lunes, marzo 04, 2024

De insomnios y otras trampas

Imagen del mini relato experimento en una noche de insomnio. Encima del texto, una figura humana, pequeña, quizá un niño o niña o niñe que parece estar hecho de cielo, con nubes y estrellas en su interior, flota (quizá inerte, quizá volando) sobre el escrito, que dice:

4 a.m. Debo dormir. 

Cuando apago la luz, cierro el  libro, desconecto el móvil y me dispongo
a estar conmigo ese rato mediano o largo hasta que el sueño llegue,
se me adelanta la culpa, la vergüenza, la rabia, el enfado.

El cansancio acaba llamando también a la puerta pero apenas cabemos ya.
Las ganas de morir entran en tromba y hacen suya mi madrugada.
Así estamos otra vez, en este bucle tan infinito como mi inmortalidad.
Todo duele demasiado, ¿y qué? ¿Para qué? ¿No hay más opciones?

Un pensamiento insidioso y dañino gana terreno dentro de mi:
Todo consiste en joderte y seguir,
paso a paso, insomnio a insomnio.
Tuviste mala suerte. Ya está.

(Las torturas podrán prescribir legalmente,
pero ni caducan ni se olvidan).

No me conformo, debe haber algo más.
Me mantengo despierta por si en los primeros piares saludando al alba
encontrase alguna pista a los gorriones matutinos. 
Ellos sí son de fiar. Ya me susurran al oído..., ¿qué decís, pichones?

______________________

5h41min.
Sigo despierta.
Quiero morir.
FenomeMAL todo.

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viernes, julio 01, 2022

No desaparecí esa noche (pero un poco sí)

Mis manos pueden parecer dañadas, monstruosas, solo tocando un par de ajustes en la fotografía.
 
Con mi cabeza, mi mente, mi dolor, mi daño, mi tristeza, mi desesperanza, las violencias recibidas, mi locura, mi vacío, mi rendición, mi sufrimiento, mi soledad, mis voces, mis juicios, mi quiebra... con mi Yo, en definitiva, no hay juegos de luces y texturas que pueda hacer, nada que pueda ajustar para que no sean, de hecho, incompatibles con una vida que valga la pena (ya no digamos la alegría) ser vivida. Una que fuera más allá de la mera supervivencia. Esta, la mía, de momento llega ahí con dificultad, hasta que ni siquiera cumplamos ese mínimo.
 
He odiado esta noche que me ha recordado cada uno de sus minutos de insomnio todas las demasiadas veces que me dijeron monstruo, manipuladora, mira lo que nos has hecho, está llorando por tu culpa, mira cómo has puesto a X, lo que le has hecho hacer, es tu culpa, por tu culpa, cómo has podido, culpa-culpa-culpa.

Se me repite dentro cada juicio, insulto, abandono, violencia, promesa hueca. Se me repite cada noche como esta que ya fue. Tantas, demasiadas, más que tantas, más que demasiadas, tantas más que demasiadas.

He odiado esta noche. 
Me he odiado esta noche. 
He odiado a unos cuantos también esta noche.

Ojalá más pronto que tarde se me regale robarme el resto de las noches, y los días, y el aire, y la vida. Tiene un precio, un coste demasiado alto en todos los sentidos, y no querría seguir pagándolo mucho más tiempo.

Qué ha pasado esta noche. Qué ha pasado.

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miércoles, marzo 23, 2022

Cómo puedes decir eso (VIII): y dale con la matraca

(TW: malas cosas de maltrato hacia una, sufrimiento psíquico, tratarme mal físicamente)

Fotografía

Hoy sentía tanto tanto dolor dentro que no me cabía, me hervía calentando la olla a punto de explotar que soy y en algún momento entremedias L. y yo nos hemos enfadado, no sé quién con quién porque estaba muy disociada y no recuerdo. Supongo que habré sido yo, que soy la que, según inumerables testimonios, llevo dentro de mí un panda rojo gigantesco, dañino e incontrolable. La adolescencia que nunca se fue. La comprensión que nunca recibí. El peligro que siempre he representado, como el panda rojo de TURNING RED (¡qué no panda el cúbico!) La Bestia de toda mi vida, que nunca supimos quién encerró a quién. NIMONA cambiaformas, temida y expulsada, aunque en algún rincón también querida y protegida. Yo, en sus múltiples variantes, según imaginaciones más o menos asentadas en mitologías o en simples miedos compartidos. Yo como Monstruo, como Loca, como mejor que me encierren y tiren la llave al mar. Yo como los planes sin ti nos van mejor, yo como aquella que soñó ser tejedora de tejes y hoy todo lo que cose es su propio brazo ensangrentado.

Aquí estoy ahora en mi cama, puerta cerrada, boca cerrada, corazón rodeado, solo cuchilla abierta que sube y baja según respiro. Me rodean libros, cuadernos y dulces. Hace poco he usado la cuchilla para lo que muchos llamarían autolesión. Para mí ha sido una herramienta de descompresion más o menos válida socialmente si luego no "alardeas enseñándola" (cosa que sí hago a veces al agarrarme al metro porque si mi mundo no está lleno de vuelos de mariposas y trinos de pajarillos ENELPUTOMETROHOYGA, no me parece que el suyo tenga por qué ser más amable).

Así que aquí ando, habiéndome autolesionado un poco para descomprimir tanta mierda dentro. Una solución aparentemente mejor sería descomprimir nuestras mierdas juntas, no? Espacios, grupos y redes de apoyo mutuo; saber ¡y querer! escucharnos; que existieran espacios de encuentro no mercantilizados donde esa escucha y encuentros pudieran darse, conocerse; y en ello compartir desde sentipensares agradables (un embarazo, reencontrar a una antigua amiga, tener una alegría en el curro, compartir un logro del comité sindical, mejoría en la autonomía de un bebé o una abuela hospitalizada). Y también sentipensares dolorosos: estos "yo no puedo más, no puedo seguir así" que nos hunden sin solución en soledad pero que compartidos pueden desmenuzarse en cachitos, ayudar a priorizar, o ver de qué tareas y calideces pueden encargarse los demás: quizá alguien puede recoger a Nora de la guarde y en el paseo sacar al perro de Martín, quizá Sonia puede escamotear robinhoodamente unos cuantos tuppers de la comida que sobra en el cole, y Tania conoce una asociación vecinal donde ayudan con burocracias imposibles.

Cuando somos uno, todo es inabarcable (a veces lo es incluso siendo varias). Yo, por ejemplo, y aquí sí que personalizo porque no hacerlo es estrategia pero no nos dice desde dónde hablamos, y porque no exponerse en lo personal para algunos de nosotros sería simplemente un lujo que como tantos, me ha sido vetado. Yo, por ejemplo, sigo, tengo una sensación horrible de cargarme lo que toco, de si acaso tras mil esfuerzos abrir puertas a otros que yo me quedo sin traspasar, porque mucho cliché de "tejedora de redes" y yo me siento muy muy sola, infinitamente sola, y se volaron las ganas de construir porque ya solo quedan tantas tantas ganas de que sigan pasando días rápido-rápido  y ojalá que llegue la fecha famosa de que los que llevamos X años medicados (si a la fuerza o no, no lo recoge el estudio) con psicofármacos de la familia de los antipsicóticos... tenemos una esperanza de vida de entre 10-12 años menor. Yo he triplicado la X anónima de años. Basta ya.

Lo que haya podido aportar de bueno yo al mundo, si es que lo ha habido, ya está hecho. Lo que el mundo haya podido aportarme a mí, sea poco mucho o regular, también está hecho. A partir de aquí solo vamos a ir a peor. Mi ex familia en algún momento hará sonar uno o varios teléfonos para avisarme de la muerte de mi madre, aunque tenga todas sus redes -de ella, de su familia- bloqueadas. Ser yo misma madre cada vez será más tema de ciencia ficción y no literatura contemporánea. Mi chico no podrá quedarse mucho más conmigo, pero si yo me voy antes, él podrá quedarse sin problema con sus amigos del barrio, del grupo de ahorro, llegar a las 6,7,8 de la mañana sin más espera ni reproche que los de sus gatos. Más lo macro que tenemos encima, costes en alza, mundo semipostapocaliptico que quizás demasiado imbuidos de los productos culturales distópicos nos parecen más ficticios que reales. Al final será cierto eso de que no tenemos ya problema alguno para imaginar el fin del mundo, y quizá centradas ahí todas las ideas, olvidamos cómo imaginar el fin del capitalismo, o ni siquiera, cómo imaginar un mundo simplemente habitable.

Nadie tendría que dolerse así. Este mundo no es vivible, ni siquiera sobrevivible, para muchas de nosotras. Y pocas ya serían demasiadas. Deberían habernos sonado todas las alarmas, como sociedad, hace tanto... Pero no suenan, no suenan aún. No puedo comprenderlo. No podré nunca.

Hasta aquí mi mensaje de subidón de miércoles por la tarde noche. Tenía un plan al que no he podido ir. Así es mi vida casi siempre. Si mi cuerpo responde, no lo hace mi cabeza. Si mi cabeza me empuja, el es cuerpo quien tropieza, se balancea excesivamente, se choca con todo y balbucea que quiere volver a la cama, hasta donde repta y, con suerte, duerma. Con más suerte aún, tendría algún sueño amable y al despertar agradecería ese sueño reparador.

Pero con un poco de suerte más, solo un poco, o bueno, si es un mucho, ya podrían los dioses tener el detalle, cojones. Con esa poca, bastante o mucha, suerte de más, simplemente no despertaría. No por su mano, no para desempolvar todos los "será egoísta cómo pudo hacernos eso con lo que hemos hecho por ella hay que ser si ya os avisé que de esa gente no se puede confiar hay que ver y su familia cómo estará pues deshecha es que imagínate menuda egoísta y no digo más porque está de cuerpo presente que si no..." Con un poco mucho de bastante suerte, simplemente habría muerto, una parada cardiorrespiratoria, una muerte súbita de las que no se resucita en tres minutos, un adiós sin alas que no da tiempo ni a murmurar.

Y ahí sí que solo quedaría el abrazo, el te quiero, peque, ¿mañana comemos con Mer? Tengo que ver si tengo clase con Elena y te digo, si no, mañana. Y uy, me tengo que poner con los siguientes libros del club de lectura. ¿Te leo Galeano antes de dormir? Y seis o siete cuentos y tres o cuatro caricias, dormirás suave contra mí.

Y en ese momento yo seguiría teniendo todos los caninos de los que hemos hablado. Seguir leyendo, abrazarme a ti acariciando ese cuerpo que ha sido hogar tantos años, respirarte y dormirme deseando inevitablemente que en alguna de estas no encuentre el camino al Reino de los Despiertos.

¿Así, ahí también necesitaríais odiarme? 

Y sé que no es una competición, pero si de odios se tratase, nunca ibais a poder odiarme la mitad del odio hecho ya propio que sostienen mis hombros y espalda contracturada.

(Perdón por si quienes lo hayáis leído os resulta removedor o dañino. No era mi intención. Este es el último espacio donde puedo seguir siendome honesta y lanzando al aire, a las teclas, gritos para nadie, para nada. Gritos en silencio. 17 años de blog para nadie, para nada)

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sábado, enero 29, 2022

Cómo puedes decir eso (VII): mequieromorirmequieromorirnequieromorirme...

Hay días-bucle de principio a fin.

Días que me socavan, me hacen consciente de mi irónica soledad (la tejedora de redes, ¿no es gracioso?), de que mi necesidad de morir nunca marchó lejos donde la perdiera de vista, de que mi fin será por mi mano, antes o después, y ojalá pronto, más antes que después.

Días que son bucle de principio a fin.

Y hoy os enseño un poquito, una captura a medias, un reflejo parcial de ese bucle. Las letras nunca se leen como cuando te nacen dentro, eso sí. Los “mequieromorir” que no se escuchan, los que llevamos en las tripas, esos tienen garras y escupen fuego y se alimentan de dolor y aplastan cualquier atisbo de semilla de mañanas mejores.

Y yo, de esos monstruos que son también tan Yo... estoy repleta.



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viernes, diciembre 10, 2021

Mi mano, tan tarde

💥💥💥

Mi mano
que no es mía y fue de tantas
que se agarra sin saber a qué ni sobre todo,
por qué,
qué sentido agarrarse a estas alturas,
cuántos para qué sin respuesta,
cuántas respuestas donde la mejor intención 
se mezcla con lástima,
con caridad cristiana,
con frases hechas tipo
"todos tenemos derecho a una vida digna".
¿Qué es digna?
¿Qué es vida?
Y en ese todos, 
¿quiénes, en el fondo, nunca fuimos invitades?

Mi mano
también recibió diagnósticos,
sus "es que se agarra y no suelta"
sus "es que no acepta consejos"
sus "no son horas de llamar"
sus "ese temblor será aposta"
"ya estamos con la ansiedad"
"esas uñas están sucias"
"sigue sin cumplir las normas"
"inventa historias sin porqué"
"se pretende libre, así, ¡ASÍ!, aquí, ¡AQUÍ!"

Mi mano
que fue tuya y antes suya
y de sus peques no, 
de ellos no,
no pasó la prueba ilegal, sutil, sin abogado y bajo jurado familiar
de ser suficientemente responsable,
de no ser peligrosa, 
de quién sabe lo que esa mano podría llegar a hacer.

Mi mano
que un día ojalá cercano
recuerde de quién es cómplice
quién sí que estuvo aquí siempre
y deje de pedir perdón
de tocar puertas
de redactar mensajes... 

Y se contente con irse, irnos, 
descansar 
sin 
numeritos, 
solo descansar
allá donde nadie pida cuentas, ponga caras, 
chasquee dedos-lengua,
decepcionado,
y me niegue tres veces con cabeza corazón cuerpo
¿cómo pude hacerles esto
OTRA VEZ,
qué clase de monstruo soy
para decir, planear, escribir, hacer,
algo tan ¡tan! TAN monstruoso?

Para entonces
espero que mi mano y yo
y mi daño y mi aguante
y mis libros, mis heridas
mis agujeros y canciones
hayamos sabido irnos
del todo
sin rastro sin culpas sin mapas sin guías.

Y por fin
mano cabeza cuerpo entero, 
redes personas gatetes grupos clubs
familias y todo lo que queda fuera de mi afuera 
encuentren cómo seguir sin el trocito de pena extra
que siempre sumo 
y que para entonces
habré ya construido volátil
sobre dientes de león
que olviden bien por qué rugir
y se dejen llevar, frágiles, ligeros
sin culpas ni reproches
como yo hubiera querido saber aprender a hacer a tiempo.

Ya no, no quiero aprender más nada,
es ya tan tarde...
Hace años que me hice tarde.

(Ojalá)
Vuelen niña-mano, dolor-palabras.
Vuelen lejos y dilúyanse allá
entre aleteo y aleteo 
que ya no son.


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lunes, abril 05, 2021

¿Por qué está(i)s a mi lado?

Viñeta de 72Kilos:
"¿Por qué estás siempre a mi lado? Porque un día no estaremos"

💜💬💜

¿Por qué está(i)s a mi lado?

Esta pregunta (duda, cuestionamiento, juicio cruel hacia mí, crítica eterna, pregunta trampa de respuesta irresoluble) me acompaña en la cabeza desde la incomprensión inicial hasta una crueldad conmigo que no ejercería así contra nadie, nadie más... pero conmigo siempre tengo vía libre. 

Es una pregunta que me acompaña de fondo prácticamente siempre, pero que llega a un primer plano súper autodestructivo, incapacitante y dañino siempre que las inseguridades se me hacen grandes desde la pena honda o la rabia necesaria.

¿Por qué están a mi lado? ¿Por qué podrían estarlo? ¿Qué sacan de ahí? ¿Cómo puede compensarles estar cerca? ¿Por qué se quedan? ¿Por qué no estoy sola? ¿Por qué no se van? ¿Hasta cuándo pueden quedarse, si no entiendo ninguna de las razones por las que están aquí?

Y no tengo nunca respuestas que me parezcan suficientemente válidas, suficientemente reales, suficientemente tangibles, palpables, argumentadas... respuestas que mi cabeza no pueda retorcer y volver de nuevo puñal en mi contra. No entiendo, no entiendo por qué estáis aquí quiénes estáis, cómo soportáis esto -esto soy yo, como en el chiste- si para vosotros no es obligatorio (yo huiría de mí una y cien veces, alguna de hecho he intentado huir, ya sabéis). No entiendo qué os hace quedaros conmigo o relativamente cerca, por qué no rompéis el vínculo, por qué me queréis (¿me queréis?), me aguantáis, (¿me aguantáis?), por qué me soportáis (¿me soportáis?) o qué os ata a mí si formalmente no estáis atados. ¿Es pena, tristeza, caridad, culpa, sentido de la responsabilidad? ¿Es que no sentís que podáis iros?

¿Hay alguien (¡alguien, ALGUIEN!) que esté aquí, cerquita de mí, en un vínculo tangible y palpable, que mantenga ese vínculo simplemente porque quiere, porque lo disfruta, porque le aporta, le gusta, le suma...? ¿Que está cerca simplemente porque -tachán- quiera estar?

No lo entiendo. No encuentro quién podría responder que sí a esto último. O de dónde vendría ese "sí, yo" (menos aún un "sí, nosotras"). Y mi cabeza entra en bucles con los que ideológicamente no estoy de acuerdo, en sumas y restas que yo expulso de lo vincular y afectivo porque no creo (estoy en contra, de hecho) que esos vínculos sean también monetizables, que las amistades y amores tengan que salirnos rentables, a cuenta, a ganar, a devolver como en Hacienda. Que ese "me compensa estar aquí" si acaso vendría dado por lo que te dice el corazón, por saber también irnos de donde nos dañen, pero no desde un balance meticuloso de pros y contras donde listamos los dolores y las risas, las palabras más altas que otras y los cuentos al dormir, las lágrimas y los descubrimientos que sin él quién sabe si habríamos hecho.

Y aun con esto, plenamente consciente de que yo no quiero vivir así los vínculos, que yo esos cálculos no los hago con nadie, que eso va en contra de lo que siento pero es que también de lo que defiendo, creo y construyo... Aun así la cabeza insiste: ¿por qué está(n) a tu lado? ¿qué se lleva(n) de esta relación? ¿qué saca(n) de aquí) ¿qué le(s) suma? ¿qué le(s) aporta? ¿cómo puede esto -y esto vuelvo a ser yo, como en el chiste- compensarle(s)?

No, no tengo respuesta. Y a la vez no os imaginais, cuánto, cuánto, CUÁNTO... necesito desesperadamente poder darme respuesta, respuestas, a esa pregunta. Porque como hormiguita incansable, invasiva, obsesiva, constante... manipula mis sensaciones, me martillea y horada feroz la esperanza desde dentro; me está drenando y robando mi energía y futuro, cada minuto de cada hora de cada día desde hace otra vez demasiados días, horas, minutos, segundos...

Tic tac
Tic tac
Tic tac
Tic tac
Tic tac


(AY)

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