchos años atrás. En la obra se entrelazan esas memorias de mujeres diversas con las propias historias de las actrices protagonistas (y mantiene el telón de fondo de las mujeres -estas sí, con nombre ¡y hasta renombre!- que estudiaron, impartieron clases o hicieron alguna actividad en la Residencia de Señoritas).

Uno de los momentos de la representación

Así, a la manera del nombre del propio proyecto más amplio de teatro en los distintos distritos, Mosaicos, la obra construye un mosaico precioso y emocionante de historias entrelazadas de mujeres diversas del pasado y el presente del barrio, de nuestra Historia compartida y demasiadas veces silenciada y olvidada más consciente o más inconscientemente. Se mezclan la visita de Marie Curie a la Residencia con la historia de vida de la azafata de avión que sabía inglés en los años setenta; las mujeres que hoy apretamos el paso en la calle si un hombre va demasiado cerca tras nosotras cuando volvemos a casa por la noche con la nana que le cantaba ayer la mamá de la mujer migrante mientras ella se la canta hoy en día a otro bebé en alguna plaza del barrio; la mujer que dejó de estudiar porque su padre le negó los apoyos necesarios y su madre no supo defenderla con las historias de Las Sinsombrero y las de otras mujeres más privilegiadas que sí pudieron tener la formación que se impartía en la Residencia de Señoritas, entonces tan minoritaria...

Me sabe mal no haber podido ponerme antes a escribir sobre la obra porque ahora mientras tecleo ya siento que llego tarde a mis propios recuerdos y se me hacen jirones en la memoria (qué pronto me pasa esto siempre si no lo registro por escrito, AY), y me cuesta transmitir o recordar exactamente escenas. Pero sí guardo más nítidas las sensaciones: la de irme agradecida, la de que ojalá tuviera más representaciones que esta de julio y  la previa en el Centro Cultural; la sensación de emocionarme, de alegrarme tanto de ese día sí haber podido ir y estar allí; el recuerdo de que se me empañaron los ojos y también me reí y le daba golpecitos a mi chico en la pierna en algún momento de la propia emoción de estar y verlas o, aún sin tener un vínculo personal con ninguna de las vecinas-en-ese-momento-actrices; la certeza de ser este un proyecto necesario; el deseo de que se mantenga el curso próximo independientemente del cambio en el gobierno municipal.

Otro momento durante la representación teatral
A la obra resultado de este precioso trabajo colectivo la han llamado "Recorriendo huellas". Para mí deja claro que buscar y recorrer huellas es también forma de abrir caminos y seguir andando juntas, tejiendo redes, construyendo apoyo mutuo, haciendo barrio, creando comunidad. En esas seguimos siempre que dan para ello las fuerzas :-)


Las dos primeras imágenes han sido sacadas de Internet: la primera de la web del Proyecto Mosaicos y la segunda del blog ArteDeMadrid.wordpress.com Las dos últimas fotografías son mías, hechas durante la representación de la obra a la que pude asistir el 4 de julio (sé que soy una fotógrafa regulera, pero me apetecía incluir también una pequeña mirada gráfica propia)].

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domingo, abril 22, 2018

Teatro V: Mujeres que corren con los lobos (una reseña no-académica, again)


Me da un poco de vergüenza cuando mes tras mes desde hace demasiado el inicio de cada post que consigo hacer es que sigo encontrándome muy en crisis; que apenas puedo escribir ni leer ni revisar después lo que escribo y blablablá. Pero necesito volver a ponerlo, a modo de disculpa, o de justificación o de algo. También a veces para rescatar por qué cosas aparentemente poco importantes para mí lo son mucho.

Hace unas semanas, el 31 de marzo, fui al teatro con varias personas queridas, una de ellas que además de querer ver la obra, iba en el rol de persona de apoyo, porque aún no puedo salir a la calle sola y porque muchas veces me siento confusa y necesito esa persona que me ayude si quiero poder hacer alguna actividad.

No había ido al teatro desde mucho atrás. Una razón es que no puedo prever con antelación cómo estaré varios días después, así que prefiero no hacer planes que luego tengo muy a menudo que anular porque ese día me encuentro muy mal y no puedo salir de casa (muchas veces, ni de la cama); especialmente si estos planes cuestan dinero.

Esa semana me sentí fuerte el sábado, que es cuando a mi grupo de acompañamiento intensivo en la crisis les digo las necesidades de acompañamiento que tendré en esa semana siguiente; y puse como opcional que si alguien me acompañara y quisiera ver la obra y si me encontrase fuerte para ir el sábado, querría ver esta obra de teatro, Mujeres que corren con los lobos. Tres "y si...", pero los tres se dieron, y sacamos cuatro entradas justo para el día del estreno. Aún hasta el mismo día no sabía si podría ir, pero tenía muchas ganas de poder, y sí que pude.

Y la obra en sí. No sé si conocéis el libro con el mismo título, Mujeres que corren con los lobos, de Clarissa Pinkola Estés. Yo lo leí hace muchos muchos años y lo tenía muy borroso en la memoria. Buen recuerdo pero borroso e indefinido. Hay mujeres que lo reivindican mucho, desde el feminismo o desde la conexión con la mujer salvaje interior, o desde el concepto feminista de manada. No fue mucho mi caso, solo era eso un buen recuerdo indefinido.

La obra. La obra me pareció una maravilla. Recupera cuatro de los cuentos que también se recuperan y analizan en el libro, reconectándolos con las mujeres que hay en los cuentos con los que crecemos y en nosotras mismas. La obra trae a escena cuatro de esos cuentos con unos intervalos entre ellos que están perfectamente introducidos para no pasar de un cuento a otro sin sentido. Los cuentos son "Las zapatillas rojas", "La vendedora de fósforos", "Barba Azul" y "La mujer esqueleto". No voy a contar aquí los cuentos porque los conoceréis o podréis buscarlos, pero quiero rescatar algunas sensaciones que tuve.

Yo no soy crítica de teatro (ni de nada), ni tengo formación para ello, ni sé qué se considera "oficialmente" ser una buena obra, ser una buena actriz. Pero sí sé que me alegré infinitamente de poder ver la obra, de haber podido ir y disfrutarla aunque a veces fuera con los ojos empañados o lágrimas literalmente rodando mejillas abajo, y sé que ellas me transmitieron muchísimas emociones, que me envolví totalmente en lo que contaban, que todo era tan verosímil y emocionante... 

Sé que cuando la chica de las zapatillas rojas que había hecho ella misma con tanto mimo y eran su posesión más preciada, vio que su supuesta "cuidadora" las había lanzado al fuego sentí su dolor y la traición (quizá otras personas que dicen que ops, no se distingue coerción de cuidados fácilmente, en esas plantas de paredes blancas y mesas verdes que yo intento evitar porque yo a lo mejor pese a mi cabecita loca, sí distingo cuando me maltratan de cuando me cuidan, no sintieran ese dolor, si "lo hacía por su bien", que estaban viejas y rotas).


Sé que cuando la vendedora de fósforos estaba intentando que alguien le diera una moneda mientras nadie se paraba o quien lo hacía era para burlarse, yo sentía su frío, quise buscar en mi bolso y levantarme para dárselas yo misma, dos euros, tres, cinco, "¿cuánto necesitas para dormir caliente?" Y sí, sabía que era una obra de teatro, pero quizá cosas se me mezclan y unos meses atrás nos habían hablado en un curso del teatro foro en el que el público interviene, y sé que deseé que fuera un espectáculo así (y hasta pregunté a mi acompañante si seguro seguro que no era el caso) para poder levantarme y darle lo que necesitara y por favor, no sufriera así, no tuviera frío, pudiera descansar calentita con alguien acariciándole el pelo o leyéndole un cuento. Yo tengo suerte, y cuando me encuentro mal y no hay frío dentro pero sí un frío raro fuera, de ese como el hielo que es frío y quema y daña a la vez, tengo gente que me acaricia la mano o el pelo y me cuenta un cuento hasta que me duermo con menos daño dentro y el hielo deshaciéndose un poquito, porque me llega el calor. Ella tenía solo cerillas y a cada momento menos. Yo tenía lágrimas.

También sé que cuando la chica de Barba Azul nos contaba feliz que era el día más importante de su vida, que iba a casarse y lo feliz que iban a ser juntos, mientras en la escena la iban encerrando dentro de una red, enredando dentro de su futuro encierro... yo negaba con la cabeza y le susurré a una de mis amigas "pero la están encerrando, la están encerrando", y hubiera querido avisarla. Y que mi amiga me dijo "bueno, no, solo tiene que quitarse la corona de flores que lleva en el pelo y ya no estará encerrada, porque la red empieza y acaba allí, a ella no la toca realmente"; pero yo ya sabía que no, que algo pasaría y en efecto fue el marido quien la abrazó y le quitó él la corona de flores hacia el lado opuesto a hacerla libre, de forma que ella quedara dentro de la red. Y que cuando más tarde ella es consciente del encierro y empieza a quitar y quitar red, yo quería levantarme para ayudarla porque dos iríamos más rápido, porque el miedo suyo de "y si no me da tiempo, y si se despierta, y si me descubre, y si..." también me llegaban y UF, cómo no lanzarte a ayudar en esa situación incluso si aunque no os diera tiempo siendo dos, y se despertase, y nos descubriese, hubiera que asumir juntas las consecuencias. Pero qué difícil ver esa angustia y quedarse quieta en una silla tres filas más allá.

La última historia, la de la mujer-esqueleto, la recuerdo menos. Me pasa a veces, se me borran trocitos de los días, no sé si por medicaciones (que no creo porque ahora son bajitas-bajitas), o porque mi cabeza necesita desconectar a ratos porque tiene también mucho daño pasado recordándose continuamente y muchas frases dañinas que vuelven y rebotan, aunque en los tres primeros cuentos pudieran estar todas más en un segundo plano. Pero recuerdo una música, que tocaban música y cantaban. Me gustaría recordar más. Pero no importa mucho, ya fue una experiencia muy muy bonita poder ir aunque sea esto lo que pueda traer hoy al blog solo.

Bueno, no solo. Como me sentí muy emocionada, al acabar pregunté si se podría hablar con las actrices cuando salieran. Y resultó que era el día del estreno, que yo no lo sabía, y precisamente salieron muy prontito porque habían ido a verlas bastantes amigos y familiares. Yo tampoco quise molestarlas pero sí interrumpí a dos de ellas para decirles un poquito las sensaciones tan positivas de haber estado allí y haberlas visto, y que me encantó disfrutar de ese rato de alguna manera compartido no solo con las tres chicas con las que fui, sino con ellas. 

Y hasta aquí. Como os digo, no puedo revisar el texto, ya escribir esto me ha resultado difícil y ahora estoy muy cansadita. Pero bueno, creo que hace poco titulé otro post algo parecido a "las cabezas emborronadas no sabemos titular", y hoy titular he titulado pero las cabezas emborronadas no sabemos corregir. Tampoco importa (espero / me digo). El jueves dije por ahí que mostrar vulnerabilidad puede ser también un acto político; y me agarro un poquito a ello también aquí para permitirme escribir con menor autoexigencia y sin estar al 100% (¡ni al 60 ni al 45!)

[El final del título de este post alude a otra reseña que hice hace ya un año, no de teatro sino de una peli, Locas de Alegría, y que tampoco era ni pretendía ni hubiera podido ser nada académica. La obra de teatro de la que hablo es una producción de la compañía Up-a-three theatre; y en esta obra concreta gran parte de las personas implicadas son mujeres, desde la directora y guionista (que es además una de las actrices y de las músicas), las otras tres actrices, la otra música... Aquí tenéis algo más de info, ojalá la obra tenga mucho más recorrido y espectadores y espectadoras que puedan disfrutarla mucho] 

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jueves, febrero 02, 2017

Teatro IV: No solo duelen los golpes


A finales del mes pasado conseguí ir con mi pareja y un par de amigos a ver el monólogo "No solo duelen los golpes", de Pamela Palenciano, en el Teatro del Barrio. Ya el año anterior había querido ir a ver el monólogo en la gira gratuita que Pamela hizo (y ha seguido haciendo) por distintos centros sociales, pero cuando lo hizo en el de mi barrio (hoy desalojado) aunque fuimos con bastante tiempo, el centro social se había desbordado y no cabía un alfiler, así que no pudimos entrar. Pamela lleva también varios años haciendo este monólogo en institutos, dentro de un taller para la prevención de la violencia machista. Está haciendo un trabajo espectacular y muy necesario, aunque a menudo tenga que enfrentarse por él al acoso en redes sociales, haya recibido amenazas y haya sido recientemente denunciada por supuesta "apología de la violencia" (cuando precisamente hace todo lo contrario, es surrealista).

En la obra Pamela cuenta su experiencia en su primera relación que inició en su adolescencia, y a través de su propia experiencia narra la historia de muchas relaciones tóxicas, desiguales, en las que se sufre violencia machista, abuso de poder, desvalorización. Como ella dice en el título, no solo duelen los golpes, hay muchas violencias que no te dejan un ojo morado, y, en el caso de que ese paso llegue, habrá habido muchos otros antes que también hieren, aunque cuestan más reconocerlos como la violencia que son.

En el monólogo, que a pesar de tratar temas tan importantes y duros, tiene también dosis de humor y por supuesto, mucha crítica, ella se desnuda en una especie de catarsis que comparte con el público (masculino y femenino, aunque sé que en ocasiones en centros sociales ha hecho talleres solo para ellas o solo para ellos). Creo que mujeres y hombres vivimos la obra de maneras distintas, quizá ellos reconociéndose en actitudes machistas y/o violentas que no eran del todo conscientes de haber ejercido, y nosotras analizando nuestras relaciones pasadas o presentes y descubriendo tal vez similitudes preocupantes que no habíamos querido o sabido reconocer como violencia.

Sin querer contaros más de la obra, a mí me dejó bastante tocada, me revolvió, salí muy seria cuando acabó y no porque no me hubiera gustado (que me encantó), sino porque me hizo pensar mucho, sobre todo en mi primera relación seria, aunque no solo. No habría dicho que sufrí violencia en esa relación, si acaso hablo (¿hablaba?) de una ruptura tormentosa en la que sí hubo muchos insultos y números de celos a gritos y algún empujón en medio de la calle, pero asociaba eso a una ruptura difícil, no a una relación tóxica y mucho menos de maltrato. Pero sí que durante la obra me vi reflejada en varios momentos, también cuando Pamela recoge el discurso de su Yo adolescente defendiendo a su chico, negando que la trate mal, culpabilizándose ella misma, resaltando los aspectos positivos de su relación.

J. fue, como el suyo, mi primer amor. Nos conocimos en el hospital de día que trataba a adolescentes con problemas de salud mental, como nosotros. J. estaba precisamente por problemas para controlar la violencia, los impulsos, y por no controlar bien el consumo de sustancias tóxicas, que era como llamaban en el centro a las drogas, desde cannabis a drogas más fuertes (él principalmente consumía cannabis, otras solo de manera muy ocasional). Yo tengo el recuerdo de que me sentí muy querida por él, y también cuidada generalmente. Él respetó mis tiempos en lo que al sexo se refiere (yo era virgen, él no, y yo tenía muchos problemas y tabúes con mi cuerpo y con la desnudez). J. era muy violento, se pegaba a puñetazo limpio con su padre (que también era un hombre súper violento, pero a él nadie le trataba psicológicamente por eso, porque era el cabeza de familia y al parecer no había problema alguno en que ejerciera esa violencia y autoridad desmedidas), se pegaba a veces con desconocidos por la calle por las razones más peregrinas... y yo sentía que a mí me tenía que querer muchísimo porque "a mí no me pegaba". No. Sí, alguna vez hizo añicos en mi cara un regalo que le había hecho tras una discusión. O lanzaba al suelo y rompía un regalo que me había hecho él a mí. O me sujetaba y daba un puñetazo a la pared a dos palmos de mi cabeza. Pero a mí nunca me pegó, ¡cuánto me quería!

Y los celos, los celos... ahí también me vi reflejada en la obra. Porque él insistía en que su hermano pequeño sentía algo por mí, y al parecer yo le daba esperanzas porque le hablaba con amabilidad y le tenía en cuenta para algunos planes. y eso era humillar a J. aunque yo no me diera cuenta. Cuántas broncas simplemente por dirigirle la palabra, por felicitarle su cumpleaños, por plantarme y decir que si habíamos ido al parque de atracciones los tres, no podía decirle a su hermano que se fuera él por su lado y nosotros por el nuestro.

Y cuando, ya rota la relación pero aún manteniendo cierta amistad, empecé a pasar parte de tiempo en Internet, de nuevo celos desmedidos (y ni siquiera estábamos juntos, pero le daba igual). Que me había tirado a todo Madrid, que cómo podía ser tan puta, que todo Internet estaba deseando follarme y a mí me daba igual que me trataran como un objeto... Y los silencios, esos silencios, tanto durante la relación como una vez acabada, silencios que eran una forma de castigarme por las cosas que hacía o dejaba de hacer, que a menudo eran ninguna.

No sé si fue esa relación o los problemas de autoestima que yo ya traía conmigo. En mis siguientes relaciones, he buscado hombres que tuvieran un carácter opuesto casi al de J, que fueran tranquilos, serenos, no tan pasionales, impulsivos o violentos. Y aun así... hay cosas (mucho más pequeñas) en las que he seguido viéndome reflejada en la obra.

R., mi siguiente pareja, era lo que me pareció "una balsa de aceite" cuando le conocí, y eso me gustó. Calmado, tranquilo, pensativo, inteligente y cariñoso. Y aun así, cerca del final de una relación que mantuvimos durante tres años, tuvimos una discusión en la que él acabó un dando un puñetazo en la pared, rompiéndose la mano y haciendo un agujero.Y yo pensé en qué había hecho (yo, no él), en cómo lo había estropeado (yo, no él), en cómo le había hecho perder así los nervios (porque ese puñetazo era una reacción a mí, la culpable era yo), en que yo me acercaba a los hombres más buenos del mundo, como ese chico, y les volvía locos, les desquiciaba, sacaba lo peor que ellos tenían dentro. 

Pamela cuenta en la obra que, una de las dos veces que su maltratador la intentó matar, mientras él estaba estrangulándola, ella todavía estaba pensando "¿qué he hecho para que se ponga así? Quizás si no hubiera dicho esto, si no hubiera hecho aquello, esto ahora no estaría pasando". La culpable, incluso ante un intento de asesinato, seguía siendo ella. Yo afortunadamente nunca he vivido una situación tan extrema, pero en las pequeñas o grandes violencias cotidianas que he vivido en mis relaciones, siempre he sentido, y sigo sintiendo, que soy yo quien las provoca, quien lleva a su límite a la maravillosa persona que tengo a mi lado, quien le desquicia con sus tonterías y sus cambios de humor, quien convierte a un hombre bueno en otra cosa, quien le contagia sus mierdas. Y ahora que después de la obra lo he visto mucho más claramente, sé que es una actitud insana, tóxica, peligrosa, pero no sé bien cómo deshacerme de ella. 

Cuando salí de la obra, como digo, salí muy removida. Me puso delante de cosas en las que no había pensado tan explícitamente, que había disculpado o pasado por alto. O que había verbalizado solo entre risas y frases de "todos los ex son unos cafres", pasando de puntillas por encima de algunas situaciones realmente dolorosas que no siempre me he permitido sentir como tales, y mucho menos sin culparme o sin disculpar al otro. Siempre he elegido activamente quedarme con lo bueno de mis relaciones una vez terminadas estas, y no sé si eso ha contribuido a endulzar algunas cosas que no fueron muy dulces... Al salir de la obra pensé que tenía que recolocar aún cosas pasadas, que tenía que tener alguna(s) charlas tranquilas al respecto, con mi pareja, con amigos y amigas, y que me vendría bien escribir aquí al respecto. De ahí este post, ya sé que largo, pero que me ayuda a colocar cosas aquí dentro.

[El monólogo "No solo duelen los golpes" de Pamela Palenciano, se sigue representando estas semanas en el madrileño Teatro del Barrio, en Lavapiés. Si no lo has visto aún, solo puedo recomendarte que saques las entradas en este enlace.]

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