martes, febrero 17, 2026

Leyendo... (XXIV): Las herederas (o de cómo ver a las invisibles ❤️‍🩹)


Las herederas,
por Aixa de la Cruz
Editado en 2022 por Alfaguara 
(grupo editorial Penguin Random House)
326 páginas
⭐⭐⭐⭐⭐ (5/5)

Cuantísimo he disfrutado de la lectura de este libro, ay. Si no recuerdo mal, es la primera novela de la autora que leo, aunque antes había leído algún relato, y cómo me ha atravesado, cómo la he sentido, cómo me he sentido vista en ella. Qué poderosa la escritura cuando pone así palabras, cuando narra así vivencias que dan un lugar a lo que habitualmente se encierra tras los muros del silencio (o de las plantas de Psiquiatría, que pretenden ser silencio también, claro).

Empezar el libro con una cita de Sara R. Gallardo ha sido el mejor augurio. Subrayados y notas pueblan ahora mis páginas. Como "morir a días sueltos, bajarse el volumen", un tesoro que me guardo por cómo me explica, a mí misma y también por qué estoy en duelo tan a menudo. Me he sentido menos sola leyendo que en muchos encuentros. Más comprendida que en muchas conversaciones.

Termino la novela fascinada y agradecida por la sensibilidad, la buena narración, la manera de ver a las protagonistas, de verlas de veras, de vernos a tantas mujeres a través de ellas. Ha sido precioso, emocionante, este libro. Y por si fuera poco, cuántas pistas nos deja, como miguitas de pan esparcidas en el bosque, sobre posibles maneras otras de acompañar, de cuidar, de dar sentido a las voces, de darnos lugar. 

Leer "psistema" en un libro de Alfaguara, quién nos lo iba a decir.
Gracias también por eso, Aixa. Volveré a tus páginas, estas de hoy y otras que seguro me acompañarán en más historias escritas de tu mano, cabeza, corazón.

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domingo, julio 16, 2023

Leyendo... (XXI): Lydie (o de la empatía de un vecindario)


LYDIE
Guión: Zidrou
Dibujo: Jordi Lafebre 
Edita Norma Editorial
⭐⭐⭐⭐⭐ (5/5) 

Me ha encantado esta novela gráfica. No había oído hablar de ella hasta hace unas semanas aunque creo que originalmente se publicó en 2010 y desde entonces ha tenido al menos tres ediciones distintas ya en castellano. 

Cuenta la historia de Camille, que tras perder dolorosamente a su hija (que muere en el parto) unas semanas después dice haberla recuperado y empieza a criar con naturalidad y alegría a su bebé, Lydie. El vecindario reacciona inicialmente desde el descrédito y aludiendo a su locura con preocupación o desde el mero juicio y burla, pero hay una preciosa y esperanzadora evolución cuando de distintas maneras van aprendiendo a respetar la narrativa de Camille.

Me ha fascinado muchísimo la historia, en la que creo que se puede ver ese tránsito desde el juicio o el paternalismo al respeto y al apoyo mutuo en las redes vecinales. Hay escenas contadas con muchísima sencillez en las que destaca el sentido común aplastante de frases como "¡no vamos a internar a alguien solo porque es feliz!", "¿por qué hacer el mal cuando resulta tan sencillo hacer el bien?" (¿por qué dañar puede ser tan fácil simplemente echar una mano?), "a los niños no les gusta que les griten ni que les golpeen los dedos con una regla; eso... eso duele". 

Hay diálogos luminosos en las viñetas, otros momentos tristes y más crudos. Mucha sensibilidad. Y me llevo la reflexión de que si todos hacemos de alguna manera teatros en nuestras cotidianeidades, por qué unos serían pura locura insana a evitar, encerrar, señalar... y otros serían buena adaptación social de una persona sana y madura. ¿Quiénes y por qué marcan esos límites? ¿Quiénes y por qué los siguen obedientemente? ¿Qué consecuencias tendría romper esa obediencia, abrir otros caminos o inventar otras formas de acompañar a quienes viven más allá de esos límites, en realidades que no entendemos o compartimos plenamente? 

En fin. Encantada con esta historia, con la vecindad del callejón del bebé bigotudo y con la complicidad y ternura que destilan estas páginas. Muy muy recomendable.

#librosymaslibros
#lecturasrecomendadas


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sábado, noviembre 07, 2020

Leyendo... (XIV): A veces mamá tiene truenos en la cabeza (¿y quién no?)

A VECES MAMÁ TIENE TRUENOS EN LA CABEZA
Bea Taboada (historia) y Dani Padrón (ilustraciones)
Ediciones Algar
⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️ (5/5)

Este es un libro precioso que encontré por un video de YouTube y que recomiendo desde entonces. Una historia bellísima para peques (y más allá, de 0 a 99 años); sobre cómo las mamás son también imperfectas (como todas las personas), y sobre cómo en esa imperfección habrá a veces días de repetir comida, días de arrebujarse en el sillón tristonas, o días de dientes juntos y truenos en la cabeza. 

Pero esa misma mamá que a veces tiene truenos en la cabeza (y por truenos, lluvia o estrellas, ya cada una podemos entender lo que queramos o necesitemos, concretarlo en lo que queramos o necesitemos desde nuestra historia y vivencia personal -yo pienso en cosas relacionadas con mi vivencia de sufrimiento psíquico y psiquiatrización, y veo una lectura clara desde ahí), también es la persona amorosa que nos cuida e inventa juegos con los que divertirnos, que canta en el coche y nos cuenta historias de piratas, que nos abraza y besa y llena de color una tarde en la que los truenos o la lluvia se han replegado y lo que encontramos en la cabeza de mamá es el sol cálido o el arco iris brillante y colorido.

Y qué bien que podamos naturalizar que mamá, y cada persona con la que nos encontramos, y también cada una de nosotres, siendo peques o siendo mas mayores o siendo lo que dan en llamar "Adultos", podemos tener truenos en la cabeza, lluvia, estrellas, tormentas... y eso no nos hace dejar de ser valiosas, dejar de tener también tantos otros momentos en que lo que sale fácil es la risa y el disfrute. Qué bien poder ser ese Todo que ya somos sin tener que esconder bajo máscaras cada emoción que no es la más esperada o la mejor valorada socialmente.

A veces salir a que nos dé la lluvia en la cara es también un gran momento de placer. O ver esa lluvia repiquetear contra las ventanas, desde el sofá arrebujadas en una mantita con nuestros gatetes en el regazo. A veces, noches de dormir bajo las estrellas traen de regalo pedir deseos con cada estrella fugaz o dibujar constelaciones inventadas que nunca existieron ¿pero y si a lo mejor sí? Y otras veces la lluvia nos cala y molesta y resfría, claro; como el sol también a veces nos sofoca o quema. 

Y ya he vuelto a hacer una reseña en la que hablo más de mí que del libro porque no tengo remedio. Pero vaya, que ojalá quede retratado también lo cuidadoso, amoroso, realista y regalazo que me ha parecido que es este cuento. Mil gracias a los autores y también a la editorial que ha apostado porque podamos tener esta historia en nuestras estanterías.

Ficha del libro en GoodReads // El libro en la web de la editorial

Para consultar en la plataforma TodosTusLibros las librerías independientes en las que poder adquirirlo, acercándote personalmente o encargándolo online en esas librerías antes que en gigantes que destrozan los espacios culturales independientes y de proximidad: 

https://www.todostuslibros.com/libros/a-veces-mama-tiene-truenos-en-la-cabeza_978-84-9142-426-0

(Gracias por apoyar a tus librerías de confianza en cada barrio 💪)

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viernes, septiembre 02, 2016

Quiero ser (buena) madre


Hasta no hace demasiados años, las mujeres con trastornos mentales crónicos, como ese con el que yo convivo, y no sólo ellas (también me acuerdo ahora de mujeres con discapacidades intelectuales, por ejemplo), eran sistemáticamente esterilizadas: expresión máxima de que si ellas, en algún momento de su adultez trastornada, sentían el deseo de ser madres, había que acabar con ese deseo de raíz. Las mujeres con trastornos mentales crónicos no podían, no debían ser madres. “No eres tú, loca, es por el bien del niño”. Sin que estuvieran demostradas las causas genéticas de sus enfermedades, se les asustaba con la hipotética futura enfermedad que estarían transmitiendo a sus hijos; se procuraba quitarles esas ideas de la cabeza, ¿una madre trastornada? Eso sólo podía acabar en desastre. 

Estas últimas semanas estoy leyendo el libro “Maternidades subversivas”, de María Llopis, realizado gracias a un crowdfunding en el que no llegué a participar pero que desde un principio me atrajo y que, ahora que finalmente la Editorial Txalaparta lo ha editado, me compré sin pensarlo dos veces. Este libro recoge entrevistas a madres que se han liberado, en algunos casos apartándose de un sistema médico que no tiene demasiado en cuenta el sentir de las madres durante el embarazo o sus partos, un sistema médico que en demasiadas ocasiones recurre a prácticas invasivas sin tener en cuenta las opiniones de las protagonistas, las madres, a las que desempoderan y pretenden sumisas frente a ese sistema médico. Así, cuenta historias de partos en casa, partos sin dolor, entre otras entrevistas que también hablan de crianza queer, de crianza compartida más allá de las fronteras de las relaciones monógamas tradicionales, de madres o padres trans, de niños y niñas de género fluido… Un libro que me ha parecido muy interesante, aunque en ocasiones lo haya sentido lejano, experiencias sobre las que leo pero que no he visto nunca en mi entorno más cercano (pero eso mismo lo hacía aún más interesante). 

Sin embargo, en una de esas entrevistas, encuentro un párrafo que me entristece, porque creo que contribuye a la estigmatización de las mujeres con problemas de salud mental, especialmente de las que se plantean ser madres, aun teniendo esos problemas. Traigo aquí ese párrafo: 

Del La Grace Volcano: Mi padrastro tiene demencia. Mi madre era bipolar. Ella era increíblemente hermosa, carismática, interesante… y una madre terrible. Tenía lo suficiente para comer, pero físicamente abusaron de mí desde el momento en que cumplí alrededor de los doce años. Ella podía estar muy bien, entonces daba un giro y te odiaba con pasión. También me pegaba. Y yo desaparecía. 

María Llopis: Mi mamá era esquizofrénica y sé de lo que estás hablando: encantadora, dulce, mágica… y de repente las cosas cambiaban. 

Del La Grace Volcano: Sí, nunca sabías cuándo iba a venir. 

Primero, encontramos ese describir a las madres con su trastorno: “mi madre era bipolar / mi mamá era esquizofrénica”, no lo que yo vería más correcto: mi madre tenía un trastorno bipolar o tenía esquizofrenia, porque con su redacción parecen resumir toda la esencia de sus madres con una palabra: su diagnóstico (y nadie es sólo un diagnóstico, nadie se define por su enfermedad). 

Y me sorprendió encontrarme esa manera de hablar de la enfermedad mental en el libro, más cuando muchas otras veces cuestiona el sistema médico y sus posicionamientos cuando estos desempoderan a las mujeres. ¿Qué hay más desempoderante que decirle a una mujer que por tener un problema de salud mental es mejor que renuncie por completo a su deseo de ser madre? ¿Qué sólo por su trastorno va a ser “una madre terrible”, como define el entrevistado a la suya, relacionándolo directamente con su bipolaridad? ¿Son las mujeres con trastorno bipolar más tendentes a ser abusadoras de sus hijos? Las estadísticas nos dicen que las personas con trastornos de salud mental son muchas más veces víctimas de violencia que ejecutoras de la misma, pero aun así encontramos la misma idea que en el párrafo que he citado del libro, en los medios de comunicación, en los profesionales de la salud, hasta a veces en nuestros familiares y amigos. Estigma, que convertimos en autoestigma a fuerza de encontrarnos con él allá donde miramos. 

Me habría encantado encontrarme, más aún en un libro titulado “Maternidades subversivas”, con una entrevista a una madre, quizá con trastorno bipolar, quizá con esquizofrenia, quizá, como yo, con trastorno límite de la personalidad. Con un diagnóstico de una enfermedad mental grave y que, aun así, hubiera elegido ser madre, y que lo hubiera conseguido y ahora viviera una maternidad con problemas cotidianos, como cualquier otra, pero con satisfacciones y viviéndola de forma positiva para ella y el o la pequeña. ¿Qué hay más subversivo que pasar por encima de un diagnóstico que desempodera y estigmatiza?, ¿de un psiquiatra que probablemente contribuya a ese desempoderamiento aun sin querer (“si no eres capaz de cuidar de ti, ¿cómo vas a cuidar de un bebé? ¡No seas irresponsable!”)?, ¿qué maternidad más subversiva que la de la mujer que hace caso a su instinto y se plantea el inmenso reto de ser madre a pesar de sus problemas de salud mental, contando con un entorno afín en el que apoyarse si hace falta, y pasando hasta por el hecho de dejar la medicación en un embarazo bajo seguimiento, pero sin echarse atrás sólo porque el autoestigma la ha minado y ya ella cree, también, que no podrá nunca ser buena madre? ¿No es el estigma y el autoestigma (que por desgracia alimenta también este libro, seguro que sin ninguna mala intención) la manera actual de esterilizar a las mujeres con problemas de salud mental? 

Yo tengo un trastorno límite de personalidad, tengo 35 años y quiero ser buena madre. Y me encantaría encontrar referentes a mi alrededor, referentes positivos, como aquellos que sí recogía el desestigmatizante y esperanzador artículo de Anita Botwin, desde su rincón en el blog “De retrones y hombres”, de Eldiario.es, en su artículo “Maternidades de segunda”. Como ella, me pregunto si seré capaz. Si será la mía una maternidad subversiva, más allá de estigmas y autoestigmas. Aún no tengo respuesta.

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